2.5 Cierres de siglo
3.1.2 El proyecto Genoma: tipología de matrices diferenciadas
Desde la relectura de la historia de esas experiencias y conceptos se construyeron ocho dimensiones de observación: el inicio y motivaciones del modelo, sus inspiraciones y vínculos político-filosóficas, los nombres de auto-referencia, sus enemigos públicos, meta societal, intensidad del cambio deseado, localización social; y las estrategias priorizadas.
Desde la combinación de estos elementos, se pudo generar un mapeo de tipos identificados: a) revolucionarias y revolucionarias integradas, b) educacionales, c) democrático-liberales, y d) liberales- integrados y e) auto-interesadas.
a) Revolucionarias
Apropiaciones comunicativas que enfatizan el cambio estructural, y son parte de luchas sociales más amplias. Los primeros medios fueron creados para fortalecer las luchas revolucionarias en el principio del siglo pasado. Reúne una amplia variedad de grupos de inspiración anarquista, socialista y comunista herederos de las experiencias de los movimientos obreros tradicionales. Históricamente, fueron duramente reprimidos y exterminados. Ahora enfrentan el desafío de rehacerse. Tienden a nombrase como colectivos, guerrillas o comunas, y priorizan la autogestión. Evocan al enfrentamiento subversivo y la contraposición radical al orden dominante. Sus enemigos son el propio sistema capitalista, y los regímenes políticos que lo sostienen. La intensidad del cambio en esa contestación es radical. No sería demasiado imprudente afirmar que experiencias como ANMCLA o IndyMedia se acercan a este tipo.
132 a.1) Este grupo se subdivide en los revolucionarios integrados, que optan por vincular sus luchas a la toma del Estado. Se generaron en los modelos del principio del siglo de los gobiernos de izquierda y proyectos revolucionarios, y tienden a vincular la política comunicativa con los instrumentos de propaganda cultural del partido y de los sindicatos. Tienden a ser monopolizadores, centralistas, y hasta más monolíticos que el modelo de monopolio privado por su función prioritaria de adoctrinamiento de las masas. En su reto de formar una nueva hegemonía, cuando llegan al poder expresan la limitación del concepto de Gramsci de no diferenciar sociedad civil de sociedad política, por lo que se mezclan a la acción estatal y se les pone en jeque los criterios de autonomía e independencia imputados como diferenciales de los medios alternativos.
El medio cubano Juventud Rebelde se nos puede servir como ejemplo para entender ese carácter relacional y dinámico de la definición de un medio alternativo. Si en el escenario internacional el periódico del Movimiento Juvenil Cubano es parte de los movimientos de resistencia y contraposición al modelo de comunicación e información capitalista-hegemónico-mundial, en el ámbito nacional él es parte de la estructura cultural que compone la hegemonía política local. Así que su relación intrínseca con el Estado define su situación de un medio revolucionario integrado, que le pone como contrapuesto al modelo privado protagónico. Pero esa situación lo pone en una situación diferenciada de los otros medios alternativos.
Más contemporáneamente, pueden servir como clave de lectura para entender grupos contrahegemónicos considerados más radicales o sectarios, vinculados muy estrechamente a los gobiernos de las nuevas izquierdas.
b) Educacionales
Se refiere a los usos alternativos de la comunicación como propuesta de formación y movilización popular. Se vinculan prioritariamente a la dimensión idealista del paradigma de la transformación, aunque también apunten a necesidades de cambios estructurales. Nacieron con las experiencias emancipadoras insertadas en la propuesta de la Teología de la Liberación en América Latina. La atención a los marginalizados y excluidos acercó esas iniciativas hacia las luchas sociales rurales, barriales y obreras, principalmente en los años de represión de las dictaduras. El enemigo, que en un primer momento era el Estado autoritario, se desplazó hacia la noción difusa de combate a las desigualdades sociales, a veces personificado por el imperialismo norteamericano. Su identidad está
133 muy vinculada a la idea de movimientos populares, de base, o comunitarios, lo que lo aproxima a las luchas obreras revolucionarios. Pero sus prácticas de gestión interna tienden a optar por la propiedad privada y control directivo institucionalizado y jerárquico. Se acercan más a mecanismos de negociación que de protesta. Son subalternos, y su meta societal afirma ideales de justicia, igualdad y derechos. Tienden a acercarse a la incidencia en políticas públicas, lo que en la contemporaneidad los aproxima a las matrices democrático-pluralistas.
El modelo iniciado por el ININCOS en la Venezuela de los años setenta también parece se acercar a ese diseño, al plantear la construcción de medios públicos y comunitarios participativos desde el marco de las políticas públicas. Más contemporáneamente, podríamos vincular estos medios con iniciativas como la de ALER, la Red Fe y Alegría, así como muchas de las emisoras que inspiraron a la FARCO y de la ERBOL.
c) Democrático-pluralistas
También se vinculan al paradigma de la transformación desde su dimensión idealista. Buscan correlacionar la apropiación subalterna con los valores que sostienen el Estado de derecho y la democracia. Filosóficamente se acercan a las renovadas teorías del liberalismo igualitarista y de radicalización democrática, apostando por los valores democráticos como meta social. Pero se sospecha que esa línea se subdivide en dos generaciones.
Una primera, que se constituyó en los procesos de redemocratización en países como Brasil y Argentina y México, y buscan evocar valores de militancia y articulación de frentes amplios en contra del difuso y fantasmagórico enemigo de la dictadura. Se afirman en valores como participación y democracia, y tienden a optar por prácticas institucionalizadas de negociación e incidencia en políticas públicas que enfatizan las conquistas pragmáticas posibles, la “guerra de guerrillas”, las alianzas estratégicas con actores externos puntuales. También ocupan una localización social subalterna pero no antagónica, y es más cercana a las esferas del poder que a los movimientos de resistencia.
El FNDC en Brasil es un ejemplo claro de esa generación de organizaciones comunicativas inspiradas en el marco de la redemocratización. En Argentina, podríamos ubicar las emisoras surgidas con las organizaciones de derechos humanos, como la Radio de las Madres de la Plaza de Mayo.
Una nueva generación, ya establecida en tiempos de democracia institucionalizada, busca legitimidad en los marcos legales. Pero su referencia a la legalidad busca afirmar la promoción, garantía y ampliación de derechos, en especial del derecho humano a la comunicación como una demanda
134 específica. En general, apelan a la noción de ciudadanía y de esfera pública, y se distinguen del Estado y del Mercado, asumiéndose como representación de la Sociedad Civil. Su enemigo tiende a ser identificado con el modelo neoliberal y la concentración mediática. Las emisoras vinculadas a AMARC, el Colectivo Intervozes en Brasil, en Venezuela la organización no gubernamental Espacio Público y los Observatorios de Derecho a la Comunicación son algunos de los ejemplos de este grupo. Otra variación de esta categoría son los actores que apelan a los argumentos de la democracia, de los derechos y del pluralismo, pero desde la noción multiculturalista de afirmación de las diferencias. Los movimientos de media étnica o de derechos sexuales se acercan a ésta. En general, no se diferencian demasiado de la generación más reciente del pluralismo-democrático, sino que enmarcan su lucha mediática a partir de otras demandas identitarias. En general se apoyan a La Red de Emisoras Indígenas en Argentina son ejemplo de ese marco organizativo.
d) Liberales-integradas
También se vinculan a los ideales liberales igualitaristas, a la defensa del derecho y de la libertad de expresión, y al uso social de las nuevas tecnologías. Pero se alejan del paradigma de la transformación, tanto en su dimensión idealista, y principalmente de la estructural, pues su meta societal se limita a conservación y mejoría del orden establecido. Así, estarían mejor ubicados como defensores del paradigma de la integración sistémica.
Sin embargo, tienden a confundirse con los otros actores, en especial los que utilizan el término de Sociedad Civil. Se presentan bajo la forma de organizaciones no gubernamentales, fundaciones, institutos, asociaciones civiles, etcétera y, en general, son la representación de los intereses de los grupos de poder hegemónico. Su capacidad contestataria al modelo hegemónico privado es limitada, o casi nula, tendiendo a la defensa conservadora y reaccionaria.
Sus enemigos son los impulsores de cambios en el status quo, y su defensa de la libertad de expresión tiende a legitimar y fortalecer las prácticas dominantes y no se identifican en una posición subalterna. Pero en el discurso de apelación a los derechos tienden a mimetizarse y confundirse con las representaciones y luchas democrático-pluralistas. El Instituto Milenio en Brasil, la Fundación Televisa en México, e iniciativas de Inclusión Digital de la UIT son expresiones de ese tipo.
e) Auto-interesadas
Reconoce que parte de las apropiaciones subalternas de la comunicación reivindican un potencial libertario limitado a intereses segmentados de grupos específicos o actores individuales. También
135 tienden a evocar los principios de un liberalismo económico, pero visto a partir de los sectores no hegemónicos. Generalmente, actúan en sectores periféricos, como lo de las radios comunitarias barriales de uso comercial.
Estos usos fomentan una gran base demandante de transformación en la distribución de la propiedad mediática, atacan al eje del negocio de medios pues disputan audiencias. En gran medida promueven más pluralismo en la operación del espectro, y sufren mecanismos de represión, lo que lo vincula a los otros actores de la dimensión estructural del paradigma de la transformación. Pero esa cercanía, no significa una relación con la dimensión idealista de cambio, ni objetivos colectivos y sociales más amplios.
Tienen dificultad para generar una identidad colectiva articulada, y reaccionan de manera fragmentada, o buscan establecer puntos de contacto y acuerdo con otras matrices, con las cuales se mezclan, camuflan, confunden. Aún son pocas y recientes las que se denominan pequeñas y micro empresas comunicacionales, pero ya se registran, por ejemplo, asociaciones específicas de “medios comunitarios empresariales” en Brasil y Argentina.
Como síntesis de esa construcción embrionaria, se presenta el cuadro siguiente:
Cuadro 3.1
Tipología de actores de la lucha comunicativa
Matriz Revolucionarias EducacionalesDemocrático-
pluralista Liberales integradas Auto- interesadas Inicio 1920-1960 1960-1970 1980-2000 Primera década del siglo XXI Primera década del siglo XXI
Inspiració n Política Anarquismo, comunismo, socialismo CEBS, Teología de la Liberación Radicalización democrática, y liberalismo igualitario y multiculturalista Liberalismo Económico Liberalismo Económico
136 Auto- referencia Movimiento social, guerrillas y colectivos Movimiento popular, social y alternativo Sociedad civil y frentes democráticas Sociedad civil, Ciudadanos Sociedad civil Enemigos El capitalismo y/o el imperialismo La desigualdad y el imperialismo El neoliberalismo y el imperialismo Fallas sistémicas y cambios La concentración oligopólica Meta societal Refundación Justicia e igualdad Esfera pública democrática Manutención del orden Solvencia económica
Cambio Radical Reforma Reforma Nulo/Conserv
ador
Reacomodo
Localiz. social
Antagónica Periférica Periférica Hegemónica Periférica
Táctica y estrategia
De conflicto Negociación Negociación Imposición conservadora
Negociación
Fuente: Elaboración propia
3.1.3 Hormigas híbridas
Esta diversidad de combinaciones ilustra las variadas composiciones organizativas y programáticas que parece indicar el hecho de que, aunque todos esos medios comunitarios sean excluidos de la propiedad mediática, no es suficiente para lograr una unidad orgánica, ni estratégica. Parece que aún son significativas las herencias filosóficas, las trayectorias y aprendizajes de esos actores para la conformación de sus mecanismos y dinámicas de alianzas y articulaciones internas. Son ellos los que definen la posibilidad de interaccionar, establecer objetivos comunes y definir estrategias de representación colectiva.
En su lucha por los cambios reglamentarios significativos, esos grupos negocian internamente sus puntos de convergencia, definen los adversarios y parceros, y establecen metas colectivas. Pero para eso, necesitan establecer dinámicas de cercanía. Aún que en eses procesos pueden interferir otros
137 factores, como liderazgos y estructuras organizativas, las alianzas internas sólo parecen ser posibles cuando prevalecen más similitudes que diferencias de retos y objetivos.
En la interpretación de los tipos expuestos en el cuadro síntesis, podemos inferir que es más posible que las hormigas de tipo democrático-pluralistas se identifiquen entre sí, y quizás establezcan mecanismos de alianzas con las educacionales, las que por su visión moderada tienden a establecer articulaciones más amplias, con segmentos variados. Ambos comparten base filosófica, la posición social, tienen enemigos comunes y proyectos societales cercanos. Esas parecen ser tipos de hormigas que tienden a desarrollar más alas, buscando la concretización de sus ideales utópicos en medio a un ambiente inhóspito, lo que parece tornarlas más susceptibles y vulnerables a las intemperies, pero que en contextos favorables les puede ayudar a aventarse a vuelos inimaginables.
Ya las revolucionarias, a depender del tipo, pueden establecer lazos provisorios con esos grupos. Pero su proyecto más amplio de cambio social les exigirá comportamientos más sesgados. Esas hormigas desarrollaron dientes afilados que buscan devorar las estructuras anteriores, y a veces parecen promover el canibalismo.
Cuanto más comprometidas con un proyecto de poder y la construcción de una nueva hegemonía estrictamente vinculada a esa visión, más se alejaran de las nociones y grupos de inspiraciones plurales. El alejamiento de otros pares sociales cercanos es aún más radical en las revolucionarias integradoras. Su opción por vinculación con el proyecto de toma del Estado, se les genera dientes afilados que se les dificulta la relación con otros grupos. Eso explicaría algunos comportamientos más aislados, como sectores revolucionarios en Venezuela, apuntados como casos de cooptación.
Entre las supuestas hormigas, están también camufladas otras especies que provienen del paradigma de la integración sistémica. Su interés no es mover, tampoco devorar al niño. Al revés, es cuidarlo. Son adeptas, defensoras y dependientes del orden dominante, tampoco pueden ampliar sus lazos para ir más allá de actores afines.
Otros seres de difícil clasificación son los autointeresados, los cuales obedecen a las alianzas que les permita conquistar sus objetivos al menor costo, independiente de la posición ideológica. Así que son seres de interés privado mimetizados y con comportamiento de parásitas ante las luchas colectivas. Se identifica así que no hay un compromiso a priori o innato de defensa de “otra comunicación”, ni una categoría única bajo la cual se identifiquen a todas las hormigas. En ellas se diluyen diferencias conceptuales y estratégicas. Es importante rescatar la historia, la auto-definición y las prácticas de esos grupos a fin de comprender esas distinciones que sostienen las principales luchas en el continente. La
138 hipótesis es que esos orígenes diferenciados son la base de las disputas internas y de las barreras para la generación de un movimiento latinoamericano unificado.
Como el debate del tema de medios comunitarios parece, desafortunadamente, lejos de un final a corto plazo, lo que se vislumbra es la necesidad contemporánea de construcción de la plenitud del potencial comunicativo evocando y reivindicando la unidad estratégica consciente para la construcción de un paradigma de la transformación integral y radical. Integral porque incorpora tanto horizontes ideológicos lejanos, que acercan los usos y productos comunicativos alternativos a valores construidos en luchas sociales y que representan conquistas de toda la humanidad, y las necesidades estructurales de cambio como condición sine qua non para la realización del proyecto de cambio. Radical porque estaría comprometida, en profundidad, con la búsqueda de proyectos de comunicación y sociedad radicalmente asentados en los valores utópicos establecidos. Pero la composición de qué valores prioritarios serían ésos vendría a ser definida en los acuerdos y alianzas articuladas por los actores marginales.
Las vueltas históricas hacen del escenario de la lucha en defensa del potencial de la comunicación un universo polisémico, altamente dinámico y en ocasiones contradictorio, en el que es necesario ir más allá del lado aparente. Para retomamos la diferenciación de las especies presentada en el capítulo I, recordamos el concepto de las hormigas a partir de la idea de lucha de clases:
En el escenario de la concentración mediática oligopólica, el actor privado conglomerado se configura como el enemigo hegemónico en torno al cual se articulan los enfrentamientos opositores. Pero la intensidad de su discurso de oposición y de identificación del actor privado, como antagonista, presenta variaciones al depender de la harina filosófica que constituye la base de y del contexto político de la vuelta de la tortilla. Una variación que también se presenta en relación con las opciones de alianzas políticas externas, como su cercanía o distanciamiento con el Estado. Donde ése se pretende como la nueva hegemonía, la tendencia es la división interna de los actores subalternos y su polarización entre los dos opositores poderosos (el Estado y el Mercado). Este juego de interacciones sitúa la lucha comunicativa en un determinado momento histórico que define las tensiones y opciones estratégicas de los grupos comunicativos como una acción dinámica, dialéctica.
Las Hormigas de Macondo son los actores plurales que se articulan de manera dinámica desde la posición de excluidos de la propiedad de los medios para su apropiación subalterna y promoción de cambios en el modelo hegemónico de explotación y regulación mediática.
139 De manera general, la capacidad de efectuar el cambio depende de la habilidad de transmutar sus demandas y proyectos particulares en una acción colectiva, ampliando sus cadenas de alianzas desde procesos dinámicos y complejos de articulación y negociación interna (Diani y McAdam, 2003).
Esa postura epistémica busca romper con las concepciones que determinan un sentido idealizado, utópico, de las luchas comunicativas. Las hormigas son productos de los contextos históricos, sociales, políticos y económicos concretos. Independiente del nombre que utilicen, cada práctica expresa síntomas de insatisfacción e indicios significativos de nuevos conflictos sociales. Los modelos de lucha se definen en procesos complejos y dinámicos entre pares con intereses convergentes, heterogéneos, que operan juegos de articulación internos de sus demandas subalternas.
Por otra parte, el rescate de la perspectiva de lucha de clases busca enfatizar la unidad básica de lucha entre ellos. Es importante comprender que todos representan la diversidad regional, aun que ni todas esas respuestas hacen parte de las mismas luchas, y ni todas son embriones de resistencia y transformación social. Pero también es fundamental enmarcar cuáles están comprometidas con la generación otros modelos de comunicación.
Como nuestro interés es la acción de esas hormigas híbridas y mutantes en la primera década del siglo XXI, es importante tener en cuenta que la definición del contrahegemónico se hizo en relación al escenario neoliberal. Así que vamos a los procesos de construcción de esa reacción al proceso de homogeneización del neoliberalismo.