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El progreso tecnológico sesgado hacia las cualificaciones

Otro aspecto que preocupa a los estudiosos de las relaciones entre empleo y cambio técnico es la posible existencia de un sesgo de este último en favor de unos determinados colectivos de trabajadores. Aludo concretamente a si se produce un cambio técnico sesgado en favor o en contra de los trabajadores cualificados o no cualificados156.

La idea que subyace a esto (Castillo y Jimeno (1997), pág. 214) es que si se admite que el progreso tecnológico, ya afecte a productos, ya a procesos, y el capital humano son factores complementarios, el avance técnico afectaría positivamente a la demanda de trabajo cualificado y negativamente a la demanda de trabajo no cualificado. Se entiende que el trabajo cualificado es aquél que incorpora capital humano. Dicho de otro modo, el progreso técnico sería complementario del trabajo cualificado y sustitutivo del no cualificado.

En consecuencia, en las tradicionales clasificaciones del cambio técnico como ahorrador de trabajo, habría que distinguir entre trabajo cualificado y no cualificado, entendiendo que lo más probable es que fuera ahorrador de trabajo no cualificado.

Si esto es así, los efectos del cambio técnico sobre el trabajo dependerían, por tanto, de su grado de cualificación, y también de cómo se determinen los salarios, por las razones que después se explicarán.

Castillo y Jimeno, en la referencia indicada, proponen un modelo de progreso tecnológico sesgado en favor de los trabajadores cualificados y estudian cuáles serán las repercusiones de ese progreso sobre el nivel de empleo y los salarios de cada uno de esos dos grupos de trabajadores157. Se entiende por progreso tecnológico sesgado en favor de la cualificación aquél que aumenta la productividad marginal de los trabajadores cualificados y que es sustitutivo del trabajo no cualificado. Nótese que estas dos últimas proposiciones participan de lleno en la percepción neoclásica del mundo: por un lado se va a poner en relación las retribuciones de los asalariados con la productividad y se va a suponer la sustituibilidad entre trabajo no cualificado e innovaciones que son complementarias del trabajo cualificado, esto es, del capital humano. Las conclusiones del modelo refuerzan su adscripción neoclásica, como luego se verá.

156 Aunque se trate de una cuestión diferente, ya Piore observó hace décadas que la tecnología empleada

por las empresas era una de las causas de la dualización del mercado de trabajo. Véase Piore (1983a, 1983b).

157 En realidad su propósito es empírico, puesto que estudian el caso de España. Aquí, sin embargo, me

El modelo, que parte de funciones de producción CES para las empresas, se plantea en dos escenarios diferentes, uno de competencia perfecta y otro con rigidez de salarios, provocada ésta por razones institucionales, como el proceso de negociación colectiva. Una vez más, los responsables de toda rigidez en el mercado son los sindicatos cuya existencia y acción impide a las fuerzas del mercado realizar sus ajustes. Veamos las conclusiones a las que se llega en ambos escenarios.

Cuando la estructura del mercado de trabajo es la competencia perfecta, el progreso tecnológico sesgado en favor de la cualificación aumenta la dispersión salarial. Lo cual era previsible. Si por definición el progreso sesgado eleva la productividad del trabajo cualificado, lo que sucederá es que los salarios de los trabajadores cualificados se incrementarán y los de los no cualificados quedarían igual si su productividad no variase. Pero como es probable que la demanda de trabajo no cualificado decaiga, así también sus salarios si la oferta no varía. Esto abre el abanico salarial. Los trabajadores no cualificados mantendrán su empleo a costa de percibir un salario menor. En este caso, los efectos del progreso tecnológico sobre la dispersión salarial sólo pueden compensarse con un aumento de la oferta relativa de trabajadores cualificados (op. cit., p. 219). Aquí aparece el mecanismo de compensación típicamente neoclásico de la reducción de los salarios, sólo que exclusivamente para los trabajadores no cualificados. Si los salarios de estos últimos son flexibles a la baja no se producirá desempleo tecnológico.

El segundo escenario implica rigidez de salarios. En realidad se supone que el mercado de trabajo cualificado sigue siendo perfectamente competitivo, pero el salario de los trabajadores no cualificados se determina mediante negociación colectiva con un resultado de rigidez158. Así, el progreso tecnológico sesgado en favor de la cualificación aumenta la dispersión salarial, aunque menos que en el escenario anterior. Como es lógico, por la misma razón que antes, los salarios de los cualificados se incrementarán, pero los de los no cualificados se reducirán menos que en condiciones competitivas. Luego el abanico salarial se abre, pero menos. Como segunda conclusión, disminuye el nivel de empleo o aumenta la tasa de paro de los trabajadores no cualificados. Es decir, el ajuste que no se puede hacer por precios se realiza por cantidades.

Se ha visto, pues, cómo los efectos del progreso técnico sesgado en favor de la cualificación dependen de los mecanismos de determinación salarial. Ahora bien, este modelo no explora la dinámica o la evolución de la oferta del trabajo tanto cualificado como no cualificado. Es lógico suponer que si el horizonte temporal considerado se amplía, ceteris paribus, es probable

158 Este doble supuesto parece como mínimo un poco forzado. Una visión algo menos rígida de la realidad

sugiere que precisamente tiende a ocurrir lo contrario. Normalmente, los trabajadores internos, que poseen y ejercen su poder de mercado en la negociación colectiva, tienden a ser más bien trabajadores cualificados, mientras que los externos, los que deben afrontar las condiciones más competitivas, suelen ser los menos cualificados.

que parte de la oferta no cualificada tenga incentivos para adquirir cualificaciones, pese al coste de ese proceso. En efecto, puede ser una forma tanto de incrementar su nivel de ingresos como de encontrar empleo, en el caso de que los salarios sean rígidos. Aquí es significativo el papel que puede jugar la política económica, el sector público como oferente --productor o proveedor-- de cualificaciones.

Dentro de esta línea de investigación acerca del cambio técnico sesgado hacia el trabajo cualificado, en Berman y Machin (1995) se ofrece un trabajo empírico aplicado a diversos países. Sus conclusiones más interesantes son (vid. pág. 205 y s.):

1. Existe evidencia empírica relacionada con la hipótesis de que los cambios observados hacia un incremento en el uso de trabajadores de “cuello blanco” en muchos países ha sido ampliamente inducida por la introducción de diversos cambios técnicos sesgados a favor de la cualificación.

2. En EEUU y el Reino Unido, la mayoría del cambio hacia el empleo de trabajadores de “cuello blanco” ha ocurrido DENTRO de un sector más bien que ENTRE sectores. Esto parece inconsistente con cambios en la demanda de productos que reasignan trabajo proveniente de sectores que requieren bajas cualificaciones hacia los que las exigen altas. Pero sí resulta consistente con la idea de que el cambio técnico sesgado en favor de la cualificación ha modificado la composición intraindustrial del empleo.

3. Hay evidencia empírica para esos dos países de que cuanto más avanzado es tecnológicamente un sector, tanto más susceptible resulta de experimentar mayores cambios hacia el trabajo de “cuello blanco”.

4. A partir de datos provenientes de once países, entre los que se cuenta España, se demuestra que en los once se ha producido un cambio hacia el empleo de trabajo de “cuello blanco” y que la mayor parte de esos cambios se han producido dentro del mismo sector (para España el porcentaje del cambio dentro del sector es de un 84 %, para el período 1968-90).

5. Se da el caso de que para la mayoría de los países considerados --aunque no para España--, los cambios intraindustriales están correlacionados positivamente entre países, lo que sugiere que esa tendencia creciente de las cualificaciones ha estado ocurriendo en los mismos sectores en los diferentes países. Es decir, hay una cierta homogeneidad en el comportamiento sectorial en muchos de esos países en lo tocante al tema que aquí se trata.

Todos estos resultados son muy consistentes con la noción de que el cambio técnico sesgado hacia la cualificación que se ha producido en puestos de trabajo y sectores similares en varios países ha ejercido un impacto asimismo similar en la estructura del empleo en esos países.

Como conclusión general a este apartado, señalaré que para algunos autores el cambio técnico reciente y especialmente el ligado a las tecnologías de la información y la comunicación está sesgado hacia el trabajo cualificado (vid. por ejemplo Freeman y Soete (1997), pág. 402), con

las repercusiones negativas que ello puede generar en las personas y colectivos que posean más dificultades para la adquisición de cualificaciones y/o para su reciclaje profesional.