• No se han encontrado resultados

REFLEXIONES SOBRE LOS DISCURSOS DE INDALECIO GÓMEZ

III. El lenguaje y la oratoria de Indalecio Gómez

Como ya he mencionado antes una de las características más elogiadas de Indalecio Gómez era su habilidad para la oratoria. A través del relevamiento de la información sobre su vida pude encontrar que todos los autores que escribieron sobre él, concretamente, elogiaron esta destreza. Por mi parte, al leer las disertaciones y los debates parlamentarios en los que intervino pude vislumbrar la calidad de su retórica.

En el presente apartado pretendo exhibir determinadas características del temperamento del salteño, entre ellas: cómo procedía al avizorar un error suyo o, bien, cómo respondía ante una destacada disertación de su oponente político. Sin lugar a dudas, es fácil halagar a un compañero y/o a un amigo; no obstante, me pregunto si en las prácticas políticas: ¿es habitual advertir que los funcionarios públicos enaltezcan las virtudes de sus oponentes? Claro que no es fácil advertir una respuesta positiva a este interrogante.

Y, como me he referido en diferentes oportunidades a las aptitudes retóricas de Gómez, en esta instancia me permito destacar cómo él aludía con admiración a la elocuencia de Nicolás Avellaneda, destacando su “don de la palabra”, admitiendo también que él había sido un escritor extraordinario. Al punto en que consideraba que “la frase bella y útil era un medio de gobierno” y, también, en otras palabras decía:

“La palabra expresiva, la frase bella son útiles para difundir las palpitaciones del corazón conmovido y hacer prevalecer altos

74 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 11/5/1896. La disertación versaba sobre la

vida de Enrique Santos Quintana. Los discursos de Indalecio Gómez, estadista - diplomático - parlamentario, tomo II, Kraft, Buenos Aires, 1953. Páginas 408 y 409.

42

pensamientos de gobierno; he ahí el concepto de Avellaneda, y a él me atengo.”75

Si bien, el salteño estimaba que el trabajo parlamentario en el país había sido un espacio propicio, con muy pocas excepciones, para la formación de oradores; no obstante, él también exhibía los defectos de dicha labor, lo que puede resumirse en el siguiente fragmento de un discurso suyo:

“Generalmente, los que tenemos el honor de venir a la Cámara, y me pongo yo en primera línea porque voy a señalar un defecto, tenemos solamente una preparación universitaria y somos ajenos a los conocimientos administrativos; de donde resulta que el Congreso viene a ser entre nosotros una escuela de experiencia de hombres de estado.”76

Estimo que es destacable vislumbrar cómo en su labor de funcionario público reconocía las limitaciones de su profesión, es este caso, de la labor parlamentaria. Por tal motivo, él aconsejaba “la muy saludable costumbre” de consultar el papel; es decir, que quien actuara como miembro informante no fuera a improvisar a la Cámara, sino que llevara la documentación y los escritos necesarios, que denoten el trabajo y la meditación sobre el papel, como una forma de trabajo más profunda, tal como explicaba:

“(…) Se me ocurre pensar que la pluma es una especie de instrumento, que reaccionando sobre el pensador que la maneja, viene a burilar en su espíritu los contornos del hombre de estado. ¿Por qué? Porque la pluma es más discreta que la lengua: el que escribe se reconcentra más, se consagra más a su tema, lo estudia mejor, es más claro, acumula más pensamiento, y es más sincero (…).”77

75 Discurso de Indalecio Gómez pronunciado en la inauguración de una estatua en la Plaza de

Avellaneda, 8/6/1913. Obra y tomo citados. Página 477.

76 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 3/7/1895. El debate versaba sobre el informe

escrito en el trabajo parlamentario.Obra y tomo citados. Página 230.

43

Precisamente, Gómez fue reconocido por su calidad como orador, de allí que considero interesante destacar sus propias reflexiones respecto a la oratoria como, de igual forma, su disconformidad con el trabajo de aquellos oradores improvisadores –“payadores políticos”, como él los definía–, quienes no eran hombres de Estado, ni tampoco escritores. Él advertía sobre la importancia de que los legisladores se acostumbraran a trabajar con la pluma en la mano, dejando constancia de los antecedentes y motivos que fundaban las decisiones.78 De

esta forma él dejaba en claro la seriedad de sus intenciones en el ejercicio de sus funciones públicas.

Podría creerse que los abogados y los políticos, en ciertas ocasiones, utilizan el lenguaje de manera artificiosa para lograr convencer al auditorio donde se expresan. No obstante, puedo contrastar esta aseveración con el comportamiento de Indalecio Gómez en sus disertaciones públicas, para lo que elegiré algunos ejemplos concretos que demuestran cuáles eran los valores que defendía. Uno de ellos era la franqueza, tal como se extrae de la siguiente intervención:

“(…) ¿Conseguiré ese objeto? Por artificios de retórica, ciertamente que no; seguramente sí por la llaneza, la claridad y la sinceridad de la exposición, en la cual, merced a estas calidades, los hechos aparecerán en toda su verdad, y la acción del Poder Ejecutivo se destacará netamente tal cual es: mesurada e inspirada en el bien público.”79

Ahora, volviendo a un asunto que ya había planteado al comienzo de este apartado, considero que merece ser destacada la reacción de Gómez cuando, en el marco de un debate en la Cámara de Diputados, había escuchado un buen discurso de un colega, con quien incluso poseía ciertas diferencias en el asunto que se discutía. En tal instancia él expresaba:

“(…) Porque sabido es que el orador se conoce, no por la fluidez y la corrección de su palabra, sino por los pensamientos que suscita. Él ha

78 Obra, tomo y debate citados. Página 232.

79 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 27/8/1913. El debate versaba sobre el

44

sido para mí sugestivo, y me ha incitado a contestar. Me ha dado el derrotero de la discusión.”80

Así puede verse cómo exaltaba el discurso de su “oponente” en el debate y, al mismo tiempo, ello lo motivaba a elaborar una mejor contestación, lo que culminaría en algo fructífero para la sesión. Incluso, más allá de las diferencias que podría tener con su colega, no escatimaría en elogios si la disertación de este último lo ameritaba.

De igual forma, él se proponía brindar las explicaciones de la manera más adecuada y académica, para alcanzar el entendimiento de los interlocutores, tal como lo definía en una ocasión, en su rol de Ministro del Interior:

“Heme aquí a dar las explicaciones pedidas. Trataré de hacerlo con precisión, con sobriedad, con mesura; únicos méritos dignos de la alta cultura de los señores diputados, de los cuales, si consigo mi propósito, espero alcanzar su benevolencia.”81

Por otro lado, estimo que es pertinente acentuar algunas de sus intervenciones en el ámbito político precitado, al tratarse de ejemplos que exhiben aspectos positivos de sus principios y de su rectitud humana. Es así que, durante una sesión en la Cámara de Diputados él había manifestado una palabra inadecuada –en concreto, el término “putrefacto”–, que fue cuestionado por algunos de los asistentes y, en tal instancia, Gómez no tardó en disculparse frente a la audiencia:

“(…) Usé, es cierto, la palabra putrefacto. Si en el momento de decirla hubiera podido suprimirla, lo habría hecho. Los que me conocen saben que no es usual en mi vocabulario, pero en el calor de una improvisación muchas veces salen palabras que, aun cuando estén en la imaginación, no son de nuestro uso. (…) Y si por esa sola palabra algún oído en la cámara se ha sentido ofendido, pido que me disculpe.

80 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 17/6/1892. El debate versaba sobre el

concepto preventivo del estado de sitio. Obra y tomo citados. Páginas 206 y 207. Particularmente, se refería al discurso del Dr. Gonnet.

81 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 19/9/1912. El debate versaba sobre la

45

Más me cuesta, señores, a mí haber usado tal palabra que pedir excusas por haber hecho uso de ella.”82

También, ya en el marco del debate de la reforma electoral en el Senado, luego de que Joaquín V. González expresara un extenso discurso, el Ministro del Interior manifestó:

“El admirable discurso que hemos oído, que es una requisitoria formidable contra el sistema propuesto por el Poder Ejecutivo, es difícil de contrarrestar. Mi tarea es, sin embargo, empeñarme por lograrlo; aun cuando mi situación sea desfavorable. La ciencia ha hablado por boca del Senador que me ha precedido en la palabra; la experiencia le da más autoridad aún; yo me encuentro, pues, en situación inferior, pero ésta será subsanada, seguramente, por la predisposición favorable con que espero que el Senado se servirá atenderme.”83

Luego, mientras continuaba con el mismo discurso, Gómez expresaba: “(…) el pueblo argentino sabe que tiene como base de su progreso recursos naturales con que la Providencia lo ha enriquecido; pero encuentra que todavía no ha progresado lo bastante; encuentra que no realiza sus instituciones; que ellas quedan todavía siendo un deseo. ¿Qué es lo que se aleja de sus ideales? El señor senador González lo ha dicho con razón: nuestras malas prácticas electorales.”84

Considero que merece ser destacada su cita de la “Providencia”, en un sentido bastante similar al utilizado por Jay en El Federalista.85 De igual forma, es posible advertir un paralelo

82 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 10/11/1911. 83 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Senadores, 2/2/1912. 84 Discurso de Indalecio Gómez citado.

85 “(…) la independiente América no se compone de territorios separados entre sí y distantes unos de

otros, sino que un país unido, fértil y vasto fue el patrimonio de los hijos occidentales de la libertad. La Providencia lo ha bendecido de manera especial con una gran variedad de tierras y productos,

46

entre las ideas del argentino y del norteamericano. En tal sentido, Hampsher-Monk hace alusión al síndrome republicano de las ideas, que constituye un punto de partida indispensable para cualquier intento de comprensión de El Federalista86, donde los autores utilizaron de

manera creativa los lenguajes políticos y el centro de su teoría tenía como eje una situación completamente nueva: la creación de un estado libre a escala continental.87 En concordancia

con ello, estimo que el énfasis expuesto por los federalistas en sus escritos –donde se destacaron varios principios de la tradición republicana–, es similar al énfasis manifestado por Gómez en la defensa del proyecto de reforma electoral y, en consecuencia, en la protección de la institucionalidad del país, tal como será ampliado en el capítulo PENSAMIENTO DE

INDALECIO GÓMEZ Y ELEMENTOS DE LA TRADICIÓN REPUBLICANA de esta

investigación.