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uis Carlos Sarmiento Angulo, 69, 1.500 millones de dólares, es el ciudadano más rico de Colombia y el 13° de América Latina. Su compatriota Julio Mario Santo Domingo, 78, “se cayó” del Forbes en 2001 y el año anterior el ranking barrió a su connacional Carlos Ardila Lülle, 73, aunque igual integran el trío de “grandes cacaos”, los más ricos de Colombia. Los tres operan en finanzas y servicios (cerveza, medios de comunicación y telefonía). Los industriales de la droga no califican en Forbes.Luis Carlos Sarmiento es el más influyente banquero de Colombia. Encabeza la Organización Sarmiento y el recientemente creado Grupo Aval, que integra los bancos y corporaciones financieras más importantes de ese país azotado por una guerra civil que se acerca al medio siglo y que últimamente está produciendo 28 mil muertes anuales por violencia (77 por día). Sarmiento posee el 98% del conglomerado bancario Aval, de un valor de mercado de US$ 800 millones. En 2001 vendió su empresa de comunicaciones Cocelco a la Bell South en US$ 370 millones, a la vez que invirtió en telefonía.
Cerveza y medios
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ulio Mario Santo Domingo tiene más imagen de “dueño” que sus colegas porque controla los medios de comunicación más importantes de Colombia. La cade- na de radio y televisión Caracol, el diario El Espectador, las revistas Cromos, Shock,Control TV, En Privado y Vea integran el inventario del holding Bavaria, marca co-
mercial de los negocios de Santo Domingo. Su padre –Mario Santo Domingo– esta- bleció en Barranquilla la Cervecería Aguila, hacia 1945. Santo Domingo hijo impuso en todo el país la marcaBavaria, que dominó el mercado colombiano una vez que compró a la competencia – Carlos Ardila Lülle– el 44% deLeona, la cerveza rival. Con cerveza y refrescos edificó un conglo- merado que también controla Avianca, la línea aérea colombiana de bandera, donde compartió la propiedad con su amigo/rival Ardila Lülle.
La actividad de Santo Domingo se yergue sobre dos sólidas piernas: el Grupo Empresarial Bavaria y el Grupo Valores Bavaria. El primero maneja la cerveza y los refrescos, a través de unas 20 empresas que operan en Colombia, Panamá, Venezuela, Perú y Ecuador, país en que domina el 90% del mercado cervecero. La facturación de cerveza en 2000 generó US$ 878 millones. Recientemente,
compró la Cervecería Nacional de Panamá.
Valores Bavaria controla medio centenar de empresas de servicios (finanzas, telecomunica- ciones, alimentos). Comercializa mano de obra bajo la forma de empleo temporal, opera negocios de comercio, seguros y empresas reforestadoras en Colombia, Ecuador e Indonesia. Controla Avianca – lleva años tratando de venderla– que debería haberse fusionado con Aces, una eficiente empresa local, en un proceso similar a la absorción de Ladeco por LAN Chile, pero las autoridades reguladoras del negocio aéreo no lo permitieron por constituir monopolio.
Una clave de Santo Domingo,comúnentre los grandes ricos de toda América Latina,esmante- nerse cerca del poder político, sea por sus medios de comunicación o por el dinero que donan para campañas electorales. Apoyó firmemente alexPresidente liberal Ernesto Samper, incluso cuando el resto del empresariado lo abandonó por sus vínculos con la industria de la cocaína. En cambio, inicialmen- te no apoyó a su sucesor, Andrés Pastrana, peromás tardeinició un acercamiento, mientras su hijo Alejandro asumía las riendas del conglomerado.
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arlos Ardila Lülle encabeza la Organización Ardila Lülle que se consolidó a partir de la cervezaLeonay refrescos producidos por Postobón, su empresa insignia. Llegó a ser el más grande productor de azúcar del planeta. Conserva el rubro, ingrediente clave de las gaseosas, e incursiona en telecomunicaciones y textiles. El diarioPortafoliolo designó “empresario del siglo”.N
icanor Restrepo es la cabeza de un grupo económico regional, menor pero gravitante, localizado en Antioquía. Constituido como “sindicato”, nació para protegerse de los grandes. Restrepo, líder del Sindicato Antioqueño llamado “el cuarto cacao” (los otros son Sarmiento, Santo Domingo y Ardila Lülle), ha conversado en varias ocasiones con los jefes guerrilleros en busca de alguna fórmula de paz en Colombia, entre otros con Raúl Reyes. Recientemente publicó un libro sobre el tema tituladoEl derecho a la esperanza.¿Hay “ricos buenos”?
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ería arbitrario estigmatizar per se a los millonarios. También hablar de ricos “buenos” y “malos”, o de “menos malos”... Pero la suerte de Colombia explica cómo gravita en el destino de un país el modelo que se implanta en la economía y la definición de quiénes participan o no en el juego, o sea, en el mercado, que otorga el derecho a vivir. Si la guerrilla colombiana se lee como una reacción política y militar de los des- poseídos no debería llamar la atención que lleve más de 40 años sin resolverse con la victoria de ninguna de las dos facciones. La guerra de Vietnam enfrentó a dos bandos por más de dos décadas desde la etapa francesa, para terminar en una mesa de negocia- ción donde –¿los malos?– reconocieron a “los otros” su derecho a vivir como les vinie- ra en gana.Colombia atraviesa su peor crisis desde la Gran Depresión de 1929. El pensador colombiano David Rodríguez Meisel atribuye su magnitud a la extraordinaria acumula- ción y concentración de la riqueza nacional, con el apoyo del Estado, por parte de los
grupos que se repartieron el excedente generado por las empresas creadas en la primera mitad del siglo 20, consolidando su poder mediante nuevas adquisiciones. El grupo Santo Domingo se constituyó en los ’60, al alcanzar una posición dominante –más tarde monopólica– en la producción de cerveza. La compañía Suramericana, hoy Sindicato Antioqueño, emergió como respuesta regional, en un proceso de concentración iniciado en los años 50. Ardila Lülle nació, también en los ’60, con fábricas de bebidas gaseosas. La amenaza de absorción introdujo una estrategia defensiva entre las empresas de Antioquía, para evitar ser adquiridas por “los otros”. O sea, en la economía de mercado también pueden darse proyectos distintos.
El grupo Luis Carlos Sarmiento Angulo –LCSA– apareció en los '80, al calor de los planes de construcción de viviendas puestos en marcha por el Estado desde 1972. Esta política, similar al “invento” de los fondos de pensiones, hizo brotar corporaciones de ahorro para vivienda “como motor del desarrollo nacional”, que permitieron tomar las riendas de la economía al sector financiero, con el estímulo de altas tasas de interés promovidas por el Estado como algo “natural”. Se creó la Upac, una segunda moneda indexable similar a la Unidad de Fomento chilena establecida también por esos años. En teoría –como la jubilación de los fondos de pensiones–, permitiría adquirir viviendas con cuotas bajas, pero a largo plazo no funcionó por las elevadas tasas de interés y el desangre financiero de los usuarios del crédito.
Las viviendas y edificios son bienes no transferibles en el mercado internacional porque deben armarse donde se usan, lo quepresentaventajas frente a las importaciones y el contrabando. Pero se crearon condiciones para que los grupos emergentes unieran sus tierras a la capacidad económica otorgada por los créditos a largo plazo de las corporaciones financieras, amasando fortunas financiadas con la pauperización de las mayorías que invirtieron sus ahorros en un sistema de vivienda que terminaría dejándolos en la calle. Sarmiento construyó su fortuna a partir de una empresa constructora y su corporación de ahorro y vivienda Las Villas, mientras el Sindicato Antioqueño se fortaleció con el oligopolio del cemento. Al final se enriquecieron unos pocos, con los recursos transferidos por una población hipotecada, bajo la entera complacencia del Estado.
Los tres grupos colombianos propietarios de los medios de producción (Sarmiento, Santo Domingo y Ardila Lülle) “se apropiaron –en 1996– del 36% de los US$ 1.500 millones de crecimiento de la economía nacional”, con el apoyo de las políticas del Estado, sostiene David Rodríguez Meisel. Agrega que “cinco grupos financieros controlan el 92% de los activos” y que “los grupos Santo Domingo y Ardila Lülle poseen el 47% de los medios radiales”.
En Colombia, el 20% más rico de sus habitantes absorbe el 52% del ingreso nacional, en tanto el 82% de las exportaciones de 1999 correspondieron a sólo 200 empresas, donde 120 son transnacio- nales. El 8% más rico de la población percibe el 92% del ingreso, en tanto al 25% más pobre sólo le corresponde el 4%. La desigualdad del ingreso, a su vez, concentra el ahorro nacional en pocos dueños, otorgándoles un poder adicional que antes no tenían, como decidir en aspectos nacionales importantes en función del ahorro acumulado. Por ejemplo, entre muchas opciones, pueden elegir
exportar el ahorro, sin tener en cuenta el estancamiento que esa iniciativa produciría en la economía colombiana.
Como casi toda América Latina, Colombia enfrenta un proceso de desnacionalización de la industria. Las transnacionales ya poseen 6.000 hectáreas de cul- tivos en la región de Urabá, Antioquia. La transnacional agrícola Dole adquirió el 25% por ciento de las hectáreas sembradas de flores en la Sabana de Bogotá, en tanto la multi- nacional US Floral compró las más grandes comercializadoras. Cementos Diamante y Proleche fueron adquiridos en 90% y 98%, respectivamente, por inversionistas extranje- ros. El Grupo Bavaria, propiedad de Santo Domingo, y el Sindicato Antioqueño lideran la participación en alianzas internacionales porque la entienden como la única forma de aumentar competitividad. “Curiosa manera ésta de competir, que con tal de salvarse ter- minan convertidos en accionistas minoritarios –en rentistas, mejor dicho– de las empresas que controlarán otros”, ironizó David Rodríguez Meisel.
En otra práctica común para toda América Latina, el capital extranjero se quedó con la mayoría de las empresas privatizadas. En servicios públicos –excluyendo comuni- caciones– la inversión extranjera directa sumó US$ 3.345 millones entre 1997 y 1998.
El ex ministro de Minas de Colombia Jorge Eduardo Cock resumió este proceso diciendo que las ventas se hacen a los “dos o tres poderosos de siempre en Colombia, [...] casi siempre a extranje- ros”, quienes no aportan nada nuevo porque “simplemente [vienen] a comprar lo existente, lo que ya hicimos”. Francisco Mosquera definió el proceso así: “...[en el pasado] se trataba de una expoliación disimulada, astuta, que nos permitía algún grado de desarrollo complementario a la sustracción de las riquezas del país. Digamos que los norteamericanos chupaban el néctar con ciertas consideraciones. Pero con la apertura económica la exacción se ha tornado descarada, cruda, sin miramiento alguno”.
Los “otros”
En 2001 y 2002, Forbes dejó fuera a varios multimillonarios tradicionales lati- noamericanos por haber bajado de los mil millones de dólares, aunque mantienen rele- vancia económica y política en sus países.
Nuestros perfiles tampoco incluyen a todos los que tienen más de US$ 1.000 millo- nes, sino a los más relevantes o a quienes fue posible investigar en fuentes públicas. Tampoco se reseña a aquellos que antes del 2001 tuvieron mil millones, excepto al colombiano Julio Mario Santo Domingo, cuya situación es similar a la del chileno Anacleto Angelini Fabbri, es decir, tiene todas las posibilidades de regresar en años futuros.
Para muchos de estos personajes latinoamericanos aparecer en el Forbes es una cuestión de “honor”. Y los medios de prensa –generalmente de propiedad de ellos mis- mos– convierten su clasificación en un tema de “orgullo nacional”, como ocurre a me- nudo en los deportes.
Varios apellidos desaparecieron delranking porque decayeron, o por fallecimiento, pero todavía conservan fuerza para seguir “sonando” en sus países. Los difuntos probablemente resurgirán como familia a través de herederos, varios años después de la partida del principal. Hay “ricos chicos” –como el chileno Ricardo Claro Valdés– que alguna vez aparecieron con cientos de millones de dólares, sin alcanzar al millar, pero continúan siendo relevantes en sus países, a veces a través de descendientes. La Tablas 4, 5, 6 y 7 registran a todos los latinoamericanos que alguna vez aparecieron enForbes, desde 1996 (historial de las páginas 22,24,26 y28).
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a propiedad del país Chile está com- partida entre pocos nacionales y algunos extran- jeros. Los criollos integran lo que una revista lla- ma “Las 100 personas más influyentes de Chi- le”1. Los foráneos son personas anónimas. Pro- ceden de las grandes corporaciones que se apro- piaron de la Tierra. Existen áreas económicas en que los “dueños globales” se asociaron, o fusio- naron, con los “dueños locales”.En las últimas décadas, tres familias se consolidaron en Chile como principales “dueños locales”. Son los grupos económicos liderados por Anacleto Angelini Fabbri, Andrónico Luksic Abaroa y Eliodoro Matte Larraín, de acuerdo al orden alfabético de sus apellidos. Por su riqueza, hace años que se alternan entre los tres primeros más ricos del país. También figuran –discretamen- te– casi al final del listado anual de “La gente
más rica del mundo” (The World’s Richest People) –497 personas en 2002– que publica anualmente la revista Forbes de Estados Unidos. Sus fortunas individuales superan mil millones de dólares.
Además, Chile exhibe otros grandes ricos. Alguno fue “multimillonario” –posee- dor de más de mil millones de dólares– pero dejó de serlo, probablemente porque sacó su plata del país (más de uno apostó a la Argentina de Menem/De la Rúa). Si un chileno invirtió en Argentina US$ 999 millones, para Forbes no existe porque aparece con menos de US$ 1.000 millones. Desde 1999, la revista toma en cuenta sólo a propietarios de más de mil millones de dólares. Y todavía efectúa su estudio con un “criterio nacional”, a pesar de la globalización, encuestando la propiedad de acciones en bolsas de valores en un día determinado, metodología que emplea desde 1987. La gente rica Forbes en 2002 alcanzó a 497 poseedores de 1 a 52,8 mil millones de dólares, 41 individuos menos que en 2001.