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El cuerpo, de objeto a método: trayectoria transdisciplinar

ruBielA ArBoledA góMez

La visión transdisciplinaria es decididamente abierta en la medida que ella trasciende el dominio

de las ciencias exactas por su diálogo y su reconciliación,

no solamente con las ciencias humanas sino también con el arte, la literatura, la poesía y la experiencia interior.

(ArtÍculos 3 y 5. conVento de ArráBidA, 1994)

la ruta discursiva que sigue este capítulo está delineada por las pre- guntas orientadoras con las que se llevó a cabo la convocatoria a parti- cipar del libro Diálogos sobre transdisciplina. Los investigadores y su

objeto de estudio. dichas interrogantes serán presentadas como subti-

tulaciones de los apartados.

AcercAMiento personAl Al cuerpo coMo oBJeto / suJeto de estudio

comencé mis estudios en educación Física en una época en la que el eje curricular de la licenciatura se centraba en el deporte y, en con- secuencia, quienes asumían esta propuesta educativa eran depor- tistas de competencia. Mi situación era diferente y no correspondía a las expectativas de la carrera, de los docentes ni de los compañeros. te-

nía bajo rendimiento académico y un permanente desconcierto; no obs- tante, no me retiré del programa, lo que me condujo a pensar sobre qué me hacía permanecer en ese “fuera de lugar” en donde me hallaba, y la respuesta fue, justamente, el cuerpo. percibir —no lo comprendía ampliamente— que allí había algo más que el rendimiento y que la téc- nica no agotaba las posibilidades de la motricidad; que el gesto era más que precisión y efectividad, y que lo corporal comprometía un universo mucho más vasto y complejo que el de la organicidad. Así, mi conexión con lo que hoy puede llamarse un objeto de estudio, el cuerpo, dio co- mienzo alrededor de 1980, a mediados de mi paso —y mi lucha— por la formación en la licenciatura en educación Física en la universidad de Antioquia (Medellín, colombia), institución a la que estoy adscrita como docente titular.

presentAción del oBJeto /

suJeto de inVestigAción: cuerpo

Al cuerpo lo he entendido como un registro de la vida colectiva y, a su vez, un generador de la misma; doble connotación que lo trasforma en productor y producto. el cuerpo, por supuesto, es una constante biológica y psicológica, pero también trama simbólica tejida con los contenidos propiciados por las estructuras sociales y la pertenencia cultural; subjetividad y colectividad confluyen en él y le otorgan un lugar destacado como censor de las lógicas del entorno que lo acuna. es, pues, contundencia material e inscripción contextual; subjetividad encarnada que nos vincula con lo otro y los otros, “mi ser en el mundo” (Merleau–ponty, 1975), y construcción objetivada en las interacciones sociales (Bourdieu, 1997). desde la postura del embodiment, asumida por csordas, se tejen las anteriores acepciones; en este sentido, el cuerpo se propone como el “terreno existencial de la cultura y el self” (2011, p.105).

pero, además de esta relación entre el sujeto y la realidad circun- dante, y, en virtud de esa articulación, emerge un tercer constitutivo:

lo político; un cuerpo subjetivado, engramado por el entorno y con capacidad de respuesta, lo que gómez (2012) ha señalado como agen- cia. el cuerpo es territorio de la identidad, regulación, control, norma- tización y modelación, en razón de los parámetros que procuran las comunidades y, a su vez, es alternativa de reacción y resistencia. no es una entidad que tolera con pasividad los interdictos de las instancias sociales, es también lugar de la potencia (en el sentido aristotélico, la facultad del alma, la posibilidad) (colli, 1996).

la primera modernidad ha llevado las discusiones sobre el cuerpo a las arenas del dualismo cartesiano: res extensa (animalidad) / res co-

gitans (cognición); debate farragoso que ha invisibilizado justamente

al sujeto del discernimiento: la res pública.1

la esfera política corporal velará por la participación en la contien- da, tanto con los discursos como con las prácticas, por favorecer la formación de una persona de opinión, por las condiciones materiales y simbólicas de la polis. la res pública es una distinción antropológica y, así, de interrelaciones sociales en lo que concierne a las facultades de juicio, adhesión, emancipación, consenso y, cómo no, disenso. el cuerpo, en su arista política, implica la capacidad de participación en la idealidad que estamos dispuestos a configurar, allí donde el po- tencial de agencia sea definitorio de la consolidación de un proyecto social. discusión que desborda la preocupación por las consistencias.

1. “para Arendt, la res pública significa aventurarse en el discurso y en el actuar en compañía de los que son iguales a uno, comenzar algo nuevo cuyos resultados no pueden ser conocidos por adelantado, la fundación de un espacio público... en ella el alcance del juicio no se circunscribe a la mera disposición expectante. la reflexión política no es sólo un trabajo de la razón, aunque presuponga los parámetros de la racionalidad y opere sobre la base de la subjetividad descentrada; ella depende de la actividad cívica común, definida a partir de la participación ciudadana en la conceptualización y la realización de la política” (kohn, 2000, p.81). es una construcción en la pluralidad que revela, mediante la acción y el discurso, los contenidos cívicos como libertad, solidaridad y autonomía; entendido lo público como “mundo común, comunidad de cosas, que nos une, agrupa y separa, a través de relaciones que no supongan la fusión” (salas, 1997, p.21). “Acción y discurso están tan estrechamente relacionados debido a que el acto primordial y específicamente humano debe contener al mismo tiempo la respuesta a la pregunta planteada a todo recién llegado: ¿quién eres tú? ese descubrimiento de quién es alguien está implícito tanto en sus palabras como en sus actos” (Arendt, 2005, p.202).

de otro lado, el cuerpo también ocupa el lugar de la representa- ción. para Jodelet (1986), cuya elaboración conceptual se inscribe en la lógica de Moscovici (1986), las representaciones dan cuenta de los aprendizajes allegados por los sujetos en la cotidianidad, como manera apropiada de interpretar su mundo: “este conocimiento se constituye a partir de nuestras experiencias, pero también de las in- formaciones, conocimientos y modelos de pensamiento que recibimos y trasmitimos a través de la tradición, la educación y la comunicación social” (1986, p.18). en esta línea, le Breton (2002) nos dirá que todas las disciplinas tienen una particular prefiguración del cuerpo y su tra- tamiento a la misma deriva de dicho ideario.

Así, el interés personal por despojarme del dualismo res extensa / res

cogitans, como categoría rectora de las reflexiones en torno al cuerpo,

me ha llevado a la representación transdisciplinar de este como mé- todo para comprender la realidad social. si se conviene que el cuerpo se escribe con los trazos socioculturales, se estará de acuerdo que en él, y desde sus prácticas, se pueden leer asuntos concernientes al diario trascurrir. “desde que la escritura descargó nuestras memorias sobre los pergaminos, descubrimos la geometría abstracta; desde que la imprenta nos liberó de la necesidad de recordar, inventamos la ex- periencia corporal” (serres, 2011, p.111).

con estos insumos, el grupo de investigación interdisciplinaria cultura somática2 ha posicionado como ruta de indagación las dimen-

siones de la corporeidad: sexualidad, estética, motricidad, bienestar, producción, emoción, ocio, semiótica y política, las cuales operan como categorías axiales con sus propios contenidos y preguntas y, a la vez, interactúan dialécticamente para atender la problematización del cuerpo en una perspectiva integradora.

2. del instituto universitario de educación Física de la universidad de Antioquia, Medellín, colombia.

reconocer el cuerpo como constructo y huella sociocultural, en juego con los a prioris subjetivos, propicia su ubicación en el lugar de método y a las dimensiones que los integran en lentes para rastrear situaciones específicas. Bajo esta égida, y en respuesta a la pregunta que orienta la disertación, presento el cuerpo en un tránsito de objeto a método en la investigación social contemporánea.

principAles deBAtes y MoMentos

teórico–episteMológicos que HA AtrAVesAdo el cuerpo coMo oBJeto / suJeto de estudio

la preocupación por el cuerpo ha sido una constante existencial que ha generado profundas reflexiones. la disciplina filosófica ha hecho correr mucha tinta al respecto, y desde ahí se han generado paradigmas, co- rrientes y escuelas que han permeado tanto la noción de cuerpo, como los abordajes metodológicos en los estudios respecto a este.

una panorámica a las categorías derivadas de los distintos pensa- dores permitirá dibujar las rutas marcadas por este saber. el cuerpo, en platón como en san Agustín, es la prisión del alma como consecuencia del pecado (dualismo escindente). para Aristóteles, la distinción entre alma y cuerpo es real, pero solo puede ser pensada; el alma no es in- mortal, ya que es imposible que subsista sin un cuerpo (dualismo dia- lógico). descartes (1641, 1647)3 dirá: “mi alma, por la cual soy yo lo que

soy, es entera y verdaderamente distinta de mi cuerpo, pudiendo ser y existir sin el cuerpo...”; (dualismo res cogitans / res extensa). en spinoza (1677), “alma y cuerpo son dos modos diferentes de dos atributos diferentes que conforman una misma sustancia” (dualis-

3. debo advertir que para los pensadores reconocidos como clásicos y algunos de ellos con fechas de escritos muy antiguos, los años que aparecen en el paréntesis corresponden a sus primeras publicaciones y no están referenciados así en la bibliografía, en la que sí aparecen los textos y ediciones efectivamente consultadas. la intención de este ejercicio es ilustrar cómo los debates en torno al cuerpo han sido un eje de pervivencia histórica.

mo dialógico). en sartre (Biemel, 1966) “el cuerpo es lo que soy in- mediatamente y lo que trasciendo” (trascendencia). para nietzsche (1882, 1878), es “centro de gravedad” del individuo, centro que debe ser retomado, pues había sido desplazado por dios y la idea de alma (vital). en Merleau–ponty (1945,1957), el cuerpo humano es, junto a lo externo real, la base de la conciencia, y por esto se da un compromiso existencial entre el sujeto y sus circunstancias (fenomenológico). para walter Benjamin (weigel, 1999), es expresividad, materialización de la imagen, memoria, construcción del recuerdo, mímesis, capacidad mimética (signo). en lipovetsky (1990, 2002), el cuerpo existe por sí mismo, el propio cuerpo se convierte en sujeto (narcisismo, seduc- ción). para deleuze (1980, 1985, 1987), los cuerpos son causas, unos en relación con los otros, unos para otros; son imagen y escenario de una multiplicidad, son devenir (historia y acontecimiento). para serres (1995, 2003, 2011), “un cuerpo es la confluencia móvil de flujos, turbulencias y deslizamientos: un conjunto de relaciones dinámicas” (movimiento). nancy (2003) dirá que “el cuerpo es la forma expresiva

del espíritu (monista). para Hobbes (1839, 1845), será la organicidad y

la estructura (funcional) y, en este sentido, Maturana y Varela (1973, 1986) plantean el cuerpo como una trama tejida entre primero, segun- do y tercer orden (complejidad).

esta visita rápida a la filosofía presenta algunos de los hitos que han marcado la discusión en torno al cuerpo: del dualismo escindente, que desencadena en la tradición galileana de la investigación, de un lado, y en las acepciones subjetivadas que dibujan el ingreso a la tradición aristotélica, y con ello a la hermenéutica y la fenomenología, de otro. si bien ambas perspectivas tienen asiento en el pensamiento occiden- tal, es la concepción del cuerpo como entidad meramente orgánica la que ha marcado por mucho tiempo las representaciones disciplinares sobre del cuerpo: la física, la mecánica, la anatomía y la biología son emblemáticas de su ubicación en el lugar de la “extensión”, así como de su fragmentación para buscar someterlo a las taxonomías establecidas para su estudio y control. empero, la fenomenología, que ha intentado

resolver el dualismo por la vía de la exaltación del sujeto, se ha conver- tido “en otra cara de la misma moneda” y, como diría serres (2011) sobre Merleau–ponty, “los ejemplos del autor se tratan de citas bibliográficas trágicamente despojadas de cualquier experiencia sensible. Mucha fe- nomenología, ninguna sensación: todo parece residir en la lengua. la lengua filosófica o matemática intenta sustituir a la experiencia como un abuso y una violencia” (2011, p.133); y el mismo Bourdieu dirá: “una vez más, como ocurría con el objetivismo durkheimiano, la filosofía de Merleau–ponty, adolece de una incapacidad de construir un vínculo analítico... guarda silencio sobre la doble génesis social de las estruc- turas subjetiva y objetiva del juego” (Bourdieu & wacquant, 2005, p.51). las ciencias sociales han bebido de estas fuentes. Así, el cuerpo es para Mauss (1951, 1979) una evidencia de la cultura y la sociedad que se manifiesta en técnicas corporales (registro). en tal dirección, para Bourdieu (1997, 1991, 2005) es el lugar de inscripción de las es- tructuras estructurantes que se expresan en prácticas: estructuras estructuradas (habitus). para Bauman (2002, 2003, 2005) como para Baudrillard (1974), es objeto de consumo marcado por las dinámi- cas de la economía y los modelos de belleza (mercancía). en Aries (1983) como en Bataille (1992), es la conciencia de la finitud, señala la singularidad y la amenaza con la muerte (lo perecedero). para eco (2004, 2007), código indescifrable, es un texto de lectura altamente variable (signo). en pinzón (1999), lugar de experiencia, sensación, emoción, percepción del mundo (inscripción). para turner (1989), el cuerpo se vive, es un proceso nunca acabado a partir del cual se construyen las personas en relación con los otros (sujeto y sociedad). para Freud (1979), es una representación mental en la que se exhibe la constante dicotomía: intensas sensaciones de placer versus dolor. en lacan (soler, 1988, 2006), el cuerpo se conforma de lo imaginario, lo real y lo simbólico, estrechamente intrincados.

respecto a las concepciones de cuerpo que han permeado la educa- ción y que han tenido presencia en América latina, se puede señalar a lancaster (1803, 1821, 1833), para quien, como correlato pedagógico de

platón y de Agustín, el cuerpo es la fuente de la perdición y objeto de sometimiento. en esa dirección, la denominada escuela católica se en- cargó de castigar físicamente los pecados del comportamiento (lugar de vigilancia y sanción). en pestalozzi (1779, 1785, 1827), el cuerpo es posibilidad de cognición, integra los sentidos al proceso enseñanza– aprendizaje. para decroly (1914, 1920), el cuerpo, por la vía del juego, constituye un significativo dispositivo pedagógico y, como para dewey (1899, 1903, 1916, 1938), el cuerpo participa de la construcción del pro- yecto social (lúdico–sensorial–social). en Montessori (1910, 1935, 1937, 1957), el cuerpo está estrechamente ligado a la condición humana (an- tropológico). la escuela técnica mecanizó el cuerpo y lo articuló al afán de producción (instrumento) (Arboleda, 1997, p.85).

otra cúspide en las discusiones la marca la preocupación por des- arraigarlo de las ciencias naturales y situarlo en la reflexión en las ciencias sociales; no obstante, este deslizamiento ha tenido matices por las propias posturas en tensión, y aunque se han logrado escaños en el posicionamiento del cuerpo como objeto de estudio, no existe un correlato de las modificaciones paradigmáticas en otros saberes, por ejemplo la medicina, que ha legitimado los discursos y tratamientos en torno al cuerpo. la oposición materia / espíritu configura una per- vivencia histórica en las lecturas y valoraciones del cuerpo.

un movimiento importante relativo a las perspectivas con las que se abordan los estudios en torno al cuerpo, lo generan las disputas disciplinares y el interés por “apropiárselo” como su objeto: un control sobre los discursos del cuerpo.

la biopolítica ha pintado otro ángulo para los acercamientos re- lativos al cuerpo, y un primer pensador que suscribe esta noción es Michel Foucault (1974, 1977, 1982, 1993, 1998, 1976, 1973), quien analiza las estrategias de control que ejercen las instancias reguladoras de la vida sobre el cuerpo, y propone una veta de indagación en esa relación cuerpo–sociedad; la cual, por lo demás, han explorado autores como Hardt y negri (2000), turner (1989), lazzaratto (2006), keller (1995), y muchos otros que han abonado el terreno de la dilematización del

cuerpo en los marcos políticos, de escenarios de poder y estrategias de resistencia.

Hoy, la tematización del cuerpo ocupa una centralidad en distintas disciplinas y en los problemas de investigación; las ciencias sociales han revisitado al cuerpo para explorar su capacidad narrativa en razón de las realidades sociales. es oportuno destacar que, en América lati- na, estudios desde la antropología, la sociología y la historia, que han tomado al cuerpo como bandera —de tal manera que han posesionado lugares académicos: congresos, mesas de trabajo, foros, reuniones de investigadores—, dan cuenta del estado actual de la temática. nom- bres relevantes en este sentido: pedraza (colombia); citro (Argentina); Muñiz (México); kogan (perú); Bizerril (Brasil), Viafra (colombia); crisorio (Argentina) y escribano (Argentina), entre otros.

en este mismo sentido, los discursos con relación al cuerpo han ganado terreno en el campo de la educación física y, más aún, esta par- ticipa en la puja por hacer del cuerpo su dominio epistémico; aspecto que encuentro desbordado —justamente por ser territorio de cru- ce transdisciplinar— y, sin embargo, no son despreciables los aportes que este saber ha realizado con respecto a la resignificación del cuer- po, a su desanclaje de las categorías dualistas y a desarraigarlo de las disciplinas hegemónicas tanto en su definición como en su tratamien- to. en este escenario son relevantes las construcciones realizadas en lo relativo a la cultura somática, noción que tiene antecedentes en los conceptos que conectan cuerpo–cultura, y se define como:

las concepciones y posicionamientos con respecto al cuerpo en los diferentes contextos sociales; como las maneras en que las par- ticulares acepciones se expresan en las prácticas de los sujetos y los grupos y, en una doble vía, a las formas en que la memoria corpo- ral da cuenta de cómo la escriben los acervos culturales que la cir- cundan. percepciones, actitudes, representaciones y usos del cuerpo atraviesan una urdimbre bordada con hilos de innumerables colores, sabores, texturas, densidades y formas; de profundidades y superfi-

cialidades ininteligibles, y de inenarrables sentidos y significados. sexualidad, estética, motricidad, semiótica, producción, salud, po- lítica, emociones, ocio, son las maneras modernas de denominar el complejo tejido del cuerpo en relación. son, por lo demás, formas metodológicas que han permitido intentar aprehenderlo por medio de las mediciones, evaluaciones, observaciones, constataciones en la lógica de la ciencia moderna para poder comprender, en parte, qué es lo corporal.

por cultura corporal se entiende los contenidos materiales y simbóli- cos que alimentan la dialéctica cuerpo cultura; éstos contenidos que se “encarnan” y expresan en prácticas, interacciones, imaginarios, experiencias e idealidades.

la cultura corporal entraña un nexo apretado, en ocasiones diluido, entre el cuerpo y el entorno, de allí su potente capacidad para expo- ner los cambios sociales, las adopciones culturales, los movimien- tos políticos, las tensiones y disputas económicas, las tradiciones e innovaciones, los patrones y disrupciones que, como sujeto y como grupo, se experimentan permanentemente (Arboleda, 2012). Finalmente, la investigación social ha propiciado un giro en los de- bates relativos al cuerpo, toda vez que ha dejado de ser un problema de estudio objetivado por la vía de la razón instrumental, o ha dejado de ser subjetivación que exacerba la espiritualidad, propia a los afanes fenomenológicos, y empieza a fundirse y asumirse como sujeto–ob- jeto plural, polisémico y complejo; de la conmensurabilidad de las formas y de la abstracción teorética a los aterrizajes metodológicos que permiten su comprensión como problema y su exploración como método.

lA trAyectoriA oBJeto–inVestigAdorA registrAdA por el cuerpo

el itinerario que ha seguido el cuerpo como dilemática en investiga- ción ha quedado esbozado en el apartado anterior, lo que en síntesis sería: de la integración cuerpo–naturaleza de los pueblos originarios, a la escisión objetivación instrumental de la primera modernidad; del dualismo res extensa / res cogitans, al cuerpo como ser en el mundo, en la perspectiva fenomenológica (que aún subsiste en los estudios sociales); de esta subjetivación exacerbada al cuerpo simbólico, a su comprensión en su estructura “poligonal”, con múltiples lados también factibles; del signo al método; y de los acercamientos disciplinares a los abordajes transdisciplinares.

Mi trayectoria como investigadora ha estado perfilada por una in- quietud permanente en torno al cuerpo y sus vicisitudes —que des-