No existe ninguna manera de lograr la clase de control relajado que te estoy prometiendo si mantienes las cosas solo en tu cabeza. Como acabarás descubrien- do, las conductas individuales que describo en este libro son cosas que ya estás haciendo. La gran diferencia entre lo que yo hago y lo que hacen los demás es que yo recopilo y organizo el cien por cien de mis «cosas» en y con las herramien- tas objetivas en la mano, no en la mente. Y esto es de aplicación a todo, grande o pequeño, personal o profesional, urgente o
no. A todo.*
Estoy seguro de que en un momento u otro has llegado a un punto en un proyecto, o en tu vida, en el que solo tuviste que sentarte y hacer
una lista. Después te sentiste, ligeramente por lo menos, más concentrado y con más control de la situación. Si fue así, tienes un punto de referencia para entender de lo que estoy hablando. Nada externo cambió en tu mundo y, sin embargo, te sentiste mejor con él. Lo que sí cambió, y de forma significativa, fue tu manera de relacionarte con tu mundo. Es algo que sucede siempre que eliminas de tu cabeza cosas potencialmente importantes. No
obstante, la mayoría de las personas hacen ese ejercicio de confeccionar una lista solo cuando la confusión se hace demasiado insoportable y
tienen que hacer algo al respecto, aunque, por lo general, solo hacen una lista sobre el área concreta que les está incordiando. Pero si conviertes esa clase de externalización y revisión en una característica de tu estilo actual de vida y tra- bajo, y la mantienes en todas las áreas de tu vida (y no solo en la más «urgente»), estarías practicando la clase de gestión de mente como el agua que estoy descri-
* No exactamente a todo. Buena parte del tiempo mi mente anda simplemente «picoteando», reparando o pensando en las cosas y madurando potencialmente mi conciencia de una cosa u otra. Yo no anoto los miles de pensamientos que tengo durante el día. Casi todos están completos en sí mismos. Estos son los que crean algunos ciclos abiertos en mi mente: un restaurante sobre el que he leído y que quizá me gustaría visitar, una idea para el posible contenido de la revisión de este libro, algo que pensé que quería hacer por mi esposa, una pregunta para mi contable, algo que comprar en la ferretería, etcétera.
Suele haber una relación inversa entre el tiempo que algo está en tu cabeza y la cantidad de cosas que haces al respecto.
No hay razón para pensar dos veces lo mismo, a menos que te guste pensarlo.
biendo. Según mi experiencia, este proceso siempre mejora nuestra perspectiva y experiencia. ¿Por qué esperar?
Por mi parte, procuro hacer elecciones intuitivas basándome en mis opciones, en lugar de tratar de pensar en cuáles son esas opciones. Necesito haber pensa- do en todo eso ya y recopilado los resultados de una manera fiable, pues no quiero perder el tiempo pensando en las cosas más de una vez; hacerlo es un uso ineficaz de la energía creativa y fuente de frustración y estrés.
Y no puedes maquillar estos pensamientos. Tu mente seguirá dándole vueltas a cualquier cosa que siga en un estado de indecisión. Pero esa especie recurrente de darle vueltas a las cosas en tu mente se ha demostrado ya que reduce tu capa- cidad de pensar y actuar, y existe un límite para la cantidad de «cosas» sin resol- ver que puede albergar tu mente antes de que se le fundan los plomos.
La parte de la memoria a corto plazo de tu mente —la que suele contener todos los asuntos incompletos, desorganizados y sin decidir— funciona de forma muy parecida a la memoria RAM (memoria de acceso aleatorio) de un ordenador. Tu mente consciente, al igual que la pantalla de un orde- nador, es un instrumento para centrarse en la información, no un lugar para almacenarla. Uno únicamente puede pensar en dos o tres co- sas a la vez. Pero los temas incompletos siguen estando almacenados en el espa- cio de la memoria a corto plazo, que, como la RAM, tiene una capacidad limi- tada; ahí solo puedes guardar una cantidad limitada de cosas para que esa parte de tu cerebro siga funcionando a un nivel elevado. La mayoría de las personas van por ahí con su RAM a punto de reventar, de manera que están permanente- mente distraídas y descentradas, y su rendimiento se ve disminuido por la sobre- carga interna que soporta su mente. Las investigaciones recientes en el campo de las ciencias cognitivas han confirmado ya esta conclusión. Los estudios han de- mostrado que nuestros procesos mentales se ven obstaculizados por la carga impuesta a nuestra mente de seguirle el rastro a las cosas que nos hemos com- prometido a terminar, sin haber establecido un plan o sistema fiable para mane- jarlas.*
Por ejemplo, en los últimos minutos, ¿tu mente ha estado vagando por algún área que no tenga nada que ver con lo que estás leyendo aquí? Probablemente sí. Y, seguramente, el lugar al que ha ido a parar tu mente sea un ciclo abierto, al- guna situación incompleta en la que hayas invertido algún esfuerzo. Tal situación
* Un libro excelente sobre este tema (y muchos otros) es Willpower: Rediscovering the Grea-
test Human Strength, de Roy Baumeister y John Tierney (Penguin, 2011).
Cualquier compromiso «condicionado, posible u obligatorio” contenido solo en la mente provoca una presión irracional e irresoluble, 24-7.
ha salido encabritada de la parte RAM de tu cerebro y te ha pegado unos cuantos gritos. ¿Y qué has hecho tú al respecto? A menos que lo hayas anotado y puesto en una herramienta fiable de recolección que sepas que revisarás adecuadamente dentro de poco, lo más probable es que te hayas preocupado, o cuando menos que hayas reforzado alguna tensión no resuelta en relación con ello. No es la conducta más eficaz: no has logrado ningún avance y tu estrés ha aumentado.
Un problema considerable es que tu mente no para de recordarte las cosas cuando no puedes hacer nada al respecto, ya que para ella no existe el pasado ni el futuro. Esto significa que en cuanto te dices que quizá tuvieras que hacer algo, y lo almacenas solo en tu cabeza, habrá una parte de ti que pensará permanen- temente que deberías estar haciendo eso. Todo lo que en algún momento te hayas dicho que deberías hacer, la mente piensa que deberías estar haciéndolo ahora mismo. Con franqueza, en cuanto almacenas solo en tu mente dos cosas que tienes que hacer, estás propiciando un fracaso personal, porque no puedes hacer las dos al mismo tiempo. Todo ello produce un elemento de tensión generalizado cuya fuente no se puede identificar.
La mayoría de las personas que han pasado por alguna versión de este estado de estrés men- tal de forma sistemática, durante mucho tiem- po, ni siquiera son conscientes de encontrarse en ese estado. Al igual que la gravedad, siempre está presente, y lo está hasta tal punto que los
que lo sufren generalmente ni siquiera tienen conciencia de la presión. El único momento en que la mayoría se dará cuenta de la gran tensión que han estado soportando será cuando se liberen de ella y comprueben lo distintos que se sien- ten. Es como cuando estás en una habitación donde hay un zumbido constante, que no sabes que estaba allí hasta que para.
¿Puedes deshacerte de esa clase de presión y de ruido? Seguro. El resto de este libro te explicará cómo.
Es difícil luchar contra un enemigo que tiene puestos de avanzada en tu cabeza.