la necesidad de construir enfoques científico alternativos capaces de trascender las limitaciones epistemológicas y metodológicas de ciencias disciplinares ha sido un debate central. la crisis civilizatoria significa también un profundo cuestionamiento a las ciencias y al papel que han jugado como sostén ideológico y tecnológico del modelo de desarrollo dominante. un rasgo fundamental del desarrollo moderno consiste en la confianza absoluta en la ciencia como único camino váli- do hacia el conocimiento, lo cual implica la exclusión de otros saberes y conocimientos diferentes a esta concepción científica definida de ma- nera unilateral (Villoro, 1996); es causa también de una arraigada into- lerancia hacia la diversidad cultural y los conocimientos generados, por ejemplo, por las culturas rurales, tradicionales e indígenas, que son re- chazadas a priori y consideradas un obstáculo para la modernización y, por tanto, el desarrollo.
Mientras la ciencia convencional está inmersa en la crisis de la mo- dernidad, y sus fundamentos son seriamente cuestionados, la sustenta- bilidad enfrenta la búsqueda de enfoques científicos capaces de parti- cipar en la construcción de proyectos civilizatorios alternativos como uno de sus desafíos centrales. desde distintos ámbitos científicos, y a partir de diversas disciplinas, existe un intenso trabajo en la elabo- ración de elementos epistemológicos, conceptuales y metodológicos orientados hacia enfoques científicos alternativos y en la perspectiva de la sustentabilidad. la problemática ambiental constituye el mayor reto y un profundo cuestionamiento para la ciencia contemporánea, porque es una colosal amenaza a la supervivencia del planeta y las sociedades humanas (toledo, 1998).
en respuesta, se ha gestado un interesante fenómeno entre los di- ferentes campos de conocimiento como reacción al proceso general de especialización excesiva; y para detener y remontar la crisis am- biental, han surgido más de una veintena de disciplinas híbridas como formas interdisciplinarias de abordar la realidad, en las cuales el en- foque adoptado es el resultado de la integración de la ecología con diferentes ciencias dedicadas a estudiar el universo social y humano (toledo, 1998). Así, de la geografía se derivó la ecogeografía, la ecolo- gía del paisaje y la geografía ambiental; de la economía, las disciplinas híbridas fueron la economía ambiental y la economía ecológica; de la antropología, la etnoecología, la antropología ecológica y la ecología cultural; de la urbanística, la ecología urbana y la ecología industrial; de la agronomía tenemos a la agroecología; de la sociología a la eco- logía humana y la sociología ambiental; y de la politología, la ecología política (toledo, 1998).
en este debate referente a las ciencias convencionales, su princi- pio epistemológico de la fragmentación de la realidad ocupa un lugar importante para ser estudiada y analizada, y desarrollar entonces las disciplinas y las especializaciones que permitirán la generación del conocimiento sobre los fenómenos. una alternativa a esa posición es el pensamiento complejo (Morin, 1995). la ciencia convencional abs– trae, es decir, extrae un objeto de su conjunto y contexto, al rechazar los lazos y las interrelaciones con su medio, e insertarla en el compar- timiento de una disciplina cuyas fronteras rompen de forma arbitraria la sistemicidad y multidimensionalidad de los fenómenos, y privilegian lo que es calculable y formalizable. el pensamiento complejo, en cam- bio, trata de superar el conocimiento en mundos separados propios de la ciencia clásica para unir las partes a la totalidad, articulando los principios de separación y unión, de autonomía y dependencia que se encuentran dialógicamente en el seno del universo. Así, mientras el paradigma de la simplificación impone el criterio de desunir y reducir, el pensamiento complejo reúne y distingue; trata con la incertidumbre y es capaz de concebir la organización. es el pensamiento apto para
contextualizar y globalizar, pero al mismo tiempo para reconocer lo singular, individual y concreto. son tres las premisas fundamentales del pensamiento complejo: la dialogicidad, el principio de recursividad, y el principio hologramático (Morin, 1995).
otro punto de este debate con la ciencia convencional se refiere a su pretendido carácter objetivo y neutral, para excluirse de las cues- tiones sociales y políticas, cuando en realidad los científicos realizan sus actividades en un entorno donde las motivaciones ideológicas y éticas están siempre presentes. este discurso ha servido para justificar las decisiones políticas basadas en elementos “científicos”, que exclu- yen del debate a los ciudadanos desde el argumento de que los científi- cos son especialistas en el tema y, además, seres objetivos y ajenos a las cuestiones políticas. en esta perspectiva, aceptar la necesidad de con- templar diversas epistemologías y formas de conocimiento —el diálogo de saberes— lleva a considerar la participación de los diferentes acto- res sociales en las decisiones acerca de los rumbos que lleva el desa- rrollo, y cuestiona a fondo el monopolio de políticos y científicos en la toma de estas; a partir del reconocimiento de que los sistemas naturales son complejos y dinámicos, por lo cual es necesaria una ciencia basada en la impredictibilidad, el control incompleto y una pluralidad de pers- pectivas legítimas. para la sustentabilidad, Funtowitcz y ravetz (2000) proponen enfoques científicos que se alejen de la deducción formali- zada como modelo de argumentación, y se orienten más bien hacia un diálogo interactivo y creativo entre los diversos actores sociales, que ponen algo en juego al decidir sobre los proyectos de desarrollo. desde esta perspectiva, los acuerdos públicos y la participación ciudadana, derivada de compromisos valorativos, son decisivos en el diseño de las políticas públicas. Aquí la ciencia y los insumos científicos son un enfoque complementario, en conjunto con otros más, todos legítimos y necesarios, y la ciencia no busca ya alcanzar la verdad y conquistar la naturaleza; por el contrario, se orienta a las conexiones entre lo que no se sabe —incertidumbre— y lo que se sabe —conocimiento—; se orienta también hacia una relación armónica entre las sociedades y la
naturaleza, y por ello la necesidad de otras formas de conocimiento propias de los actores sociales involucrados. extender la legitimación de los actores sociales para participar como pares en los debates polí- ticos y científicos tiene implicaciones tanto para la sociedad como para la ciencia, y esta confrontación y diálogo de formas de conocimientos abre paso a la democratización genuina y efectiva de la vida cotidiana y de las ciencias.