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l descubrimiento de un Nuevo Mundo le permitió a la Corona Española comenzar a conformar un imperio de vastas proporciones que le dio mu- cha riqueza y poder. Tanto así que la conquista y posesión de América fueron determinantes para España en el logro de la hegemonía de Europa durante el siglo XVI y parte del XVII. Sin embargo, la concreción del hecho que dio ori- gen a este ciclo de grandeza siempre estuvo en duda. Nos referimos al primer viaje de Colón en 1492, empresa de larga gestación y difícil ejecución.Diez años trabajó Cristóbal Colón para convencer a alguien de finan- ciar el proyecto que le quitaba el sueño: encontrar un trayecto alternativo por mar hacia las apetecidas tierras de la especiería en Asia. Resulta asom- brosa su obstinación, pues siendo rechazado una y otra vez durante todo este tiempo no se dio por vencido en conseguir su propósito; no siempre las bue- nas ideas cubren las mentes de individuos adinerados. Por esto, Colón debió afinar metódicamente su proyecto hasta encontrar a alguien que estuviese dispuesto a aportar los recursos para su puesta en marcha. Por ese entonces, salvo alguno que otro comerciante rico, las Coronas de Portugal y España, más avanzadas en las exploraciones marítimas, parecían ser las únicas que podían interesarse en su proyecto. Después de trabajar astutamente en ga- narse la confianza y apoyo –en el caso de España– de religiosos cercanos a la Corona, especialmente de la Reina, Colón logró ser recibido por los reyes de Portugal y España.
Las reuniones de Colón con el Rey de Portugal y con los Reyes Ca- tólicos de España lo enfrentaron a un segundo gran escollo: convencer a sus potenciales financistas que su proyecto, aun siendo altamente arriesga- do, prometía retornos muy altos y atractivos. La factibilidad del proyecto
era incierta. Aun cuando Colón había estudiado bastante algunos mapas y escritos famosos de la época, las dificultades de hacer una travesía hacia oriente viajando por occidente, desconociendo distancias y condiciones, eran evidentes. Las comisiones de expertos encargados por los Reyes argumenta- ban que Colón subestimaba los riesgos de su empresa. Por lo tanto, la única manera de hacer atractivo el proyecto a las Coronas era ofreciendo un alto retorno, que pudiera no sólo compensar los costos, sino también entregar grandes fuentes de riqueza e incrementar los recursos para potenciar un im- perio en expansión. El convencimiento de Colón acerca de la viabilidad de su proyecto y de las riquezas que allí encontraría competía con las genuinas dudas de los Reyes y sus comités acerca de la confiabilidad del navegante, la probabilidad de éxito del viaje y las recompensas que de él derivarían. Varios autores argumentan, aunque no existe certeza de ello, que Colón sabía de la existencia de las tierras donde iba a arribar y la ruta que debía seguir porque un “misterioso” navegante se lo habría revelado antes de morir, información que –por cierto– mantendría en reserva.
La decisión de los Reyes presentaba un problema adicional. Las Coro- nas de Portugal y España estaban apremiadas por conseguir resultados rápidos y concretos en sus propósitos. La lucha por los descubrimientos marítimos entre ambas naciones era estrecha y, de momento, Portugal tenía la ventaja en sus avances bordeando el continente africano, de modo que seguía apos- tando por esa carta. A su vez, España estaba logrando éxito en su esfuerzo por erradicar a los moros de la península. Ambos motivos reforzaban las dudas de los Reyes sobre invertir recursos en un proyecto que, si era exitoso, vería sus frutos a mediano plazo, cuando las necesidades financieras de corto plazo eran urgentes.
Cuando las expectativas de conseguir financiamiento eran bajas, Co- lón encontró su recompensa. Mientras se aprestaba a viajar a Francia –para ver si lograba mejor suerte–, fue mandado a buscar por la Corona Española para firmar el contrato que lo llevaría a América. Si todo salía bien, Colón obtendría riqueza y grandes títulos mientras que los Reyes obtendrían nue- vas tierras, los tributos correspondientes de su explotación y sentarían las bases de un gran imperio. Se desconocen las razones de esta decisión, pero es posible que el buen ánimo de los Reyes Católicos luego de sus triunfos sobre los moros, la íntima convicción de Isabel en las ideas del navegante y las esperanzas por encontrar abundante oro fuesen parte de los motivos que finalmente hicieron posible el primer viaje de Colón. Ciertamente el viaje no
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fue fácil, pero su éxito abrió a los Reyes el camino para conformar un gran imperio “donde nunca se ponía el sol”.
Esta breve descripción de algunos aspectos del viaje de Colón hace más de 500 años da cuenta de la esencia del sistema financiero: quien tiene un buen proyecto no siempre cuenta con los fondos para ejecutarlo, y el sistema financiero es el nexo entre quien tiene una buena idea y quien tiene los recursos para financiarla. En el caso de Colón, la capacidad de contactar directamente a los Reyes y convencerlos de la factibilidad y rentabilidad de su viaje fueron claves para su éxito. Con el paso del tiempo, el desarrollo de intermediarios financieros más formales dio respuesta a estas necesidades. Los bancos nacen como resultado de los altos costos de juntar al emprende- dor necesitado de fondos con el ahorrante que está dispuesto a prestar ese dinero. En la medida que el intermediario tenga un tamaño suficiente para mantener sucursales de atención al público, departamentos de estudio y de- partamentos legales, podrá pedir prestado fondos (captando depósitos) para prestarlos (otorgando crédito) con costos sustancialmente menores que los incurridos con un contacto directo entre emprendedor y depositante. Más aún, la intermediación transforma en anónimo este contacto.
Una segunda característica del negocio de prestar es que existen asi- metrías de información. El potencial deudor conoce mucho mejor los riesgos y alcances de su proyecto que su potencial financista. Esto dificulta de ma- nera significativa el buen funcionamiento del esquema de préstamos, ya que ante la imposibilidad de observar nítidamente la calidad de cada proyecto, las mejores ideas tienden a ser castigadas y confundidas con otros proyectos de menor categoría. En este caso, los intermediarios financieros especializa- dos y con capacidad de analizar detalladamente cada proyecto de inversión, mitigan en parte estos problemas. En la medida que la información obtenida sea privada y no compartida con otros intermediarios, la especialización será mayor y el problema de asimetrías de información, menor.
Un tercer elemento presente en la historia de Colón es que las necesi- dades financieras de la Corona Española eran de mucho menor plazo que los tiempos prometidos en el proyecto. En caso de ser exitoso, la Corona demora- ría años en ver sus resultados, por lo que su inversión era de largo plazo. Pero al mismo tiempo, tenía necesidades de corto plazo como las relacionadas con expulsar a los moros de la península. Esta diferencia de plazos es un aspecto fundamental del sistema financiero. Las necesidades de los depositantes son mayoritariamente de corto plazo mientras que los proyectos de inversión son
mayoritariamente de largo plazo. El descalce de plazos –consistente en tener deudas de corto plazo y activos de largo plazo– es quizá el elemento que mejor representa la capacidad del sistema financiero de contribuir al crecimiento económico. En su ausencia, muchos proyectos rentables no obtendrían fi- nanciamiento.
Finalmente, una cuarta característica del sistema financiero en la ac- tualidad –que no está presente en la historia relatada– es que los fondos ofre- cidos por los bancos no son fondos propios, sino fondos prestados. Los Reyes tenían los recursos necesarios para financiar la totalidad del viaje, pero ese no es el caso de los intermediarios tradicionales, quienes prestan mayori- tariamente con deuda, y sólo un porcentaje menor de sus préstamos está financiado con capital propio. El apalancamiento de los intermediarios es una gran ventaja del sistema financiero, ya que permite alcanzar escalas de actividad mayores y potenciar las posibilidades de financiamiento de proyec- tos rentables.
Tanto el descalce de plazos como el apalancamiento son característi- cas fundamentales de los intermediarios financieros, y reflejan la esencia de su capacidad para generar riqueza. Al mismo tiempo, estas mismas caracte- rísticas hacen al sistema financiero particularmente frágil. Por una parte, el descalce de plazos hace que los bancos estén sujetos al vencimiento de sus deudas en el corto plazo en un contexto donde sus activos rinden frutos en el largo plazo. Si los activos no son fácilmente vendibles en el mercado, las necesidades de fondos pueden causar problemas de liquidez y hasta la quiebra de instituciones estructuralmente solventes. Por otra parte, el apalancamien- to desincentiva el buen manejo de los riesgos por parte del banco, ya que el riesgo de los dueños está determinado por el capital aportado. Estas deficien- cias justifican la regulación y supervisión de los bancos, y son cruciales para entender el desarrollo de las crisis financieras.