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REPUBLICANISMO CIVISMO

VIRTUD CÍVICA UN ACERCAMIENTO CONCEPTUAL

II. La virtud cívica en la modernidad

Puede decirse que para los modernos se fue disociando el vínculo entre virtud cívica y buena vida, también el republicanismo moderno se ha encontrado con una disociación entre la virtud política y la virtud moral. Puesto que, para la corriente republicana la virtud cívica perdió gran parte de la presencia e importancia que había tenido, siendo reemplazada por mecanismos institucionales o, bien, al convertirse en una virtud meramente política.233

En su obra Del espíritu de conquista Constant manifestaba que, en el pasado, el apego a las costumbres locales participaba de todos los sentimientos desinteresados, nobles y piadosos. De manera inversa, en el mundo moderno, los individuos habían perdido dichos valores, al encontrase anegados en un aislamiento contrario a su naturaleza, extraños al lugar de su nacimiento, sin contacto con el pasado y con su patria; es decir, se encontraban inmersos en una llanura enorme y nivelada, lo que generaba indiferencia con la consecuente pérdida de los valores patrióticos. De esta forma, el autor dejaba en claro su repudio hacia la uniformidad de los tiempos modernos y, al mismo tiempo, exhibía sus añoranzas por las viejas épocas cuando la tierra estaba cubierta por diversas estirpes, donde la autoridad no tenía necesidad de ser demasiado dura para ser obedecida y, aún así, la moral encontraba apoyo en un público inmediato.234

El rumbo de los tiempos permitió que la actividad comercial fuera modificando los hábitos, la moral y los valores de los pueblos, debilitando de esa forma la tendencia hacia la guerra; pues, las oportunidades de esta última dejaron de ofrecer a las naciones y a los individuos beneficios similares a los derivados del trabajo pacífico y de los intercambios regulares.235

232 BÉJAR, Helena, El corazón de la república. Avatares de la vida política, Paidós, Barcelona, 2000.

Páginas 25 y siguientes

233 PEÑA, Javier, Ciudadanía republicana y virtud cívica, artículo publicado en Republicanismo y Democracia, Niño y Dávila editores, Madrid, 2005. Compiladores María Julia Bertomeu, Antoni Domènech y Andrés de Francisco. Páginas 239 y 245.

234 CONSTANT, Benjamin, Del espíritu de conquista, Tecnos, Madrid, 1988. Páginas 51 y siguientes. 235 Como ejemplo de la antigüedad puede citarse a la República romana, cual se entregaba a empresas

militares ininterrumpidas; sin embargo, ésta carecía del comercio como de las artes, y en su interior apenas se practicaba la agricultura, limitada a un espacio que resultaba reducido para todos sus

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Ahora retomando con las apreciaciones de Peña y adaptando la temática a los tiempos contemporáneos, él advierte que esperar que la mayoría de los ciudadanos actúen con virtud sería poco realista; más bien, podría esperarse que sólo unos pocos ciudadanos sean virtuosos, aportando su contribución extraordinaria para salvaguardar la continuidad de las instituciones cívicas, cubriendo las falencias que resultan del egoísmo generalizado que es dable esperar del resto.236

Este concepto de virtud cívica ha vuelto a renacer hoy, encontrándose presente en el vocabulario político. En la actualidad, es posible observar que las sociedades democráticas no pueden basarse sólo en un conjunto de instituciones y procedimientos, sino que dependen de ciertas cualidades y aptitudes de sus miembros, como la tolerancia, la responsabilidad, la participación y el compromiso con el sistema político. Es así que, el autor enfatiza que las sociedades democráticas actuales requieren la presencia de ciudadanos comprometidos con los asuntos públicos de su comunidad, y no sólo como simples titulares de derechos, acreedores a ciertas prestaciones.237 O sea, de la mano de la revitalización de la ciudadanía también se reanima la cuestión de la virtud cívica; incluso, desde una perspectiva liberal resulta necesaria la contribución virtuosa de los individuos, independientemente de los estrechos intereses particulares de cada uno de ellos, para la consecución de los bienes públicos.238 No obstante, en este escenario puede verse una concepción individualista de la

virtud cívica, ya que virtudes como la tolerancia, la urbanidad, el respeto a la ley, entre otras, están vinculadas más bien al respeto a los derechos ajenos y al cumplimiento de las normas,

habitantes. Por el contrario, en las circunstancias de la modernidad ningún gobierno podría imitar las proezas romanas, pues estaría haciéndolo con la oposición del pueblo, cual se convertiría en un instrumento tan desdichado como sus víctimas, ante la ausencia del elemento nacional, factor fundamental para el éxito de las milicias. (Obra citada. Página 14.)

236 PEÑA, Javier, Ciudadanía republicana y virtud cívica, artículo publicado en Republicanismo y Democracia, Niño y Dávila editores, Madrid, 2005. Compiladores María Julia Bertomeu, Antoni Domènech y Andrés de Francisco. Página 232.

237 En la actualidad es posible advertir esta situación en la Argentina, donde existe una constante

demanda de derechos por parte de los ciudadanos que, estimo, no se corresponde con el compromiso que estas personas manifiestan hacia la comunidad. Un claro ejemplo de esto lo constituye la enorme cantidad de paredes pintadas en la vía pública. Recientemente recuerdo haber leído en la puerta de un edificio algo así como “viva la democracia, defendé tus derechos”, con la firma de una agrupación política. Acaso, me pregunto: ¿no deberían haber percibido la obligación de respetar la propiedad ajena y el espacio público? Por ello, considero que los partidos políticos deberían ser actores que eduquen en el compromiso cívico y, por el contrario, evitar los atropellos –como el que he citado– bajo el lema de la “militancia”.

238 PEÑA, Javier, Ciudadanía republicana y virtud cívica, artículo publicado en Republicanismo y Democracia, Niño y Dávila editores, Madrid, 2005. Compiladores María Julia Bertomeu, Antoni Domènech y Andrés de Francisco. Página 232.

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que a la defensa y a la promoción del interés público. Y, en este sentido, volviendo a la doctrina de Indalecio Gómez, él consideraba que los derechos de los ciudadanos eran medios para cumplir con sus deberes, procurando por el bien del país; en tanto que, el primero de todos los deberes era que “los ciudadanos concurran a la formación de su buen gobierno”.239

Puesto que, el ausentismo en los sufragios era una manifestación de la apatía ciudadana que quebrantaba el sistema democrático del país.240

La instalación y consolidación de un sistema democrático, de acuerdo a la apreciación de Amaya, exige un aprendizaje colectivo. Este último reconoce derechos y obligaciones recíprocos, sobre la base de los principios de pluralidad y de diversidad y, a la vez, mediante la renuncia a dogmas y maniqueísmos políticos. Este aprendizaje, además, conduce a la formación de partidos y de tendencias políticas conscientes de los alcances y de las limitaciones de la competencia democrática, donde nadie puede colocarse por encima de la legalidad, donde nadie puede pretender tener privilegios contra la mayoría o, bien, donde deben respetarse plenamente los derechos de las minorías.241

En las sociedades modernas, como explica Peña, puede decirse que la virtud cívica es necesaria para sostener la república, cuya salud es necesaria para que los individuos puedan satisfacer sus deseos e intereses privados. Aunque se trata de una virtud meramente política, separada de los proyectos morales de los ciudadanos como hombres y, también, de la connotación clásica de autogobierno. Esta disposición virtuosa es congruente con una psicología moral utilitarista y requiere exigencias más débiles del buen ciudadano.242

En otro términos, este autor alude a que el republicanismo se vuelve instrumental – desde una posición realista, conforme a la teoría de Sandel–, siendo que la libertad para perseguir los propios fines de los individuos depende de la preservación de la libertad de su

239 Discurso de Indalecio Gómez. Cámara de Senadores, 2/2/1912.

240 Durante uno de los debates en el marco de la reforma de 1912 Indalecio Gómez expresaba: “El

espíritu cívico está muerto; nuestra democracia es nula; el pueblo no vota.” Cámara de Diputados, 5/6/1911.

241AMAYA, Jorge A., Democracia y minoría política, Astrea, Buenos Aires - Bogotá, 2014. Página

13. Tal como indica el autor: “En esta perspectiva, la tolerancia es más que un principio de no agresión o no exclusión de los contrarios. Es la conciencia, en fin, de que sólo la discusión y el enfrentamiento pacífico y racional con otros puntos de vista y con otros intereses permite aprender y mejorar las propuestas de gobierno (...) y, por ende, promover verdaderas soluciones para los agobiantes y complejos problemas sociales. Lo anterior no significa, naturalmente, que la fraternidad democrática anule o supere la inexorable conflictividad de las sociedades modernas.” (Obra citada. Página 14.)

242 PEÑA, Javier, Ciudadanía republicana y virtud cívica, artículo publicado en Republicanismo y Democracia, Niño y Dávila editores, Madrid, 2005. Compiladores María Julia Bertomeu, Antoni Domènech y Andrés de Francisco. Página 244.

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comunidad, que a la vez depende de la voluntad de anteponer el bien común a los intereses privados. Se trataría de una especie de cálculo estratégico, pues mediante la adopción de actitudes republicanas se podrían salvaguardar los derechos e intereses individuales.243

El autor precitado amplía su análisis hacia el marco del republicanismo actual, afirmando que sus exponentes no tienen por qué considerar que son valiosos el militarismo o el patriotismo, defendidos por los pensadores republicanos del pasado. En tal sentido él asevera:

“Las actitudes que han caracterizado en el pasado al buen ciudadano republicano, como la defensa activa de lo público y el amor a la libertad pueden desarrollarse también hoy en movimientos cívicos cuyo campo de acción trasciende las fronteras de una determinada ciudad (…).”244

Es así que, en un mundo signado por la influencia de la globalización y por el uso de las tecnologías, este escenario permite que las personas generen vínculos que trascienden las fronteras del propio lugar de residencia e, igualmente, influyen sobre las características y el campo de acción de los movimientos cívicos.