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LOS VESTIGIOS DEL ESOTERISMO.

In document Jans Sebastian - Trazados Entre Columnas (página 156-159)

Guénon define el esoterismo como un modo de inferencia de naturaleza trascendental. La utilización del término "esotérico" muestra que

156 hay una forma de conocimiento, que incluye aspectos misteriosos, con conceptos y métodos que pueden ser entendidos y utilizados sólo después de un proceso de iniciación.

En uno de sus libros más afamados, Guénon sostiene que “en sus orígenes el cristianismo tenía, en su doctrina y ritualismo, un carácter esotérico, y por lo tanto iniciático”. Desde su punto de vista, el cristianismo originario no busca convertirse en una religión para todos, pues, a diferencia del islamismo o el judaísmo, no promulga un código que reglamente la sociedad en que la religión pretende imponerse.

Cuando el islamismo busca imponerse en la sociedad, difunde el Corán, donde se legisla sobre todos los aspectos de la organización social de modo específico. Lo propio ocurre en el judaísmo con la ley mosaica, donde se manifiestan 613 preceptos en que se señalan claramente, en nombre de Dios, lo que se debe y no se debe hacer. Recordemos que para el judío la Torá es la palabra de Dios, una ley inmutable y eterna, porque inmutable y eterno es el legislador.

El cristianismo originario, indica Guénon, carece de aquella formulación legal, de un código para todo el cuerpo social, porque no pretende reglar o legislar para toda la sociedad, pues, su pretensión fundacional es convivir en comunidades cerradas y excluyentes, selectivas, sin la intención de llevar su discurso de revelación a toda la sociedad, a la que considera condenada.

Solo cuando se impuso la opción exotérica, el katolikhes, el episcopado papal y romano, advertirá que carece de esa legislación, por lo cual, recurrirá al Derecho Romano como primera fuente, y a la reivindicación de la ley mosaica, regulada por el contenido cristológico fundacional resumido en los textos evangelísticos. De acuerdo a la tradición islámica, citada por Guénon, el cristianismo no opera inicialmente como una shariyah, es decir, como un mandato dirigido a todos, sino más bien como una tariqah, es decir, como una vía exclusivamente iniciática.

De tal modo, que al estudiar las conductas de esas comunidades, en sus primeros dos siglos, veremos que destacan por su distanciamiento con el colectivo social, al punto de ser consideradas como sectas riesgosas para la estabilidad social. Son agrupaciones cerradas, que se reconocen por signos, que realizan sus ritos en lugares inaccesibles para todo elemento exógeno, incluso recurriendo a cavernas subterráneas para proteger de mejor manera sus secretos.

Más allá del mito de las persecuciones por consecuencias de la fe, la realidad es que la acción represiva de las autoridades romanas contra los cristianos, obedecerá precisamente a la condición refractaria de éstos respecto

157 al ordenamiento social y a su exacerbado secretismo. La existencia de las catacumbas da cuenta de una concepción oculta de sus prácticas y doctrinas, antes que de un espacio de refugio para eventuales persecuciones. Objetivamente, la existencia de las catacumbas no era un secreto para el poder político romano, como sí lo eran las prácticas que ellas abrigaban, que no se hicieron sospechosas sino en la medida que los cristianos fueron ganando adeptos en la clase política.

Pero, no es necesario tener a la vista ese hecho, para advertir los vestigios del esoterismo en el cristianismo originario. En un hecho que en las Escrituras hay muchos testimonios. En sus cartas a las comunidades cristianas, Pablo pone de manifiesto que, en el contenido de la fe que difunde, hay un componente central, constituido en torno a un misterio que se revela progresivamente, en la medida que se robustece el vínculo y el nivel de conocimiento. En su primera carta a los corintios les dice claramente que se trata de una sabiduría entre los que han alcanzado la madurez - "hablamos de sabiduría entre los perfectos"-, y reitera la idea de un misterio, de un conocimiento que no es vulgar, ni conocible por los príncipes de su tiempo. Sabemos que, en el concepto griego, el conocimiento o gnosis – gnostiké -, no se trata de un saber común, sino de un saber que contiene un sentido y un propósito.

Sin embargo, en el desarrollo de la conceptualización iniciática y esotérica, es indudable que Tito Flavio Clemente, conocido como Clemente de Alejandría, será quien adquiera la mayor preeminencia, y que se hace presente en sus obras "Pedagogo", "Astrómatas" y "Misceláneas". En ellas sostiene que la existencia humana del Cristo, es un método de enseñanza, pues, su obra salvífica consiste en que el Verbo se da a conocer para educar al hombre para una vida divina: "El Verbo se hizo hombre, para que ustedes aprendieran de un hombre como el hombre puede hacerse Dios" (Pedagogo).

Para Clemente, el Cristo no reveló a muchos lo que no estaba al alcance de muchos, sino a unos pocos, a los que sabía que estaban preparados para ello. Los misterios, señalaba, se comunican de manera misteriosa "para que estén en los labios del que habla y de aquel a quien se habla". Así, la tradición no era cosa vulgar y al alcance de cualquiera.

En el mismo sentido, su posible discípulo, Orígenes Adamatius, desarrolla la idea del Logos o Palabra Encarnada, además de aquellas ideas que serían anatemizadas como heréticas por Anastasio (obispo de Roma) y por Epifanio de Salamina, ratificadas en Constantinopla. Orígenes propone la idea de una salvación universal, mediante el camino de la purificación, contraria, por cierto, a la idea del castigo eterno de los condenados. Junto con ello,

158 propone la apokatástasis, es decir, la restauración cósmica, en que todas las almas volverían a la gloria de Dios, incluyendo a los ángeles condenados.

Ese planteamiento se sustenta en su idea de la preexistencia de las almas, las que pasan a ocupar un cuerpo, para purificarse y ser rescatadas por el Verbo, y elevarse nuevamente a su condición inicial.

En su concepto, los apóstoles dejaron la tarea de buscar las razones más profundas de sus afirmaciones, a los que merecieran los dones más profundos del espíritu, es decir, a aquellos que conocieran los misterios del Verbo.

Los tres ejemplos que hemos citado, son solo aquellos más relevantes, dentro de muchos vestigios que hablan de conceptos específicamente esotéricos, de misterios comunicados en círculos reducidos de adeptos, de aprendices (niños), de detentores de todos los secretos (maduros), de un conocimiento que se imparte gradualmente, y que se hacen presente en la Biblia cristiana, en el llamado Nuevo Testamento.

In document Jans Sebastian - Trazados Entre Columnas (página 156-159)