En nuestro tiempo, el conocimiento zodiacal y la astrología, como método de aplicación y estudio, han sido refutados desde diversas concepciones del pensamiento, muchos de los cuales tienen arraigados orígenes en la cultura occidental. De modo sintético, podemos hablar de tres refutaciones fundamentales: la cultural, la científica y la religiosa. En el campo de la filosofía es poco lo que es posible constatar, fundamentalmente porque la astrología no ha sido un motivo de preocupación especulativa, y cuando ha existido una opinión, esta ha sido adoptada desde los criterios de la religión o de la ciencia.
La refutación cultural.
Esta se funda en las tradiciones anti-astrológicas de nuestra civilización, con influencias de tipo laica o secular, muchas veces, con arraigos ideológicos o sociológicos de diverso origen. Se nutre de aspectos de percepción colectiva, que entiende a la astrología como un arte propia de la subcultura de la adivinación o de la especulación ocultista.
El uso de la astrología por parte de individuos que se dedican a beneficiarse de sus supuestas capacidades adivinatorias, a través de diversos artes – entre ellos, la horoscopea -, ha contribuido a acendrar la opinión cultural, en una parte de nuestra sociedad, de que, todo lo relacionado con el estudio zodiacal, tiene que ver con timadores y charlatanes, o falacia circense.
La creencia de cierta gente, de que la astrología tiene relación con las llamadas ciencias ocultas o con ciertas energías desconocidas, que requerirían una especie de iniciación mística para acceder a su conocimiento, ha contribuido para catalogarla como un arte de parlanchines.
177 La acusación más común, entonces, señala que la astrología, es una ciencia falsa, un simple arte o doctrina con perfiles ocultistas, desprovista de valor ético – una simple creencia profana -, basada en afirmaciones no demostrables ni verificables.
Algunos de los criterios populares, para denostar el conocimiento zodiacal, son las siguientes:
• La división del zodiaco en 12 casa o signos, es una simple arbitrariedad, lo que demuestra su inconsistencia. Los distintos sistemas astrológicos, dan como resultado distintas divisiones, en las distintas escuelas astrológicas: mesopotámica, grecolatina, china, celta, maya, etc.
• El estudio zodiacal tiene su origen y fundamento en las culturas inter-tropicales (entre los trópicos de Cáncer y Capricornio), donde es posible establecer los parámetros de la franja zodiacal. La influencia astral pierde todo sentido sobre esos parámetros, en las regiones polares, donde se distorsiona la visión de la eclíptica.
• Las supuestas influencias astrales no son demostrables ni como fuerzas ni como energías, por lo que son indefinibles.
• Siendo la astrología un esquema que funciona en la Tierra, sobre la base de la observación terrestre de los astros, carecería de sentido ante un eventual nacimiento de un individuo fuera de la Tierra.
• La relación de los signos zodiacales con las constelaciones que reciben esos nombres es ridícula, ya que éstas no están comprendidas en la franja zodiacal.
• El fenómeno de la precesión equinoccial, o desplazamiento de la esfera celeste en un movimiento rotatorio, que cada 2.150 años produce una diferencia de 30 grados, provocando que la franja zodiacal vaya variando con el paso de los siglos en su ancho, lo cual hace insostenible la tesis astrológica a través del tiempo.
• El efecto de los astros sobre la natividad de un individuo es una falacia, ya que, si hubiese una influencia posible, esta debería manifestarse en el momento de la gestación, pero, como eso ocurre en un momento más inestable como dato, no se toma en cuenta.
178 Nuestra referencia, para esta refutación, por cierto, se centra en la opinión de las religiones de origen cristiano – católica y/o protestantes – cuya presencia es predominante en nuestro ámbito civilizacional occidental.
La refutación que hacen las religiones, no se centra en una crítica respecto de los aspectos metodológicos que pueda contener la astrología, sino que en el fundamento de ella. Bajo el punto de vista teológico cristiano, la práctica de la astrología es una manifestación irreligiosa, de claras tendencias paganas, que se manifiesta ante la falta o la debilidad de la fe.
La existencia de la astrología – como la del tarot, runas, y otras manifestaciones de tipo adventicio-pagano – es contraria a la debida observancia de las doctrinas de la Fe. Teológicamente no es posible concebir la existencia de una práctica o metodología, que pretenda escrutar el misterio de la concepción humana o del porvenir, pues, ellos están determinados solo y exclusivamente por el designio divino.
Para el cristiano, para quien se considera un verdadero creyente, el hombre está hecho a la imagen de Dios y es producto de su determinación, y no puede haber otra influencia en el proceso de natividad de un individuo, que la voluntad de Dios, ya que la vida es consecuencia de su creación, y solo a él está subordinada.
La refutación científica.
La refutación que la ciencia ha hecho de la astrología, no tiene mas de tres siglos, puesto que, antes de la separación de la astronomía y la astrología, esta última era considerada como una ciencia más.
Sin duda, influirán en la refutación científica respecto de la astrología, la noción científica que se impone a partir a Descartes, en el siglo XVIII, empírica y reduccionista, y la concepción newtoniana (recordemos que Newton fue un entusiasta astrólogo) de un Universo determinado por leyes y por principios matemáticos, que tendrá su máximo exponente en la noción que entrega el Marqués de Laplace.
Desde un punto de vista clásico, la ciencia es entendida como un conocimiento sistematizado, organizado a través de la experiencia sensorial, objetivamente verificable. Tiene, en ese contexto, un valor universal, que se caracteriza por un método determinado, que se funda en objetivos controlables, así como en observaciones y pruebas repetibles y verificables.
Hasta hace algunas décadas, se afirmaba que la ciencia no podía admitir una afirmación que no fuera verificable desde un punto de vista empírico, y toda búsqueda del conocimiento tampoco podía desligar la ciencia
179 pura – la investigación científica sin objetivos concretos – de la ciencia aplicada – la búsqueda de usos prácticos del conocimiento científico - y de la tecnología, a través de la cual se hace tangible y práctico el conocimiento científico.
De éste modo, si los preceptos de la astrología no podían ser objeto de un estudio empírico, si sus conceptos no podían ser reducidos a la más mínima escala de análisis y verificación, no tenía valor científico. Dentro del concepto empírico, se llegó a la conclusión de que, en el estudio de los astros, solo tenía valor el estudio de las leyes que regían su comportamiento (desplazamiento, rotación, gravitación, etc.), eliminando toda influencia del logismo, para dar valor solo al nomismo.
La concepción de la ciencia, en la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, comenzó a variar hacia la segunda mitad, fundamentalmente con los profundos cambios que se manifiestan a partir de la física, donde determinados procesos solo son posibles de sostener a través de la teoría, bajo ciertos modelos y condiciones, derrumbando la noción de Laplace, quien había afirmado que el Universo era completamente determinista, y que bastaba conocer un conjunto de leyes en un instante de tiempo del Universo, para predecir lo que sucedería en otro instante de tiempo.
Sin embargo, será desde la física donde vendría un nuevo argumento para liquidar toda viabilidad del conocimiento astrológico, específicamente, con el principio de incertidumbre, que enuncia Werner Heisenberg, en 1927. Este principio sostiene que existe un límite de precisión para determinar las coordenadas de un suceso dado, a escala subatómica. Para predecir la posición y velocidad futuras de una partícula, hay que tener la capacidad de medir con precisión la posición y velocidad actual de esta. El modo obvio de hacerlo, es iluminando con luz una partícula. Como algunas de las ondas de luz son dispersadas por la partícula, es posible constatar su posición.
Sin embargo, no es posible determinar la posición de la partícula con mas precisión que la que se produce entre dos crestas consecutivas de una onda de luz (la ondulación de la luz forma crestas y valles). Para poder medir con mas precisión se requiere de luz de onda más corta, pero, como ello no es posible, porque las ondas de luz y rayos X, no se pueden emitir en cantidades arbitrarias (constante de Planck), no existe la posibilidad de determinar la dirección de una partícula, y, en consecuencia, su velocidad, sino entre dos cretas de una onda de luz. Así, cuanto mayor sea la precisión necesaria para predecir la posición de una partícula, menor será la precisión para medir su velocidad, y viceversa.
Heisemberg señaló que la incertidumbre en la posición de una partícula, multiplicada por la incertidumbre en su velocidad y por la masa de la
180 partícula, nunca puede ser más pequeña que una cierta cantidad. Este límite no depende de la forma en que se trata de medir la posición o velocidad de un tipo de partícula, sino que es una propiedad fundamental, ineludible, del mundo. Hawking sostiene que el principio de incertidumbre marcó el final del sueño de Laplace, ya que no se puede predecir los acontecimientos futuros con exactitud, si ni siquiera se puede medir el estado presente del universo en forma precisa.
Este principio tiene efectos en la astrología de un modo concluyente, ya que sería imposible establecer efectos físicos de los planetas o astros, sobre el proceso de la natividad de un individuo, en fenómenos que ocurran – vía fuerzas y/o energías – en escalas mayores a la velocidad de la luz.