En el momento de recibir la bendición de su padre, Iaakov tenía 63 años de edad, y se hallaba en la ciudad de Jevrón.
Por causa de esta bendición, Esav odió a su hermano, tal como lo declara el versículo: (Bereshit 27: 41): “Odió Esav a Iaakov por la bendición con la que lo bendijo su padre. Dijo Esav en su corazón, se aproximarán los días de duelo por mi padre, y entonces mataré a Iaakov, mi hermano”. En tanto, Itzjak ordenó a Iaakov (Bereshit 28: 2): “¡Levántate!. Ve a Padam Aram, a la casa de Betuel, el padre de tu madre, y toma para ti de allí, por esposa, de las hijas de Labán, hermano de tu madre”.
Iaakov, sabía acerca de las intenciones de su hermano, que planeaba asesinarlo, y este hecho lo consternó mucho, pero quedarse más tiempo en casa de su padre, para estar allí protegido, tampoco podía, pues ya le había ordenado que parta a buscar una mujer para casarse, por lo tanto, se hallaba en una situación desesperada.
Asimismo lo atemorizaba la idea de partir, porque tanto Esav o alguno de sus hijos lo podían asediar en el camino. En adición a ello, se le cruzó por la mente que quizá su hermano también decide ir a Jarán, a casa de Laván, a buscar una mujer para él, ya que había escuchado cuando su progenitor le ordenó eso a Iaakov. Y ¿Cómo podría superar una situación así?
No obstante cuando supo Iaakov que Esav fue a lo de Ishmael para buscar una mujer allí, en ese momento, sintió algo de alivio, aunque aun persistía el problema de sus hijos, ya que desde el día en que escuchó la orden de Itzjak a Iaakov de ir a Padam Aram, su hermano reunió a sus hijos, y toda su gente, a quienes distribuyó estratégicamente en el camino que va desde Jebrón hasta Jarán, y en todos los pasajes viables para cruzar el río Jordán.
Elifaz se posiciona
En tanto, Esav ordenó a su hijo Elifaz, que tome su posición cerca de Jarán, en el último puesto programado, pues pensó que si se salva de todos los demás hostigadores, de todos modos, caerá en manos de Elifaz, su primogénito que en el momento de tomar la guardia era de 13 años de edad, aunque ágil, experto arquero, valiente y fuerte.
Por lo tanto ante una situación tan adversa, Iaakov decide utilizar una estrategia, ir a la academia de estudios de Ever, quien era un hombre muy reservado, y mantenedor de los secretos que le cuentan.
Por eso, en vez de proseguir con rumbo nordeste, en dirección hacia el río Jordán, tomó el sentido noroeste, que conducía a Jerusalem, donde se hallaba la academia de Ever, nieto de Shem.
Una guardia prolongada
Allí permaneció por espacio de 14 años, a sabiendas que estudiando Torá estará protegido de todo mal, por esta decisión y resolución. Pero cuando el director del establecimiento no tuvo más fuerzas para proseguir, y se hallaba próximo a fallecer, Iaakov supo que ya no tiene derecho a continuar permaneciendo en ese lugar, ya que si el maestro no puede enseñar, no hay motivo para dilatar la orden de su padre, que hasta ahora no había podido cumplir, porque si lo intentaba, su vida corría serio riesgo.
Por lo tanto, Iaakov retorna a Jebrón, que era el sitio desde donde Itzjak le ordenó partir, y emprende la marcha hacia Jarán, que se halla en Padam Aram.
Varios milagros le acontecieron en el camino, que le permitieron salvarse de los hostigadores, quienes pese a que habían transcurrido 14 años, permanecían apostados en sus puestos.
Cuando se hallaba frente al río Jordán, y no tenía ninguna embarcación, ni una balsa para cruzarlo, entonces oró a Di-s, y Este le respondió diciéndole que golpee con su bastón, y se abrirá un camino entre las aguas. Y así ocurrió.
Faltaba muy poco pero...
Casi llega a destino, pero en el último tramo, se topa con Elifaz, quien ya tenía 27 años de edad, y aguardaba para cumplir con la voluntad de su padre.
Iaakov sintió gran temor al verlo, pero no porque no contaba con suficiente fuerza como para vencerlo, pues su estructura física y valor eran imponentes, su miedo era por si tenía que defenderse, y en la contienda verse obligado a quitar la vida a su contrincante, siendo que Elifaz era alumno de Itzjak, además, el mismo Iaakov muchas veces le había enseñado.
Elifaz no obstante, se desplazó hasta donde se encontraba Iaakov, y cuando quedó frente a él, hallándose a una distancia de cuatro codos, lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, las cuales se deslizaron por sus mejillas.
Iaakov le preguntó: “¿Por qué lloras?”.
Y Elifaz le respondió: “Es que mi padre me encomendó matarte, y debo cumplir con su mandato. Además, ordenó que me corten la cabeza, si no le llevo la tuya. Y yo no te puedo quitar la vida, ya que fuiste mi maestro, que me enseñaste Torá”
Por tal razón, Iaakov le ruega que no le haga daño, y le ofrece todas sus pertenencias, mencionándole que si se las lleva, lo dejará en condición de mendigo, y un hombre en esas circunstancias es considerado como fallecido.
“Y con respecto a la cabeza, dile que te topaste con un león, y se la arrojaste para salvar tu integridad”
Elifaz estuvo de acuerdo con este plan y se retiró con todas las pertenencias de Iaakov.
No obstante, cuando Esav se enteró del procedimiento de su hijo, no quedó conforme y le aplicó una sanción.
En tanto, Iaakov prosiguió su camino y al hacerse repentinamente de noche, oró y luego de ordenar doce piedras a su alrededor, construyendo una especie de cercado, para protegerse de los animales salvajes, se acostó en ese sitio.
El sueño de Iaakov
Mientras descansaba tuvo un sueño, donde una escalera estaba apoyada sobre la tierra, y su extremo superior llegaba al cielo. Además, ángeles subían y bajaban por la misma.
En eso, el Creador, que estaba sobre ella, se presenta anunciando: “Yo soy Hashem, el Di-s de Abraham, tu padre, y Di-s de Itzjak; la tierra sobre la cual yaces acostado, a ti la Daré, y a tu simiente. Será tu simiente como el polvo de la tierra, y te fortificarás al oeste, al este, al norte y al sur, y se bendecirán en ti todas las familias de la tierra, y en tu simiente. Yo Estoy contigo, y te
cuidaré en todo lo que anduvieres, y te regresaré a esta tierra, pues no te abandonaré hasta que haya hecho lo que te Dije”.
Luego despertó Iaakov, sintió un gran temor, y dijo: “No es esta sino la casa de Di-s, y este el portón de los cielos.
Se levantó Iaakov por la mañana, tomó la piedra que utilizó como cabecera, y la colocó como fundamento (del que sería en el futuro, el Templo Sagrado de Jerusalem)”.
Iaakov llamó a ese lugar “Betel” (la Casa de Di-s), aunque inicialmente, el nombre de la ciudad era Luz.
Luego, hizo una promesa y dijo: “Si estuviere Di-s conmigo, y me cuidare en este camino en el que ando, y me diere pan para comer y ropa para vestir, y tornare yo en paz a casa de mi padre, entonces Hashem será para mi por Di-s. Y la piedra esta que puse como fundamento, será la casa de Di-s, y todo lo que me dieres, diezmaré para Ti”
Prosigue su andar
Luego, prosiguió su marcha, y en el sitio donde los pastores abrevaban el ganado, conoce a Rajel, la hija de Laván que llevaba el rebaño de su padre a pastar.
De inmediato, Iaakov la ayudó, ya que los demás pastores habían colocado la tapa al abrevadero, y él solo quitó la pesada cubierta, para que los animales que la joven pastoreaba puedan beber. Iaakov le informó que es pariente de su padre, e hijo de Rivka, la hermana de su progenitor. Tras este episodio, la chica corre a contar a su padre lo acontecido, y cuando Laván oyó su nombre: “Iaakov”, hijo de su hermana, corrió a su encuentro, lo abrazó y besó, y lo llevó a su casa. Allí, Iaakov relató a Laván todo lo que le había sucedido, y el anfitrión respondió: (Bereshit 29: 14): “Tú eres de mi hueso y mi carne” demostrándole total aceptación, “y residió con él un mes”. Aunque “dijo Laván a Iaakov: ¿acaso por ser mi pariente me servirás gratuitamente?. Dime cuales son tus honorarios.
Laván tenía dos hijas, el nombre de la mayor era Lea, y el de la menor Rajel. Los ojos de Lea eran estriados, mientras que Rajel era de facciones bellas y hermoso aspecto”
El motivo de los ojos estriados de Lea era porque todos comentaban que a Rivka, le nacieron dos varones, y Laván su hermano tiene dos mujeres, entonces le toca el hijo mayor a la mayor, y el menor para la menor.
Esto implicó que Lea comience a indagar acerca de Esav y Iaakov, y los caminantes le informaban que el mayor es un delincuente, mientras el menor: (Bereshit 25: 27): “Un hombre íntegro que reside en tiendas”.
Por eso lloraba, porque no quería casarse con un malvado, y a causa de tantas lágrimas derramadas frente al Creador, durante las sentidas plegarias que ofrecía para que se apiade de ella, y no permita que su matrimonio se consume con un hombre perverso, por tal razón sus ojos presentaban ese aspecto.
Hashem escuchó sus plegarias, y como lo declaran los versículos subsiguientes, Causó que se case con Iaakov y no con Esav.
Moraleja
Se ve aquí, cuan grande es la fuerza de la plegaria, ya que a través de ella, Lea pudo anular el decreto (que estipulaba que se casaría con Esav), y además, se anticipó a su hermana en obtener el matrimonio
Aunque, (Bereshit 29: 18): “Iaakov amaba a Rajel, entonces dijo (a Laván): trabajaré para ti siete años por Rajel, tu hija menor”.
Laván le respondió: “Es mejor dártela a ti, en vez de darla a otro hombre. ¡Permanece conmigo!”. “Trabajó Iaakov por Rajel siete años, y fueron ante sus ojos como unos pocos días, por su amor hacia ella. Entonces Iaakov dijo a Laván: dame mi mujer, porque se completaron mis días, así me caso con ella”.
En tanto, durante esos siete años, Iaakov constantemente enviaba presentes a la hija menor de Laván, pero el padre los tomaba de manos de los mensajeros, y los entregaba a Lea, su hija mayor. Rajel veía lo que acontecía, y sin embargo callaba, pues pensó: “Si le envío un recado a Iaakov para avisarle que mi padre da a mi hermana lo que él me envía a mi, Iaakov no obtendrá los regalos de regreso, pues mi padre no se los dará, y además, mi progenitor se enojará conmigo, y no me permitirá casarme con él, y de este modo me estaré alejando de este hombre justo”. Por su parte, ante el pedido de Iaakov, quien ya tenía 84 años de edad, y deseaba a su mujer (Bereshit 29: 22): “Congregó Laván a toda la gente del lugar e hizo un banquete”
Durante el preliminar, expuso su punto de vista frente a los presentes: “Ustedes saben que estábamos muy escasos de agua, a tal punto que era necesario resguardar lo poco que teníamos colocando una pesada piedra sobre el pozo (Bereshit 29: 2), hasta que vino este hombre justo, y las aguas resultaron bendecidas, ya que el abrevadero siempre está lleno, pese a que abrevan allí muchos rebaños”.
Los invitados le preguntaron: “¿Qué podemos hacer al respecto?”.
Laván les propuso: “Si les parece bien, lo engaño, le doy a Lea, ya que ama mucho a Rajel, y se quedará por tal causa aquí otros siete años”.
Ellos le respondieron: “Haz lo que te parezca conveniente”.
Laván les dijo: “Denme una prenda en garantía de que ninguno de ustedes revelará la cosa”. Se levantó, y trajo por las prendas que le dieron en garantía, vino, aceite y carne para servir en el banquete que había organizado, ya que hasta ahora las mesas aparecían carentes de todo. De aquí proviene su nombre de “Laván Arami”, pues si bien es cierto que la palabra “arami”, recae sobre él por ser oriundo de la ciudad de “Haram”, también el significado de este concepto es “el engañador”, ya que engañó también a los pobladores del lugar donde vivía al solicitarles prendas como garantía, y con eso compró lo necesario para la fiesta que organizó, teniendo en cuenta además, que la gente de ese sitio también eran engañadores, pero Laván los sobrepasaba.
Como causa de ello, cuando hubo pasado el tiempo, y se percataron del echo, cada uno tuvo que rescatar su prenda de los sitios donde los había empeñado Laván, trocándolos por dinero. Pero por el momento, aun no sabían que esto iba a ocurrir, y se plegaron al plan de Laván, se hallaban en el día del banquete del casamiento, y coronaban a Iaakov, colocándole diademas sobre su cabeza y profiriéndole múltiples alabanzas.
El sol comenzó a declinar, y cuando ya estaba oscureciendo, Iaakov preguntó que sucede, y por que lo alaban y coronan tanto.
Ellos le respondieron: “Tú nos hiciste una bondad, ya que por tu causa resultaron bendecidas las aguas, por eso, también nosotros hacemos contigo bondad”
Aunque la intención de los presentes era tratar de insinuarle que le darán a Lea y no a Rajel, por eso entonaban cánticos populares que contienen sílabas similares al nombre de la hija mayor de Laván: “Halaie, Halaie”, (cuya interpretación sería “Es Lea, Es Lea”). Pero Iaakov, no se percató de ello.
Por la noche, ingresan los que acompañaban a la novia hasta el sitio donde se hallaba el
pretendiente, y en ese momento apagaron todas las velas, para que Laván pueda intercambiar a Lea por Rajel.
Entonces Iaakov pregunta: “¿Qué es esto?. ¿Por qué apagan las luces?”. (Pues temía que comiencen a realizar en ese momento actos impúdicos).
Le respondieron: “¿Qué piensas, que somos groseros como ustedes, y tenemos costumbres como las vuestras, similares a la que has demostrado cuando besaste a Rajel en público en el
abrevadero? 10(Este suceso consta en Bereshit 29: 11, y Rajel tenía en ese momento 5 años de vida). Nosotros somos gente recatada y no hacemos ingresar la novia ante el novio a la luz de las velas”.
El trueque
En ese momento, Laván aprovechó para intercambiar a sus hijas
Además, Laván poseía otras dos hijas, que había tenido con una sirvienta: Biláh era el nombre de la mayor, y Zilpáh el de la menor. Y todos sabían que el destino de ambas era convertirse en siervas de sus hijas Lea y Rajel. Biláh, la mayor para Lea, su hija mayor, y Zilpáh la menor, para Rajel, su hija menor.
Al ingresar “Rajel” (que en realidad era Lea) a la ceremonia nupcial, se acercó Laván y le entregó a Zilpáh como sierva.
Iaakov vio que entregaron a Zilpáh a la novia, y entendió que todo está en orden.
La boda se concretó, y durante toda esa noche, Iaakov creía que se hallaba junto a Rajel, pues cuando la llamaba: “¡Rajel!, ella respondía “¿Si?. ¿Qué necesitas?”.
Además, como precaución, antes del casamiento Iaakov había entregado a Rajel tres señales, las cuales probarían en caso de necesidad, que es ella y no otra mujer.
Las señales eran:
1) El cumplimiento del precepto de la inmersión ritual para purificarse. Iaakov le dijo: “Cuando estés delante de mi, has de decir: Estoy pura”.
2) Le reveló el fundamento de la circuncisión otorgándole asimismo una señal específica al respecto.
3) Además, le entregó un elemento llamado “kamía”, que se lo utiliza para curaciones, y otro tipo de aflicciones. También para posibilitar el nacimiento de hijos, gozar de buena salud, etc. Este tipo de elementos puede tener formas y estructuras variadas, y debe ser confeccionado por una persona temerosa de Di-s, experta en el tema, y que sea netamente observante de los preceptos. En este caso, le otorgó un “kamía” que se cuelga sobre el cuello, y contenía el fundamento secreto del mérito de los patriarcas.
Todas estas señales que Iaakov dio a Rajel, ella las entregó a su hermana Lea, y además, se ocultó en la habitación, y respondió a Iaakov cosas que Lea no hubiera podido, todo para que su hermana mayor no sea reconocida y avergonzada
Transcurrió toda esa noche, y por la mañana, cuando los primeros rayos de sol se colaban a través de la ventana, Iaakov despierta y se percata que quien se haya a su lado no es Rajel, sino Lea.
Cuando se dio cuenta
En ese momento le dijo: “¡Engañadora hija de engañador!. ¿Por qué me has hecho esto?. ¿Por qué razón durante la noche, cada vez que te llamaba Rajel, me respondías afirmativamente?” Ella le respondió: “¿Acaso existe algún peluquero que no le corten el cabello sus alumnos cuando él necesita que se lo recorten?
No existe un peluquero que se corte solo el cabello, y de la misma manera como él modifica el aspecto facial de sus clientes al cortar su pelo, del mismo modo proceden sus alumnos con él, cuando les toca.
¿Acaso cuándo fuiste a tomar la bendición de tu padre, y te llamaba ‘eres mi hijo Esav’, tú no le respondiste ‘soy yo’? (Bereshit 27: 24).
Y yo soy tu alumna, pues de ti he aprendido a engañarte, del mismo modo como engañaste a tu padre. Y de la misma manera como procediste para cumplir la orden de tu madre, quien te ordenó engañar a tu padre para conseguir de él las bendiciones, lo mismo hice con la orden de mi padre, para edificar de ti las tribus de Israel”.
Iaakov en tanto se dirige a Laván y le pregunta: “¿Por qué me has hecho esto?. Por Rajel he trabajado para ti. ¿Por qué me has engañado?”
Laván le responde: “En nuestras tierras no se estila dar a la más joven antes que a la mayor. Aguarda que se complete esta semana, y te será dada también la menor, a cambio de otros siete años de trabajo”. (Bereshit 29: 27)
Luego de una semana
Al cabo de una semana, le entregó también a su hija Rajel, por la que debería trabajar otros siete años para Laván.
La primera de sus mujeres en concebir fue Lea, quien dio a luz a Reubén, luego le nació otro varón, al que llamó Shimón. Posteriormente alumbró a Levi, y a continuación a Iehuda.
En tanto Rajel sintió envidia por su hermana, ya que había parido cuatro hijos, mientras ella aun no había podido quedar embarazada siquiera una vez, por lo que le sugiere a su marido: “He aquí mi sierva Biláh, allégate a ella, y parirá sobre mis rodillas, entonces tendré hijos también yo de ella”. (Bereshit 30: 4): “Le dio a Biláh, su sierva por mujer, y se allegó a ella Iaakov. Concibió Biláh y parió a Iaakov un hijo”.
El niño nacido a la sierva de Rajel fue llamado Dan, y luego dio a luz otro varón, al que llamó Naftali.
En tanto Lea vio que ya no alumbraba, entonces dio a su marido a su sierva Zilpáh, para que la tome por mujer.
Zilpáh dio a luz un hijo al que llamó Gad, luego, concibió por segunda vez la sierva de Lea, y llamaron al varón que nació Asher.
Luego de esto, vuelve a concebir Lea, y le nace su quinto hijo al que llama Isasjar. Posteriormente alumbra a su sexto varón, al que llama Zebulún.
Queda embarazada por séptima vez Lea, y en ese momento, sabiendo tras haber tenido una visión profética, que le nacerían a Iaakov 12 hijos oró al Creador: “Amo del universo: yo ya tengo seis varones, y a las dos siervas le han nacido dos a cada una, por lo tanto son en total son diez