Aquel intento hegeliano se tradujo, en el plano político, en la construcción de un concepto de Estado que no sólo comprende a las instituciones gubernativas y a las formas y mecanismos de representación política de un pueblo, sino que también abar- ca aquellos lazos invisibles por los que un conjunto de sujetos individuales se hacen un pueblo, una nación y un Estado. En- tonces, en el concepto de Estado quedan ubicados los sentimien- tos de unión con el otro. Lo que mantiene unidos a un conjunto de individuos no es solamente el orden jurídico abstracto, ni sólo las obligaciones morales: un sujeto se conduce respecto del otro en función del nivel de civilización alcanzado históricamente por el pueblo al que pertenece. Este nivel de civilización queda fijado en una forma de comportamiento habitual o acostum- brada, con base en la cual los pueblos institucionalizan sus for- mas de convivencia.
Con estas premisas, encontramos en Hegel tres dimensiones del concepto de Estado. La primera está constituida por la no- ción según la cual el Estado es la sociedad civil, como en general sostenía el contractualismo. La segunda dimensión ubica al
Estado como una comunidad ética de vida, pero construida racionalmente. La tercera comprende el Estado en su conforma- ción estrictamente política como un complejo de instituciones por medio de las cuales la heterogeneidad de una sociedad deviene unidad armónica. Estas tres dimensiones hacen pensar al Estado hegeliano como un proceso de construcción de la libertad histó- ricamente desplegada. Para entender esto es necesario introducirse en la lógica del pensamiento hegeliano, lo cual supone hacer un rodeo por la dialéctica.
La dialéctica
La peculiaridad del pensamiento hegeliano es la dialéctica. Con- tra lo que se piensa comúnmente, la dialéctica no es un método que deba elegirse entre otros para aplicarlo en el estudio de los objetos. La dialéctica para Hegel es la forma de conducir el pen- sar que se desprende de la naturaleza de los objetos mismos. No es que haya una dialéctica en los objetos como una cualidad mágica, sino que, al pensarlos, el pensamiento es forzado a con- ducirse dialécticamente en tanto los objetos son afirmativa y si- multáneamente, negación de todos los otros objetos. Pero esta proposición de afirmarse negando, propia de los objetos, si se entiende bien, implica siempre una relación entre el sujeto y el objeto, en la cual el sujeto construye al objeto en tanto pensado y al mismo tiempo se construye a sí mismo en tanto sujeto. Por esta razón, para Hegel sustancia es sujeto, lo que implica que la realidad no es lo meramente existente sino el resultado de la labor reconstructiva del pensamiento sobre los objetos inmedia- tos empíricamente existentes. Los objetos “entran” en el sujeto a través de los sentidos, donde son codificados lingüísticamente de inmediato. Esto supone la existencia de un lenguaje y, por tanto, la de una sociedad históricamente determinada. “El len- guaje no es solamente un sistema de signos ajeno a los significa- dos, sino también el universo existente del sentido, y este univer- so es tanto la interiorización del mundo como la exteriorización
del yo, doble movimiento que es necesario comprender en su unidad. La naturaleza se revela como Logos en el lenguaje del hombre, y el espíritu, que no hace más que aparecer de una manera contingente en el rostro y en la forma humana, encuen- tra su expresión perfecta sólo en el lenguaje”.10 El lenguaje impli-
ca determinaciones sociales y, por lo tanto, históricas. Esto quie- re decir que el conocimiento no procede de un Yo abstracto y aislado que se planta frente a los objetos que pretende conocer, y que describe tal y como son. Este momento del Yo plantado frente a su objeto existe sin duda, pero no se trata sino del mo- mento empírico inmediato del conocimiento. Los soportes de este momento empírico se encuentran en los lazos invisibles cons- tituidos por la sociedad que dota al sujeto del lenguaje, y por la historia que, en su devenir, hace posible que, en un momento determinado, un sujeto se constituya como una condensación de la experiencia acumulada de los saberes de las generaciones ante- riores y, en consecuencia, como sujeto de conocimiento. Este sujeto es una individualización presente y, en cuanto tal, condensada del pasado. El presente es, en primer término, negación del pasado, pero se trata de una negación que afirma el pasado en el presente. De este modo, la historia está en el presente: es, como dice Jacques D’Hont,11historia viviente. Lo que en el presente
es, es así porque ha llegado a constituirse como tal de modo histórico.
La forma hegeliana de concebir el conocimiento como nece- sariamente dialéctico adquirió distintas formas de exposición en diferentes obras. Nos podemos referir a los momentos centrales de algunas, para desprender los rasgos característicos fundamen- tales del pensar dialéctico hegeliano y, desde esa perspectiva, ubi- car la manera en que Hegel entiende el Estado.
10 Jean Hyppolite. Lógica y existencia. Ensayo sobre la lógica de Hegel. México:
Universidad Autónoma de Puebla, trads. María Cristina Martínez Montenegro y Jesús Rodolfo Santander Iracheta, 1987, p. 32.
11 Véase G.W.F. Hegel. Filósofo de la historia viviente. Buenos Aires: Amorrortu,