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La muerte constituye uno de los hitos de mayor significación en la existencia social mapuche. El fallecimiento de una persona significa la movilización de toda la comunidad —residentes y emigrados— a la hora de acompañar al difunto en su tránsito hacia el Wenu Mapu. En la despedida no deben escatimarse esfuerzos para asegurar que la ruta iniciada por el difunto llegue a buen término y no quede entreverado en el Nag Mapu. La ceremonia (eluwün) dura cuatro días y sus noches, atendiéndose a las visitas con alimentos. Si la persona difunta es una figura importante, como por ejemplo una machi, se tocan instrumentos y se canta en su homenaje. El día del funeral se celebra en una planicie (lelfün), donde cada familia levanta una ramada o küni en la cual se carnea un animal, cuya carne se comparte con los invitados. En ese contexto se realiza el gütxamkan o el relato biográfico del difunto, tras lo cual se le lleva al cementerio o eltuwe. Allí se realiza un awun o trilla de caballos alrededor de su ataúd para pedir al espíritu que se vaya. La ceremonia culmina con el amulpüllü o despedida del alma para asegurar su retorno al lugar de los ancestros.

Los cementerios (eltuwe) tienen un valor más bien conmemorativo, toda vez que son los cuerpos de los difuntos los que allí permanecen, mientras que sus espíritus (am) han tomado el rumbo hacia el Wenu Mapu (la Tierra de Arriba). Emplazados generalmente en colinas, próximos a la bóveda celeste y facilitando la relación visual y espacial con el Puel Mapu, representan la nueva residencia del cuerpo, donde descansa conectado al alma en el otro mundo.

En el eluwün o rito funerario se construyen los espacios para el encuentro de las almas de los muertos con los vivos. Se trata de un espacio que no deslinda la condición de vivientes y difuntos, de modo que la comunicación se hace cotidiana. Es un espacio para el visitante, que no olvida a sus antepasados (kuyfikeche), mientras ambos cumplen con la recíproca labor de abastecerse de provisiones eternamente.

Las construcciones de los eltuwe williche son iconografías que representan umbrales que siempre se deben traspasar, como las colinas características de su territorio, los arcos de las puertas del gillatuwe o la roca del Abuelito Wentellao. La muerte de una persona constituye ocasión para una junta, que convoca a una gran cantidad de personas. El esfuerzo ritual que se despliega en el proceso de la partida al Wenu Mapu incluye la invitación a que el espíritu del difunto no vuelva —su retorno es un mal signo— y, una vez que se ha logrado el propósito, se produce el entierro, el que en el pasado incluía las prendas y objetos del difunto. En sus tumbas, los cuerpos siempre son dispuestos de manera que la cabecera esté orientada hacia el Lhafken Mapu (poniente), mirando eternamente el ant'hü naciente, referente de mogen.

El levantamiento de una pequeña ruka en los cementerios de San Juan de la Costa, y la de los descansos en la cordillera de Panguipulli, dan cuenta de la creación de espacios que operan como señuelos, invitando al alma del difunto a un lugar parecido al que fuera su casa, pero distinto. En esa condición, el encuentro entre el alma del difunto y su sobreviviente se hace posible. Para la conmemoración del difunto se emplaza una escultura (chemamüll) en la cabecera de la tumba, aunque hoy ha sido reemplazada por una cruz (Saavedra & Rodríguez, 2011).

Los cementerios representan una síntesis entre las prácticas fúnebres tradicionales de los mapuche y los rituales cristianos que fueron impuestos a la cultura indígena, en un contexto regulado por la acción del Estado. Podrían, en cierto modo, ser vistos como una solución de compromiso entre dos visiones radicalmente diferentes acerca de la vida y de la muerte.

Es interesante subrayar que en el ordenamiento interno de los cementerios se establece una correspondencia entre la estructura social vigente y las posiciones relativas ocupadas por los difuntos. Los espacios al interior del recinto se distribuyen de acuerdo con la territorialidad mapuche, mientras que los propios miembros de las comunidades distribuyen las sepulturas, asignando los espacios para cada familia según sea su jerarquía. El orden, pues, refleja las relaciones de poder que se dan entre las familias y las comunidades (Sánchez, 2002).

Rubén Sánchez (2002) plantea que “el cementerio está relacionado con una unidad espacial determinada y cuyos límites coinciden con quienes participan en el Gillatun” (p. 377). Constituido por comunidades determinadas, solo sus miembros podrán ser enterrados en estos espacios sagrados. En el caso de cementerios donde hay diversidad cultural, se produce una separación entre las sepulturas mapuche, que se ubican orientadas hacia el Puel Mapu, y las no mapuche en el sector opuesto.

representación gráfica de un eluwün. El eltuwe, o cementerio, es parte del lof o de la comunidad indígena. La distribución interna de los difuntos se corresponde con la organización espacial del lof o comunidad, de modo que las vecindades del nagmapu trascienden sus confines, proyectándose a dominios trascendentes.

fogones ubicación familias dolientes bancas para visitas fallecido

1.5 Simbolismo en los espacios comunitarios

El simbolismo de la cultura mapuche, especialmente en lo concerniente a las actividades comunitarias (que se vuelven públicas en ámbitos interculturales), adquiere un carácter geográfico. Más que entender cada símbolo como una unidad aislada, es preciso dar cuenta de su carácter relacional, teniendo como trasfondo la conexión existente entre los distintos dominios de la existencia humana (Huiliñir-Curío, 2015).