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EL ZODIACO Y EL CONOCIMIENTO ASTROLÓGICO.

In document Jans Sebastian - Trazados Entre Columnas (página 165-168)

El término "Zodiaco" proviene del griego, que significa cintura de lo viviente, círculo de la vida o círculo de los seres vivos. Etimológicamente provendría de los vocablos Zoon, que quiere decir ser vivo, y dia, que significa a través.

El Zodiaco es una zona del espacio sideral, determinada por un observador terrestre, que se extiende a lo largo de la eclíptica u órbita descrita por la Tierra, en su movimiento anual de traslación alrededor del Sol. La determinación del ancho de esa banda, ha variado con el tiempo, para comprender dentro de ella el desplazamiento aparente – para un observador terrestre, insisto – de los planetas y astros que se requieren para el estudio astrológico. Esta franja debe comprender en ella el tránsito que el Sol, la Luna y los planetas recorren durante un año, pasando por las constelaciones, que da nombre a cada signo, o aproximándose a ellas.

165 Desde antiguo, esta franja de 360 grados está dividida en doce partes iguales, de 30 grados cada una, que reciben el nombre de las doce constelaciones que se encuentran ubicadas dentro o cerca de ese espacio. El nombre les fue conferido simbólicamente, de acuerdo a las características que se percibieron en aquellas épocas en cada constelación: Aries (el carnero), Tauro (el toro), Géminis (los gemelos), Cáncer (el cangrejo), Leo (el león), Virgo (la virgen), Libra (la balanza), Escorpio (el escorpión), Sagitario (el arquero), Capricornio (la cabra), Acuario (el aguador) y Piscis (los peces).

El desplazamiento de los astros, en el fondo estelar, según un observador ocular desde la superficie terrestre, ha sido el fundamento para desarrollar el conocimiento zodiacal. Como todos los planetas cambian de posición en el citado espacio, durante el año, describiendo singulares derroteros, se establecen distintas lecturas e interpretaciones, sobre las proximidades que, unos y otros, tengan, en un día determinado, e incluso, en una hora determinada. Es lo que se conoce como horóscopo (imagen de la hora), es decir, la hora astral del suceso o evento a estudiar, que presenta características específicas para ese momento en particular.

Por ejemplo, si observamos el planeta Marte, tomando como referencia determinadas estrellas, éste se desplaza durante algunos meses siguiendo una línea ligeramente curva, para luego hacer un giro ovoide (retrogradación), siguiendo por último, el mismo sentido anterior. El curso de ese desplazamiento, con respecto al del Sol, de la Luna y de los demás planetas, permite establecer relaciones frente a determinados procesos, que tienen que ver con la Naturaleza y con el Hombre, desde un aspecto individual y/o colectivo.

Primitivamente, los planetas considerados para el estudio zodiacal, fueron cinco: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, sumados a las dos luminarias: el Sol y la Luna, que, en la terminología astrológica, se llaman también "planetas". Mas adelante, con el descubrimiento de los nuevos planetas, se agregaron Urano, Neptuno y Plutón.

El estudio zodiacal es lo que conocemos como astrología. Inicialmente, la astrología tuvo una perspectiva eminentemente natural, es decir, tenía que ver esencialmente con los fenómenos de la naturaleza. En la medida que se vinculó a los astros con los acontecimientos humanos, surgió lo que algunos llaman astrología judiciaria.

Durante muchos siglos se pretendió que, del estudio de los astros, se podían establecer "presagios" que afectarían los conglomerados sociales (locales, nacionales, etc.). De allí que se habla de una astrología colectivista. Sin embargo, a partir del desarrollo astrológico en la Grecia Antigua, tomará

166 un curso básicamente individual, que apuntará a la determinación del carácter individual, más que a la definición del futuro colectivo.

Según la Astrología, el aparente desplazamiento de los planetas por el Zodiaco, establece relaciones que determinan influencias en el nacimiento de las personas, moldeando sus rasgos fundamentales de índole espiritual y física. Ello constituye el hecho astrológico, expresado en el ciclo de la natividad y el individuo al cual pertenece. Esta aseveración no tiene demostración científica taxativa, pero, para el entender de los astrólogos, posee fundamento en el análisis estadístico de las frecuencias en las tendencias zodiacales.

Como metodología de trabajo, se construye la Carta Astral, un diseño gráfico, sobre un trazado circular, donde, a través de ciertas definiciones preestablecidas y algunos cálculos matemáticos, se ubican los planetas, representados con símbolos específicos, logrando, en definitiva, hacer una lectura del resultado gráfico que se obtenga. Para esa lectura existen también ciertas tablas o constantes de apoyo, de acuerdo a la posición de cada componente en el plano circunferencial de la Carta Astral, las que señalan determinadas tendencias que ayudan a lograr el objetivo (definición de rasgos de personalidad, influencias, eventualidades, etc.).

Como toda forma de conocimiento, a través de los tiempos, ha ido variando muchas de sus afirmaciones y conceptos, producto del propio desarrollo del pensamiento humano y de su acción esclarecedora. Desde las primeras aproximaciones de los caldeos hasta nuestros días, los cambios de perspectivas y referencias en la astrología han sido notables, como lo han sido los propios cambios en otras disciplinas mas reputadas en el ámbito del pensamiento empírico.

Los descubrimientos, los cambios de perspectivas, la acción de la ciencia, los aportes de la filosofía, en fin, han permitido modificar la comprensión que tiene el Hombre de la Naturaleza, así como han tenido un profundo impacto en los parámetros que dan sustento al estudio astrológico. Constituye un error pensar que la astrología se ha enclaustrado en sus referencias ptolomeicas o renacentistas. Mucha de la crítica dura contra el conocimiento zodiacal, basa sus argumentos en las visiones más arcaicas del conocimiento astrológico, sin considerar que, como el hombre, el estudio zodiacal, efectuado por hombres, está evolucionando permanentemente, poniéndose al día, reconsiderando sus afirmaciones cardinales.

A través de los tiempos, las ópticas de estudio de los fenómenos de la naturaleza y su relación con el hombre, han variado en su eje o centro de observación. En algunas oportunidades ha predominado el geocentrismo, es decir, el predominio de observación teniendo a la Tierra como centro. En otras, ha sido el antropocentrismo, es decir, una visión que tiene como centro al

167 Hombre. En ocasiones, el predominio ha sido nomocentrista, es decir, sostenida en las leyes. También el teocentrismo, la visión a partir de la religión, ha tenido una presencia muy gravitante, como, en momentos, la visión deocéntrica, que sostiene la realidad centrada en Dios. En cada una de éstas visiones, la astrología ha ganado un lugar, compatibilizando sus planteamientos.

Con todo, el estudio astrológico no es absolutamente objetivo, ya que en él pueden incidir factores subjetivos, propios de la profundidad del conocimiento del que interpreta los fenómenos zodiacales. La cuestión a discernir, frente a esta forma de conocimiento, es un tema de resolución personal. Si los movimientos de los planetas y del Sol y la Luna, producen efectos en las personas o en la Naturaleza, sigue siendo un tema de debate que no concluirá en lo inmediato. Si esos efectos tienen un índice de frecuencias suficiente, como para demostrar el nivel de acierto de la astrología, es el gran tema a resolver para la aceptación plena de la misma.

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