PERSPECTIVA FEMINISTA EN
4.1 Mujeres y salud
4.1.1 Los estudios de salud y género
El estudio de las desigualdades de género en la salud es un ámbito de investigación en expansión, tanto en el campo de las ciencias biomédicas como sociales. En nuestro país se han multiplicado en los últimos años las reuniones y publicaciones científicas en las que, de un modo específico o no, se exponen este tipo de temáticas, y se han ido consolidando las redes de expertos/as en género. Cada vez es más frecuente que sociólogos/as y antropólogos/as jóvenes, sobre todo mujeres, se decanten por objetos de
estudio relacionados con las
diferencias de género, e incluso que investigadores/as ya consolidados hagan sus primeras incursiones en dicha especialidad (Esteban, 2006). Siguiendo a Esteban (2006), este fenómeno tiene que ver con
cuestiones muy diversas: la
constatación de diferencias en los indicadores de salud de hombres y mujeres, tanto en lo que se refiere a la morbi-mortalidad y utilización de servicios sanitarios como a los hábitos de salud; la presencia
creciente de mujeres en la
universidad; la búsqueda continua de nuevos objetos de estudio. Pero es también consecuencia de la calidad de las contribuciones, preguntas y críticas feministas, que han desafiado y enriquecido a la ciencia en su conjunto.
Si consultamos algunas estadísticas referentes a la mortalidad/esperanza de vida (Sánchez, 2011), podemos comprobar que la esperanza de vida de las mujeres es superior a la de los hombres, aunque la distancia en media de años entre uno y otro grupo varía según las condiciones sociales. En los lugares donde las condiciones de salud en general son peores, especialmente las relacionadas con la mortalidad de las mujeres a causa del parto o complicaciones derivadas del mismo, las diferencias entre hombres y mujeres disminuyen. Hemos de tener en cuenta que un aumento de la longevidad no se corresponde necesariamente con un aumento de los años vividos en buen estado de salud.
La forma de enfermar de mujeres y
hombres también presenta
diferencias, como vemos reflejado en los dos cuadros siguientes. Las patologías, factores de riesgo y motivos de consulta de ambos varían:
Fig. 1. Esperanza de vida al nacer, 1995.
Fig. 2. Causas principales de la carga de morbilidad para hombres y mujeres en todo el mundo, 2002.
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Con frecuencia se ha constatado que existe una paradoja en la relación mortalidad/morbilidad, puesto que las mujeres tienen peor salud, a pesar de vivir más. Sánchez (2011) señala algunos ejemplos de morbilidad diferencial como:
LAS MUJERES
Viven más Mayor número de
problemas médicos Más depresión Mayores tasas de
hospitalización Más sobrecarga de estrés (familia/trabajo) Usan más medicamentos prescritos Más condiciones crónicas como artritis y osteoporosis Informan de peor salud Más lesiones y muertes por violencia doméstica Tienen mayor número de días con actividad
restringida
Hyde (1995: 252), citando a Travis (1988), señala que las feministas han criticado el tratamiento que reciben las mujeres en el sistema sanitario.
Podemos resumir estas críticas en los cuatro aspectos siguientes:
1. La relación entre médico y paciente refleja la categoría subordinada de la mujer en la sociedad, de manera que el médico (por regla general, varón) tiene el poder y el control sobre la paciente. La relación se configura de acuerdo con los papeles estereotipados asignados a los
géneros. Por ejemplo, la
probabilidad de que el médico
recete medicamentos
psicoterapéuticos, como
tranquilizantes, es 1,5 veces superior tratándose de mujeres que si los pacientes son hombres (Svarstad, 1987), lo que quizá refleje el estereotipo de que las
mujeres son histéricas o
neuróticas.
2. La profesión médica ha
participado de manera activa en la discriminación de la mujer, en cuanto al acceso de ésta a la
medicina (Walsh, 1977). A
principios de siglo, la mayoría de las facultades de medicina se negaban a admitir a las mujeres. La American Medical Association no las aceptó hasta 1915. Aunque, en la actualidad, el 31% de los títulos de doctorado en medicina se otorgan a mujeres (Rix, 1988), en general todavía reciben su
formación médica en una
atmósfera hostil. Por ejemplo, en un estudio sobre el trato otorgado a las mujeres en la facultad de medicina de la universidad de Wisconsin-Madison se descubrió que, con frecuencia, los cirujanos se referían a las médicas residentes de cirugía como a las “faldas”. La categoría de las enfermeras (más del 90% de los
Fig. 3. Porcentaje de tipos de enfermedades en hombres y mujeres adultos entre 15-44 años en los países en desarrollo, 2000.
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profesionales de enfermería son mujeres) con respecto a los
médicos refleja también la
categoría superior de las
profesiones de predominio
masculino y la inferior de aquéllas en las que predominan las mujeres.
3. Con frecuencia, la atención médica que se presta a las mujeres es
inadecuada, desagradable o
irresponsable. Un ejemplo de ello es el exceso de recetas de tranquilizantes que ya se ha señalado (Starstad, 1987).
4. A menudo, la investigación médica
realizada con mujeres es
irresponsable. Por ejemplo, se han
desarrollado muchos más
anticonceptivos para mujeres que para hombres, por lo que los riesgos para la salud que se producen han afectado de manera desproporcionada a las mujeres. Un caso notorio es el del Dalkon
Shield, un DIU (dispositivo intrauterino), que fue retirado del mercado tras la muerte de 17
mujeres a causa de una
enfermedad inflamatoria pelviana, directamente imputable a éste (Travis, 1988). El carácter étnico es también un factor relacionado
con el riesgo en las
investigaciones. Por ejemplo, las pruebas iniciales de campo de la píldora para el control de la natalidad, cuyos riesgos eran desconocidos, se realizaron con mujeres pobres de Puerto Rico. 4.1.2 Determinantes de salud con enfoque de género
El nivel de salud de una comunidad es dinámico y puede mejorar o
empeorar en función de la presencia
de múltiples factores que
interaccionan entre sí y con el ser humano.
1. Factores biológicos.
La biología humana engloba todos los acontecimientos relacionados con la salud física y mental que se manifiestan en los seres humanos
como consecuencia de su
constitución orgánica.
Existen diferencias en la forma de funcionamiento del cuerpo de hombres y mujeres que dan lugar a diferencias en el nivel de salud y en las formas de enfermar y morir. Como se ha señalado, la mirada androcéntrica hace que estas diferencias no se tengan en cuenta en las investigaciones en salud y se cometan sesgos que dan lugar a desigualdades de salud.
Ej: los cambios hormonales / las infecciones de transmisión sexual. 2. Factores del entorno ambiental.
El entorno se identifica con las condiciones de vida, en él se reproduce social y biológicamente el ser humano. La calidad del entorno se refleja en el estado de salud y bienestar de las personas. Pueden identificarse en el entorno circunstancias físicas, económicas, laborales, culturales, sociales, que son muy poco conocidas como
determinantes de salud,
probablemente como
consecuencia de la escasez de investigaciones sistemáticas y rigurosas que incorporen la perspectiva de género.
3. Factores económicos, sociales y políticos.
Aunque son muchos los factores económicos, sociales y políticos que pueden considerarse en el
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análisis del entorno desde esta perspectiva, destacan la pobreza, la violencia y las condiciones de trabajo como paradigmas de la discriminación de las mujeres y la magnitud y gravedad de los efectos sobre su salud y bienestar. 4. Factores relacionados con los
estilos de vida.
El término estilos de vida se utiliza para designar la manera general de vivir basada en la interacción entre las condiciones de vida y las pautas individuales de conducta
determinadas por factores
socioculturales y características personales.
Ej: la activ. física y el deporte de grupo se potencian en niños y no en niñas / la distribución del tiempo es diferente para hombres y mujeres.
5. Factores relacionados con sistemas de atención a la salud. La aceptación de la salud como un concepto dinámico relacionado con la calidad de vida y el
bienestar dependiente de
múltiples factores requiere
necesariamente de cambios en la concepción de los servicios sanitarios.
El enfoque predominante en los sistemas de atención a la salud
centra su atención
fundamentalmente en los
determinantes biológicos, sin
tener en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres ni los
factores contextuales que
condicionan la vida y las formas de enfermar y morir de unos y otras, hechos que contribuyen al desarrollo de sesgos de género en salud. Desde el sistema sanitario y debido a su biología, se ha
asignado la salud reproductiva únicamente a las mujeres.
Ejemplo: la medicalización de los procesos fisiológicos normales de las mujeres: en la menopausia, en las mujeres de edad…