E
l venezolano Lorenzo Alejandro Mendoza Giménez, 36, 4.400 millones de dólares, cabeza del segundo grupo económico de su país, es el tercer “dueño de América” y la segunda fortuna de América del Sur. El joven empresario representa los vestigios de una clase industrialpionera que se levantó con un proyecto de país, produciendo localmente mercancías antes impor- tadas, en la perspectiva de ampliar un mercado interno, con fuentes de trabajo estables e incremen- to del consumo. La actividad de la familia arrancó en 1855, con la instalación de una fábrica de jabón, rubro que continuó inalterable hasta 1939, cuando al abogado y doctor en ciencias políticas Lorenzo Alejandro Mendoza Fleury, de 44 años, se le ocurrió iniciar la producción de cerveza con equipos europeos trasladados por mar en plena guerra mundial. Así nació la marcaPolar, con la refrescante imagen de un oso blanco del Artico. A los dos años producía 30.000 litros mensuales de dos tipos de cerveza, con 50 trabajadores. Mendoza Fleury se marchó de nuevo al exterior para servir 14 años como cónsul en Filadelfia y como delegadoad honoremen Naciones Unidos.
En 1948 comenzó a operar una nueva cervecería, a cargo del hijo mayor de Mendoza Fleury, Juan Lorenzo Mendoza Quintero, nacido en París en 1927, ingeniero químico de la Universidad de Princeton, poseedor de un “diplomado” de la Academia de Cerveceros de Washington.Polarinstaló plantas en todo el país. Los venezolanos están entre los mayores consumidores mundiales de cerveza, con 72 litrosper cápitaanuales. En 1950 apareció una exitosa malta no alcohólica para consumo infantil, llamada Maltín, bebida alimenticia muy del agrado de los menores.
Venezuela estáadscrita a la cultura del maíz, como otros países del Caribe y Centro América. La tradición de consumir arepas, o panecillos de harina de maíz, estaba perdiéndose por el laborioso proceso hogareño de preparación de la harina, el principal insumo. El grupo Polar dio un batatazo en 1954 cuando comenzó a estudiar la fabricación industrial de harina de maíz precocido, producto que se masificó en 1960 bajo el nombre de Harina PAN. Con un poco de agua y el nuevo producto, la arepa surgía en pocos minutos en la mesa venezolana. El éxito llevó a la producción de cajas de plástico para transportar botellas, tapas metálicas y, más tarde, aluminio para cerveza en lata. Después vino la agroindustria y la manufactura de alimentos
Juan Lorenzo murió prematuramente, a los 35 años. Tomó las riendas del grupo su hermano menor, Lorenzo Alejandro, psiquiatra, nacido en Berlín en 1931, quien alcanzó a ejercer muy poco su profesión en Madrid yen Caracas y también falleció joven, a los 55 años, en 1987. El nuevo sucesor designado fue Lorenzo Alejandro Mendoza Giménez, el jefe actual, quien todavía estudiaba para ingeniero industrial en la Universidad de Fordham, N.Y. Por 5 años tomó las riendas su madre, la viuda, Leonor Giménez de Mendoza.
El grupo posee 40 empresas, factura US$ 2.400 millones anuales, tiene 17.000 empleados, aporta el 4% del producto interno bruto (excluido el petróleo) y es líder en una gama de alimentos, que incluyen pastas, arroz, aceite de maíz, helados, vinos, agua mineral, gaseosas y bocadillos de todo tipo. Adquirió la industria alimentaria Mavesa en US$ 500 millones y puso en marcha una expansión a 5 años, con una inversión de US$ 1.700 millones para una gama de productos Mavesa, desde mayonesa y margarina a productos de limpieza. En 1996 se hizo cargo de la Pepsi Cola, abandonada por la Organización Cisneros, alianza que condujo a la formación de Snacks América Latina con Frito Lay, división de bocadillos de Pepsi.
Ahora el grupo tiene problemas con Cisneros, que invirtió US$ 50 millones enlacervezaRegio-
nal, para disputar un mercado de US$ 1.700 millones. El problema es que Cisneros acusa al grupo Polar
de destruirle miles de envases, táctica que también empleó Pepsi Cola (Cisneros) en los años 70 contra refrescos y sorbetes tradicionales, hasta barrerlos del mercado. El grupo Mendoza planteó una contrademanda e intenta llevar a la Organización Cisneros a una corte por la cobertura difamante dePolar practicada porVeneVisión, la estación televisiva de Cisneros.
El joven Mendoza cultiva un perfil muy discreto. No se alistó desde el comienzo en la cruzada contra el Presidente Hugo Chávez Frías, pero igual terminó aliado a los demás empresarios de todos los tamaños y de todos los signos, tirios y troyanos, adecos y copeyanos. Sin embargo, participa poco de la ostentosa farándula de fiestas y corrillos de los ricos caraqueños, los exponentes contemporáneos de la clase propietaria que el escritor Francisco Herrera Luque llamóLos Amos del Valle...de Caracas.
Los brasileños
A
ntonio Ermírio de Moraes, 74, 3.600 millones de dólares, ingeniero metalúrgico de la Universidad de Columbia, pertenece también a esa clase empresarial con proyecto de país, en extinción en América Latina y medio sobreviviente también en México. Con su hermano José maneja el grupo Votorantim, creado por su padre y su abuelo, con 42 empresas, 30.000 emplea- dos y una facturación anual de US$ 2.400 millones de dólares en los rubros cemento, papel, celulosa, metalurgia, jugos, reforestación, inversiones financieras, energía e Internet. Pagan US$ 300 millones anuales en impuestos y en sus negocios no existe un solo dólar de inversión extranjera. El apellido Moraes identifica a la familia más rica de Brasil y la cuarta de América Latina, con US$ 3.500 millones, pero entre 1996 y 1998 se mantuvo en el segundo lugar conti- nental, inmediatamente debajo de Carlos Slim, siempre con más de 5.000 millones de dólares (Ver Tabla 4, página 22).El grupo levantó sus propias plantas hidroeléctricas para paliar la crisis energética que, según de Moraes, es el resultado de la improvisación. “Hace años veíamos venir estos problemas”, dijo. Fue senador pero se desencantó de la política. También es autor de otras de teatro que reflejan problemas sociales, Brasil S.A. y Brasil SOS, representadas en varias ciudades. Desde 1999 está preparando una tercera. Tiene una columna dominical en el diarioFolhade Sao Paulo.
El empresario cree que el gobierno debería incentivar el aumento de la producción industrial. “Sin eso no hay forma de crecer”, opina. Sumando sus 9 hijos, varios sobrinos y otros descendientes directos, existen 20 personas que se aprestan a heredar el control.
Como otros empresarios, su día comienza temprano. Su primera obligación es atender muy de mañana sus obligaciones como director de un hospital. No es médico, es ingeniero. El hospital es suyo, pero no es un negocio de salud. Se trata de la Beneficencia Portuguesa –nacionalidad de su abuelo co- fundador–, uno de los más grandes de Sao Paulo, donde entrega algunas horas mensuales de trabajo voluntario.