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EL MATERIALISMO DIALÉCTICO Y LAS CIENCIAS

In document Dialectica Sin Dogma Havemann (página 82-91)

Antes de enfrentarme con el tema de la clase de hoy querría informarles acerca de una carta de Linus Pauling, que he recibido hace poco. Muchos de ustedes recordarán que en mi conferencia de Leipzig conté la siguiente anécdota: Linus Pauling visitó en Moscú la redacción de la revista

Voprossi filosofa y tuvo allí una conversación. En mi citada conferencia referí la conversación del

modo siguiente: Los camaradas de Voprossi filosofa le dijeron más o menos: “Querido señor Pauling, es usted un hombre admirable, etc. etc., no le tomaremos ya nunca a mal todas las cosas raras que ha defendido usted hasta ahora”. Pauling les contestó más o menos: “Creo que se equivocan ustedes; la verdad es que durante todo este tiempo me he abstenido de tomarles a mal sus cosas por el gran respeto que tengo a la Unión Soviética”. Esta historia ha irritado a los miembros de la redacción. Y por eso han escrito una indignada carta, no a mí, curiosamente, sino al Instituto de Filosofía de nuestra Academia de Ciencias, para quejarse de mí. De esta carta de los profesores Omelianovski y Kusnetzov voy a citarles el paso relevante para el asunto:

“El peculiar método utilizado por el profesor Havemann para justificar sus ataques a los filósofos soviéticos culmina cuando escribe acerca de cómo los filósofos soviéticos tuvieron una conversación con el profesor Pauling, organizada por la revista Voprossi filosofa. No vamos a reproducir aquí esa conversación; pero es muy interesante que toda esa “historia” —citamos el artículo del profesor Havemann— “me ha sido contada hace algunos meses”. Esto es bastante frívolo. ¿No habría sido más razonable negarse a recoger la narración de dudosas historias y estudiar el texto de la conversación de los miembros de la redacción de Voprossi filosofa con el profesor Pauling? Este texto detallado ha aparecido en el número 2 de Voprossi filosofa. Pero, fiel a su método, el profesor Havemann no podía hacer eso. ¿Por qué? ¿Tal vez porque ese texto de la conversación no coincide con la plástica “historia” del profesor Havemann?”

Sí, también yo creo que es por eso. Y por eso había enviado yo al profesor Pauling el texto de mi conferencia, para asegurarme —por si llegaba el caso de una publicación— de que la anécdota era verdadera. No vale la pena tomar en cuenta el artículo sobre mi intervención de Leipzig que apareció más tarde en la revista Forum: básicamente está escrito reproduciendo esta carta. Por tanto, es inútil que lea una cosa cuyo original acabo de leerles. Pero Linus Pauling mismo juzga muy diversamente la anécdota. Me escribe:

“The anecdote that you mention is essentially correct. I pointed out that I have refrained from criticism of the attitude of Soviet scientists, thirteen years ago, toward my theories of structural chemistry, because

I feelt that I should not complicate the situation by engaging myself in an argument that should be settled by the Soviet scientists themselves. You know, however, that in December 1962 I decided to express my opinion, when I was in Moscow.”

(“La anécdota que usted menciona es esencialmente correcta. Precisé que me había abstenido de criticar la actitud de los científicos soviéticos, hace trece años, respecto de mis teorías químicas estructuralistas porque me di cuenta de que no debía complicar la situación interviniendo personalmente en un asunto que debían aclarar los científicos soviéticos mismos. Por lo demás, ya sabe usted que en diciembre de 1962, estando en Moscú, me decidí a expresar mi opinión.”)

Así pues, es realmente difícil encontrar efectiva coincidencia entre lo que he contado y el texto publicado en Voprossi filosofa.

En este contexto me gustaría aludir brevemente a la crítica “filosófica” contra la teoría de la resonancia de Pauling. Los críticos de la época afirmaban que las estructuras límites mesoméricas se tratan en la teoría de la resonancia como algo no-real, y, por tanto, no-material, y que con ello se introduce en la ciencia natural algo subjetivo, irreal, lo cual es incompatible con el materialismo.

Como es natural, este tipo de crítica a la teoría de Pauling vuelve a manifestar simplemente que el materialismo mecanicista es en efecto incapaz de conservar el paso de la moderna teoría científico-natural. En esta crítica se mostraba pues de nuevo el fracaso filosófico. Esto no significa que la teoría de Pauling, como tal teoría científica, no pueda desarrollarse y hasta rebasarse tal vez por el ulterior desarrollo científico. Linus Pauling, desde luego, no afirmará que sea una teoría inconmovible, capaz de resistir toda crítica. Pero la crítica que entonces le dirigieron los filósofos no hiere más que a los filósofos mismos. La teoría de Pauling presenta las estructuras límites mesoméricas en sentido dialéctico, como estructuras aún no reales, pero posibles según leyes, como estructuras que expresan las posibilidades de comportamiento químico de las moléculas de que se trate en diversas reacciones. En una de nuestras sesiones estudié con detalle esta relación entre posibilidad y realidad. La naturaleza no está unívocamente y linealmente determinada respecto de aquello que se realiza. Sólo se realiza en cada caso una parte, una selección de la rica escala de lo posible. La misma situación se ha encontrado en biología. Y en la mecánica cuántica esa situación afecta a la esencia misma de la cosa. Lo posible es siempre lo más amplio y lo más complejo. Es lo todavía no resuelto, lo aún-no-real.

Esto es materialismo dialéctico; mientras que la crítica filosófica de entonces a la teoría de Pauling es vulgar materialismo mecanicista.

El materialismo dialéctico y las ciencias

Quiero ocuparme hoy, en términos bastante generales, de la relación entre la filosofía y las ciencias. En anteriores sesiones he expuesto ya con la ayuda de ejemplos cómo el conocimiento conseguido en el terreno de la moderna ciencia natural es sumamente dialéctico, de lo que se desprende que será tanto más fácil llegar a una profunda comprensión del mismo cuanto más consciente se sea de la dialéctica. Pero el conocimiento mismo de que el pensamiento humano es dialéctico y de que en nuestro pensamiento se refleja la dialéctica de la realidad es un descubrimiento antiquísimo. No ha sido Hegel, en el siglo pasado, el que lo ha dado a la luz del mundo. Durante el desarrollo de la filosofía a través de siglos y milenios ha habido mucha pugna entre pensamiento dialéctico y pensamiento adialéctico. Ya en la Antigüedad encontramos entre los presocráticos estos choques. Heráclito, del que hemos recibido la sentencia según la cual “la lucha es el padre de todas las cosas”, ha sido el primero en explicitar los rasgos generales del pensar dialéctico: “Todo fluye, todo está en movimiento constante”. Lo mismo dicen hoy nuestros filósofos con la frase: “la materia y el movimiento son eternos e indestructibles”. De las ideas de Heráclito se siguen las reflexiones dialécticas de sus sucesores y discípulos, Zenón, Leucipo y Demócrito. Y de todas ellas ha nacido la teoría atómica. Ya he hablado de ello con cierto detalle, pero aún me gustaría llamarles la atención acerca de que en otras regiones, muy lejanas, de la tierra, y por la misma época, en la remota China, el gran filósofo Laotsé, al que tanto venero, se manifestaba ya como profundo dialéctico. En Laotsé encontramos —en forma, naturalmente, diversa, y a menudo dominada por una fantástica potencia de la imagen— muchas ideas que conocemos ante todo por los presocráticos. Bastarán pocos ejemplos para mostrarlo. Ustedes recordarán cómo llegó Leucipo a la idea de la teoría atómica. Critica Leucipo la opinión de Zenón de que la materia es una conexión plena, una llena unidad continua. Zenón cree que no hay multiplicidad de las cosas. Todo según él se extiende continuamente. Y la divisibilidad se debe a que ese todo está surcado por finísimas hendiduras. Leucipo objeta entonces que tienen consiguientemente que existir las dos cosas, lo lleno y lo vacío, el ser y el no-ser. Pues si la materia estuviera surcada por infinitas ranuras, aunque éstas fueran finísimas, al final resultaría compuesta sólo de hendiduras, es decir, de vacío. En realidad, piensa Leucipo, la materia es una unidad de lo lleno y lo vacío. Lo uno no puede existir sin lo otro: he aquí una irrupción de pensamiento dialéctico. El pensamiento metafísico no podía concebir nada como no-ser ni como unidad de ser y no-ser. Pues bien: en Laotsé encontramos la doctrina de que “lo que no es, penetra incluso en lo que no tiene intersticio”. Laotsé tiene consciencia de la unidad de la contradicción:

La gran perfección tiene que aparecer imperfecta para que sea infinita en su efecto.

La gran plétora tiene que aparecer vacía para que sea inagotable en su efecto.

La gran rectitud tiene que aparecer quebrada, el gran talento tiene que aparecer necio, la gran elocuencia tiene que aparecer muda.

Laotsé dice del Sentido, del gran Tao, esencia profunda del mundo, algo que nos sume en un estado de ánimo pensativo cuando reflexionamos sobre nuestra disputa entre filósofos y con filósofos.

Cuando un sabio de la más alta especie oye acerca del Sentido se esfuerza por obrar según ello.

Cuando un sabio de mediana especie oye acerca del Sentido, ora se ajena a él, ora lo entrega y abandona.

Cuando un sabio de baja especie oye hablar del Sentido se ríe de ello con gran carcajada.

Y si no ríe con gran carcajada, es que no era realmente el Sentido. Por eso está escrito:

El claro sentido aparece oscuro,

el sentido del progreso aparece como regreso, el sentido llano aparece abrupto,

la vida más alta aparece como vacío, la pureza más alta aparece como oprobio. La ancha vida aparece insuficiente, la fuerte vida aparece furtiva,

la esencia verdadera aparece mutable. El gran Cuadrado no tiene esquinas, la grande voz tiene son inaudible, el gran cuadro no tiene forma.

Las palabras verdaderas son como al revés.

Oigamos aún palabras de Laotsé que parecen una alusión a ideas de la moderna teoría atómica. Se trata de la “Alabanza del misterio”. Tres conceptos son esenciales en ese secreto: los conceptos de “igual”, “sutil” y “pequeño”. Piensen en lo pequeños y finos que son los átomos, y cómo son iguales los unos a los otros. Laotsé ve en el último fondo de las cosas igualdad, identidad, precisamente en la gigantesca masa de los fenómenos de lo sutil y lo pequeño; pero esa identidad es el fundamento de la externa multiplicidad:

Se le busca y no se le ve. Su nombre es Igual.

Se le escucha y no se le oye. Su nombre es Sutil.

Se pretende asirlo y no se aferra. Su nombre es Pequeño.

Esos tres no pueden separarse, están mezclados y forman uno. Su más arriba no es más claro, su más abajo no es más turbio.

Fluyendo sin límites, no es posible nombrarlo, alcanza por atrás hasta lo que no es.

Es lo que se llama forma sin forma e imagen sin imagen,

es lo que se llama invisibilidad. Yendo hacia él no se ve su rostro, y no se ve, siguiéndole, su espalda.

Eso, y mucho más que se encuentra en el maravilloso escrito Tao Te King, es ejemplo de que el pensamiento dialéctico es probablemente tan antiguo como el pensamiento humano en general.

Ya al principio de este curso indiqué que el pensamiento humano parte de una dialéctica básica cuya captación es presupuesto necesario para que los hombres podamos captar en general con nuestro entendimiento los fenómenos de la realidad; esa dialéctica básica es la dialéctica de la igualdad y la diversidad, de la identidad y la diversidad. Reconocer la igualdad en lo diverso, la igualdad en lo que se encuentra en transformación, es el primer presupuesto del pensar, el presupuesto de la posibilidad de construir conceptos que retengan lo que constantemente se altera. La dialéctica de la identidad y la diversidad es el punto de partida teorético de la lógica formal. La lógica formal es la investigación formal-analítica de todas las consecuencias conceptuales que resultan de las determinaciones conceptuales identidad y no-identidad. En la lógica formal se maneja además otro par de conceptos dialécticos que se desprende directamente de la dialéctica de la identidad y la diversidad, a saber, el par conceptual cantidad-cualidad. Cantidad y cualidad resultan de la identidad y la diversidad, porque no podría haber ninguna cantidad ni numerabilidad, ni tampoco conjuntos, si no pudiéramos establecer repetidamente lo igual, la repetición de lo idéntico.

Pero en la medida en que consideramos la identidad como mero aspecto subjetivo, partiendo de nuestro proceso mental analítico, desgarramos el vínculo de la identidad y la diversidad. Así obtenemos un análisis formal, no-dialéctico. Un tal análisis es, empero, siempre necesario. No existiría ciencia alguna si no tuviéramos constantemente el valor de separar lo que va junto, de comprenderlo en su aislamiento, en su particularidad. Tenemos que prescindir por de pronto totalmente de muchas otras cosas que pueden ser esenciales a la cosa, destacar sólo un aspecto determinado y tomar plena consciencia del mismo. En la ciencia natural, como en todas las ciencias, se vuelve luego a reunir lo centrífugo y contradictorio, los diversos aspectos. Se sintetiza así lo que antes se ha dividido analíticamente. Tales son las operaciones dialécticas básicas. Primero operamos con los medios de la lógica formal, con los instrumentos del análisis y la separación, y luego operamos sintéticamente y componemos de nuevo en una unidad la más profunda penetración comprensiva que hemos conseguido. Tal es el sentido del camino del conocimiento: tesis — antítesis — síntesis. Este triple paso del conocimiento se encuentra siempre en la dialéctica. En última instancia, todas esas “tríadas” se basan en que la negación de la negación no reconduce a lo originario, sino que lo reproduce a un nivel más alto.

situación en la cual cada concepto de la categoría dialéctica es por de pronto sólo la negación del otro. Con esto cada concepto es la determinación de su pareja, porque una cosa se determina siempre por aquello que ella no es. Pero no basta con esta negación. A ella sigue —en una tríada, como dice Hegel— la negación de la negación, el rebasamiento dialéctico de lo originario. Así todo fenómeno queda negado en su desarrollo. Esta negación es a su vez negada, sin que el rebasamiento dialéctico signifique simplemente anulación y eliminación, puesta fuera de vigor, sino que, aun significando sin duda rebasamiento y negación, significa también preservación, esto es, continuación de la vieja identidad en una forma nueva y, por último, también elevación a un nivel superior; hay pues triple negación y triple rebasamiento.

Partiendo de esto podría llegarse a la idea de que fuera útil y razonable construir una sistemática detallada y más completa de la lógica dialéctica. Y en realidad ese intento se ha emprendido varias veces. Diversos filósofos han realizado el intento de establecer el mayor número posible de categorías dialécticas, mostrando sus internas relaciones y parentescos. El propio Hegel se ha esforzado por construir con mucho detalle en su Wissenschaft der Logik un sistema de lógica dialéctica. Aduciré ahora unos cuantos pares de conceptos dialécticos que sugieren muy varias reflexiones y se encuentran en notables relaciones recíprocas interesantes desde varios puntos de vista. Los presentaré en una sucesión que no pretende ser en modo alguno sistemática. Partiendo de la categoría epistemológica básica.

igualdad y diversidad, y pasando por la categoría

unidad y multiplicidad

que es la que media y posibilita la numerabilidad, se llega a la categoría cantidad y cualidad.

Estrechamente emparentada con lo anterior se encuentra la categoría continuidad y discontinuidad,

la cual protagoniza una dialéctica con la que ya nos hemos encontrado al hablar de la casualidad. Aduciré además las siguientes categorías:

posibilidad y realidad infinitud y finitud necesidad y casualidad temporalidad y duración esencia y fenómeno contenido y forma libertad y constricción.

En realidad, pueden ustedes continuar ilimitadamente. La contradictoriedad dialéctica se manifiesta, en efecto, incluso en pares conceptuales que a primera vista parecen bastante pálidos y en los que nadie sospecharía sin más que yazga una dialéctica profunda. Si en nuestro estudio nos damos cuenta de las relaciones internas con otras categorías dialécticas descubrimos también mucha nueva profundidad en las cosas. Recordarán el verso de Laotsé: “El sentido llano aparece abrupto”. En la dialéctica de llano y abrupto aparecen las categorías continuidad y discontinuidad,

unidad y multiplicidad, y varias otras según la forma de la aparición o fenómeno. Si consideramos

la matemática, nos damos cuenta de que en el moderno desarrollo de esa ciencia ocupan hoy el primer término los problemas de la continuidad y la discontinuidad. No se trata ya sólo de la vieja contradicción entre la geometría y el álgebra, entre el tipo de relación homogénea, topológica, de la geometría, en la que no aparece numerabilidad alguna, y el álgebra en la que todo se reduce a

números, conjuntos, identidades y discontinua. Ambos aspectos se mezclan hoy de muy diversos modos en la matemática. Los problemas más profundos de que hoy se ocupa la matemática —por ejemplo, el problema de la fundamentación teorética del cálculo de probabilidades— desembocan en los problemas de la dialéctica de la continuidad y la discontinuidad.

Resulta, pues, muy tentadora la idea de desentenderse de los objetos científicos de las diversas ciencias —la física, la matemática, la biología, la química, etc.— para buscar una sistemática de las categorías dialécticas, una real lógica dialéctica, con la finalidad de levantar un edificio tan imponente como es hoy el de la lógica formal. Pues bien: yo creo que esa empresa no es posible. No es casual que hayan fracasado hasta ahora estrepitosamente todos los intentos emprendidos con ese objeto. Ya por razón de método existe una diferencia esencial entre la lógica dialéctica y la lógica formal. Sin duda ya en la lógica formal se analiza una dialéctica básica, a saber, la dialéctica de la igualdad y la diversidad, con todo lo que se desprende de ella. Pero se trata, precisamente, de un puro análisis conceptual. Y en este análisis puramente formal y definitorio podemos y debemos proceder conceptualmente de un modo absolutamente adialéctico. Por eso para Hegel la lógica formal era una mera acumulación sistemática de trivialidades y pleonasmos. Y por eso le causaba repugnancia. Pero el hecho es que tenemos por fuerza que empezar por separar con toda claridad los conceptos unos de otros, por contraponerlos y analizar y sistematizar cuidadosamente las consecuencias que resultan de ese análisis. Eso es la lógica formal. En cambio, la lógica dialéctica es una lógica que no podemos desarrollar tomando como base simplemente nuestro pensamiento. La lógica dialéctica es la lógica que se encuentra en las

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