Roger Vekemans, oráculo antaño de la Democracia Cristiana chilena, huyó de Chile, como dijimos, al sobrevenir la etapa Allende por las debilidades y los centrismos de la DC, inspirados muchas veces por el propio Vekemans, de cuyos contactos con los centros para la política iberoamericana de los Estados Unidos, y con las más altas personalidades americanas, hay evidencia suficiente. Jesuita conectado a los medios episcopales europeos para la financiación de movimientos católicos en Iberoamérica, polemista incansable y atrabiliario, Vekemans ha dejado la huella de sus afanes y sus frustraciones en dos libros importantes, que completan el cuadro que ya hemos trazado sobre sus obras y actividades Vekemans abomina de las críticas que le hace la escritora chilena Teresa Donoso, pero después de leerles a los dos, es inevitable la inclinación del historiador en favor de Donoso
El libro de Vekemans Teología de la liberación y cristianos por el socialismo (Bogotá, «CEDIAL», 1976) es pese a todo, un alegato de suma importancia, aunque su acumulación erudita de citas dañe a la sistemática del libro. C.P.S. es el «retoño más ruidoso» de la TL (página 12). Resalta muy certeramente la influencia de la Conferencia Mundial del Consejo Ecuménico de las Iglesias (Ginebra, 1966), algo anterior a Medellín, como impulso primordial para el liberacionismo (página 12), sobre todo en el campo protestante. Cita, también muy certeramente, la tesis fundamental de Juan Luis Segundo S. J., para la identificación de marxismo y liberacionismo: «Entrar lealmente en el juego, subordinar a (los instrumentos de análisis de la praxis que ofrece el marxismo inseparables de la totalidad del sistema que les introduce, es decir, del materialismo histórico) el pensamiento teológico mismo» (página 78). Aduce también Vekemans el dictamen de monseñor Jorge Hourton, obispo administrador de la diócesis de Puerto Montt de Chile 1972 sobre TL/C.P.S.:
«En el pentagrama se ponen las notas para expresar una melodía, pero ellas adquieren toda su significación por una llave de Sol o de Fa que les precede. En numerosos escritos de la TL todo o casi todo el enfoque central está en llave de Marx.»
«Todos tienen que optar y los pregoneros del Evangelio de Jesucristo también. No hacerlo es optar contra los explotados. Al teólogo solo le quedaría la tarea de hacer derivar —por raciocinio silogístico— desde el principio de la fe, la tarea de construir el socialismo mediante la lucha de clases» (página 79).
Y Vekemans, antes de proporcionarnos una completísima bibliografía sobre TL/C.P.S. hasta el año de su libro, destaca la importancia del teólogo protestante R. Shaull en el trasplante iberoamericano de la teología de la revolución (página 101).
La convergencia —mejor, el paralelismo— de TL y C.P.S. es, para Vekemans, evidente, lo ha sentido en su propia carne. Pero «hace algunos años intuir esa convergencia era exponerse a la abominación de las abominaciones, el reproche de maccarthysmo eclesiástico» (página 309). Desde los principios de C.P.S. en 1971 Gustavo Gutiérrez fue su inspirador. Asmann se mostraba todavía más activo, como Richard y Girardi (página 213 y s). Gutiérrez y Girardi asistieron también activamente al Congreso C.P.S. de Quebec en 1975.
La segunda parte del libro es la crónica de C.P.S.. Es un reconoci- miento dramático de la caída hacia el marxismo, pero donde se disimula la responsabilidad de la DC y del propio Vekemans. En la década de los sesenta, «los católicos abandonan el apostolado para llenar todas las vacantes de la acción social. El temporalismo invade la Iglesia, la Jerarquía se repliega para no comprometerse». El proceso se complica en la segunda mitad de esta década con la crisis de la DC. El marxismo se ha infiltrado en sus cuadros y hace fermentar el descontento contra los «tecnócratas desarrollistas».
Llegan entonces los primeros becados de Lovaina y París con la novedad del diálogo marxismo-cristianismo. Poco a poco comienza el abandono de la práctica religiosa y luego de la fe. Entra la contestación a la Jerarquía y la lucha de clases dentro de la Iglesia. «La Iglesia chilena pierde su identidad pastoral y vive presionada por los hechos consumados. Viene la deserción en gran escala de sacerdotes y religiosos. Los seminarios quedan vacíos. Todos se vuelcan hacia la política y buscan en el marxismo la respuesta.»
En tan lamentable contexto sobreviene la toma de la Universidad Católica de Chile (1967) y de la catedral (1968). Los ocupantes de la catedral se coaligan en una «Iglesia joven» absolutamente marxista.
Describe Vekemans, desde la página 492, la trayectoria internacional de C.P.S.. En febrero de 1973 se crea en Lima una Federación Latinoamericana de Movimientos Sacerdotales bajo la presidencia de Gustavo Gutiérrez. En su primera reunión se aprobó la opción por el socialismo además de la «militancia política personal y acción política del movimiento» (página 494). El primer núcleo de C.P.S. fuera de América fue, en 1973, el de España. Además del conocido encuentro de Canadá en 1975, se han celebrado encuentros nacionales en Italia (1973 y 1974), Portugal (enero, 1975) y USA (1976). En Francia no hay —en 1976— equipo C.P.S. formado, si centros de conexión.
El segundo libro de Vekemans, DC CIA CELAM, autopsia del mito Vekemans (Universidad Católica del Tachira, Caracas, 1982), es más radicalmente polémico. La preocupación principal del autor es demostrar que no ha sido un agente de la CIA, como le han acusado otros publicistas católicos, algunos de su misma Orden, y la verdad es que no consigue convencernos de semejante tesis, pero en medio de la discusión, a veces muy apasionada, nos comunica varios datos de sumo interés. El DESAL —Centro para el Desarrollo Económico y Social de América Latina, que Vekemans se llevó con armas y bagajes a Colombia tras su hégira desde Chile— nace en 1960 para peritar los proyectos iberoamericanos de «Misereor», fundación del Episcopado alemán creada en 1959. DESAL luego se convirtió, además, en centro de proyectos. Vekemans reconoce sus contactos con altas autoridades de Estados Unidos desde 1962, aunque el gran escándalo no estalla en 1975, donde se acusó a Vekemans en toda América de recibir diez millones de dólares de la CIA para promover la candidatura del democristiano Frei en Chile. Vekemans fundó en 1957 el Centro Bellarmino donde se editaba la revista Mensaje, portavoz, como vimos, del liberacionismo y el marxismo. En 1970, a principios de octubre, el estadista venezolano Rafael Caldera, cuyo partido democristiano había invitado a Vekemans a instalarse en Caracas con el DESAL, revocó la invitación por presiones de empresarios anticomunistas (que pretendían evitar la repetición en Venezuela del «aperturismo» de Vekemans en Chile) y entonces el grupo se instaló en Bogotá. Vekemans se enfada con las acusaciones persistentes de la derecha iberoamericana, a las que llama, con poca elegancia, «cacareo derechista» y cambio el nombre de su centro de proyectos de DESAL en CEDIAL.
Al final de su libro polémico, Vekemans aduce dos testimonios de enorme valor. En el primero, el padre Arrupe, en agosto de 1973, defiende por igual al democristiano dialogante Vekemans, jesuita, y al jesuita marxista radical Arroyo (p. 263), lo que explica la actuación de Arrupe en América mejor que cualquier otro texto. Y en la página 333 transcribe un manifiesto de teólogos alemanes (Dirks, Gremacher, Metz, Karl Rahner, Moltmann) contra las campañas antiliberacionistas, en el que atacan a Vekemans y a monseñor Castrillón y a monseñor López Trujillo con datos y argumentos tomados de la central de coordinación de Cristianos por el Socialismo COELI. El documento de los teólogos alemanes a favor de la TL es una de las grandes revelaciones del libro de Vekemans