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VÍCTIMAS DE SUS PROPIAS ARGUCIAS

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Al entrenar a Venamis, Tenebrous obviamente había creído que estaba protegiendo el Gran Plan. Venamis también lo creía, al mantener vigilados a un puñado de candidatos poderosos en la Fuerza que él, o quizás Tenebrous, habían descubierto. Pero ahora recaía en Plagueis hacer algo sobre esos competidores potenciales, aunque no fuera por otra razón más que eliminar la posibilidad de otro ataque sorpresa.

Los bancos de datos de la nave de Venamis contenían información sobre seis seres, pero investigaciones subsecuentes de 11-4D revelaron que uno había muerto por causas naturales, otro fue ejecutado y un tercero fue asesinado en una reyerta en una cantina. Dos de los tres que quedaban no tenían nombres, pero Plagueis y 11-4D habían tenido éxito en descubrir tanto sobre ellos como sabía Venamis, después de romper el código complejo que el bith había utilizado para salvaguardar las entradas. Cómo les habían pasado inadvertidos los candidatos de Venamis a los Jedi era una especie de misterio, pero uno que apenas merecía la pena solventar. Plagueis simplemente tenía que determinar si representaban una amenaza, para él o para el Gran Plan.

Los muun raramente eran vistos bebiendo demasiado Reserva Rywen en cafés exclusivos, probando especia refinada en clubs cerrados o desafiando a la banca en torneos de maratón de sabacc. Los programas de celebridades de la HoloRed nunca les mostraban con bailarinas twi’lekos en sus brazos delgados, o aventurándose en los bosques, mares o cordilleras puramente por deporte o aventura.

Pero Plagueis estaba a punto de romper con la tradición, ahora que el primero de los candidatos potenciales de Venamis había sigo seguido hasta un casino en Ciudad Lianna, en el corazón del remoto Cúmulo Tion.

Con los mofletes temblando, los ojos límpidos reflejando preocupación y flanqueado por personal de seguridad nikto, el regordete gerente sullustano del Casino Colliders se dio prisa por cruzar el vestíbulo enmoquetado hacia el escritorio del conserje donde Plagueis y 11-4D estaban esperando. Un par de brazos utilitarios gruesos a propósito, uno de los cuales ocultaba un arma láser, sustituían a los apéndices quirúrgicos normales del droide y Plagueis estaba ataviado con lo que la mayoría de los seres asumiría que eran ropajes del Clan Bancario, aunque de corte diferente y de un verde más claro.

—Bienvenido, señor, bienvenido —empezó el gerente con una voz agitada—. El Colliders se siente honrado de tenerle como cliente, aunque puedo decirle que es usted el primer ser de Muunilinst que ha utilizado la entrada pública del casino. La entrada privada…

Plagueis levantó una mano para interrumpirle. —No estoy aquí por negocios del banco. El sullustano le miró.

—¿Entonces esto es una auditoría de improviso? —Estoy aquí en relación con un asunto privado.

El gerente se aclaró la garganta y se alzó más recto. —Entonces quizás podríamos empezar con su nombre. —Soy Hego Damask.

Los mofletes del sullustano empezaron a temblar de nuevo. —¿El Magíster Damask? ¿De los Holdings Damask? Plagueis asintió.

—Perdóneme por no reconocerle, señor. De no ser por su altruismo, el Colliders estaría en la bancarrota. Más concretamente, Ciudad Lianna no sería el centro que es hoy y el orgullo del Cúmulo Tion.

Plagueis sonrió agradablemente.

—Entonces si pudiéramos terminar la reunión en su oficina…

—Por supuesto, por supuesto. —El sullustano le hizo señas a los guardias para que formaran una falange y luego le hizo gestos cortésmente a Plagueis y a 11-4D para que los siguiera—. Después de usted, señor. Por favor.

Un turboascensor les llevó directamente a una gran oficina que dominaba la sala de juego principal del casino, que estaba llena de patrones de especies del Borde Medio y Exterior sentados en mesas y en máquinas individuales o apiñados alrededor de ruletas y ruedas de la fortuna y otros aparatos de juego. El gerente le hizo un gesto a Plagueis para que se sentara en una silla con mucho relleno y se sentó en un escritorio reflectante. UnoUno-CuatroDé se quedó en pie silenciosamente al lado de Plagueis.

—¿Dijo usted algo sobre un asunto privado, Magíster Damask? Plagueis entrelazó sus manos.

—Tengo entendido que el Colliders albergó a un gran ganador hace una semana. El sullustano negó tristemente con la cabeza.

—Las malas noticias viajan rápidamente, según veo. Pero sí, casi nos arrasó. Una racha de suerte extraña.

—¿Está seguro de que fue suerte? El sullustano consideró la pregunta.

—Creo que comprendo adónde quiere llegar, así que permítame explicarlo. A las especies conocidas por tener habilidades telepáticas se les ha prohibido jugar en el Colliders, igual que en la mayoría de los casinos. Además, siempre hemos operado bajo la asunción de que el noventa y nueve por ciento de los seres fuertes en la Fuerza pertenecen a la Orden Jedi y los Jedi no juegan. Con respecto al uno por ciento restante, aquellos que pueden haber caído entre las grietas, esto es, bueno, la mayoría de ellos probablemente están fuera en algún lugar haciendo buenas obras o encerrados en monasterios contemplando los misterios del universo.

—¿Y los restantes?

El sullustano plantó sus codos en el escritorio y se inclinó hacia delante.

—En esas ocasiones raras, y enfatizo el raras, cuando tenemos sospechas de que un ser podría estar utilizando la Fuerza, hemos demandado que se sometan a un análisis de sangre.

—¿Han desenmascarado alguna vez a un usuario de la Fuerza?

—No en los veinte años que he sido el administrador de esta instalación. Por supuesto, en este negocio se oyen historias. Por ejemplo, hay una sobre un casino en Danon que empleaba a un iktotchi poderoso en la Fuerza como un refrigerante, alguien capaz de romper la racha ganadora de un jugador. Pero sospecho que la historia es apócrifa. Aquí en el Colliders nos basamos en los métodos estándar para asegurarnos de que las probabilidades están siempre a nuestro favor.

No obstante, de vez en cuando, alguien demuestra una excepción a la regla. —Hizo una pausa durante un momento—. Pero admitiré que no he visto una racha ganadora como esta en años. Podría llevarnos meses recuperarnos.

—¿Demandó la prueba de sangre?

—De hecho sí, Magíster Damask. Pero nuestro analista residente dijo que la sangre del ganador no contenía… bueno, lo que fuera que tendría que contener si el jugador fuera un usuario de la Fuerza. Confieso que tengo una comprensión pobre de la química involucrada.

—Yo mismo desearía comprender más —dijo Plagueis—. ¿Tiene por casualidad una imagen del ganador?

El gerente frunció el ceño.

—No quiero entrometerme, pero ¿podría preguntar porqué esto es de interés personal?

Plagueis absorbió por la nariz. —Es una cuestión de impuestos. El sullustano se animó.

—Entonces no faltaría más.

Sus pequeños dedos volaron a través del panel de introducción de datos del escritorio y en segundos la imagen de un weequay apareció en una pantalla en la pared.

Plagueis estaba decepcionado y desconcertado. Los datos a bordo de la nave de Venamis habían identificado al candidato potencial como un quarren. El ser de Mon Calamari había estado utilizando la Fuerza para hacer saltar la banca de casinos de media docena de planetas, desde Coruscant a Taris, desde Nar Shaddaa hasta Carratos.

Aparentemente el weequay que había ganado mucho en el Colliders simplemente había tenido suerte. Plagueis estaba a punto de decirle eso a 11-4D cuando un intercomunicador sonó y el gerente insertó un receptor en su gran oreja.

—¡Otra vez no! —dijo—. De acuerdo, envía un equipo de seguridad para vigilarle. Plagueis esperó una explicación.

—Otra racha ganadora —dijo el sullustano—. ¡Un kubaz esta vez! Plagueis se puso en pie.

—Deseo acompañar al equipo de seguridad a la sala. No interferiré. Simplemente siento curiosidad sobre sus métodos para detectar a los tramposos.

—Por supuesto —dijo el gerente, distraído—. Quizá usted vea algo que se nos pasó por alto.

Plagueis alcanzó el turboascensor simultáneamente con la llegada de dos bothans vestidos con trajes de chaqueta y permaneció con ellos mientras serpenteaban a través del área de juego en la sala a nivel del suelo hasta una de las mesas de collider del casino. Los jugadores atraídos por la acción estaban agrupados en tres filas alrededor de la mesa, haciendo imposible ver poco más de un destello del afortunado kubaz hasta que Plagueis y los bothans llegaron hasta el hueco del crupier. Presionado entre mujeres de varias especies que estaban intentando sin éxito conseguir su atención, el hombre insectívoro de piel oscura y morro largo estaba sentado frente al crupier, tras varios montones de chips de créditos. El juego se llamaba collider porque los jugadores hacían las apuestas sobre los tipos y las espirales de los caminos que creaban las partículas subatómicas creadas como resultado de las colisiones que ocurrían dentro del acelerador de la mesa y los disparos aleatorios de desvíos electromagnéticos que la rodeaban. Debido a la naturaleza impredecible de las colisiones, la casa disfrutaba sólo de una pequeña ventaja, donde los aceleradores no estaban amañados, pero el kubaz estaba superando las probabilidades al apostar solamente por los caminos de las partículas más que las categorías de partículas.

Con el acelerador de la mesa zumbando al encenderse y el kubaz deslizando algunos de sus chips a través de la parrilla de juego, Plagueis se abrió cuidadosamente con la Fuerza, sintiendo una concentración intensa por parte del kubaz y después un aumento extraordinario de energía psíquica. El kubaz estaba utilizando la Fuerza, no para guiar a las partículas a lo largo de ciertos caminos, sino para deslumbrar a los electroimanes y reducir significativamente el número de caminos que era probable que siguieran las partículas creadas.

La multitud reunida aplaudió y rugió cuando él ganó otra vez y el crupier empujó otro montón más de chips de créditos por la mesa, añadiéndolo a los millones de créditos que el kubaz ya había ganado.

En un esfuerzo por ver más al kubaz, Plagueis se abrió a la Fuerza de nuevo y se dio cuenta al instante de que el kubaz había percibido la intrusión. Levantándose de la silla tan repentinamente que las mujeres a cada lado de él casi fueron derribadas, le ordenó al crupier que se lo convirtiera en efectivo. Sin mirar a su alrededor, aceptó el chip de ganancias canjeable y se dirigió a toda prisa en dirección al bar más cercano. El equipo de seguridad bothan se colocó tras él, después de prometer alertar a Plagueis si el kubaz intentaba dejar el casino.

Volviendo a la oficina del piso superior donde 11-4D todavía le estaba esperando junto a la silla y el gerente sullustano se estaba recuperando de un sudor nervioso, Plagueis le preguntó si el Colliders mantenía una base de datos de jugadores que se habían ganado una reputación de hacer saltar la banca de los casinos, no sólo en Lianna sino en otros planetas donde el juego era un pasatiempo popular. En la pantalla de la pared aparecieron momentos después imágenes de hombres y mujeres ongree, askajianos, zabraks, togrutas, kel dors, gotals y kiltos. Incluso un cambiante clawdita.

—Estos son los más notorios del grupo —estaba explicando el gerente cuando la imagen de un neimoidiano apareció en la pantalla—. Los que la Autoridad del Juego

sospecha que han desarrollado métodos fiables de hacer trampas. De aparecer alguno en el Colliders se le negará la entrada.

Plagueis estudió las imágenes finales y se volvió hacia el sullustano. —Ha sido de lo más servicial. No le molestaremos más.

El turboascensor acababa de bajarles a 11-4D y a él hasta el nivel del casino cuando le preguntó al droide si se había dado cuenta de algo delator sobre la lista de ganadores.

—Encuentro curioso que son todos, digamos, bípedos muunoides aproximadamente de la misma constitución física y casi de idéntico peso. Uno punto ochenta metros, para ser exactos. —UnoUno-CuatroDé miró a Plagueis—. ¿Es posible que sean el mismo ser?

Plagueis sonrió con satisfacción. —¿Quizás un clawdita?

—Estaba a punto de sugerir eso. Sin embargo, es mi comprensión que los cambiantes reptomamíferos zolan raramente tienen éxito en perpetuar el camuflaje de otras especies durante algo más que un tiempo breve sin experimentar una incomodidad intensa. Lo que es más, la lista mostraba a un clawdita.

—¿Qué pasa si era un ser tomando la forma de un clawdita? UnoUno-CuatroDé le dio una especie de punto de partida.

—Un shi’ido, Magíster. ¡El candidato que Venamis estaba monitorizando era un cambiapiel!

Poco se sabía sobre la especie recluida y telépata de Laomon, salvo que eran capaces de imitar una amplia variedad de especies inteligentes. Se decía que los más dotados eran capaces de imitar árboles e incluso rocas. Una poderosa mujer shi’ido llamada Belia Darzu había sido un Lord Sith en la era pre-Bane, creando ejércitos de tecnobestias que controlaba utilizando la energía del lado oscuro.

—Eso explicaría los resultados negativos de los análisis de sangre —estaba diciendo 11-4D.

Plagueis asintió.

—Sospecho que este shi’ido poderoso en la Fuerza ha aprendido cómo alterar su sangre. O quizás meramente nubló la mente del analista, urgiéndole a ignorar el resultado del recuento de midiclorianos.

Acababan de bajar al área de juegos cuando uno de los bothans se acercó a toda prisa. —Magíster Damask, acabo de recibir noticias de que el kubaz se marcha.

—¿Pidió el kubaz que transfirieran sus ganancias a una cuenta? El bothan negó con la cabeza.

—Prefirió un chip de créditos. Muchos ganadores lo hacen, esperando proteger su privacidad.

Plagueis le dio las gracias y se volvió hacia el droide.

—Deprisa, CuatroDé. Antes de que nos saque mucha ventaja.

Salieron a la brillante ecumenópolis, donde los rascacielos y mónadas se alzaban sobe ellos, las pasarelas peatonales estaban congestionados por seres de un lado a otro de la Ruta de Comercio Perlemiana y el cielo estaba atestado de tráfico. Y casi a todos lados

que miraban, veían el nombre Santhe: sobre las puertas de los edificios, en los anuncios que aparecían en pantallas gigantes en las paredes y emblasonadas en los laterales de los deslizadores aéreos y las naves. La familia prominente casi poseía Lianna y le había arrebatado, durante los pasados treinta años, un interés controlador en una de las empresas principales de Lianna: Tecnologías Sienar, representantes de la cual habían sido invitados a la reciente Reunión de Sojourn.

Manteniendo una distancia razonable, Plagueis y 11-4D siguieron al kubaz de una pasarela ajetreada a otra y luego a través de uno de los ornamentados puentes que cruzaba el Río Lona Cranith hasta la ciudad hermana de Lianna, Lola Curich. Más allá del cuartel general de la Sociedad Histórica de Aliados de Tion, Deslizadores de Fronde, una cantina llamada Thorip Norr… Todo mientras el kubaz había estado mirando por encima de su hombro y ahora estaba acelerando el paso mientras se acercaba a la entrada de un túnel peatonal.

—El shi’ido se comporta como si fuera consciente de que le están siguiendo —dijo 11-4D, con los fotorreceptores fijados en su presa.

—Intentará perdernos en el túnel. Haríamos mejor en esperarle a la salida. —Plagueis se detuvo para echar un vistazo a su alrededor—. Por aquí, CuatroDé.

Dándose prisa por rodear los edificios que el túnel atravesaba por abajo, emergieron justo donde los peatones fluían directamente hasta una plaza pública rodeada por restaurantes y boutiques. UnoUno-CuatroDé agudizó sus receptores ópticos y los apuntó hacia la boca del túnel.

—Basándome en media de la velocidad a la que el shi’ido estaba caminando cuando entró en el túnel, debería haber salido a estas alturas.

—Y realmente ha salido —dijo Plagueis—. Dirige tu atención hacia el askajiano fornido que está pasando junto a la Cuchara de Aurodium.

Los fotorreceptores del droide rotaron ligeramente. —El shi’ido cambió de piel dentro del túnel. —Sospecho que podría haberlo hecho.

—Ojalá tuviera una herramienta comparable a la Fuerza, Magíster.

Reasumieron su vigilancia clandestina, siguiendo ahora al askajiano, que les llevó por un recorrido enrevesado por Lola Curich que terminó en un kiosco automatizado del Clan Bancario InterGaláctico al lado de una franquicia de PetVac. Plagueis confió en 11-4D para que realizara una actualización de las actividades del cambiapiel.

—Ha depositado el chip de crédito —dijo el droide—. Pero soy incapaz de proporcionar el número de cuenta. Incluso mis mejoras de macrovisión tienen sus limitaciones.

Plagueis le hizo un gesto de desprecio. —Eso no será un problema.

Esperaron hasta que el shi’ido hubo salido del kiosco para lanzarse dentro. Con la ayuda de los códigos del CBI que Plagueis proporcionó, 11-4D pronto consiguió no sólo el número de cuenta sino también la identidad del titular.

—Kerred Santhe, Segundo —dijo el droide.

Plagueis se quedó sin palabras durante un momento. Santhe había heredado la propiedad principal de las Tecnologías Santhe Sienar del anciano Kerred, que tuvo la distinción de ser el primer asesinato de Plagueis bajo la tutela de Darth Tenebrous. Pero que un industrial rico como Santhe debiera tener necesidad de las ganancias de un jugador tenía poco sentido. A menos que el shi’ido estuviera de alguna manera en deuda con Santhe. ¿Explicaba la conexión retorcida con Tenebrous cómo había llamado por primera vez el cambiapiel la atención de Venamis?

—¿Está muy versado en fisiología shi’ido? —le preguntó Plagueis a 11-4D.

—Los sujetos shi’ido participaron en los estudios de longevidad llevados a cabo en Obroa-skai. Poseen una fisiología y una anatomía muy flexibles, con tendones y ligamentos reconfigurables y rasgos esqueléticos delgados pero densos que les permiten sustentar sus masas carnosas y sus reservas extensas de fluidos corporales.

—¿Son capaces tus sensores de determinar cuándo está a punto de cambiar de piel un shi’ido?

—Si el shi’ido está cerca, sí.

—Entonces no tenemos un momento que perder.

Alcanzando a su presa mientras estaba entrando en la plaza pública, le adelantaron y se dieron prisa por entrar en el túnel peatonal delante de él. Cien metros más allá se encontraron en un tramo sin ocupar y débilmente iluminado que Plagueis supuso que utilizaría el shi’ido para transformarse y esperaron.

El shi’ido no le decepcionó. Y en el momento empezó a cambiar, de askajiano a lo que podría haber sido un ongree o un gotal, 11-4D activó el arma láser oculto en su brazo derecho y disparó un rayo compacto en la base del cerebro del shi’ido.

La mezcla de especies momentáneamente monstruosa liberó un grito atormentado y se derrumbó sobre el suelo del túnel, retorciéndose de dolor. Moviendo rápidamente, 11- 4D le arrastró más adentro en la oscuridad, donde Plagueis se posicionó tras el cráneo grotescamente protuberante, los hombros desnivelados y la espalda encorvada del cambiapiel.

—¿Por qué transferiste tus ganancias a Kerred Santhe? —preguntó Plagueis. La boca retorcida del shi’ido luchó por formar una respuesta.

—¿Estás con la Autoridad del Juego?

—Más quisieras tú. De nuevo: ¿Por qué Kerred Santhe?

—Deudas de juego —pronunció mal el shi’ido, mientras la saliva le caía hasta el

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