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Nunca hace daño preguntar: ¿por qué? Incre- mentar el control en este nivel superior del enfoque puede reforzar e incluso impulsar cualquier cosa que estés haciendo en el mo- mento. ¿Por qué vas a asistir a tu próxima reu- nión? ¿Cuál es el propósito de tu tarea? ¿Por qué vas a invitar a unos amigos a cenar? ¿Por qué contratas a un director de marketing en lugar de a una agencia? ¿Por qué estás soportando esa situación en tu organización de servicios? ¿Por qué tienes un presupuesto? Y así hasta el infinito.

Lo reconozco: esto no es más que sentido común avanzado. Conocer y tener claro el propósito de cualquier actividad son las dos directrices principa- les para conseguir el enfoque adecuado, el desarrollo creativo y la cooperación. Pero este sentido común no se practica de manera habitual, sencillamente por- que nos resulta muy fácil crear cosas, quedarnos atrapados en la forma de lo que hemos creado y dejar escapar la conexión con nuestras intenciones primarias y reales.

Sé, gracias a las miles de horas que he pasado en muchas oficinas con mu- chas personas sofisticadas, que no se puede ignorar la pregunta ¿por qué? Cuan- do la gente se me queja de que tiene que asistir a demasiadas reuniones, me veo en la obligación de preguntar: «¿Cuál es el propósito de esas reuniones?» Y cuando me preguntan: «¿A quién debería invitar a las sesiones de planificación?», tengo que preguntar: «¿Cuál es el propósito de la sesión de planificación?» Cuando el dilema es si permanecer o no conectado al trabajo y al correo electrónico duran- te las vacaciones, tengo que preguntar: «¿Cuál es el propósito principal de las El fanatismo consiste en redoblar

los esfuerzos cuando se ha olvidado el objetivo.

vacaciones?» Hasta que no obtengo respuesta a mis preguntas, no hay manera posible de dar con la repuesta apropiada a las suyas.

El valor de pensar en el porqué

He aquí algunas de las ventajas de preguntar ¿por qué?: • Define el éxito.

• Establece criterios para la toma de decisio- nes.

• Alinea los recursos. • Motiva.

• Clarifica el enfoque. • Amplía las opciones.

Echemos un vistazo más minucioso a estos puntos, uno por uno.

Define el éxito. En estos tiempos la gente anda ávida de «victorias». Nos en-

canta jugar, y nos gusta ganar, o al menos estar en situación de poder hacerlo. Y si no tienes completamente claro cuál es el propósito de lo que estás hacien- do, no tienes ninguna posibilidad de ganar. El propósito define el éxito: es el punto de referencia inicial para cualquier inversión de tiempo y energía, desde decidir presentarse a un cargo electivo hasta diseñar un formulario.

En última instancia, no puedes sentirte satisfecho con lo tratado en una reunión de personal a menos que sepas cuál era el propósito de la reunión. Y si quieres dormir bien, es mejor que tengas una buena respuesta cuando tu consejo de administración te pregunte por qué despediste a tu responsable de marketing o contrataste a esa celebridad con una maestría en administración de empresas como tu nuevo director financiero. En realidad, no sabrás si tu plan de negocio sirve o no para algo hasta que no lo compares con el criterio del éxito que definirás haciéndote la pregunta: «¿Por qué necesitamos un plan de negocio?»

Establece los criterios para la toma de decisiones. ¿Cómo decides si te gastas el

dinero en un folleto polícromo o te llega con uno en bicromía? ¿Cómo sabes si merece la pena contratar a una importante empresa de diseño web para que se en- cargue de tu nuevo sitio en la Red? ¿Cómo sabes

si deberías enviar a tu hija a un colegio privado? Todo depende del propósito. Teniendo en cuenta lo que tratas de llevar a cabo, ¿son esas

A la gente le encanta ganar. Si no tienes completamente claro el propósito de lo que estás haciendo, no tienes posibilidad de ganar.

A menudo la única manera de tomar una decisión difícil es remontarte al propósito de lo que estás haciendo.

las inversiones necesarias? No hay manera de saberlo hasta que el propósito esté definido.

Alinea los recursos. ¿Cómo deberíamos distribuir la dotación asignada para per-

sonal en el presupuesto de la empresa? ¿Cuál es la mejor manera de utilizar el flujo de caja ahora mismo para rentabilizar nuestra viabilidad como minoristas a lo largo del próximo año? ¿Deberíamos gastar más dinero en el almuerzo o en los conferenciantes para la reunión mensual de la asociación?

En todos y cada uno de los casos, la respuesta depende de lo que tratemos realmente de conseguir: el porqué.

Motiva. Admitámoslo: si no hay ninguna buena razón para estar haciendo

algo, es que no merece la pena hacerlo. A menudo, me quedo pasmado al ver cuántas personas se han olvidado del motivo de que estén haciendo lo que están haciendo y de la rapidez con que una sencilla pregunta como «¿Por qué estás haciendo eso?» los puede hacer volver al buen camino.

Clarifica el enfoque. Cuando das con el verda-

dero propósito de lo que estás haciendo, las co- sas se aclaran. Dedicar tan solo dos minutos a escribir tu motivo inicial para hacer algo, invariablemente te permitirá obtener un panorama más nítido, de forma muy parecida al que se consigue cuando se enfoca un telescopio. Los pro- yectos y situaciones que empiezan a desintegrarse y difuminarse a menudo se aclaran cuando alguien vuelve al principio preguntándose: «¿Qué es realmente lo que pretendo conseguir con esto?»

Amplía las opciones. Curiosamente, aun cuando el propósito permite un enfoque

más preciso de las cosas, también abre mayores posibilidades al pensamiento creativo. Cuando sabes de verdad el porqué oculto —para la conferencia, la fiesta del personal, para tus vacaciones, para la supresión de un puesto directivo o para la fusión—, tus ideas acerca de cómo lograr el resultado deseado se am- plían. Cuando los asistentes a mis seminarios escriben su propósito para un proyecto, suelen coincidir en que es como si un soplo de aire fresco recorriera sus mentes y les aclarara la visión de lo que están haciendo.

¿Está lo bastante claro y definido tu propósito? Si de verdad estás experimen- tando las ventajas de un enfoque del propósito —motivación, claridad, criterios de decisión, alineamiento y creatividad—, entonces es probable que tu propósito sea lo bastante concreto. Pero muchas declaraciones de propósitos son demasia- do vagas para producir tales resultados. «Tener un buen equipo», por ejemplo,

Si no estás seguro de por qué estás haciendo algo, jamás le sacarás el suficiente partido.

podría ser una meta demasiado general o imprecisa. Al fin y a la postre, ¿qué es lo que constituye un «buen equipo»? ¿Es un grupo de personas con una gran motivación, que colaboran de manera saludable y tienen iniciativa? ¿O es un equipo que consigue sus metas por debajo del presupuesto? En otras palabras, si no sabes realmente cuándo cumples tu propósito o cuándo te has desviado, es que careces de una directriz viable. La pregunta «¿Cómo sabré cuándo esto se desvía del propósito?» ha de tener una respuesta clara.

Principios

Tus normas y valores tienen el mismo valor que los criterios principales que si- gues para impulsar y dirigir un proyecto. Aunque las personas apenas piensan en ellos conscientemente, siempre están ahí, y si son violados, el resultado será inevitablemente una distracción y un estrés improductivos.

Una manera fantástica de ver cuáles son tus principios es completar esta frase: «Daría plena libertad a los demás, siempre y cuando…» ¿Siem- pre y cuando qué? ¿Qué políticas, tácitas o ex- presas, aplicarás a las actividades de tu grupo? «¿Siempre y cuando no se salgan del presupues- to? ¿Satisfagan al cliente? ¿Garanticen un buen ambiente de equipo? ¿Promuevan una imagen positiva?»

Que los demás observen o permitan un com-

portamiento que se salga de tus normas puede ser una importante fuente de tensión. Si nunca has tenido que enfrentarte a este problema, eres una persona verdaderamente afortunada. Pero si te encuentras en esa tesitura, mantener una conversación constructiva para aclarar los principios podría alinear la energía y evitar un conflicto innecesario. Quizá debas empezar preguntándote: «¿Qué con- ducta podría menoscabar lo que estoy haciendo, y cómo puedo evitarla?» Esto te proporcionará un buen punto de partida para definir tus normas.

Otro buen motivo para centrarse en los principios es la claridad y el punto de referencia que proporcionan para conseguir una conducta positiva. ¿Cómo quieres o necesitas trabajar con los demás para garantizar el éxito de este proyec- to? ¿Qué comportamientos de tus hijos son admisibles y cuáles no durante las vacaciones? ¿Cómo debéis actuar tú y los demás para dar lo mejor de vosotros?

Mientras que el propósito proporciona la vitalidad y la dirección, los princi- pios definen los parámetros de actuación y los criterios para alcanzar la perfec- ción en la ejecución.

Un propósito y unos principios claros y sencillos provocan una conducta inteligente y compleja. Unas normas y reglas complejas dan lugar a una conducta simple y estúpida.