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En una primera etapa, la de apertura, llevada a cabo durante los trabajos de campo de noviembre-diciembre de 2004, octubre de 2005 y marzo-abril de 2006, se trabajó con un guión de preguntas descriptivas (sucesivamente reelaborado conforme se avanzaba en el trabajo de campo y en el relevamiento bibliográfico) a los fines de armar un marco de términos y referencias, de ir construyendo los contextos discursivos desde los cuales avanzar hacia preguntas culturalmente relevantes y poder distinguir lo que pertenece al informante y lo que proviene de las propias inferencias y preconceptos, relativizando la perspectiva del investigador. La formulación de preguntas abiertas que se van encadenando sobre el discurso del informante permite el desarrollo de una categorización diferida en la que el investigador debe revisar sus propias pautas de categorización a la vez que identifica los intersticios del discurso del informante en donde “hacer pie” para reconocer y reconstruir su lógica (Guber, 2001). En términos generales, el guión estuvo orientado a suscitar la narración de las secuencias más o menos detalladas de percepciones sintomáticas, decisiones, búsqueda de atención, procedimientos terapéuticos realizados, evaluación de resultados.

Los trabajos de campo de marzo de 2007 y marzo de 2009 correspondieron a la etapa de focalización y profundización tendiente a abrir sentidos en determinadas direcciones e indagar las dimensiones de una categoría o noción. A medida que se identifican los temas y categorías recurrentes que configuran el marco interpretativo del actor se van planteando

preguntas “contrastativas” para establecer distinciones entre categorías (por ej. enfermedades de los médicos/enfermedades de los curanderos o médicos campesinos) y preguntas “estructurales” para identificar relaciones entre las mismas (sensu Guber, 2001). Haber realizado la etapa de campo en cinco viajes permitió dicha focalización progresiva a la vez que posibilitó el seguimiento de procesos de salud-enfermedad-atención a lo largo de varios años (especialmente de aquellos malestares crónicos o aquellos de larga duración) congruentemente con lo anteriormente citado acerca de que los procesos terapéuticos se extienden más allá del evento agudo de malestar.

En el último viaje de campo se pudo constatar la saturación de la información. Como se sostiene en la investigación cualitativa, el concepto de representatividad se refiere a una “saturación del conocimiento”, es decir, “llegar a un punto en la información o en la comprensión tal que lo aportado por nuevas entrevistas resulte ya sabido y redundante. Esa saturación de la información puede servir como criterio para estimar la suficiencia de la muestra etnográfica recogida” (Sanmartín Arce, 2000: 120).

Las entrevistas fueron grabadas y los diálogos casuales (registrados junto con las observaciones en la libreta de campo) fueron transcriptos inmediatamente después de la escucha y/o conversación.

Durante el primer trabajo de campo se colaboró con el equipo de odontólogos y antropólogos sociales en la realización de las encuestas para el estudio de las enfermedades periodontales. El mismo tenía como objetivo testear un modelo conceptual socioecológico para dichas enfermedades teniendo en cuenta la organización del cuidado de la salud, aspectos biológicos, factores comportamentales y medioambientales, a indagar mediante un examen clínico, una encuesta y una serie de entrevistas semiestructuradas. Considerando su utilidad secundaria para este trabajo, algunas preguntas generales no contempladas en dicho estudio fueron incorporadas a la encuesta de ese año. De allí se recuperaron, como aproximación inicial, los malestares mencionados por la población y la utilización de los diferentes servicios de atención médica. Cabe señalar que aunque las preguntas de la encuesta eran estructuradas y cerradas (conforme a los requerimientos del posterior análisis estadístico), fueron realizadas por antropólogos a modo de entrevistas semiestructuradas y las preguntas agregadas, al no formar parte del test estadístico fueron abiertas permitiendo una amplia variación de respuestas. Sin embargo, como se pudo comparar ya con las primeras entrevistas, una serie de

malestares (la mayoría taxa vernáculos8) así como dos niveles de atención (el de la

autoatención y el de la medicina tradicional) estuvieron ausentes en los diálogos planteados en torno a las encuestas, como si la vinculación de éstas al modelo biomédico subyacente a la práctica odontológica hubiera acotado implícitamente el tema de salud-enfermedad-atención a las enfermedades y servicios de cuidados contemplados por dicho modelo.

Para la realización de las entrevistas se tuvieron en cuenta tanto los adultos legos como algunos trabajadores de los diferentes servicios de atención a la salud, dado que el objetivo era identificar las enfermedades y dolencias predominantes (denominación, explicación causal), las estrategias y recursos terapéuticos utilizados (para el diagnóstico, prevención y atención) desde la perspectiva de los pobladores en general así como también desde la de quienes trabajan en los diferentes espacios de atención a la salud. Sin embargo, y de acuerdo a lo planteado por Menéndez, un enfoque que pretenda captar el proceso relacional llevado a cabo por los sujetos y conjuntos sociales, quienes en el transcurso de sus trayectorias terapéuticas establecen la red de relaciones entre los diferentes servicios de salud, torna necesario encarar la identificación y descripción de las diferentes formas de atención y la variedad en el uso articulado de las mismas a partir de lo que estos actores hacen y dicen y no de los curadores (biomédicos, tradicionales o alternativos). Lo cual “no supone que reduzcamos la identificación de los padeceres ni de las formas de atención sólo a los que reconocen los conjuntos sociales, sino que este es el punto de partida para establecer la existencia de los padeceres y de las formas de atención que los grupos no sólo reconocen sino que sobre todo utilizan” (Menéndez, 2004: 15). El autor advierte el riesgo de obtener visiones polarizadas si sólo se consideran las perspectivas de los trabajadores de los distintos servicios de salud, así como el frecuente error, en los estudios de medicina popular de asumir una univocidad entre el saber de los curadores populares y el saber comunitario. “Se asume implícitamente que dichos curadores expresan el saber tradicional en términos del portador/actor de la cosmovisión del grupo referida al proceso de salud/enfermedad/atención” [..] “la no inclusión de una diferenciación entre el saber del curador profesional y el saber de conjuntos sociales conduce a no observar la posible discrepancia entre los mismos, y a no tomar en cuenta los procesos de transformación que están operando, sobre todo en el saber de los conjuntos sociales, dada la multiplicidad de influencias que operan sobre sus

8 El término “taxa vernáculos” es utilizado por Idoyaga Molina y Korman para referirse a categorías tradicionales de

enfermedad irreductibles a los taxa biomédicos. Estos autores contraponen dicha denominación a la de “síndromes dependientes de la cultura” que implica una invisibilización del factor cultural de las categorías biomédicas a la vez que ignora la transculturalidad de muchos de los taxa tradicionales atribuyéndoles una pertenencia cultural exclusiva (Idoyaga Molina y Korman, 2002).

representaciones y prácticas respecto del proceso salud/enfermedad/atención” (Menéndez, 1997: 264).

Se realizaron 70 entrevistas a legos (8 varones y 20 mujeres de entre 40 y 80 años y 10 mujeres de entre 17 y 35 años), habiéndose entrevistado además en todos los trabajos de campo a la enfermera de la posta sanitaria y al curandero azampeño, en el 2004 y 2009 al médico de zona, en el 2007 al director y a personal del área de estadística del Hospital de Belén, al director y a un pediatra de un sanatorio privado de la misma ciudad.

La prevalencia de mujeres entrevistadas se debe a la dinámica laboral y migratoria de la localidad por la que “la casa se constituye en un campo social nítidamente femenino” (Maffia, 2005: 117). Como esta autora señalara, “una parte de los hombres está fuera, trabajando la tierra, en los peridomicilios de sus viviendas, en la construcción o reparación de la casa propia, ajena o de los edificios públicos (iglesia, escuela, posta sanitaria, o caminos) y regresa a mediodía para almorzar y a la noche para dormir. Un elevado porcentaje de los hombres, en la franja etaria comprendida entre los 17 y 41 años, está fuera de Azampay durante la mayor parte del año, son los migrantes internos por razones laborales. Ellos regresan al hogar para las fiestas, los carnavales o en alguna otra ocasión especial. En estos últimos años se han sumado muchas jóvenes mujeres a este movimiento poblacional” (Maffia, 2005: 113). De ahí que también la mayoría de las mujeres entrevistadas correspondan a edades superiores a los 40 años.

- ¿Cómo está?, - con el favor de dios y la mamá virgen, bien

Indagar acerca de cuestiones de salud y enfermedad presentó por un lado la dificultad de trabajar con temas vinculados a la intimidad, al dolor, a la moral del cuidado y autocuidado: cómo presentar el interés por ese aspecto de la cotidianidad sin que parezca mera morbosidad, ya que no siendo trabajadora de la salud tampoco se ofrecían soluciones frente a los hechos sobre los que se preguntaba. Pero por otra parte, y siendo los procesos de salud-enfermedad-atención “una de las áreas de la vida colectiva donde se estructuran la mayor cantidad de simbolizaciones y representaciones colectivas”, “uno de los principales ejes de construcción de significados colectivos” (Menéndez, 1994: 71), el tema emerge espontáneamente en las conversaciones, ante la mera pregunta “cómo anda?” que acompaña todo saludo e inicio de conversación. Como señala Mallart Guimerà, “en la mayoría de las sociedades, el mismo saludo lleva consigo una respuesta que hace referencia al tema de la

salud, que fácilmente puede prolongarse ahondando en temas relacionados con enfermedades, síntomas, diagnósticos, médicos, fracasos, itinerarios terapéuticos, mención de consejos recibidos, opiniones sobre médicos o agentes de salud”, recuperar “de qué manera enfermos y allegados hablan de las enfermedades, las designan y las describen […] es perfectamente realizable en estos encuentros informales. Serán los primeros datos que luego serán completados y confrontados con otros obtenidos de manera más intencional” (Mallart Guimerà, 2008: 188). Así, la mayoría de las entrevistas se desarrollaron a partir de comentarios espontáneos acerca de algún padecimiento en curso o ya pasado de la persona entrevistada o de algún conocido de ésta. En cada trabajo de campo hubo situaciones que por su gravedad y/o inhabitualidad (fallecimientos, operaciones, crisis de padecimientos crónicos como epilepsia o desequilibrios mentales) eran motivo de conversación en cada hogar que se visitaba. Como se señaló anteriormente, momentos conflictivos, acontecimientos complejos y dolorosos generan en el conjunto social una “presión a la inferencia”, una demanda de expresión de opiniones, posicionamientos y acciones frente a tales hechos. Esto permitió recuperar diferentes explicaciones, conjeturas y actitudes en torno a un mismo evento, aprovechando la emergencia no forzada del tema. De esta manera, las entrevistas siguieron el curso de las conversaciones donde las intervenciones propias apuntaron, como sugiere Sanmartín Arce, a ir “introduciendo los temas de nuestro interés en la conversación, sin cortar ni abrumar a nuestros informantes con un caudal de preguntas, sino cogiendo el paso o siguiendo el hilo de sus argumentos. De hecho, una vez que hemos presentado el tema ante el informante, la mayoría de nuestras preguntas no son propiamente tales, sino meros apoyos a su discurso con el fin de lograr que prosiga, que no pierda el hilo recordándole lo que él mismo ha dicho. Sólo cuando percibimos que su propio discurso ha cubierto un tramo argumental, ha terminado un razonamiento, una descripción o el propio informante ha perdido interés por las ideas que se están tratando, intentaremos introducir una nueva cuestión” (Sanmartín Arce, 2000: 118).

La participación que permitió realizar las observaciones, establecer relaciones con los lugareños a partir del involucramiento personal y ser incluida en charlas espontáneas, quedó planteada como presencia en carácter de visita, ya que fuera de la labor de investigadora no se llevó a cabo ninguna otra tarea. Mi intromisión en la cotidianidad de los azampeños tuvo lugar en el espacio semipúblico de los patios y galerías de las viviendas donde se realiza la mayoría de las labores domésticas (hilado, amasado del pan, secado de nueces, lavado de ropa) y donde también se reúnen familiares y amigos. Allí compartí charlas generalmente grupales en situaciones de trabajo o de ocio, adaptando el guión de entrevista a una serie

encadenada de entrevista en profundidad, entrevista de grupo, conversación, observaciones y participación de acuerdo a la situación particular. La presencia de más de una persona resultó en conversaciones donde las diferentes opiniones se iban intercalando, retroalimentando y complejizando los temas comentados.

También estuve presente en eventos comunitarios como un día de elecciones (son llevados hasta la localidad vecina de La Ciénaga a votar, donde se les ofrece bebida y comida en lo que oficia de comité o unidad básica), la misa mensual, la fiesta de finalización del año escolar. Encuentros casuales en torno a tareas al aire libre como la cosecha y el riego, durante trayectos a pie o mientras esperan llamados en el teléfono público, fueron también oportunidades para dialogar. “A veces, en las conversaciones mantenidas durante los trayectos, los actores vierten frases que condensan ejemplarmente alguno de los elementos etnográficos que perseguimos. Ni se trata de una entrevista, ni es posible grabarla, pero el hecho ilustra el modo como irrumpe la etnografía que resulta relevante y a cuya ocurrencia hemos de amoldarnos, recordándola y anotándola lo antes posible. En realidad, lo que esos hechos revelan es algo enteramente usual en todo trabajo de campo. Es el proceso de interacción social el que marca la pauta para llevar a cabo nuestro trabajo. De ahí que no podamos concebir la entrevista como algo aislable del resto de técnicas y procesos del conjunto de una investigación de campo” (Sanmartín Arce, 2000: 116).

Ocasiones de especial atención por su directa relación con el tema de salud- enfermedad fueron la espera en la posta durante la visita del médico de zona, una ida grupal al curandero de otra localidad, los viajes a la ciudad de Belén ya que uno de los principales motivos es la consulta médica, la consulta al curandero local (si bien no se me permitió observar el procedimiento por él realizado, en más de una ocasión estando yo de visita en su hogar llegaron individuos requiriendo su atención, en otras ocasiones yo acompañé a quien quería consultarlo).

Tener como lugar de residencia la escuela donde también pernoctan algunos docentes me hizo partícipe no sólo de algunas actividades escolares (actos, reunión de padres, momentos de esparcimiento con los niños) sino también de charlas entre el personal docente y no docente (trabajan allí 2 mujeres y 2 varones como ordenanzas y cocineros) durante los momentos de descanso o entretiempos. La directora, quien también se aloja en la escuela de lunes a viernes, y quien tiene lazos de compadrazgo con casi todo el pueblo, era frecuentemente consultada y requerida ante cualquier inconveniente, particularmente los de salud, por lo que en más de una ocasión presencié e incluso colaboré (se me pidió llevar algún

recado, transmitir algún pedido, o si no tenía yo algún medicamento) en actividades que extienden el nivel de la autoatención más allá del grupo doméstico.

Algunas preadolescentes acostumbraban acompañar a la directora durante la cena quedándose a pasar la noche, actitud que extendieron a mi persona cuando me sabían sola. Si bien las entrevistas fueron planteadas entre adultos, las charlas con ellas aportaron muchas veces nueva información que se indagó en posteriores entrevistas. Además se estableció con ellas una relación cálida que facilitó entrevistarlas, ya como jóvenes mujeres, en los últimos viajes de campo. En más de una ocasión fui yo quien recibió visitas oficiando de anfitriona en la cocina de la escuela.

En todo momento fue crucial tener en mente el guión de entrevista pero no a la manera de “un diseño tan completo que ahogue la naturalidad social según la cual se producen las situaciones en el contexto” (Sanmartín Arce, 2000: 116) sino como una atención constante a detectar en el fluir de lo cotidiano los dichos y hechos relevantes a mi tema de estudio y a aprovechar la emergencia espontánea de los mismos para su indagación. Un día me encontraba leyendo en la cocina de la escuela cuando una de las ordenanzas, asomándose por la ventana, me preguntó si estaba ahí la directora. Tan inmersa estaba en mi lectura que su voz inesperada me sobresaltó en extremo. Pasado el segundo de sorpresa ambas nos reímos del suceso. A la mañana siguiente, cuando salía para realizar alguna de mis visitas me crucé con ella que estaba limpiando el patio de la escuela. Al saludarme, y tras la pregunta formal de cómo había amanecido, me preguntó si había dormido bien, si no había quedado “asustada” por lo sucedido el día anterior. Obviamente retrasé mi salida quedándome a charlar con ella acerca del susto, sus causas, síntomas y terapéuticas. Mi propia corporalidad fue en ocasiones disparador de conversaciones en torno a procesos de salud-enfermedad-atención: si bien tuve la suerte de realizar mi residencia en el campo sin mayores problemas, no faltó un resfrío, un malestar estomacal, alguna incomodidad corporal que generara comentarios, sugerencias, conjeturas y acciones terapéuticas por parte de los lugareños.

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