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El entorno físico tiene una fuerte presencia a la hora de identificar las causas de las enfermedades, los factores enfermantes más evocados corresponden a elementos sobresalientes en el espacio azampeño: el frío, el agua, el viento (y la tierra que suspende) y la altitud. La localidad de Azampay se encuentra a 1800 msnm en torno a una quebrada con presencia permanente de agua. Durante el invierno y debido a la altitud, las temperaturas son muy bajas y durante los meses de Zonda, los días de viento la tierra suspendida cubre por completo el paisaje serrano. El aire como elemento patógeno proviene de estos cuatro componentes ambientales: El aire del río y de animales del agua; el de las zonas elevadas y animales asociados con la altura (la llama, por ejemplo, manipular su lana o comer su carne); el aire asociado al frío; el aire como viento (en sentido literal) y vinculado a la tierra, al polvo que levanta.

J: ah, la llama, claro, sí, la llama también es muy airosa, por la carne A: por qué?

J: y no sé, debe ser por las alturas, bueno, el pato, me decía, por el agua, que es muy, que tiene mucho aire por el agua, y bueno, pero póngale otros que, por ejemplo el cóndor, el águila, la pluma de ellos, a veces los curanderos curan del aire con la pluma de ellos, que andan también por muy alto, ha visto? Por muchos aires

Además, plantas como la higuera y el nogal son consideradas “airientas” o “airosas” y su proximidad o manipulación transmite aire (cabe recordar que la nuez es el principal de los escasos cultivos que se realizan a una escala mayor para su comercialización).

Otras causas son las vinculadas a conductas que ocasionan un “desarreglo” (como la falta de cuidado que consiste en lavarse y acercarse al fuego, salir al sol o andar). Al arduo trabajo se le imputan muchas dolencias de gente de edad avanzada que recuerda haber gozado de buena salud durante su juventud, identificando en las labores excesivas la causa de malestares a raíz de un desgaste corporal: origen del reuma, de los dolores de rodilla, de huesos, de la “debilidad” y asociado a ésta, del aire.

Como se señaló ya para el caso de la abertura de pecho, el aire se transmite desde el individuo que lo padece a quien realiza la cura, con una intensidad que indica la gravedad del padecimiento. Al respecto, también Idoyaga Molina ha remarcado que “el manipuleo de poder en las prácticas terapéuticas sin contar con la energía suficiente suele ocasionar que el curador contraiga el mal que extrae del paciente” (Idoyaga Molina, 2001: 33). Este efecto negativo de la cura en el curador es señalado como uno de los motivos por los que la misma se realiza en varias sesiones espaciadas permitiendo la parcial recuperación del curador.

J: Sí, porque ya estaba muy airada yo y dice que él [curandero] ya lo amortigua mucho, lo… o sea que estaba muy, muy fuerte el aire que yo tenía

G: y a él qué le hace?

J: que le amortiguaba las manos, viste? Le agarraba dolor en las manos, después a la noche no podía dormir y como que mi enfermedad le pasaba a él

(P49, mujer, 40 años).

A: y por qué tu tía no lo curó?

F: porque decía que ella le perseguía mucho el dolor de muela y entonces ella decía que no porque le va a agarrar el aire a ella y le iba a empezar a doler las muelas, por eso no lo curaba ella si no ella lo iba a curar (P30, mujer, 17 años).

También han sido referidas causas de orden psicológico: aire debido a situaciones de tensión o rabias acumuladas y ante un miedo o sobresalto, como es el caso del susto.

A: pero no entiendo bien qué es esto del aire?

R: eso que uno le dice, le estaba diciendo yo que el susto, si usted ve alguna cosa que usted le tiene miedo, bueno es como si usted le viene algo novedoso al cuerpo y eso es que se, después le duele la cabeza, al tiempo por ahí le duelen las muelas, los dientes

(P40, mujer, 62 años).

A: y P qué tiene?

J: también aire, así, sí porque él es muy nervioso, él es calladito, póngale, él se agarra una rabia y está calladito, así, solo se la, por dentro, digamos va la procesión, en cambio yo lloro, me lo saco algo pero por ahí no me lo saco a todo y así, pero yo siempre, en eso sí creo, siempre me hago curar (P49, mujer, 40 años).

Y causas de orden social: envidia, codicia, deseo, el “humor” más fuerte de otra persona (es el caso de la ojeadura). La envidia o la codicia son identificadas como factores causantes de aire sin que deba mediar un accionar voluntario por parte de quienes envidian; si es éste el caso la causa del padecimiento reside en que “le han hecho un trabajo” o “maleficio”. Idoyaga Molina ha hallado también ampliamente extendida la idea de que la envidia, “en cuanto pensamientos y deseos negativos sustancializados, penetra el cuerpo de la víctima y se manifiesta como dolencia física”, “los sentimientos egoístas y envidiosos causan por sí mismos la enfermedad y pueden originar conductas concretas en perjuicio de la persona envidiada, o yendo más lejos, recurrir a procedimientos de daño” (Idoyaga Molina, 2001: 30, 31) pero en el caso de Azampay es siempre el aire lo que media entre la envidia y el malestar, al igual que en la etiología de la ojeadura y el susto, el aire aparece como el eslabón entre la causa última (psicológica o social) y el padecimiento.

También están quienes tienen una complexión favorable a padecer de aire, son personas “airientas”, desde el nacimiento manifiestan una debilidad y propensión a contraer malestares vinculados al aire, lo que se atribuye a eventos de susto mal curados o situaciones de preocupación en la madre durante el embarazo. Idoyaga Molina señala que esta disposición a contraer mal aire “tiene que ver con las representaciones de la corporalidad, hay personas de sangre más fuerte y resistente a los ambientes hostiles, mientras que otras son de sangre débil y están más expuestas a mayor cantidad de riesgos” (Idoyaga Molina, 2002: 160).

El aire en tanto elemento patógeno tiene un carácter polifacético y omnipresente en el espacio físico y social de la localidad, de ahí su predominancia en las explicaciones causales de los padecimientos.

J: claro, uno digamos, no lo termina de saber, no? El aire, qué… por eso yo le decía eso a Don P [curandero]pero el aire cómo es, entonces no tendría que salir de la casa para que no me dé el aire?![...] y por eso digo yo, se ve que hay muchos aires

(P49, mujer, 40 años).

Por otra parte, dentro del conjunto de sus connotaciones hay también una valoración positiva en lo que refiere al uso de ciertas plantas y elementos de origen animal en las prácticas terapéuticas. Las propiedades curativas de estos elementos son atribuidas a que los mismos proceden de espacios vinculados al aire. El aire presenta entonces cierta ambivalencia, elemento que tanto otorga fuerza como debilita, responsable de enfermar pero también de sanar.

F: sirve para curar como pomada, como la injundia de la gallina que se pone sobre el pecho, cuando anda mal ya le calienta, sirve para todo porque tiene aire

(P32, mujer, 69 años).

F: Las plantas del cerro son más fuertesporque el aire es más fuerte

(P45, mujer, 68 años).

Se puede pensar el “fenómeno del aire” como una kratofanía, en el sentido propuesto por Eliade para referirse a la singularización de ciertos fenómenos a partir de las nociones de fuerza y eficacia pero donde el carácter sagrado está ausente (a diferencia de las hierofanías). Tanto las kratofanías como las hierofanías implican la selección de un objeto con respecto a los demás, “lo elegido es implícitamente fuerte, eficaz, temido o fértil, incluso cuando la elección se debe a la singularización de lo insólito, de lo nuevo, de lo extraordinario; lo que ha sido elegido y revelado como tal por medio de una hierofanía o de una kratofanía, se convierte a menudo en peligroso, prohibido o manchado”(Eliade, 1954: 36). Según este autor es ésto lo que explica la lógica del tabú, “ciertas cosas, personas o regiones participan de un régimen ontológico absolutamente distinto y en consecuencia su contacto produce una ruptura del nivel ontológico, que podría ser fatal” (Eliade, 1954: 30). Como ejemplos, Eliade menciona la noción de mana del pueblo melanesio, fuerza “capaz de hacer a las cosas poderosas, reales en el sentido pleno del vocablo”, “los Siux llaman a esa fuerza wakan; circula por el Cosmos entero, pero no se manifiesta más que en los fenómenos extraordinarios (como el sol, la luna, el trueno, el viento, etc.), y en las personalidades fuertes (el hechicero, el misionero, cristiano, los seres míticos y legendarios, etc.)”, “los Iroqueses emplean el término orenda para designar la misma noción: una tempestad tiene orenda, el orenda de un pájaro difícil de cazar es muy sutil, un hombre enfurecido está dominado por su orenda” (Eliade, 1954: 33). Respecto a qué fenómenos son generalmente connotados con la idea de fuerza y poder, Eliade destaca que se trata generalmente de “regiones superiores, inaccesibles al hombre, las zonas siderales, adquieren los prestigios divinos de lo trascendente, de la realidad absoluta, de la perennidad” (Eliade, 1954: 52). El agua es también un elemento ampliamente presente como kratofanía, “por desintegrar toda forma y abolir toda historia, poseen las aguas esa virtud de purificación, de regeneración y de renacimiento; todo lo que en ella se sumerge ʻmuereʼ, y sale de las aguas como un niño sin pecado y sin ʻhistoriaʼ” [...] “cualquiera que sea el conjunto religioso en que se presente, la función de las aguas es siempre la misma: la de desintegrar, abolir las formas, ʻlavar los pecadosʼ” (Eliade, 1954: 191, 205). Así, por efecto de las kratofanías y hierofanías, “la naturaleza sufre una transfiguración de la que sale cargada de mitos”, “la naturaleza está cargada de historia humana” (Eliade, 1954: 345).

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