ENCUADRE DE LA INVESTIGACIÓN
2.4 La teoría feminista
2.4.1 El concepto de género
El concepto de género se introdujo en la teorización feminista en los años setenta y tuvo una gran relevancia al permitir subrayar, por una parte, la ocultación de la diferencia entre los sexos bajo la neutralidad de la lengua y, por otra, poner de manifiesto el carácter de construcción socio- cultural de esa diferencia (Tubert, 2003: 7).
Gil (Ibídem, p. 30) señala las distintas ideas a las que podemos referirnos cuando en castellano hablamos de género utilizando una terminología teórica feminista:
- Diferencias culturales y sociales asignadas a las personas en función de su sexo.
- Conjunto de valores, símbolos y
metáforas que definen lo
masculino y lo femenino.
- Relaciones de poder basadas en la asimetría social entre hombres y mujeres.
El estudio del género se ha aplicado en las dos últimas décadas a todas las ciencias sociales. Si el género es una construcción cultural, es lógico, como afirma Rosa Cobo (1995: 55), que sea objeto de estudio de las ciencias sociales. Esto ha conllevado la redefinición de muchos de sus conceptos.
Sin embargo, la utilización de este concepto también recibe críticas. Silvia Tubert (Op. Cit.) encuentra dos tipos de limitaciones asociadas al uso abusivo del concepto de género: por un lado, la generalización que en muchos casos da lugar a una gran simplicidad analítica y, por otro, la carga esencialista que conlleva. Esta autora señala el peligro de que se
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encubran así las relaciones de poder entre los sexos. A pesar de que sexo se define fundamentalmente por su oposición a género, es frecuente encontrar una simple sustitución del segundo por el primero, eliminándose de esta manera la potencialidad analítica de la categoría para reducirla a un mero eufemismo. Pero
existen muchos otros usos
inapropiados de este término. A veces se utiliza la palabra género por mujeres, haciendo así desaparecer el sujeto, o bien se emplea por feminismo, identificando la teoría feminista con una sola de sus categorías de análisis, existiendo muchas otras. La idea de relaciones de género en ocasiones se entiende como complementariedad de roles más que como relaciones de dominación. Cuando se habla de dos géneros (masculino y femenino) pueden reforzarse las diferencias y las asimetrías, pues se impone una obligación en el vínculo sexo/género. Por último, si se centra el análisis en la categoría género y se olvida relacionarlo con clase, etnia o edad, se simplifica las realidades de las mujeres (Ortiz, 2002: 31).
La filósofa feminista Judith Butler considera que el género esencializa las diferencias masculino/femenino,
indicando que “la diferencia
sexo/género sugiere una discon- tinuidad radical entre los cuerpos sexuados y los géneros culturalmente construidos, aunque al mismo tiempo el supuesto de un sistema binario de géneros conserva implícitamente la creencia en una relación mimética del género con el sexo” (Butler en Tubert,
Op. Cit., p. 9).
Gil (Op. Cit., p. 32) apunta una interesante serie de estrategias de investigación que implica el utilizar
una perspectiva de género en la construcción del conocimiento:
- Tener presente el papel que desempeñan en la sociedad las relaciones jerárquicas entre los sexos y de qué manera esto se plasma en la construcción del
conocimiento a través de
metáforas y valores y del uso de símbolos que representan y reproducen estas jerarquías. - Considerar a las mujeres en su
diversidad social y cultural.
- Plantear temas de investigación e hipótesis que consideren la complejidad social.
- Proponer temas de investigación que respondan a intereses de mujeres, que sirvan para mejorar la vida de las mujeres y que contribuyan a romper dinámicas sociales y científicas establecidas. - Cuestionar los métodos y elegir
procedimientos que no contri- buyan a reproducir sesgos de
género y que permitan
perspectivas diversas.
- Introducir en la discusión de los resultados de investigación y en la formulación de hipótesis expli- cativas elementos de la vida social y cuestionar siempre de qué manera la visión de partida influye en los resultados finales. 2.4.2 El sistema sexo-género
El sistema sexo-género hace
referencia a las formas de relación establecidas entre mujeres y hombres en el seno de una sociedad (Aguilar, 2008). Analiza las relaciones produ-
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cidas bajo un sistema de poder que define condiciones sociales distintas para mujeres y hombres en razón de los papeles y funciones que les han sido asignadas socialmente y de su
posición social como seres
subordinados o seres con poder sobre los principales recursos. Nuestras
actuales sociedades occidentales
están sujetas por un sistema sexo- género que sostiene una relación desigual de poder entre mujeres y hombres.
El concepto teórico “sistema de sexo/género” fue creado por las feministas anglófonas occidentales de los años setenta. Así, Gayle Rubin en 1975 define por primera vez el sistema sexo-género como el sistema de relaciones sociales que transforma la sexualidad biológica en productos de actividad humana y en el que se encuentran las resultantes nece-
sidades sexuales históricamente
específicas (Rubin, 1986).
Para que el sistema de estratificación por sexos se mantenga y reproduzca son necesarios elementos coercitivos y persuasivos que moldeen la voluntad de las personas. Entre ellos podemos señalar la división sexual del trabajo, el control y el poder sobre los recursos.