El Desolado acababa de revertir al espacio real cuando los sensores auditivos de 11-4D registraron sonidos inusuales desde la parte de atrás: un chasquido de activación, un prolongado siseo de energía, un tajo con un efecto doppler y una vacilante exhalación de aliento. Los sonidos fueron seguidos por una repentina emanación de calor proveniente del corredor que daba acceso a las bahías de carga y que podría haber sido interpretado como una ráfaga de viento. Sólo al ajustar la velocidad de entrada de sus fotorreceptores, fue capaz el droide de identificar el borrón que corría hacia el espacio de la zona de los camarotes como un hombre muun vestido con una capa encapuchada, pantalones y unas botas suaves que le llegaban a las espinillas.
Maa Kaap, PePe, Wandau y Zuto se volvieron al unísono cuando el Muun hizo una parada que desafiaba el impulso a unos cuantos metros de donde los cuatro estaban sentados. Sujeto en su mano derecha había un aparato con una hoja de energía carmesí que los bancos de datos del droide reconocieron como un sable láser, un arma utilizada casi exclusivamente por los miembros de la Orden Jedi. Y sin embargo la comprensión impulsó un momento de aturdimiento.
Los Jedi eran conocidos por ser guardianes de la paz y refuerzos de la justicia, pero el comportamiento del muun (la colocación de sus largos miembros, el movimiento salvaje de su mandíbula abultada, el brillo amarillo de sus ojos) sugería cualquier cosa menos paz. Y en cuanto a la justicia, 11-4D no podía recordar ni una única ocasión en la que los cuatro miembros de la tripulación hubieran llevado a cabo una ofensa que justificara un castigo capital.
Con el sable láser zumbante colgando de su mano izquierda, el muun permaneció en silencio, dejando que su postura hablara de su propósito nefario. A cambio los miembros de la tripulación, comprendiendo que estaban siendo acusados equivocadamente, se pusieron en pie, alargando al mismo tiempo las manos hacia las armas atadas a sus caderas y muslos. Que el muun les permitiera hacerlo le proporcionó a 11-4D otro misterio, al menos hasta que comprendió que el muun estaba meramente festejando el combate.
El droide se preguntó qué le había podido decir o hacer la capitán Lah posiblemente para que elevara tanto la ira en el muun. Reprodujo el recuerdo de ella cebando la pistola láser. ¿Había decidido ella que los problemas que el muun representaban para el
Desolado podían estar mejor resueltos matándole, sólo por haberle juzgado mal
completamente? No obstante, era aparente que el muun creía que la nave entera era cómplice en las acciones de la capitán Lah y había decidido encargarse él mismo de impartir un castigo de la clase más cruel. 11-4D asumió que esto le incluiría a él e inició instantáneamente una serie de rutinas redundantes que haría una copia de seguridad y almacenaría los datos, para proporcionar una grabación de lo que estaba a punto de ocurrir.
La escena de la confrontación en la zona de camarotes sólo había durado un momento cuando Wandau, que había servido como guardaespaldas para un célebre hutt, saltó a la acción, desenfundando y disparando su pistola láser incluso mientras corría para ponerse a cubierto tras uno de los mamparos. Una décima de segundo después, Maa Kaap levantó su arma y disparó una ráfaga continua de disparos láser hacia el muun. En el mismo instante Zuto y PePe, se agacharon mucho sobre la cubierta y se lanzaron hacia delante en un intento de rodear a su oponente y colocarle en el centro de un fuego cruzado mortal.
Desde el pasaje que llevaba a la cabina vinieron las pisadas rápidas del piloto, Blir’, y del navegante dresseliano de la nave, Semasalli. 11-4D sabía que habían estado monitorizando las imágenes de las cámaras de la bahía de carga y pensaba que era probable que ellos hubieran sido testigos de cualquiera que fuera la frase que había hecho que el muun luchara contra la capitán Lah.
La reacción del muun ante la andanada de disparos que convergieron en él requirió casi más poder de procesamiento de la que el droide tenía a su disposición. Al emplear una combinación de movimientos corporales, sable láser y la mano derecha desnuda, el ágil ser inteligente esquivó, desvió o devolvió cada disparo que se dirigió a él. Rindiendo energía lentamente, los disparos rebotaron de la cubierta y los mamparos, conectando alarmas, provocando un cambio a la iluminación de emergencia y liberando cascadas de espuma supresora de fuego de los aerosoles del techo. Apenas habían entrado el balosar y el dresseliano en el espacio de los camarotes cuando las escotillas sellaron los corredores, evitando cualquier escape de la melé. Sólo la habilidad de 11-4D para calcular las trayectorias y reaccionar instantáneamente al peligro evitó estar en la parte receptora de cualquiera de los numerosos rebotes.
Espiando a Blir’ y Semasalli, el muun lanzó el sable láser en un arco giratorio que le cortó las pinzantenas y el cráneo del balosar y la mayor parte del hombro izquierdo del dresseliano arrugado, empañando el aire ya agitado con sangre de color verde. Mientras las alarmas continuaban gimiendo y la espuma continuaba brotando, Blir’ se dobló y cayó bocabajo en la cubierta resbaladiza, mientras que Semasalli, chillando de dolor, se derrumbaba sobre un costado, alargando su brazo fútilmente hacia el brazo cortado.
El sable láser apenas había dejado la mano del muun cuando Wandau salió volando de su lugar a cubierto para atacar al muun, disparando su pistola láser tan incesantemente como todavía lo estaba haciendo Maa Kaap. Sin embargo esta vez, el muun apenas alargó su mano derecha y absorbió los disparos. Viajando por su brazo arriba y a través de su pecho estrecho, la energía pareció brotar de la mano que esperaba el retorno del arma giratoria como una maraña de electricidad azul que siseaba desde sus dedos huesudos, alcanzando a Wandau directamente y levantándole hasta el techo de la bodega antes de dejarle caer hasta la cubierta sucia en un montón, como si sus huesos se hubieran convertido en polvo.
Bajo una estroboscópica luz roja, los ojos de Maa Kaap siguieron el alzamiento y la caída de su compañero destrozado. Con su pistola láser vacía, el zabrak extrajo una
vibrocuchilla de una vaina en el cinturón y se lanzó contra el muun, con su gran mano derecha pretendiendo clavarse en el cuello larguirucho del muun.
El muun cogió el sable láser, pero en lugar de moverlo para apuntarlo contra Maa Kaap, bailó y giró fuera del alcance de la vibrocuchilla y comenzó a desviar las patadas y puñetazos marciales del zabrak, hasta que una patada lateral en el tórax lanzó a Maa Kaap por el camarote y le estrelló contra el mamparo. Los receptores de audio de UnoUno- CuatroDé registraron el chasquido de la espina dorsal del zabrak y el estallido de las arterias pulmonares.
Ahora Zuto y PePe se lanzaron hacia el muun desde ambos lados y realmente se las arreglaron para cogerle. Pero fue como si el muun se hubiera convertido en piedra. El kaleesh y el quara atacaron con dientes y garras, pero sin efecto perceptible. Y cuando el muun hubo tenido bastante, posicionó su sable láser directamente delante de él y lo giró entre el agarre de ellos, arrancando la cara con colmillos de PePe y el morro achatado y con bigotes de Zuto. Los sensores olfativos de UnoUno-CuatroDé detectaron una efusión de feromonas que señaló la muerte del kaleesh. Zuto, por otra parte, aunque gorjeando por la sangre y gimiendo de dolor, quizás podría salvarse si se trataba a tiempo.
Poniéndose recto desde una posición con las piernas estiradas, el muun desactivó el sable láser y examinó a los seres que había matado y a aquellos que había mutilado con escalofriante exactitud. Sus ojos amarillos se posaron sobre 11-4D, pero sólo durante un instante. Entonces se enganchó el sable láser a su cinturón y fue rápidamente hasta su víctima más cercana, que resultó ser Doo Zuto. Dejándose caer sobre una rodilla junto a él, el muun miró intensamente al cuerpo con espasmos del quara, pero precisamente a qué, el droide no pudo suponerlo. Los ojos protuberantes color mar de Zuto parecieron implorar ayuda a su asaltante, pero el muun no hizo nada por detener el flujo de sangre o por ofrecer ayuda paliativa.
Permaneció al lado del quara durante unos pocos momentos y entonces se movió rápidamente hacia Maa Kaap, de cuya cavidad aplastada del pecho burbujeaba la sangre con cada respiración superficial. De nuevo, el muun pasó su mirada sobre su víctima, desde la cara tatuada de Maa Kaap hasta sus grandes pies. Con los ojos cerrados, el muun adoptó una postura que sugería una concentración intensa o meditación y Maa Kaap volvió de golpe a la consciencia aterrorizada. UnoUno-CuatroDé examinó el pulso del zabrak y lo encontró regular, pero sólo durante un momento. Entonces el ritmo de los latidos del corazón de Maa Kaap se volvió irregular y la respiración empezó a vacilar en sus pulmones.
Pronto estuvo muerto.
El muun pareció estar frustrado y la decepción aumentó al descubrir que Blir’ estaba también muerto. Pasó sólo unos momentos evaluando a Semasalli antes de ir hasta Wandau, que estaba consciente aunque obviamente paralizado de la cintura para abajo.
—Deshonra tu herencia y tu arma, Jedi —se las arregló para decir Wanday—. Podrías haber utilizado… la Fuerza para obligarnos a hacer que deseabas. No sólo he visto eso, sino que lo he experimentado.
La cara del muun se deformó por el disgusto.
—Si tienes tan poca voluntad —dijo en la lengua de la especie de Wanday—, entonces no me sirves, klatooiniano.
Y terminó con la miseria de Wandau con un chasquido del pulgar y el dedo corazón. Gradualmente el espray del techo se redujo y los cláxones quedaron en silencio. Con sus exámenes completados, el muun se puso en pie y se volvió lentamente hacia el droide.
—¿A qué nombre respondes? —UnoUno-CuatroDé, señor.
—¿Puedes pilotar esta nave, UnoUno-CuatroDé?
—Sí puedo, señor. —El droide hizo una pausa y entonces preguntó—: ¿Desea que recoloque los supervivientes hasta la bahía médica o que me deshaga de alguno de los cadáveres?
El muun examinó su trabajo.
—Déjalos. —Movió los hombros para quitarse la capa empapada y la colgó en una silla, revelando un segundo sable láser fijado a su cinturón—. La capitán Lah remarcó que tienes capacidades médicas.
—Sí, señor.
Volviéndole la espalda a 11-4D, el muun se subió la túnica ensangrentada de su espalda baja hinchada.
—¿Eres capaz de reparar esto?
El droide agudizó el enfoque de sus fotorreceptores y de sus sensores olfativos. —La herida muestra signos de infección y putrefacción, señor, pero, sí, puedo repararlo.
El muun se bajó la túnica y sacó un comunicador de un bolsillo de la capa. Activando el aparato, pasó un momento introduciendo datos y luego giró la pantalla de manera que 11-4D pudiera leerla.
—Fija un curso hacia estas coordenadas y luego atiéndeme en las habitaciones de la capitán.
—¿Algo más, señor?
—Prepara comida y bebida. Estoy famélico.
Con el Desolado viajando a través del hiperespacio, Plagueis estaba tendido bocabajo sobre el camastro de la capitán, con un parche de bacta cubriendo la herida de su espalda, contemplando los resultados de sus intentos de prolongar las vidas de aquellos miembros de la tripulación que habían sobrevivido al altercado. Incluso donde había tenido éxito en efectuar reparaciones en los vasos sanguíneos y los órganos, el resultado había sido temporal, como si no hubiera sido capaz de influenciar o apelar a los midiclorianos para que ayudaran. Llamar a la Fuerza para reparar las arterias rotas, los músculos desgarrados o los huesos rotos no era más difícil que levitar losas de piedra. Pero tales restauraciones
tenía pocos efectos en la concha etérea de un ser, que era esencialmente el dominio de los midiclorianos, a pesar de su presencia física en las células vivas.
Entre la tripulación de la nave, la togruta, la capitán Lah, había sido la más fuerte en la Fuerza, pero estaba más allá de su ayuda para cuando llegó hasta ella. De no haber sido por el descuido de su parte, debido a la fatiga y a la pérdida de sangre, y unos reflejos rápidos como el rayo de parte de ella, el sable láser podría simplemente haberle atravesado el cuello y la médula espinal en la cervical. Pero ella había girado en el momento del impacto y la hoja carmesí casi la había decapitado. También el zabrak había tenido un recuento de midiclorianos ligeramente más alto de lo normal, pero no lo bastante alto como para hacerle sensible a la Fuerza. Qué diferente había sido observar el comportamiento de los midiclorianos del zabrak comparados con los de Darth Tenebrous, ¡sólo dos días antes!
Los Jedi hacían pruebas de sangre rutinariamente para verificar los recuentos de midiclorianos de reclutas potenciales, pero Plagueis había pasado más allá de la necesidad de medidas tan crudas. No sólo podía sentir la fortaleza de la Fuerza en otro sino que también percibía los midiclorianos que individualizaban la Fuerza en los seres. Era esa habilidad del lado oscuro la que había permitido a generaciones de Sith localizar e iniciar a los reclutas. La dispersión de los midiclorianos en el momento de la muerte física era, a falta de un término mejor, inexorable.
Análogo a su confrontación predestinada con la tripulación del Desolado, el momento de la muerte parecía estar fijado de alguna manera en el espacio y el tiempo. Según su educación Sith, dado que la capitán Lah y los otros habían estado en cierto sentido muertos desde el momento en que la mirada de Plagueis se había posado en el carguero, resulta que los midiclorianos que residían en supuesta simbiosis con ellos debían de haber estado preparándose para ser subsumidos en la reserva de energía vital que era la Fuerza mucho antes de que Plagueis se hubiera colado en la nave. Sus intentos de salvarles, de prolongar ese estado de simbiosis, eran comparables a utilizar una esponja para detener un río desbocado.
Y, sin embargo, los Señores Sith de antaño se decía que habían sido capaces de utilizar las energías liberadas durante la muerte para extender sus propias vidas, al igual que las vidas de otros. Desafortunadamente, de manera muy parecida a la técnica de transferencia de energía, ese conocimiento antiguo se había perdido.
Sintiendo que la nave revertía al espacio real, Plagueis se levantó del camastro, se vistió y caminó hacia delante, saltando por encima de los cadáveres desparramados en la cabina principal, sobre las placas de la cubierta inundadas de fluido supresor de fuego y charcos ennegrecidos de sangre y a través de pasajes que apestaban a muerte. Uno de los miembros de la tripulación, el dresseliano que ahora tenía un brazo, todavía estaba vivo pero en estado comatoso.
En la cabina encastrada de la nave el droide estaba inmóvil en la consola de control. Más allá del ventanal de transpariacero una miríada de estrellas flotaba en el espacio.
—Señor, nos estamos aproximando a las coordenadas proporcionadas por su comunicador —dijo el droide sin apartarse de las vistas.
Plagueis se colocó en la silla del piloto, que apenas acomodaba a su cuerpo largo. —¿Cómo llegaste a estar a bordo del Desolado, droide?
—Antiguamente servía a las necesidades de una instalación médica en Obroa-skai. —¿En capacidad de qué?
—Investigación, además de llevar a cabo una amplia variedad de cirugía en seres de diversas especies.
Plagueis miró al droide.
—De ahí, tus muchos apéndices.
—Sí, señor. Pero los que llevo actualmente fueron actualizados cuando me convertí en propiedad de la capitán Lah, de manera que pudiera servir mejor a las necesidades del
Desolado.
—¿Y cómo te convertiste en propiedad de la capitán?
—Creo, señor, que fui adjudicado a la capitán Lah en lugar de pagas debidas por la recepción de ciertas mercancías. También es mi creencia que el intercambio se pretendía que fuera temporal…
—Pero la capitán Lah decidió quedarse contigo.
—Sí, señor. Decidió quedarse conmigo. Siento decir que no puedo explicar sus razones y nunca fui lo bastante impertinente como para preguntar.
Plagueis asintió.
—Esa es una buena cualidad en un droide. —Comprendo cómo podría serlo, señor.
—Dime, droide, ¿cuál es la posible consecuencia de bajos niveles de theloxina en un pau’an?
UnoUno-CuatroDé no dudó.
—Una posible consecuencia sería una elevación de la velocidad de oxidación, llevando al crecimiento de una papera exoptálmica, que a cambio afectaría a la producción de roaamin de los lóbulos anteriores de la glándula lutiaary.
—¿Y?
—Un resultado podría ser gigantismo, muy por encima de un pau’an normal. —¿Y en ese caso?
—El ganglio de conexión que constituye el sistema nervioso autónomo y que controla la secreción glandular podría inducir a una aceleración de los músculos circulares del esfínter del tracto digestivo, resultando en una xeroftalmia.
—Así que también eres un diagnosticador. —En menor medida, señor.
Más allá del ventanal, haciéndose más grande contra el telón de fondo de un planeta enorme con anillos, una estación espacial giraba en una órbita fija cerca de una luna con muchos cráteres. Un revoltijo de módulos con cúpula interconectados, la estación mostraba dos brazos largos y rectangulares a los que estaban unidas naves de diferentes
tamaños. Plagueis abrió los datos en la pantalla de su comunicador y los colocó a la vista de 11-4D.
—Transmite este código por el comunicador.
El droide llevó a cabo la tarea y esperó al comunicador mientras los altavoces de la cabina crujían al encenderse.
—Carguero no identificado, Espacio Profundo Demo y Extracción está en recepción de su petición. Denos un momento para autentificar su transmisión.
—Esperaremos mientras la autentifican —dijo Plagueis.
—Carguero, tiene permiso para atracar —volvió la voz un momento después.
—La nave es mía —dijo Plagueis, inclinándose hacia delante para agarrar la palanca de control.
Como precaución, la estación les dirigió hasta un atracadero en la parte más distante del más largo de los dos brazos.
—Me acompañarás a la bahía de aterrizaje —le dijo Plagueis al droide cuando hubo apagado la nave—. Levanta la rampa de entrada tras nosotros y activa el sistema antiintrusión. Nadie debe abordar el Desolado a menos que yo diga lo contrario.
—Lo comprendo, señor.
Esperando en la sombría bahía de aterrizaje había una mujer nikto y un joven dug de color bermejo, respaldados por un contingente variopinto de seres armados. Bajándose la capucha de su capa mientras se aproximaba, Plagueis vio que la nikto se puso rígida y les hizo señas a aquellos que estaban tras ella para que dejaran el área inmediatamente.
—Magíster Damask —empezó ella en básico—. No tenía conocimiento previo… Plagueis la interrumpió.
—Esta no es una visita social.
—Por supuesto, Magíster. No obstante, ¿desea que yo informe al Jefe Cabra de su visita?
—¿Está de guardia?
—No, señor. Pero se puede contactar con él por comunicador.
—Eso no será necesario —dijo Plagueis—. Yo mismo contactaré con él.