El nacimiento de la historia de amor entre el Estado y los medios de comunicación estuvo inserto en el conturbado período entre la primera y segunda mundial, momento de auge de la mayor crisis económica del capitalismo norte-americano, de explosión de la alternativa comunista, y de ascendencia del fenómeno nazi-fascista. Este contexto turbulento e indefinido enmarcó la emergencia del uso masivo de la comunicación y de sus políticas regulatorias.
Los conceptos y modelos de explotación y regulación de la radiodifusión reflejaban una multiplicidad de diseños y la experimentación de modelos de explotación. Se oscilaba entre la centralidad y control estatal directo, cuyo ejemplo más extremo es el Ministerio de las Comunicaciones y Propaganda de Hitler, y la acción privada que tuvo como principal referencia la Industria Cultural estadounidense. Esa diversidad de las políticas y modelos de la radiodifusión reflejaba los primeros embates de la constante tensión capital/Estado por el privilegio de la explotación económica y política de la mercancía audiencia. La adopción de modelos regulatorios pasó a depender de las correlaciones de fuerzas internas y de la conjetura internacional, y esos dos factores influyeron en la definición del diseño de explotación. En Europa prevalecieron los “sistemas públicos de comunicación”, con privilegio de la función de propaganda e intervención estatal; en los regímenes de inspiración soviética el control estatal único asumió la dirección: y la dinámica en EUA fortaleció el modelo de explotación comercial y la acción regulatoria reducida.
Con el avance de los años, los modelos que se establecieron fueron: el británico que optó por generar una variedad de organismos especializados como la British Broadcasting Corporation (BBC), con relativa independencia e inversiones estatales; y el francés, que adoptó una formalización institucional
65 centralizada en un Ministerio de la Cultura dirigido a la protección cultural (Bustamante, 2005: 245). Ya en los Estados Unidos imperó el privilegio de la función de la publicidad, y con ella, la idea de la reglamentación pública con vistas a la orientación y el fomento de la explotación mercantil en el sector encargado de la publicidad y de la propaganda imperialista (Smythe, Schiller, McChesney, 1995). En ese país la definición del modelo se dio a finales de los años treinta, entre el interés público y la explotación comercial. El Communications Act 3418 creó la Federal Communications Commission (FCC), fue el primer espacio político regulatorio dotado de relativa autonomía institucional (Ramos, 2007). Pero esta medida también firmó la opción norteamericana por una acción estatal reducida y conformó el modo mercantil privado como la base conceptual y práctica de la tradición que vendría a ser la referencia hegemónica mundial contemporánea (McMahon, 1958; Paglin, 1989; McChesney, 1995).
La definición del modelo estadounidense fue central en la opción latinoamericana. Pero en Macondo, el enamoramiento entre la radiodifusión y el Estado no obedeció a ninguno de esos modelos de manera rígida. Aquí, el período de experimentación fue bastante corto, y en poco tiempo predominó la explotación privada. Sin embargo, la iniciativa privada en ese diseño logró equilibrar de manera muy armónica sus intereses y privilegios con la intervención estatal. Juntos, iniciaron una historia marcada por un raro modelo normativo altamente controlado y poco regulado (Fox y Waisbord, 2002).
2.1.1 El romance amateur y despistado de Argentina
La discusión inicial del modelo de explotación en Argentina empezó con la primera transmisión de radio del continente, en 1920. Ese momento fue marcado por el pionerismo amateur de la iniciativa privada, una relativa liberalización del sector, y una acción estatal tímida hacía un negocio de “alto riesgo” y de sustentabilidad indefinida.
La madurez económica llegó al final de los 20, con el show y entretenimiento, firmando el modelo de financiación publicitaria. La expansión del negocio fue acompañada de sucesivos decretos indicativos (1922; 1924; 1925; 1928) que buscaban normativizar la actividad.
18 Instaurada en el gobierno del demócrata Roosevelt, la medida sustituya a la antigua Federal Radio Comision, que legalmente estaba
destinada a la promoción de un servicio público, de carácter no comercial y de cuño más educativo, pero que sin embargo fue negociada por el Departamento de Comercio. Tras un intenso debate legislativo, la solución encontrada fue la creación de un órgano relativamente autónomo, pero que en la práctica significaba la victoria de la explotación comercial en detrimento del modelo público. Sólo en años posteriores el Estado Norte-Americano retoma las acciones directas en el sector, generando un complejo conjunto de comunicación pública. (Sivaldo, Intervozes: 2009)
66 En 1929, tras los primeros gobiernos radicales y a las puertas del primer golpe de estado, el país creó la primera reglamentación nacional, integral y exhaustiva para el “broadcasting”. Su texto más restrictivo era reflejo de las preocupaciones estatales en relación a la popularización del medio y a las demandas crecientes de los empresarios por lograr mayor tranquilidad para la explotación.
La presión de los radiodifusores por reconocimiento legal era fruto de las constantes peleas por financiación entre un desarrollado medio y el nuevo sistema electrónico. El sector emergente buscaba establecerse dando pruebas de su poder de incidencia. Ya en 1923 realizaron una “huelga de silencio” como instrumento de presión (Agusti y Mastrini, 2009). Pero es sólo en 1933 con el Golpe de Estado que instaló la dictadura de Uriburru que empezó la tradición conservadora argentina.
2.1.2 El enamoramiento educativo de Brasil
La primera transmisión fue en 1922 y el primer decreto se publicó en 1924 (16.657/24), inaugurando la radiodifusión como difusión pública de comunicaciones de intereses generales. En principios de ese romance, las licencias otorgadas por el Ejecutivo Federal eran de exclusividad de sociedades con fines “estrictamente” educativos, culturales y de beneficio público. La medida era una consecuencia del modelo inicial de emisoras, como la Radio Sociedad, que tenía carácter elitista y operaba sin ningún tipo de inserción publicitaria. Pero ese momento normativo de carácter público-educativo duró poco. Contrariando la normativa, en los años 30 surgieron las primeras emisoras comerciales, que pronto se constituyeron en las de mayor audiencia. Preocupado con la influencia del nuevo medio, el gobierno de Getúlio Vargas (1930-1945) optó por controlar los contenidos y transformarlo en uno de los pilares de su sostén político (Ramos y Santos, 2007). El Estado se enamoró del nuevo medio y en 1931 el gobierno provisorio getulista firmó la primera reglamentación específica del sector garantizando la explotación privada, bajo control estatal represivo.
2.1.3 Los amantes ocasionales en Venezuela
La radiodifusión venezolana nace en 1925 con operaciones esporádicas bajo la cobija de la dictadura de Juan Vicente Gómez (1908-1935). Representantes de la oligarquía conservadora y agroexportadora y los militares garantizaban la unidad nacional por medio de la censura y de la eliminación armada de la oposición. En ese relato, los medios de comunicación eran solamente una amante ocasional. Pero con la aparición del petróleo, y la conversión del país en el segundo productor de hidrocarburos en 1928, todo
67 cambió (Aguirre, 1998).
El país se transformó en una monocultura petrolera, atrayendo mayor influencia de actores políticos y económicos externos, y fomentando un proceso de modernización y urbanización, en el cual la explotación comercial del radio se convirtió en una amante privilegiada.
En 1930 empezó a actuar la primera emisora con programación regular (Broadcasting Caracas), y pronto se sumaron otra serie de radios, acompañando, supuestamente, la ola por la “democratización” del país. La preponderancia se centro en iniciativas con finalidad de explotación comercial y se vinculaban al juego político dominante.
La precariedad del desarrollo del servicio se evidenciaba en la baja profesionalización del sector, y hasta finales de los 40 no se podía hablar de una Industria Periodística (Aguirre, 1998). Durante más diez años el país no tuvo más que emisoras privadas actuando con el consentimiento del Estado y sin ninguna reglamentación (Bisbal, 2007).
2.1.4 Síntesis del coqueteo inicial
Como breve recuento del coqueteo inicial, rescatamos que en Brasil el diseño llevaba hacía un sistema educativo-cultural privado sin fines de lucro y con mayor intervención estatal en su cuña; en los demás países, prevalecía la empresa mercantil sin grandes interferencias. En Argentina la organización del sector privado y los debates acerca de la regulación del tema se establecieron de forma precoz, y en Venezuela el Estado dictatorial dispensaba la necesidad de reglamentación formal.
Pero en todos los contextos, el modelo era todavía indefinido, aunque avanzaba el sector privado en la profesionalización del negocio. Las legislaciones eran inexistentes o fragilizadas, y los escenarios de grandes inestabilidades políticas justificaron la eliminación gradual de los opositores y acercaron los gobiernos de agentes mediáticos “confiables”.
Lo destacable de ese momento inicial latinoamericano de la regulación del espectro fue la rapidez con que se definió el modelo de explotación privada. En general, los países experimentaron poco, la discusión o debate del modelo preferente fue casi ausente (con excepción de Argentina) y el diseño mercantil se acabó imponiendo de manera “natural”. El primer y breve ciclo de la regulación mediática en los tres países se resume en:
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Cuadro 2.3
Síntesis del ciclo de indefinición de los modelos normativos Marcos Pioneros Argentina (1922- 1932) Brasil (1924-1930) Venezuela (1928-1940) Normativas Decretos de 1922, 1924, 1925, 1928 y la I Ley del Broadcasting en 1929
Decreto 16.657/24 No hay normativa.
Modelo de
explotación Privado amateur Educativo-cultural
de explotación privada.
Privado incipiente con control dictatorial.
Similitudes Indefinición del modelo de explotación, momento experimental en el sector, con predominio de la iniciativa privada amateur.
Diferencias Pionerismo empresarial, baja y progresiva interferencia estatal. Primeras emisoras de carácter educativo-cultural operadas por élites intelectuales.
Alianza precoz entre dictadura y grupos privados. Operan sin normativa específica.
Fuente: elaboración propia