IV. Línea Editorial
2. Estrategias discursivas
2.2 El avance hacia el pasado
Este enfrentamiento entre dos visiones de la historia, a raíz de los problemas relacionados con las violaciones de los derechos humanos, provoca la declaración explícita, por parte del diario, de los elementos que describen su interpretación del pasado y su valoración de algunas de las figuras políticas (especialmente de los socialistas) presentes actualmente en el país. En las aplicaciones estratégicas de este recurso a la campaña presidencial, en cambio, dichos componentes se presentan muchas veces de forma implícita, mediante apelaciones a conocimientos compartidos entre enunciador y enunciatario. Precisamente para comprender el valor de estos contenidos implícitos hemos comenzado el análisis a partir del tema anteriormente desarrollado. Sin embargo, como posible línea de investigación futura, queremos señalar la importancia que tendrían estudios comparados de estos discursos con los producidos por la propaganda de la dictadura, ya que se utilizan estereotipos coincidentes con los empleados por ella. En todo caso, los procedimientos marcadamente elípticos de crítica nos indican la existencia de unos elementos interpretativos socialmente instaurados y la confianza que en ellos deposita el periódico. Por ejemplo, al referirse a una declaración de Ricardo Lagos el diario señala:
“Asimismo, resultan de signo incierto sus referencias a ‘una sociedad’... que, según sus palabras, ‘no nos gusta... donde muchos chilenos tienen poco y donde unos pocos tienen mucho’, y su llamado a construir ‘una sociedad como la que hemos
hecho otras veces en nuestra historia’, teniendo en cuenta los precedentes de anteriores experiencias socialistas.” (Ed 1 J)
Resulta extraño, y ortográficamente injustificado, el primer uso de los puntos suspensivos que encontramos en este párrafo. Si fuera debido a que existe una elipsis o una suspensión de la cita directa incorporada en el texto, estos signos deberían encontrarse dentro del espacio limitado por las comillas. Si se trata sólo de señalar el paso del discurso citado al discurso citante, estos signos no son necesarios, como lo demuestra el hecho de que no se utilizan en las siguientes ocasiones en que se pasa de uno a otro. Esto se puede deber, en última instancia, a un error tipográfico u ortográfico que no merece aquí mayor atención, pero sí es significativa su presencia como consecuencia de un procedimiento de cita altamente fragmentado, que permite la alteración del discurso citado. No obstante, aunque tal manipulación exista, no encontramos en estas afirmaciones “construidas” (entre la primera y la segunda, y en la segunda cita) algo que tenga un carácter especialmente negativo para el político citado, puesto que resulta natural que un aspirante a la presidencia exprese su disconformidad con una situación inicua que desea cambiar y, de hecho, el propio diario las presenta como afirmaciones de “signo incierto”.
Cabe entonces interrogarse nuevamente por la finalidad de esta relación compleja entre el discurso citante y el citado. Notamos, en este caso, un procedimiento reiterativo, redundante, de atribución del discurso citado mediante deícticos como “sus referencias”, “sus palabras”, “su llamado”, que desembocan en el elemento interpretativo fundamental, es decir, en la historia, y en una mención implícita del gobierno de Allende, puesto que no existen otras “anteriores experiencias socialistas”. En otros términos, la incertidumbre que el diario expresa, respecto a las afirmaciones, solo se refiere a su carácter textual, ya que su “signo incierto” desaparece en cuanto se las considera como enunciado, dicho por un socialista que busca reeditar la experiencia socialista del pasado.
El potencial de estas atribuciones se comprende en relación con la estrategia argumentativa general que, como hemos dicho, consiste en valorar a los actores
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sociales y políticos de acuerdo con categorías que se les asignan y que pertenecen a una visión del pasado instaurada por una corriente ideológica particular. Pero el uso con carácter más personal y explícito de tales asignaciones se expresa, generalmente, en los artículos no institucionales.
“¿Cómo es posible que siga encabezando las encuestas presidenciales - por cada vez menos margen, afortunadamente- quien pertenece al partido que propició un sistema de gobierno antidemocrático y un modelo económico-social estruendosamente fracasado en todo el mundo? ¿Es que no hemos entendido nada?” (ArA 8 S)
“Ricardo Lagos fue primero un radical, un miembro de un partido político que se situaba en el centro del espectro y que se definía como ‘laico’, con la clara connotación de ajeno y opuesto a lo que fuera de inspiración cristiana. Los vientos triunfantes del marxismo azotaron a ese partido y, sencillamente, lo quebraron. El candidato de la Concertación entiendo que fue uno de los arrastrados por ese vendaval hasta hacer méritos para, eventualmente, representar a la Unidad Popular en la Unión Soviética. De ahí reapareció más bien como socialista, partido que ha tenido muchas caras en su corta existencia, siendo la penúltima aquella que preconizó la lucha armada. El candidato, sin embargo, tampoco queda en socialista y funda un movimiento bastante heterogéneo identificado con una coyuntura política de hace una década.” (Tr 22 O)
En este artículo de Tribuan, escrito por un conocido académico, se expresan los componentes básicos de la categoría “izquierda” utilizada como asignación valórica por la derecha adepta a la dictadura militar. De acuerdo con la cual Izquierda (Unidad Popular, socialismo, comunismo...) quiere decir anticristiano, marxista (marxista-leninista en la terminología de los personeros militares), pro- soviético y terrorista. En este último punto, aunque con diferente connotación, coinciden los dos textos citados anteriormente, al señalar que el candidato pertenece a una corriente que “propició un sistema antidemocrático” y “preconizó la lucha armada”. El último artículo, por lo demás, se adhiere a la visión de incertidumbre sobre el candidato, al destacar su carácter supuestamente errático.
La unión entre presente-futuro y pasado, que hemos analizado hasta aquí, tiene el carácter de una evaluación atemorizante, el “signo incierto” se resuelve implícitamente en riesgo mediante el fundamento de la historia. Sin embargo, esta relación puede expresarse también como amenaza explícita, aunque los hechos concretos que deberían sustentar la afirmación se omitan o, debido a la radicalidad de ésta, resulten insuficientes y se remita, en último término, al sistema de categorizaciones señalado anteriormente.
“El titular de la candidatura concertacionista ha dicho estar inspirado en el deseo de introducir cambios a la situación actual. Ello se confirma al leer las bases programáticas del conglomerado. Pero la conclusión general es que tales cambios tienden a reeditar en gran medida el país anterior a 1973, lo cual ninguna mayoría cívica suficientemente informada debería razonablemente aceptar.” (Ed 1 Jl)
Por otra parte, la frase final constituye una apelación al auditorio que comparte la posición mantenida por el diario, al cual se caracteriza como mayoría, cívico, informado y razonable; de lo cual se pueden derivar también las características de quienes apoyan al candidato socialista. Sobre estas consideraciones acerca de las mayorías, que comprometen el concepto de democracia, volveremos más adelante. Por el momento queremos destacar que la comparación con el pasado tiene el carácter de una amenaza tan clara que nadie debería “razonablemente” (en su sano juicio) aceptar. Si existe un peligro tan evidente, es de suponer que las similitudes con el pasado no se limitarían a unos cambios institucionales, claramente restringidos por la Constitución de 1980, sino que se refieren a la reconstitución de la situación histórica general utilizada como repertorio interpretativo, es “el país” en su conjunto el que se trata de “reeditar”. No obstante, para sostener tal posibilidad el año 1999, en uno de los países con mayor estabilidad de América Latina, es necesario recurrir a argumentos de efectos más conmovedores que las propuestas contenidas en un programa electoral. Es necesario que la situación actual dé crédito a ese futuro potencial, el retorno a 1973 requiere una sociedad enfrentada y un gobierno que impulse este enfrentamiento.
“...una actitud política del gobierno de la Concertación marcada, desde 1990, por la permisividad frente a los infractores de la ley en todos los terrenos, exceptuados los
adversarios o discrepantes políticos, contra los que sí ha empleado el mayor rigor, especialmente si se trata de personal activo o en retiro de las instituciones uniformadas; por la impunidad de los más graves delitos - incluso de sangre, como el asesinato del senador Jaime Guzmán y otros atentados y secuestros- y de la creciente corrupción; por una equivocada política de indultos, que debe haber sido percibida por los delincuentes como una sustancial rebaja del costo de delinquir, y, en fin, por la gran severidad promovida contra cualquier exceso real o imputado a la policía.
“El péndulo político ha llevado a extremos de impunidad que ya no son mantenibles, frente al temor y el descontento ciudadanos.” (Ed 13 A)
La similitud con una Unidad Popular que “propiciaba ‘la formación y desarrollo... de grupos armados’” (Ed 12 J) es evidente. El gobierno de la Concertación actúa políticamente para permitir la acción de quienes infringen la ley, entre quienes se encuentran los terroristas que asesinaron a Jaime Guzmán. Y es el “péndulo político”, es decir, las conveniencias y finalidades políticas, lo que lleva a la impunidad. Si esto es así, tenemos que suponer una utilidad política en la protección de antisociales. La línea editorial se permite formular de forma más directa esta acusación cuando no se la atribuye específicamente al gobierno o a un partido político.
“Resulta al menos paradójica esa falta de preocupación por investigar y sancionar la constitución de grupos armados terroristas. Es verdad que los miembros de ellos, que en alguna época fueron procesados, recibieron amplios perdones después de 1990. Pero los cerebros organizadores nunca han sido siquiera investigados. Ha sido tanta su sensación de impunidad, que es posible encontrar en la literatura política francos relatos sobre el equipamiento y las operaciones de reclutamiento para entidades terroristas.
“No extraña, pues, que el socialismo duro desee prolongar un clima bajo el cual se persigue a los represores del terrorismo y se garantiza la impunidad a sus gestores.” (Ed 19 J)
Aunque no ha existido en Chile ninguna amnistía general para presos por terrorismo posterior a 1990 (sólo una ley que considera la delación compensada,
en 1991), el diario declara la existencia de “amplios perdones” después de esa fecha, lo cual debe ser atribuido al gobierno de la Concertación. No obstante, el tema más comprometedor es la existencia de unos “cerebros organizadores” que se sienten impunes, lo cual explica (“no extraña”) el deseo del “socialismo duro” de mantener una situación en que “se persigue a los represores del terrorismo” (sus enemigos) “y se garantiza la impunidad de sus gestores” (ellos mismos). El procedimiento de adjetivación de socialismo como socialismo duro permite, paradójicamente, generalizar la acusación y difuminar responsabilidades, puesto que se refiere a él como una corriente política que se expresa en diferentes grados, no todos presentes necesariamente en un partido. Esto debe ser comprendido así, además, de acuerdo con una estrategia referencial de la línea editorial que aplica el término socialista no sólo a los miembros o ideas del Partido Socialista, sino a “los socialistas de todos los partidos que no valorizan la libertad de las personas” (ArA 2 N). De esta forma, la afirmación indudablemente evoca, señala, al Partido Socialista, pero no es explicitada como una acusación directa a esta institución, sino a una tendencia ideológica considerada (en algunos o en todos sus grados) intrínsecamente perversa.
“Se percibe un aroma odioso socializante de ataque a personas, lo que no corresponde, precisamente, a una convivencia democrática. Se otorgan favores a ciertos grupos, y se observan sutiles o abiertas formas de violación a los derechos de propiedad, crecientes regulaciones y mayores tributos. (...) Hay una creciente fobia a la empresa privada. Hay agresiones indígenas a empresas forestales, y los verdes paralizan ciertas inversiones y encarecen el proceso productivo.” (ArA 2 N) Finalmente, a pesar de que se puede considerar que el último atentado terrorista en Chile fue el asesinato del senador Jaime Guzmán, en 1991, algunos Artículos de Autor plantean la existencia del terrorismo no como un hecho pasado o potencialmente peligroso en el futuro, sino como una amenaza actual, que influye en los poderes del Estado.
“Los jueces saben que un bando está reconciliado, pero que en el otro pervive el odio. Están conscientes de que hay un extremismo armado y latente ("encapuchado") que ha seguido actuando después de 1990. Si los jueces no fallan
al gusto de la izquierda, pueden sufrir atentados terroristas. En cambio, no tienen nada similar que temer de los militares.” (ArA 11 A)
El pasado interpretado parcialmente por una corriente ideológica y la construcción de un presente de enfrentamiento proporcionan las bases para expresar el riesgo de un futuro socialista. Pero también conforman el sustento para plantear la existencia de un destino trágico, que hace necesario proteger a las instituciones, al país y a los ciudadanos, de los gobernantes que ellos mismos generan, es decir, de la democracia.