El pánico bancario y la Depresión alcanzaron su nivel máximo entre fines de 1932 y los primeros meses de 1933. La moral de los norteamericanos se situa- ba en niveles bajísimos, y el ocaso del Gobierno de Herbert Hoover enfrenta- ba grandes dificultades en un país virtualmente paralizado. En noviembre de 1932, cuando Franklin Delano Roseevelt –más conocido como FDR– gana la elección presidencial, el país se encontraba en una situación caótica. Su gobierno –que duraría hasta casi el término de la Segunda Guerra Mundial– enfrentaba serios desafíos, los que se resumían en la famosa frase del discurso inaugural del nuevo Presidente en marzo de 1933: “A lo único que debemos temer es al miedo mismo”.
El programa de recuperación económica de la nueva administración –conocido como el “Nuevo Trato” (New Deal)– tuvo tres grandes dimen- siones. Una primera parte apuntaba a potenciar los programas iniciados por Hoover de ayuda a los desempleados. La segunda dimensión consistía en un programa de recuperación económica que significaba un fuerte estímulo fiscal. Este plan, denominado National Industrial Recovery Act (NIRA), im- pulsó por una parte una serie de programas de gasto fiscal –especialmente en infraestructura y obras públicas– que pretendían compensar la caída en el consumo de los hogares y en la inversión de las empresas. Adicionalmente, el
NIRA buscaba introducir fuertes reformas en la economía, con restricciones
de precios, impulsos a la sindicalización e incentivos a empresas para que subieran sus salarios. Muchos de estos proyectos –cuyo objetivo era limitar la competencia en algunas industrias y aumentar los ingresos de las personas– fueron inicialmente declarados inconstitucionales, ya que limitaban fuerte- mente el accionar privado.
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La tercera dimensión del plan de Roosevelt estaba enfocada en solu- cionar el problema bancario que dominaba el escenario económico de Es- tados Unidos. Al día siguiente de su asunción, el Congreso aprobó una ley (Emergency Banking Act) que declaró un feriado bancario. Por primera vez en la historia, el sistema bancario de Estados Unidos se clausuraba y el siste- ma de pagos quedaba bloqueado. Al mismo tiempo, se anunció un plan que permitiría a los bancos abrir en la medida que tuvieran el capital necesario para operar. El objetivo de esta terapia de shock era dar confianza al mer- cado que se haría un análisis serio y rápido sobre la situación de los bancos, y que sólo abrirían aquellos lo suficientemente solventes. De esta manera, el dinero “saldría de los colchones” y volvería a los bancos, permitiendo la reactivación del crédito. Asimismo, en los primeros meses de 1933 el Presi- dente Roosevelt puso fin al “patrón oro”. En marzo se decretó la prohibición de realizar transacciones en oro y moneda extranjera, y al mes siguiente se anunció la confiscación de todo el oro en manos de los privados, pagándose 20,67 dólares por onza. Unas semanas después se dejó flotar el valor del dólar, cotizándose la onza de oro en el mercado entre 27 y 35 dólares hasta fin de año. Este periodo de flotación cambiaria duró hasta fines de enero de 1934, cuando a través de la ley Gold Reserve Act se fijó el valor de la onza de oro en 35 dólares, con lo que la moneda norteamericana caía más de un 40% en menos de un año. Esto le permitió a la Reserva Federal aumentar la cantidad de dinero sin necesidad de adquirir una cantidad adicional del metal dorado, otorgando a la política monetaria un grado de flexibilidad importante para cumplir un rol contracíclico.
Como parte de las medidas para reformar el sistema financiero, se in- trodujeron en 1933 y en los años posteriores una serie de leyes conocidas con el nombre de Glass-Steagall, en honor a los dos congresistas que las promo- vieron. Estas legislaciones fueron revolucionarias, y constituyeron las bases del funcionamiento del sistema financiero en Estados Unidos en adelante. Por una parte, se creó el seguro de depósitos en los bancos. La crisis financie- ra se caracterizó por un pánico que no distinguía entre bancos y, por lo tanto, la ley pretendía asegurar por parte del Estado un porcentaje de los ahorros a los depositantes con el fin de evitar que cualquier mala noticia produjera un desbande de depósitos. Esta legislación constituyó la primera gran regulación surgida de la crisis financiera. Este seguro, sin embargo, no era gratis, ya que los bancos debían mantener un porcentaje de sus depósitos en reservas en el Banco Central, con el fin de mantener un colchón de liquidez que permitiera enfrentar adecuadamente las necesidades de fondos de los depositantes.
Una segunda característica de estas leyes fue la creación del ente re- gulador Securities and Exchange Commission (SEC), dotado con poderes es- peciales para la regulación de los bancos; en particular, los requerimientos de reservas sobre los depósitos y estándares de transparencia en la entrega de información. Durante la crisis, la falta de claridad en el mercado sobre la solvencia de los bancos y la falta de información de sus carteras hicieron que el pánico no distinguiera entre instituciones con distinta calidad de activos. La creación del ente regulador bancario introdujo un cambio significativo en la organización de la industria.
Finalmente, la tercera dimensión del nuevo estatuto financiero fue otorgar a la Reserva Federal poderes para controlar estándares de crédito de los bancos y otras instituciones financieras no bancarias. En la práctica, esto significó segmentar el mercado financiero entre bancos –que estaban capaci- tados para captar depósitos de los ahorrantes y otorgar préstamos a empresas y hogares– y otras instituciones del sistema financiero, como los bancos de inversión, que no podían captar depósitos exigibles pero que podían tomar posiciones en activos financieros considerados más riesgosos. De esta mane- ra, se pretendía evitar que los bancos efectuaran operaciones consideradas especulativas. A cambio, se prohibió la entrada de bancos de inversión y otros agentes del sistema financiero al negocio de los bancos. Asimismo, las líneas de financiamiento de la Reserva Federal quedaron exclusivamente re- feridas a los bancos comerciales.
A partir de 1933, con nuevos bríos en el liderazgo político y una serie de reformas económicas y financieras, la situación económica comenzó a me- jorar. Luego de caer cerca de un 12% en 1932, la actividad industrial creció más de 19% en el año 193312. Sobre las causas de la recuperación ha existido un profundo debate, especialmente enfocado en la relevancia que tuvieron las reformas al sistema bancario y la eficacia de los planes de estímulo fiscal implementados. Aun así, es evidente que la estabilización del sistema finan- ciero y la ruptura del “patrón oro” fueron los elementos centrales en el quie- bre de tendencia experimentado a partir de 1933.
Menos dudas existen acerca de las causas de la demora en la recupe- ración del empleo. Muchas de las políticas del New Deal estaban enfocadas a proveer protección a las empresas a cambio de mantener altos salarios.
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Como ya mencionamos, algunas de estas medidas fueron consideradas in- constitucionales, pero finalmente lograron ponerse en práctica. La dificultad de los salarios reales para acomodarse a una situación cíclica más deprimida y a los altos niveles de desempleo de la época obstaculizó una recuperación con mayor empleo. Como plantea Ben Bernanke (2000), actual presidente de la Reserva Federal, en una serie de estudios realizados a mediados de los 1980s, el sorprendente e incompleto ajuste de los salarios a las condiciones de demanda durante la Gran Depresión es un elemento muy importante para entender la persistencia del alto desempleo.
La experiencia de la Gran Depresión ha marcado el debate económico por décadas. Este episodio es muy interesante en si mismo, no sólo por las repercusiones económicas en el mundo entero que de ella derivaron, sino también porque la estructura actual del sistema financiero y parte impor- tante del debate macroeconómico se gestaron ahí. El relato de la Gran De- presión refleja nítidamente y de manera bastante cruda los ingredientes que caracterizan a las crisis financieras que ha experimentado el mundo desde entonces. Las crisis están normalmente precedidas por un fuerte aumento en el endeudamiento, un alza sostenida en los precios de activos y bajas tasas de interés, y de una alta exposición de los bancos a riesgos macroeconómicos. Pero la experiencia de los 1930s muestra que es el pánico de los inversionis- tas acerca de la calidad de los bancos lo que produce la interrupción en el funcionamiento del sistema financiero y lo que agudiza los costos en empleo y producción.
La Gran Depresión es un punto de comparación natural con la crisis financiera del 2008, tanto por haberse producido en el centro del sistema fi- nanciero mundial, después de años de euforia y crecimiento, como por haber generado un congelamiento en la operación de los flujos de crédito en las principales economías del orbe.