Frente a la refutación cultural.
La primera comprobación que debemos reconocer respecto del conocimiento zodiacal, es que, como toda forma del conocimiento humano, está expresada a través de la acción de estudiosos serios, por un lado, y por otro, de charlatanes que hacen un uso perverso de ciertos aspectos de ese conocimiento. Es lo que ocurre con otras disciplinas del conocimiento. ¿Cuantos falsos médicos, por ejemplo, encontramos hoy día, encastillados en ciertas atalayas de las comunicaciones, entregando un falso conocimiento doctoral, medrando sobre la base de la labor anónima de aquellos que honestamente se han entregado a la labor de buscar soluciones al sufrimiento humano, a través del estudio y la honesta dedicación? ¿Se desprestigia la labor del médico consagrado, por la acción de aquellos que hacen usufructúo del conocimiento medicinal para enriquecerse, gracias a manejar ciertas técnicas y conocimientos?
En virtud de esta consideración, si asignamos validez de estudio zodiacal, a aquello que hacen los quirománticos, los brujos, los horoscopistas matutinos, los timadores de la adivinanza, o los escrutadores de bolas de cristal, no estamos siendo realmente rigurosos, y solo estamos siendo inocentes víctimas de nuestros propios prejuicios. No corresponde, con verdadero rigor intelectual, poner en una misma balanza, lo que ha sido al aporte de grandes sabios al conocimiento astrológico, a través de los tiempos, con el usufructúo de los oportunistas.
Un segundo criterio apologético es el planteamiento que contradice la visión cultural anti-astrológica. Este punto de vista nos señala que la astrología, como método de estudio zodiacal, no se encuentra concluído en sus
181 alcances ni absolutamente definido en su ámbito de investigación. La astrología, como todas las metodologías del conocimiento humano, está sujeta a profundización, modificaciones, correcciones y perfeccionamiento.
De hecho, los verdaderos astrólogos consideran que el estudio astrológico aún tiene mucho que aprender de los fenómenos astrales, como el hombre mismo tiene mucho que aprender aún del Universo. Por lo cual, la astrología tiene las debilidades e insuficiencias que puede caracterizar a otros campos del saber. En la medida que la astrología vuelva por sus fueros en el ámbito de la investigación científica, que las instituciones de investigación abandonen sus prejuicios, en la medida que la rigidez empírica abandone los ámbitos académicos, será posible que la astrología adquiera un nuevo desarrollo, y muchas de sus insuficiencias podrán superarse.
Un tercer aspecto, dice relación con los alcances que tiene la influencia astral en nuestro planeta. Los estudios y metodologías existentes indican que la influencia de los astros se manifiesta en todo el globo terrestre, a pesar de que el modelo de estudio esté planteado ecuatorial o inter- tropicalmente. Es posible que los efectos de la influencia astral puedan sufrir variaciones de un tipo no definido aún, debido a la mayor o menor distancia relativa del punto exacto de perpendicularidad del efecto astral, pero, ello no impide que ese efecto sea aplicable sobre cada parte de nuestro planeta. Es como lo que ocurre con la luz del Sol: los efectos de intensidad y perdurabilidad están sujetos a variaciones, en el norte y sur ecuatorial, por el efecto del desplazamiento del eje de la Tierra a través de año, pero, ello no es óbice para que la luz del sol tenga efecto sobre todo el planeta. Por lo que, la fustigación anti-astrológica, respecto del origen inter-tropical del estudio zodiacal queda desechada en su fundamento.
Respecto la imposibilidad de aplicar el estudio astrológico fuera de nuestro planeta, no es algo que sea posible de determinar aún. El hombre solo ha explorado la Luna, es decir, aún no sale del ámbito propio de nuestro planeta. Eso, en verdad, es una falencia que tienen muchas ciencias que son aplicables solo a escala terrestre. La física ha demostrado taxativamente, que determinados fenómenos se expresan a una escala, y que, en otra escala, ellos se expresan de otra manera. Por lo demás, ya existen visiones distintas dentro de la astrología, que demuestran perspectivas de estudio distintas. De la escuela zodiacal tradicional, se ha desprendido una escuela sideral, que no basa su estudio en los astros y planetas solares, sino en relación con las constelaciones. Incipientemente, también debemos constatar que se comienza a expresar una escuela astrológica holónica, que busca relacionar el estudio zodiacal tradicional con las revisiones metodológicas de la ciencia.
182 Por último, las presuntas incoherencias que hay entre las casas zodiacales y las constelaciones que le dan nombre, ellas parten de un criterio equivocado. Desde el punto de vista del estudio zodiacal tradicional, las constelaciones no tienen relevancia, salvo haber utilizado sus nombres para designar a los signos o casas. Por otro lado, la naciente astrología sideral, no tiene como referencias exclusivas a aquellas constelaciones, sino el conjunto del universo conocido por el hombre.
Frente a la refutación religiosa.
La apología del estudio astrológico, con relación a la refutación religiosa, afirma que ésta no niega, ni relativiza, ni soslaya la divinidad. Por el contrario, como lo afirmaban los teólogos renacentistas, la creación de Dios está a disposición del Hombre para ser descubierta en todas sus maravillas.
Si Dios impone su voluntad en la Naturaleza, ella sigue estando antes que los fenómenos posibles de constatar a través del estudio zodiacal, y la astrología es, como otras formas de conocimiento humano, una alternativa mas del ser humano, que dispone para escrutar el designio divino.
Pretender que solo la religión es el único camino para descubrir a Dios, o para interpretar sus designios, para descubrir la verdad, es la misma pretensión de detentar la verdad que pueden tener la ciencia o cierta filosofía. La posición excluyente, que optan los religiosos, es propia del fundamentalismo que se manifiesta en las creencias de las personas, ante sus propias debilidades.
Frente a la refutación cientifiquista.
Los científicos de la modernidad, han anatemizado a la astrología de un modo determinante. Conceptualmente, desde un punto de vista axiológico, la ciencia lejos de marginar a la astrología, la acoge. Pero, quienes han hecho ciencia, se han negado a aceptarla, por no responder a ciertos parámetros de investigación y por estar fundamentada en errores.
Sin embargo, ante esa afirmación, es válida la interrogante planteada desde el ámbito de la astrología, en cuanto a que ¿si la astrología se ha sostenido en un error, cuantos errores han sostenido aquellas ciencias basadas en la metodología empírica? Por lo demás, ¿es importante que la astrología sea una ciencia, en vez de ser, como lo es, una forma de conocimiento?
El anatema empírico contra la astrología, sin embargo, ha comenzado a derrumbarse con las nuevas percepciones del hombre. La emergencia de las nuevas visiones, que han cambiado la interpretación del hombre y del
183 universo, producto de los propios descubrimientos científicos, y la revalorización de la metafísica como camino de búsqueda, hacen posible una comprensión distinta del antecedente astrológico.
La teoría holónica o Teoría General de Sistemas –TGS – propuesta por Von Bertalanffy, ha permitido, de un modo importante, dar un nuevo aliento al conocimiento astrológico o zodiacal. Contra la crisis gnoseológica planteada por el pensamiento empírico-reduccionista, la TGS propone la integración de las ciencias naturales y sociales, a través de principios conceptuales y metodológicos unificadores.
La noción predominante, bajo esta teoría, es que hay "una totalidad orgánica", la cual es dicotómica con el paradigma anterior que se funda en una imagen inorgánica de la vida y la realidad. Si entendemos la vida y el Cosmos como un sistema, en el cual están expresadas las nociones de la TGS, no nos puede sorprender que la (s) relación (es) interna (s) o externa (s), del o los sistemas que lo integran, apuntan a expresar, de un modo evidente, el valor de una teoría como la que, en lo sustancial, la astrología expone. Objetivamente, la relación entre los elementos de un sistema y su ambiente, es un hecho inevitable del proceso vital.
En el mismo sentido, la visión bioética, que ha configurado uno de los grandes cambios en la percepción de la vida, y que nos lleva a asumir ante nuestras consciencias la constatación que el proceso de la vida es mucho más inconmensurable que nuestra cotidianeidad antropológica. Entender el proceso de la vida, mas allá de nuestras propias necesidades como especie, requiere entender que, intrínsecamente, somos solo una parte ínfima en un Universo vital, al cual estamos indisolublemente ligados.
Por último, en el capítulo anterior, desde un punto de vista científico, indicábamos que con el principio de incertidumbre se había llegado a la conclusión definitiva, en cuanto a la imposibilidad humana de predecir el futuro, ya que físicamente ello tenía la insalvable barrera de predecir la dirección y velocidad de una partícula entre dos crestas de una onda de luz (nada hay más rápido que la luz).
Ello, empero, da margen para la especulación teórica respecto de lo que no está en condiciones de ser medido o controlado, pues, hay una circunstancia física en la cual queda mucho por resolver, y donde caven sucesos que están más allá de nuestra capacidad inmediata de resolver como sujetos cognoscentes. Recordemos que la enunciación del principio de incertidumbre provocó una fuerte tendencia mística entre muchos científicos.
A ello debemos sumar, en el mismo contexto, las actuales conclusiones que pueden sacarse de los resultados del Proyecto Genoma, en su informe de febrero de 2001, que darán bríos a los apologistas del conocimiento
184 astrológico, al comprobarse que las diferencias en el mapa genético entre los animales, incluido el hombre, parecen no ser tan sustanciales como se suponía, y que, para explicarse al hombre como entidad espiritual, no basta solo saber su origen y tránsito genético.
VALORACIÓN DE LA ASTROLOGÍA FRENTE A LA CRISIS DE LA