El Midrash relata...
Tendremos en esta oportunidad, la ocasión de contemplar, la heroica acción de los fundadores del pueblo judío en defensa de sus hermanos, posteriormente veremos acerca de lo acontecido en épocas del Segundo Templo Sagrado, cuando los griegos lo tomaron, y luego fueron derrotados por los Macabeos, hecho que se conmemora en la festividad de Jánuca, y finalmente llegaremos a abordar lo que acontece hoy en día, y sabremos cual es la diferencia entre esos primeros judíos y los que vivimos en la actualidad, mas lo que debemos hacer para lograr la victoria y ser felices. La sección de la Torá “Envió” (“vaishlaj”) menciona que (Bereshit 34: 25): “Al tercer día, mientras (los habitantes de Shjem) se hallaban doloridos (por la circuncisión que habían practicado sobre su carne), tomaron dos de los hijos de Iaakov, Shimón y Levi, hermanos de Dina, cada uno su espada, fueron a la ciudad confiados, y mataron todo varón”.
Pero los versículos no dan mayores detalles de esa incursión de los hijos de Iaakov en Shjem. Por eso, apelaremos a la Torá oral, para conocer pormenores de relevancia.
Consta en el antiguo libro “Sefer Haiashar”: Había allí (en Shjem), veinte varones, quienes se habían escondido, y no practicaron sobre su carne la circuncisión (cuya realización era indispensable para que los Hebreos los acepten y formen con ellos un pueblo). Estos jóvenes enfrentaron a Shimón y Levi, quienes logran eliminar a dieciocho de ellos, en tanto, los dos restantes lograron huir y salvar su pellejo.
La búsqueda:
Shimón y Levi salieron tras ellos, pero no lograron encontrarlos, en tanto, unas trescientas mujeres se congregaron, y arrojaron a los hijos de Israel polvo y piedras. Inmediatamente Shimón
desenvainó su espada, y liquidó a toda la congregación presente.
Aconteció al salir Shimón y Levi de la ciudad, que se reincorporaron los dos jóvenes que se habían escondido en el interior de la misma, y la hallaron totalmente devastada, no había allí siquiera un hombre, solo mujeres que lloraban.
Fueron entonces los jóvenes a la ciudad de Tapuaj, y contaron a los habitantes de ese lugar todo lo que hicieron los hijos de Iaakov a la ciudad de Shjem. Los ciudadanos de este poblado hicieron llegar la noticia al rey de allí, llamado Ieshub, quien envió mensajeros a Shjem para verificar la veracidad de las palabras de estos individuos, pues el mandatario no creía que dos hombres solos puedan destruir una ciudad tan grande como Shjem.
Los enviados fueron hasta el lugar, y cuando regresaron declaran que no han avistado allí ningún hombre, solo mujeres que lloran. Además agregan: “Tampoco ganado ovino y bovino hay allí, pues los hijos de Iaakov saquearon todo”.
El rey Ieshub se sorprendió mucho por este acontecimiento, pues no había sucedido una cosa similar desde los días de Nimrod (quien arrojó al patriarca Abraham a un horno de fuego), que dos hombres destruyan una ciudad entera, y no haya nadie que los pueda enfrentar.
El mandatario de Tapuaj da una arenga a todo el pueblo, y los invita a fortalecerse e ir en busca de los Hebreos, para pelear con ellos, y de ese modo, vengar la sangre de la gente caída de Shjem.
El rey toma consejo:
El rey se aconseja con todos su cuerpo de consejeros acerca de esta cuestión, y le responden: “No podrás vencer solo con las tropas locales a los Hebreos, ya que su poderío es demasiado grande, a tal punto que solo dos de ellos devastaron una ciudad completa. Si vas con el ejército de Tapuaj, todos los integrantes de ese pueblo se levantarán contra nosotros y nos exterminarán. Pero si envías llamar a todos los reyes que se encuentran en los derredores, uniendo fuerzas, entre todos podréis vencer a los hijos de Iaakov”.
El monarca oyó las palabras de sus consejeros, y envió mensajeros a todos los reyes Emorreos, cuyos reinados se hallaban en los derredores de Shjem, la ciudad devastada y Tapuaj, para que les soliciten: “Pliéguense a mi y ayúdenme a combatir a Iaakov el Hebreo y todos sus hijos, hasta exterminarlos, pues destruyeron la ciudad de Shjem, mataron a los hombres, y se llevaron todo el ganado ovino y bovino”.
Todos los reyes Emorreos escucharon las palabras de Ieshub, el rey de Tapuaj, las cuales describían todo el mal que habían hecho los hijos de Iaakov a la ciudad de Shjem. Por lo tanto se plegaron a él, los siete reyes Emorreos, con todas sus huestes, las cuales contaban en total con diez mil soldados armados con espada, que partieron para enfrentar a los hijos de Iaakov. En tanto oyó Iaakov que se congregaron los reyes Emorreos para pelear con sus hijos y sintió mucho miedo y aflicción. Entonces alzó su voz a Shimón y Levi y les preguntó: “¿Que es esto que han hecho?. ¿Por qué me hicisteis mal al traer hacia mi a todos los hijos de Kenaan para
destruirme a mi y a mi casa?. Pues yo y mi casa estábamos tranquilos, y ahora se congregaron contra mi todos los habitantes de la tierra por vuestro acto”.
Yehuda interviene
En ese momento interviene Iehuda y dice a su padre: “¿Acaso vanamente mataron mis hermanos Shimón y Levi a todos los pobladores de Shjem?. Fue por haber ultrajado Shjem a Dina, nuestra hermana, y por haber transgredido el precepto de nuestro Di-s, que ordenó a Noaj y sus
descendientes, no habiendo un solo varón en su ciudad que haya reclamado a él por proceder de esa manera. Por eso fueron mis hermanos y devastaron la ciudad, y los entregó Hashem en sus manos, al haber transgredido todos los habitantes el precepto de nuestro Di-s. Y ahora: ¿Por qué temes y por qué teme tu corazón por lo de nuestros hermanos?. Nuestro Di-s, Quien entregó en sus manos a los pobladores de la ciudad de Shjem, El entregará también en nuestras manos a todos los reyes que vienen por nosotros. Tú enaltécete por sobre ellos, no temas, solo confía en Hashem, nuestro Di-s, y órale a El por nosotros para que nos salve, para que entregue el enemigo en nuestras manos”.
Llamó Iehuda a uno de los siervos de su padre y le encomendó: “Ve por favor y fíjate donde se encuentran los campamentos de las huestes que vienen hacia nosotros”.
El siervo fue, subió al monte, y visualizó a lo lejos todos los campamentos de los ejércitos de los reyes dispuestos en el campo. Regresó a Iehuda y le transmitió la noticia.
En ese momento Iehuda dijo a todos sus hermanos: “Fortalézcanse y sean hombres de guerra, pues Hashem nuestro Di-s está con nosotros. ¡No teman, y ciña cada varón sus armas!”
Cada uno, ya sea grande, ya sea pequeño, ciñó sus armas, tanto los diez hijos de Iaakov, como así todos sus siervos, y también los de Itzjak, quienes llegaron desde Jevrón armados.
En total eran los hijos de Iaakov y sus siervos ciento doce hombres, y también Iaakov fue con ellos. Por su parte, enviaron a decir a Itzajk, su abuelo, quien se hallaba en Jebrón, que ore por ellos.
Al recibir el mensaje, Itzjak elevó su plegaria al Creador: “Hashem, Di-s: Tú aseguraste a mi padre: ‘Aumentaré tu simiente...’”.
Además, mientras se desplazaban para el combate, también Iaakov oró.
En ese momento, todos los reyes Emorreos se detuvieron en el campo para aconsejarse y decidir que hacer, pues aun temían por lo que habían escuchado, que dos hombres solos destruyeron toda la ciudad de Shjem.
Hashem siembra pánico:
Puso Hashem pánico y temor en los corazones de los consejeros de los reyes, y se conturbaron enormemente.
Por eso dijeron: “¿Acaso sois tontos?. Si no tenéis conocimiento de cómo combatir contra los Hebreos ¿Qué necesidad hay de morir todos el día de hoy?. Di-s deseó a ellos, El salvó a Abraham de Nimrod, inclusive cuando este lo arrojó al fuego. Además él derrotó a los cinco reyes de Eilam cuando tocaron a su sobrino Lot, porque Hashem deseó a ellos, y ellos desearon a Hashem, pues por amor de su Di-s, Abraham tomó a su hijo único para ofrendarlo como Holocausto, y Hashem le garantizó que salvará a su simiente de toda aflicción. Recuerden lo que hizo Hashem al Faraón y Abimelej cuando tomaron la mujer de Abraham. Y lo que Hizo cuando vino Esav con sus
cuatrocientos hombres para matar a Iaakov”.
Las palabras de los consejeros fueron aceptadas por los reyes, quienes ordenaron a sus tropas el regreso, y volvieron cada uno a su tierra sin siquiera una escaramuza.
En tanto, los hijos de Iaakov estuvieron montando guardia en el monte Shión hasta la noche, y vieron que no vienen los reyes a su encuentro, por eso, regresaron a su sitio.
La Torá narra a continuación el nacimiento de Biniamín, el doceavo hijo de Iaakov, y el fallecimiento en el momento del parto, de su madre Rajel. Posteriormente, se menciona también el deceso del patriarca Itzjak.
En tanto, la sección siguiente, intitulada “Residió”, declara en su inicio: (Bereshit 37: 1): “Residió Iaakov en la tierra de las peregrinaciones de su padre, en la tierra de Kenaan”.
Pero esta residencia sin mayores perturbaciones, no fue algo tan simple de lograr, ya que los Emorreos al comprobar que los hijos de Iaakov regresaron a la ciudad que habían destruido, o sea Shjem, para hacer pastar allí sus animales, decidieron tomar venganza de los Hebreos.
Pues, cuando (Bereshit 35: 27): “vino Iaakov hacia Itzjak su padre a (la ciudad de) Mambré en Kiriat Arba (Jebrón)”, en ese momento Iaakov tenía 105 años de edad, y hacía 9 años que residía junto a sus hijos en la tierra de Kenaan, tras su venida de Padam Aram, cuando viajaron Iaakov y sus hijos a Jebrón, y llegaron hasta la tierra de Shjem, pues hallaron allí buen pasto para su ganado.
En ese entonces...
Por entonces, Shjem había sido reconstruida, y vivían allí como 300 hombres y mujeres. Iaakov residió en el campo que había adquirido a Jamor, el padre de Shjem cuando venían de Padam Aram, antes de devastar Shimón y Levi la ciudad.
Escucharon todos los reyes que habitaban en los derredores, que regresaron los hijos de Iaakov a Shjem, entonces se reunieron nuevamente para pelear contra Iaakov y sus hijos.
Envió Ieshuv, el rey de Tapuaj por todos los reyes que residían en sus alrededores, Eilón, el rey de Gaash, Iheuri, rey de Sula, Piratón, rey de Jaser, Susi, rey de Sartón, Laván, rey de Beit Jorón y Sajir, rey de Majanima. Les mandó decir: “Vengan hasta a mi, y ayúdenme a destruir a Iaakov el Hebreo, sus hijos, y todos los que están con él”.
Tras escuchar el mensaje, se reunieron y conformaron un poderoso ejército tan numeroso como la arena del mar, y acamparon todos frente a Tapuaj, y se dividieron en siete regimientos
conformando siete campamentos.
Enviaron luego un pergamino a Iaakov y sus hijos diciendo: “Salgan a nuestro encuentro y tomaremos venganza por lo de Shjem”.
Los hijos de Iaakov recibieron el mensaje y se llenaron de ira, por lo que se apresuraron diez de ellos, junto a 112 siervos armados para la guerra y salieron a enfrentar a los reyes.
En tanto oró Iaakov por sus hijos a Hashem y dijo: “Salva Hashem merced a Tu gran piedad a mis hijos de manos del enemigo, pues en Tu mano hay fuerza y poder para salvar a pocos de manos de muchos, y así no perecerán mis hijos y siervos en manos de Kenaan. Solo que si Te parece bien tomar las almas de mis hijos y siervos, tómalas por favor a través de tus ángeles, y que no perezcan en manos de los reyes Emorreos”.
Fue cuando hubo acabado Iaakov de orar a Hashem, que se produjo un gran temblor en la tierra, y el sol se oscureció. Por tal razón sintieron pavor todos los reyes que se disponían a enfrentar a los Hebreos, y se hizo presa de ellos un pánico atroz, pues hizo oír Hashem una tremenda voz de carros y caballos y un poderoso regimiento que provenía de los hijos de Iaakov.
En ese momento sintieron mucho miedo los reyes ante los Hebreos, y el pánico penetró hasta el interior de sus entrañas, por lo que pensaron en regresar sin combatir, como lo habían hecho la primera vez.
Pero no tornaron, ya que dijeron: “Es humillante para nosotros regresar por causa de los Hebreos dos veces”.
En tanto los hijos de Iaakov se aproximaron a los reyes y vieron que son una multitud, como la arena que hay en la orilla del mar. Entonces invocaron los hijos de Israel a Hashem, y ciñeron sus armas, tras lo cual avanzaron para batallar.
Fue Iehuda hijo de Iaakov con diez siervos en primer lugar al encuentro de los reyes, e Ieshuv rey de Tapuaj, también salió en primer lugar montando su fuerte y poderoso corcel, junto a todo su ejército al encuentro de Iehuda.
Ieshuv era un guerrero muy valiente y su armadura de hierro y cobre estaba diseñada de manera tal, que cubría su cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, además lanzaba flechas con ambas manos, hacia delante y hacia atrás, y no herraba sus disparos, siempre acertaba en el blanco. Así fue que se aproximó a Iehuda, y lanzó en su dirección varias flechas, pero Hashem Hizo que las mismas giren, haciendo impacto en sus propios hombres y no toquen al hijo de Iaakov. Pese a ello, prosiguió acercándose Ieshuv, hasta quedar a una distancia de unos treinta codos (aproximadamente 15 metros). En ese momento alzó Iehuda una gran piedra del suelo, y corrió con ella hacia Ieshuv. Golpeó con la roca sobre la integridad de su enemigo, pero este colocó su escudo delante, aunque al recibir el impacto de la piedra, cayó de su caballo, y en esa acción, el escudo de Ieshuv se perdió de sus manos, y cayó a una distancia de 15 codos de él.
Los reyes que vieron de lejos la vigorosidad de Iehuda, se plegaron al regimiento de Ieshuv para atemorizarlo, entonces el Hebreo desenvainó su espada, y abatió con ella a 42 hombres, por lo que
huyó todo el regimiento de Ieshuv.
En tanto Ieshuv aun se hallaba caído en tierra, cuando contempló como todo su ejército huía despavorido, se apresuró a ponerse de pie, e hizo frente a Iehuda él solo. En la batalla, lanzó un golpe a la cabeza de Iehuda con su bayoneta, pero el hijo de Iaakov protegió su testa con su escudo, resultando el mismo partido en dos, por la fuerza del impacto.
Tras este embate, tomó Iehuda su espada, y asestó con la misma un golpe a Ieshuv en sus tobillos, luego le cortó sus pies, y su oponente cayó.
De inmediato asió la bayoneta de Ieshuv, y con la misma le succionó la cabeza, que arrojó al lado de sus pies.
Al apreciar los hijos de Iaakov todo lo que hizo Iehuda a Ieshuv, corrieron todos a los regimientos de los reyes, y abatieron de ellos quince mil hombres. Los restantes huyeron para salvar su alma. Reyes testarudos
Sin embargo, los reyes se mantuvieron firmes junto a sus ministros, y no huyeron.
En tanto Iehuda aun se hallaba frente al cuerpo de Ieshuv, a quien sustrajo su armadura, y los elementos de hierro y cobre que tenía sobre él, cuando nueve de los ministros de Ieshuv vinieron hacia él para enfrentarlo.
Iehuda se apresuró a levantar una piedra, con la cual golpeó sobre la cabeza de uno de ellos, partiéndosela, por lo que su cuerpo también cayó de su caballo a tierra.
Aconteció cuando vieron los restantes la vigorosidad de Iehuda, que huyeron despavoridamente. No obstante, Iehuda con sus siervos fueron tras ellos, les dieron alcance y los liquidaron por completo.
Levi, en tanto vio a Eilón, el rey de Gaash, quien se dirige junto a catorce de sus ministros para acabar con él. Entonces se aproximó junto a doce de sus siervos para enfrentarlo. En la contienda, Levi y sus hombres los mataron a filo de espada, sin dejar uno solo con vida.
Por su parte, Iehori, rey de Shilo, se acercó en dirección a Iaakov, por lo que el patriarca disparó con su arco, y acabó con él.
Sucedió tras el deceso de Iehori, que los cuarenta reyes restantes huyeron junto a sus ministros de su posición, acuartelándose finalmente en la ciudad de Jaser.
Pero los hijos de Iaakov fueron tras ellos, y acabaron con unos cuatro mil guerreros.
Mientras tanto, Iaakov tensó su arco, y disparó una flecha al cuerpo de Piratán, el rey de Jaser, quien cayó inerte al suelo. También eliminó a Susi, rey de Sartón, Laván, rey de Beit Jorón, y a Sajir, rey de Majanaim.
Batallaron luego los hijos de Iaakov con los ejércitos de los reyes, y derribaron en esta oportunidad, unos cuatrocientos combatientes.
Lamentablemente sufrieron bajas
Con respecto a todos los hombres restantes que aun se hallaban en la zona de combate, corrieron y derribaron el portón de la muralla de la ciudad Jaser, y se refugiaron y escondieron dentro de la misma, ya que era ella muy grande.
Velozmente los hijos de Iaakov se desplazan hacia ese lugar, y salen en ese momento cuatro imponentes combatientes, quienes se apostaron en el portón de entrada de la ciudad, y no los dejaron pasar.
Pero Naftali corrió hacia ellos, y golpeó a dos de los cuatro hombres con su espada, y les cortó la cabeza de un saque. En tanto, los dos restantes huyeron. Sin embargo los persiguió hasta alcanzarlos, y también los abatió.
Los hijos de Iaakov penetraron en la ciudad, y se toparon con una segunda muralla. Buscaron el portón de acceso, pero no pudieron hallarlo. No obstante, Iehuda de un brinco, subió a la cima, y tras él, lo hicieron sus hermanos Shimón y Levi. Los tres descendieron por el otro lado, e
ingresaron a la ciudad.
Shimón y Levi aniquilaron a filo de espada, a todos los que se ocultaban en la ciudad, y también a todos los residentes de la misma, mas sus mujeres y niños. El clamor de la ciudad ascendió al cielo.
Entonces saltaron Dan y Naftalí hacia la cima de la muralla, para saber acerca del clamor escuchado, pues temieron por sus hermanos. Al verlos, Shimón y Levi les señalaron la dirección del portón de la ciudad. Llamaron a todos sus hermanos, e ingresaron todos los hijos de Iaakov para tomar todo el botín de la ciudad de Jaser, y se retiraron de ese lugar en ese mismo día. Al día siguiente, los hijos de Iaakov fueron a Sartón, pues escucharon que los hombres que habían quedado en ese lugar, se habían preparado para atacarlos.
Esta ciudad estaba muy bien protegida, y su muralla era altísima, resguardada asimismo por una fosa en todos sus derredores, la cual tenía una profundidad de cincuenta codos (unos 25 metros), y un ancho de cuarenta codos (unos 20 metros). Asimismo, todos los pobladores de ese sitio eran recios.
Cuando los habitantes del lugar vieron a los hijos de Iaakov, sintieron gran temor, y no pudieron salir a enfrentarlos, pues oyeron sobre su fortaleza, y lo que hicieron a la ciudad de Jaser, por lo que replegaron el puente que conduce hacia donde vivía la población.
Los Hebreos buscaron el camino que lleva al interior de la ciudad, pero no lo hallaron. En tanto, los pobladores de ese lugar subieron a la muralla, e injuriaron y maldijeron a los hijos de Iaakov. Ellos escucharon los insultos, y enfurecieron en gran manera. Por tal razón, saltaron todos la fosa, y franquearon los cuarenta codos de ancho, merced a su tremenda vigorosidad, y quedaron debajo de la muralla de la ciudad, a la cual contornearon buscando un acceso, pero todos los portones