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REFLEXIONES SOBRE LOS DISCURSOS DE INDALECIO GÓMEZ

IV. El respeto por el pasado, a pesar de todo

Otro de los aspectos del pensamiento de Indalecio Gómez que considero oportuno resaltar es lo que, particularmente, puede describirse como su deferencia por aquellos políticos que lo precedieron en la función pública como, también, en la conducción del país y en el diseño institucional del mismo. En este sentido, incluso, considero que sus críticas encaminadas hacia el mejoramiento del estado de cosas imperante en el país eran respetuosas. Más aún, como explica Botana los argumentos del salteño oscilaban entre la crítica moral y el reconocimiento histórico de la labor realizada por las clases conservadoras, precisamente, durante el medio siglo de vida institucional del país. Por ello, su propuesta pretendía que una

regándolo con innumerables corrientes para delicia y comodidad de sus habitantes (…).” (JAY, John,

El Federalista –Artículo n° 2–, Fondo de Cultura Económica, México, 1943. Páginas 6 y 7.)

86 Entre los años 1787 y 1788 diversos periódicos de la ciudad de Nueva York publicaron una serie de

artículos con la cabecera El Federalista, firmados con el seudónimo “Publius” o “Publio”. El propósito de tales escritos era la persuasión de los neoyorquinos para que votaran a favor de la nueva Constitución que, recientemente, había sido redactada en Filadelfia o, expresado en otros términos, su objetivo era la defensa de la Constitución federal propuesta.

La obra consta de setenta y siete artículos –que fueron publicados en los citados periódicos durante el período mencionado–, más otros ocho que fueron revelados al editarse la edición completa, en dos volúmenes. Puede decirse que esta producción literaria –cuyo componente principal era la discusión de ideas políticas– no es más que el resultado de un esfuerzo, desplegado por quienes estaban comprometidos en la creación y en la ratificación de una Carta Magna común para todos los Estados de la Confederación.

87 HAMPSHER-MONK, Lain, Historia del pensamiento político moderno. Los principales pensadores políticos de Hobbes a Mark, Ariel, Madrid, 1996.Página 247.

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parte del viejo régimen continúe en los cargos representativos y que, al mismo tiempo, que los nuevos partidos se incluyan en los cargos gubernamentales.88

Por un lado, él manifestaba su respecto hacia los Padres Fundadores de nuestras instituciones y de nuestra Norma Fundamental, reconociendo las dificultades y el mérito de tal tarea, que fue desarrollada gracias a la genialidad y la intuición de aquéllos. Así, lo expresaba en palabras que, como puede observarse, están embellecidas por un tinte de gratitud y de poesía que claramente emana de las mismas:

“No fue, en verdad, nuestra Constitución un pacto entre soberanos, ni una deducción lógica de antecedentes sociológicos coordinados y perfectamente observados. Fue algo más grande, algo más extraordinario (…). Fue una intuición genial, sugerida por dos premisas, justamente las más inauspiciosas: el caudillaje lugareño autónomo y los pueblos anarquizados; despotismo y anarquía que, engendrándose recíprocamente, se revolcaban en comarcas que se desmembraban y cuyos límites se cambiaban a capricho; ni integridad territorial ni orden constitucional: he ahí la base negativa sobre la cual se levantó la Constitución.”89

“Nuestros padres, en sus anhelos, forjaron un molde augusto y lo lanzaron a la posteridad, dejándonos el mandato de conducir el precioso metal argentino hasta que, en la hora de la providencia, fuese a vaciarse definitivamente en el molde constitucional, que ellos nos legaron.”90

Asimismo, estimo que merece destacarse cierto aspecto del pensamiento de Gómez, que demuestra su imparcialidad en cuanto observador de la historia política de la Argentina. Como es sabido, en innumerables ocasiones con motivo de los debates parlamentarios que acompañaron la reforma electoral de 1912 él criticó el estado de cosas, como el fraude y la

88 BOTANA, Natalio R., El orden conservador, Hyspamérica, Buenos Aires. Páginas 273 y 274. 89 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 22/7/1895. El debate versaba sobre la defensa

del proyecto de intervención de la provincia de La Rioja. Los discursos de Indalecio Gómez, estadista - diplomático - parlamentario, tomo I, Kraft, Buenos Aires, 1953. Páginas 273 y 274.

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apatía cívica, derivada de las viejas prácticas electorales, que entonces el Gobierno él acompañaba se había propuesto superar. Sin embargo, al poco tiempo de acontecida dicha reforma, que produjo un cambio trascendental en la conducción política del país, el salteño no dudaba en defender el papel de aquellos mismos dirigentes, como puede observarse en el siguiente fragmento de su discurso:

“Esos hombres fueron eminencias, hicieron un gran servicio al país. Constituyeron en su época gobiernos personales, es cierto; pero reconozcamos con imparcialidad y agradezcamos el servicio que hicieron al país; ellos extirparon la anarquía, fomentaron el sentimiento de conservación social y arraigaron el respeto a la autoridad, al Gobierno.”91

Es decir que para Gómez estos dirigentes le habían permitido a la Argentina superar la anarquía, el desorden y, en consecuencia, lograr la tranquilidad y la paz social necesarias para dar los primeros pasos como un país institucionalmente organizado.92 En este sentido y a

modo de ejemplo puedo citar las palabras del salteño, en oportunidad de pronunciar un discurso en homenaje a Nicolás Avellaneda:

“Los grandes hombres traen sobre las naciones a que pertenecen doble bendición. En vida su acción directa determina la marcha de los pueblos con el fuerte empuje de sus calidades. Muertos, su ejemplo, perdurando en el ejemplo de las generaciones, modela el espíritu de la posteridad.”93

91 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Diputados, 28/2/1913. El debate versaba sobre las

garantías de la libertad electoral. Obra y tomo citados. Página 449.

92 No puede olvidarse que estos dirigentes tuvieron la difícil tarea de organizar civilmente al país, en

un momento de grandes transformaciones en el ámbito nacional e, incluso, internacional. Entonces, la Argentina había alcanzado un importante crecimiento económico y, a la par, se había convertido en la “tierra prometida” para muchos inmigrantes que provenían desde Europa. Por consiguiente, había nuevas situaciones sociales que requerían respuestas de los gobernantes; mientras que, en tal escenario el mantenimiento de la paz colectiva era algo alentador y deseable, lo que siempre había sido destacado por Indalecio Gómez.

93 Discurso de Indalecio Gómez pronunciado en la inauguración de una estatua en la Plaza de

Avellaneda, 8/6/1913. Los discursos de Indalecio Gómez, estadista - diplomático - parlamentario, tomo II, Kraft, Buenos Aires, 1953. Página 473.

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De igual forma, otro de los aspectos que Gómez destacaba respecto de la figura de Avellaneda era, precisamente, que éste había logrado extraer de las horas de confusión, conflictos y agitaciones del país, los elementos del orden y de la estabilidad. Como ya he mencionado en otros apartados, el salteño había manifestado siempre su repudio hacia la anarquía, la tiranía y las guerras civiles.

En consonancia con el pensamiento de Gómez, en oportunidad de emprender juntos la misión reformadora de 1912, Sáenz Peña mencionaba en una misiva que en sus intenciones no estaba el hecho de hacer reproches hacia el pasado, ni a las costumbres ni a las desviaciones, que habían sido –en algunas ocasiones– imposiciones de los tiempos, de las necesidades y hasta del patriotismo. No obstante, él anunciaba que había llegado el momento en que el “alma colectiva de la Nación” –como él la definía– exigía el perfeccionamiento de los métodos y la verdad de los regímenes, para asegurar el progreso, la grandeza del país y la paz interna.94

Considero que los fragmentos precitados denotan la importancia de las acciones que transcienden los meros oportunismos y provienen de profundas convicciones, semejantes a las que poseían Roque Sáenz Peña e Indalecio Gómez al momento de emprender la reforma electoral.

Ambos reformadores no temían a la situación de ampliar el derecho al sufragio, pues más bien entendían que ello había sido un designio de los constituyentes y, precisamente, el perfeccionamiento del sistema democrático dependía del sufragio. Ellos estaban transitando un momento decisivo para el porvenir de las instituciones argentinas, donde el pueblo estaba capacitado para definir el rumbo de su soberanía interior, ya que del conjunto de la ciudadanía dependía el porvenir de la República.95 Las palabras de Sáenz Peña que transcribiré a

continuación definen este propósito:

94 Estas palabras fueron expresadas en una carta que Sáenz Peña envió al gobernador de Córdoba,

Félix T. Garzón, el 30/1/1911. (Roque Sáenz Peña, La Reforma Electoral y temas de política internacional americana, Selección de escritos, discursos y cartas, con una noticia biográfica y varias notas, Editorial Raigal, Buenos Aires, 1952. Página 77.)

95 Tal como he planteado en la hipótesis, Indalecio Gómez poseía expectativas que destacaban la

importancia de la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos del país, lo que resultaba crucial para el buen funcionamiento de las instituciones democráticas.

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“Temer la legalidad del voto, es mostrarse amedrentado por la democracia, haciendo incurrir a la actual generación en una cobardía cívica, que no penetró en el alma de los constituyentes, ni en el concepto creador de la nacionalidad, hecha de arrojo y de sabiduría.”96

En el próximo capítulo abordaré el análisis de algunas de las disertaciones más destacadas, emitidas por Indalecio Gómez en el Congreso de la Nación.

96 Estas palabras fueron expresadas en una carta que Sáenz Peña envió al gobernador de Córdoba,

Félix T. Garzón, el 30/1/1911. (Roque Sáenz Peña, La Reforma Electoral y temas de política internacional americana, Selección de escritos, discursos y cartas, con una noticia biográfica y varias notas, Editorial Raigal, Buenos Aires, 1952. Página 76.)

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