4. DIMENSIONES ESENCIALES DE LA ANTROPOLOGÍA SOCIAL DE JACQUES MARITAIN
4.0. Presentación de las obras analizadas
4.1.5. El Reino de Dios
Otro aspecto crucial para entender la visión antropológica de Maritain es su reflexión sobre el problema del Reino de Dios.
¿Qué pensar del mundo y de la ciudad terrestre en relación con el reino de Dios? He ahí nuestro problema (Maritain, 1936).
En Humanismo integral (1936) elabora un desarrollo exhaustivo de esta cuestión exponiendo primero el problema, mencionando tres errores típicos de su comprensión y terminando con la solución cristiana.
La exposición del problema es mostrada desde tres perspectivas:
- La teología política en sentido francés entiende que puede conocer este objeto profano y temporal que es la realidad socio-política a la luz de la verdad revelada.
- En sentido alemán, el objeto político es sagrado. Así, se concibe el sacro imperio como realización temporal del Reino de Dios. Según esa visión, Alemania debe dirigir el Reino de Dios porque representa un grado superior de humanidad.
- Para el cristiano, aunque el Reino de Dios es preparado en el orden temporal, sucede fuera del tiempo. De este modo, la historia camina hacia el Reino de Dios. De algún modo,
la Iglesia es ya ese Reino, aunque peregrino y velado. Por eso la Iglesia está en el tiempo sin ser del tiempo.
Los tres errores clásicos de comprensión del Reino de Dios son los siguientes:
- El primer error consiste en entender el mundo como una satanocracia, un reino del mal que conduce a la perdición. Esto fue muy aceptado por la reforma, y tiende a aparecer continuamente en el mundo protestante. También se da en el naturalismo y en el racionalismo católico (Maquiavelo, Descartes), que separan naturaleza y gracia. De este modo se concibe el mundo como algo cerrado a la gracia y a la presencia de Dios.
- El segundo error se manifiesta de dos modos: “teofánico” y “teocrático”.
El modo teofánico (propio de Oriente) consiste en identificar el mundo con el Reino de Dios. Así, se entiende que el mundo está salvado como Reino de Dios que conduce a una divinización de la vida. Se produce así una actitud análoga a la del calvinismo en el sentido de “abandonar el mundo”. Este error reprocha a la Iglesia que se encarne demasiado en la realidad social.
El modo teocrático (Occidente) exige a la ciudad política que encarne el Reino de Dios. De este modo, el mundo y la Iglesia se disputan el mismo terreno.
Cristo no vino a ejecutar una revolución temporal (mi Reino no es de este mundo). Pretender lo contrario sería herético. Esta concepción fue la tentación de la cristiandad medieval. De hecho, fue predicado por algunos teólogos extremistas, aunque nunca seguidos por la Iglesia. Se trata del teocratismo clerical o el hierocratismo.
Con la secularización de la modernidad, este error ha pasado al Estado (Hegel) o a la clase (Marx). Se trata del mesianismo ateo de Marx que otorga al proletariado la sagrada misión de salvar al mundo (imperialismo teocrático ateo).
lo sagrado. Según Maritain, este error pertenece al mundo de las utopías irrealizables, y se ha resuelto históricamente a través del teocratismo ateo.
Frente a estos tres errores, la solución cristiana plantea que el mundo pertenece a Dios, al mal y al hombre. La tarea del cristiano es la de arrebatar el mundo al mal. Aunque el mundo está a salvo, liberado en esperanza y en camino hacia el Reino de Dios, no es santo. De este modo, el mundo crece tanto hacia el Reino de Dios como hacia la reprobación. Es decir, el mundo es ambivalente: está santificado en lo que tiene de Encarnación, pero está reprobado en lo que se separa de la Encarnación.
Esto no significa que se deba aceptar la injusticia como consustancial al mundo. El cristiano debe esforzarse todo lo posible por realizar en el mundo las verdades del Evangelio. De este modo prepara la historia su consumación final en el Reino de Dios, mediante la construcción de un mundo más humano, lleno de amor, justicia y dignidad. Gilson distingue tres planos en las actividades del cristiano: espiritual, temporal e intermedio.
- Lo espiritual sucede en tanto que miembros del cuerpo místico de Cristo. Esta acción apunta a la vida eterna, sucede en el ámbito propio de la Iglesia y la implica. Es, en suma, actuar como cristiano.
- La acción temporal tiene que ver con la ciudad terrenal y los asuntos temporales, aunque sin perder de vista que su fin último debe ser Dios. Esta acción implica ya no a la Iglesia, sino a la persona particularmente. Es, en suma, actuar en cristiano.
Son claramente dos ámbitos distintos (Dios y el César), aunque lo divino debe vivificar lo terrenal. Ambos ámbitos, siendo distintos, no pueden estar separados.
Es frecuente que muchas personas sean cristianas en lo espiritual y paganas en lo temporal. Esto ha llegado incluso a caracterizar la modernidad y a concretar su humanismo antropocéntrico. Esa escisión es un absurdo mortal sobre el que ya previno San Pablo: lo
Estamos llamados a que la justicia evangélica impregne todo lo que somos e ilumine toda nuestra acción. Siendo dos planos distintos, lo temporal está subordinado a lo espiritual. En lo temporal no actuamos en cuanto cristianos, pero debemos actuar en cristiano, comprometiéndonos enteramente: trabajar en el mundo sin ser del mundo. Si no lo hacemos, las energías cristianas dejarán el mundo en manos de otras energías que no trabajan por su bien.
- Pero decíamos que existe un tercer plano de actividad o intermedio: lo espiritual inclinado a lo temporal. Esta acción, respecto a lo temporal, está recogida en la doctrina social de la Iglesia. Respecto a lo espiritual, sería toda actuación temporal para el bien supratemporal de las almas. Este plano de actividad implica a la Iglesia, y supone la intervención en política para defender ahí lo religioso (lo cual es muy distinto al trabajo en obras propiamente políticas bajo una particular idea del bien común a buscar). El lugar de Acción católica es el plano puramente espiritual y el intermedio.
Los tres tipos de actividad, cada uno en su plano, son necesarios. Se requiere que los católicos actúen en toda actividad temporal (en cristiano). A este respecto, Maritain se lamenta por la inexistencia de partidos de inspiración cristiana.
En el plano intermedio, se trata de hacer respetar los intereses religiosos por la legislación civil. Esto requiere la unión de los católicos, que deben aprender a distinguir mejor lo religioso de los prejuicios y pasiones sociológicos (lo cual aún plantea problemas delicados). En el plano puramente temporal, no rige la unidad de criterio sino la diversidad entre las distintas ideas del bien común y los medios más oportunos para realizarlo.
Continuando con la reflexión sobre el Reino de Dios, es preciso mencionar algunos aspectos contenidos en la obra Christianisme et démocratie (1943), una de las más inspiradoras del autor.
pasen a la vida temporal del hombre para transformarla. De este modo, la Historia terrestre prepara misteriosamente el Reino de Dios.
El cristianismo ha enseñado la unidad del género humano, la dignidad, la igualdad, la justicia, la providencia, la libertad, la supremacía del amor fraterno... ¿En qué medida ha prendido todo esto en la conciencia de los pueblos? Según Maritain, gracias a ese fermento, la humanidad es consciente del progreso histórico que tiende a mejorar las estructuras
humanas mientras camina hacia el advenimiento del Reino de Dios.22
Maritain elabora una amplia descripción de lo que ha aprendido la conciencia profana -a veces sin saberlo- de la inspiración evangélica:
- La dignidad del ser humano, inviolable en su libertad. Esta dignidad trasciende al Estado, cuya misión es ayudar a la persona a vivir una vida auténticamente humana.
- La no obediencia de la ley injusta. Esta inspiración evangélica ha permanecido activa durante toda época histórica, prendiendo incluso en quienes no comparten esa fe.
- Una idea de pueblo como comunidad, y por lo tanto presidida por el valor de la igualdad, sin distinción de castas, clases o razas privilegiadas.
- Que los gobernantes son vicarios del pueblo, elegidos para ocuparse del bien común de una comunidad adulta que actúa como mayor de edad. Es contraria a esta inspiración la idea del ser humano como instrumento al servicio del poder político.
- Que la vida temporal debe estar sometida a Dios, a la justicia y al Derecho Natural. De ahí deriva la búsqueda del bien común, y supone la condenación de toda política maquiavélica desvinculada del bien común.
22 De nuevo se aprecia aquí rigidez y fundamentalismo en las posturas de Maritain, particularmente en Christianisme et démocratie (Maritain, 1943, pág. 728): Que vous croyiez ou non à cet avènement, c‘est vers lui que vous vous tournez si vous croyez à la marche en avant de l‘humanité.
- A luchar por superar la miseria y la explotación como vía para propiciar la emancipación del hombre, su libertad y dignidad propia de hijo de Dios.
- Que sólo existe un principio de liberación y esperanza: el amor, auténtico vínculo de la ciudad, que desborda sus límites para extenderse a todo el género humano. Esto responde a las inclinaciones más profundas de la raza humana y genera fe en la fraternidad. Esto también supone entender que la obra política por excelencia es construir una casa para los hermanos.