Preparación: una baraja de 32 en este orden: Rey de Diamantes
una carta numérica indiferente As de Diamantes
Nueve de Picas Dama de Corazones
una carta numérica indiferente una carta numérica indiferente Jota de Tréboles
una carta numérica indiferente una carta numérica indiferente Dama de Picas
luego una carta numérica indiferente, etc. Bajo la baraja se colocan:
As de Picas
Rey de (un duplicado)
Rey de de Picas
Sobre la misma se colocan once la primera la la tercera la cuarta la quinta la sexta la séptima octava la novena la décima la undécima ad la última la penúltima la antepenúltima La carta dividida debe estar orientada con el Rey hacia el público. Disponibles, en algún lugar conveniente:
Rey de Diamantes la primera
Rey de de Picas la segunda
Rey de Diamantes la tercera
Rey de Diamantes la cuarta
Rey de Jota de Tréboles la quinta
Rey de Diamantes la sexta Rey de Diamantes la séptima
Rey de Diamantes/Dama de Corazones la octava
Nueve de Picas la novena
Cuando estas nueve cartas sean colocadas sobre la deben quedar la Dama de Picas, la Jota de Tréboles y la Dama de Corazones orientadas hacia el público.
Procedimiento:
Le pido, entonces, que tome una carta
y que la devuelva a la baraja.
Son demasiadas cartas para yo saber cuál es la suya. Pero para ello voy a emplear recursos psico-
y me permitiré hacerle
varias preguntas. ¿Es su carta una carta de número?
¿Se ha fijado bien en U carta?
Con estas palabras se hace un
llevando Rey de Diaman- tes de la posición superior al centro de la baraja, obteniendo una sepa- ración con el meñique izquierdo.
A un caballero:
Se fuerza el Rey de Diamantes y se hace otro Salto, recomponiendo el orden de la baraja.
El artista divide la baraja en dos paquetes, recibe la carta elegida sobre el paquete inferior y coloca el superior encima, obteniendo una con el meñique izquier- do. Se mezcla en falso (mezcla en abanico en "En Todas Partes y en versión con cartas normales, como
para llevando el Rey de
Diamantes a la posición superior.
Se hace otra vez la colo- cando así una carta indiferente
sobre el Rey de Diamantes, el cual
queda en la posición.
Mientras se
Respuesta: No. Respuesta: Sí. Charla:
Los juegos de cartas suelen hacer-
a una cierta distancia. A mí me
gusta al Cuanto
mejor, sobre todo hay presentes.
¡Sí! ¡No! Sus respuestas parecen muy seguras.
¿Sabe usted, entonces, cuál fue la carta
¿No? Pero es muy simple: Entre las que le voy a tiene que estar pensada.
¿Es quizás ésta de encima?
¿O quizás ésta de abajo?
¿Tampoco? Pero si enseño todas las cartas así, tarde o temprano llegaremos a la elegida.
Entonces ésta no es
y ésta tampoco.
Dirigiéndose a un segundo espec-
Respuesta: No.
Al caballero que eligió la carta: Se enseña la carta superior al
Respuesta: Se vuelve a colocar la carta sobre la baraja.
Se ensena la carta inferior, giran- do la baraja. Respuesta: No.
El artista coge de nuevo la carta superior y la enseña.
Después de pronunciar estas pala- bras se hace un Enfile, cambiando la carta de la mano derecha por el Rey de Diamantes que está sobre la baraja, y se coloca este sobre la mesa como si fuese la carta que se acaba de enseñar. Se introduce en la baraja la carta que mediante el Enfile ha llegado a la posición superior. Se enseña de nuevo la carta inferior, sujetando la baraja en las puntas de los dedos.
Se bajan ambas manos y se hace La Carta Corrida, es decir, el índice derecho desliza la carta inferior un poco hacia el cuerpo y
coge la penúltima la cual se coloca sobre la mesa como si fuese la que se acaba de enseñar. Segui- damente se pasa carta que ha quedado debajo a la supe- rior mediante un Salto.
Mientras pronuncia estas pala- bras, el artista abre la baraja en abanico en la mano izquierda [N.T. probable error en el La figura debería mostrar mano izquierda en vez de la derecha. Esto es confirmado más adelante por el y acomoda la última carta de la baraja (trucada) en posición transversal bajo el abani- coa el Rey de Diamantes orien- tado hacia la
El espectador toca una carta de la baraja. El artista coge las cartas a la izquierda de la que han tocado y las separa un poco hacia la izquier- da. La mano derecha cuadra en- tonces parte superior de bara- ja, incluyendo la carta indicada, y haciendo que la mitad de la carta trucada que tiene el Rey de Dia- quede en la mano. El debe creer que la carta Pero las cosas buenas son siem-
tres.
Ahora le pido, por que toque una carta, y la carta que toque será la suya.
¿Cómo? ¿Esta tampoco?
Esto ya es grave.
ahora me dirijo a las damas, quienes con una mirada pueden milagros. ¿Qué les impi- de, entonces tener una maravillosa influencia sobre las cartas?
Le pido, señora mía, que mire hacia una de estas cartas. En cuanto haga, esa se trans- formará en elegida.
era su carta?
elegida es ahora la inferior de] paquete de la mano derecha. El artista levanta dicha mano y enseña el paquete de modo que los espec- tadores vean Dama de Picas, mientras se cubre mitad interior de la carta trucada.
El espectador entonces, que esa sea su carta.
£1 artista deja sobre la mesa la parte de la baraja que está en mano La mano derecha pasa sus cartas a la mano izquier- da, extrae la carta trucada de deba- jo de ese paquete y la enseña con
cubriendo el Rey, se dice:
Se coloca la carta también cara abajo sobre mesa entre las otras dos. Este paquete se coloca sobre el otro y se coge la baraja entera en la mano
¡Aquí está! Su carta.
A una dama:
La dama indica una carta. caballero en cuestión: Respuesta: El Rey de Diamantes. El artista levanta la carta indicada por U dama y la enseña. Si no resulta la trucada, se sujeta entre las puntas del índice y mayor. Después de enseñar la carta se baja la mano y se hace un Enfile,
Ahora le pido hacia una de las otras
La carta que usted ha
Ahora le pido que coquetee un poco también con la carta y ya está aquí también la carta que ha pensado.
Pero yo sé lo que todos están pensando. Creen que tengo la carta por triplicado y que está aquí, aquí y aquí.
¡Pues no! La carta sólo está en el lugar al que miren;
y aquí está la carta que usted pen-
só.
Pero no está aquí como usted ha visto antes,
ni aquí,
sino únicamente aquí. Pero si aparta la mirada del Rey de Diamantes
cambiando el Rey por la carta superior de la baraja por la cual se coloca sobre la como si fuese el Rey que se acaba de enseñar.
A la dama:
La dama indica otra carta. Se enseña la carta y si no es la trucada se hace un Enfile (por arri- ba) y se coloca en la mesa la carta de la mano derecha.
A la dama:
Volviéndose hacia el caballero, se enseña igualmente la última carta y se coloca sobre la mesa.
Señalando las tres cartas. Independientemente de a dónde miren, se coge la carta trucada y se muestra el Rey.
Se utiliza entonces la carta ense- ñada para volver una de las otras dos cara arriba.
Se vuelve también la otra carta. Se vuelve a enseñar la carta (trucada) de la mano derecha.
y mira esta carta de encima,
presten carta deja de ser el Rey de
naturalmente, porque ahora está aquí.
Pero si usted aparta su mirada de esta carta de aquí arriba
carta de la mano derecha.
Et artista señala hacia la baraja, que está en la mano
utilizando la carta trucada para señalar y al mismo tiempo girando la misma de modo que la Dama de Picas quede hacia el extremo exte- rior y el Rey de Diamantes dentro de la mano.
El artista enseña la carta de mano derecha como la Dama de Picas.
Con estas palabras, el artista vuelve cara arriba la carta superior de U baraja. Para ello, el pulgar empuja la carta hacia derecha hasta que pueda ser cogida entre dedos mayor, anular y meñique por y el pulgar por
Girar la mano [hacia la izquierda], al mismo tiempo relajando la suje- ción de los dedos, bastará para que la carta se vuelva.
Se introduce, sin más, la carta trucada en la posición tercera por arriba de la baraja (contando la que se ha vuelto). Se coge entonces en la mano derecha el Rey de Dia- mantes que se acaba de volver.
Con estas palabras el artista
efectúa un el
Rey de Diamantes por la carta superior de la baraja (As de Dia- mantes), y gira inmediatamente la mano izquierda, el
v mira hacia abajo, el Rey Diamantes está abajo y, por deja de estar arriba. está!
y si mira para lado, ya no está el Rey de Diamantes por ninguna parte.
Gracias a usted, señora mía, la carta está en todas partes y en ninguna.
de la
Se enseña As de Diamantes que está en la mano derecha, se inserta en cualquier lugar de la baraja y se coloca la baraja sobre la mesa.
Con estas palabras se coge la baraja con la mano derecha, con el encima y los oíros dedos debajo, por el extremo exterior, y se vuelve cara arriba haciéndola sobre el extremo interior. Mientras se vuelve la baraja, los dedos se cierran firmemente, em- la carta inferior, el Rey de que parece haber desaparecido. Se dispone entonces del Rey convenientemente.
El coge ahora la baraja (cara abajo) con la mano izquierda y coloca sobre la mesa el Rey de Diamantes que está encima, mien- tras se escamotea [se empalma y se dispone de ella] la carta trucada que está también encima.
Y ahora, la carta pensada va a estar en todas partes y en
parte de la más espectacu- lar, gracias a la imaginación. Si es imaginario en este mun- ¿por qué no imaginar que e! As de Picas es el Rey de Diamantes?
Se dice también que la voluntad del hombre es libre. ¡Pues no! Todo viene determinado por una fuerza superior. Yo no intentaré influir en su voluntad a través de ninguna fuerza superior, pero lo haré de todos modos con toda mi humildad.
Como pueden ver, en toda la baraja DO hay un Rey de Dia- mantes.
Miren: Una a una. Si no hay convicción no hay sorpresa.
Como ven, sí hay un Rey de Dia- mantes, pero ninguno
Ahora le pido que diga "alto" en una carta.
El artista escribe el número "9" sobre una hoja de papel, permitien- do a varios espectadores que mi- ren, pero no a aquel que se ha prestado a colaborar, es decir, el que ha elegido el Rey de
tes; o bien se dobla el papel y se pide a este último que lo sujete.
El artista extiende la baraja, lla- mando la hacia todas cartas de Diamantes.
El artista coge dos cartas que están cara arriba sobre mesa y las coloca bajo la baraja. Se coge también e] Rey de Diamantes de la mesa y se enseña.
Se a dejar el Rey en la mesa. Al espectador que colabora;
Ya al pronunciar estas
e) artista ha comenzado a colocar cartas sobre la mesa (cara abajo) y obliga al espectador, mediante la mirada, a decir en novena carta. El Nueve de Picas es enton- ces la primera carta que se coloca sobre la mesa, luego la Dama de Corazones, etc. En cuanto e) caballero diga "alto", el artista
¿Entonces esta no?
•Puedo pedirle que ponga su sobre estas cartas?
que mis manos no tienen
¡Nueve cartas!
¿No? Entonces usted ha determi- nado que sean nueve cartas. ¿Lo ha hecho por su propia voluntad?
Perdone usted, pero ¡No! No ha sido su voluntad sino la mía.
Todos son testigos.
Entonces, como puede ver, yo he predeterminado su voluntad.
Y ahora mismo las nueve cartas, mediante su imaginación, se trans- formarán ante sus ojos en Reyes de Diamantes.
Todas estas cartas, sin excepción, incluso el Nueve de Picas, la de Corazones y la de Picas, en fin, todas ellas se transformarán,
la décima carta, como sin querer, pero simula darse cuenta y la recoge de nuevo.
El caballero pone la mano. Señalando hacia las caitas del espectador:
El caballero cuenta y asiente.
El caballero asiente.
Dirigiéndose a los espectadores a quien se mostró antes lo escrito: (o se hace desplegar el papel di- ciendo: "La prueba está en sus manos").
Al pronunciar estas palabras, el artista coge las nueve cartas que tiene previamente preparadas y las coloca sobre la obteniendo una separación bajo ellas con el meñique izquierdo; luego se cogen las nueve cartas de la mesa con la mano derecha.
El artista extiende las nueve car- tas, haciendo especialmente el Nueve de Picas y las Damas de Picas y de Corazones.
diante su
en Reyes de Diamantes.
Por favor, para no pueda haber cambio, sujete usted
baraja.
hacia la señora en cuestión:
Con estas palabras, se nuncian al señalar hacia la y con ayuda de enérgica acción de señalar, el artista un cambiando las nueve cartas de la mano derecha por las nueve que han añadido a la baraja e inmediatamente coloca la baraja cara arriba sobre la mesa, volvién- dose hacia un espectador:
Se colocan las nueve cartas das, una a una, cara abajo sobre la mesa.
El Rey de Diamantes, la carta que usted pensó ¿No?
ahora aparte usted la mirada de aquí, del Rey de Diamantes y mire hacia la primera de estas cartas,
y el Rey de Diamantes está aquí. Ahora deje de mirar
El artista levanta entonces el Rey de Diamantes de la mesa y ense- ña.
Se vuelve a el Rey cara abajo en la mesa.
Señalando Rey.
Se la primera carta cara
Se levanta el primer Rey de Dia- mantes con la mano derecha, se se vuelve a colocar cara abajo y se levanta enseguida se-
y mire la segunda carta,
y también está aquí el Rey de Dia-
Mire ahora y
es el Rey de Diamantes.
Una mirada hacia esta carta y también el Rey de Diamantes.
Aparte la rápidamente de esta carta y mire a esta
Y si mira hacia ésta, también el Rey de Diamantes.
carta, mostrando la Dama de Picas,
Se aleja la mano del cuerpo y se gira 1a carta en los dedos, orientan- do et Rey de Diamantes el extremo exterior. Se cubre la Dama de Picas y se enseña el Rey de Diamantes.
Se utiliza esta carta para volver siguiente cara arriba.
Se coloca la carta (truca- sobre el primer Rey de las nueve cartas añadidas y se coge la tercera con la cual vuelve
cuarta carta.
Apenas vuelta la carta se coloca el tercer Rey sobre los otros dos, se coge el cuarto, se enseña y se coloca sobre los otros tres, tras se dice:
Se coge la carta trucada (la quin- ta) y se enseña como la Jota de Se extiende entonces la mano, se gira la carta y se enseña como el Rey de Diamantes.
Se utiliza la carta para volver la sexta y se coloca sobre el montón. Con la sexta carta se vuelve la séptima y se coloca la sexta sobre
montón.
Se coloca este Rey sobre los Ahora se cogen en la mano y también se convierte en el Rey de
Diamantes.
Basta con una mirada y ya aquí el Rey de Diamantes.
Todavía quedan dos cartas: La de Corazones y el Nueve de Picas.
Mire hacia aquí,
hacia la Dama de Corazones,
y aquí el Rey de Diamantes.
Y mire finalmente aquí
izquierda las siete cartas que se han enseñado. Luego se levantarán y enseñarán juntas la octava y novena cartas, cuidando de que el Nueve de Picas cubra la mitad interior de la carta de que se vean el Nueve de Picas y Dama de Corazones.
Se vuelven a dejar las dos cartas en mesa y se coge sólo la da, que tiene la Dama de Corazo- nes orientada hacia el extremo exterior.
Señalando la carta superior de la mano y enseñando even-
el Rey de Diamantes. Se enseña la Dama en mano derecha, se extiende mano y se gira la carta, orientando el Rey hacia el extremo exterior, y se enseña este
Se coloca esta carta trucada sobre el paquete de la mano izquierda y se coge el Nueve de Picas mientras se hace sobresalir un poco hacia adelante la última carta del paquete de la mano la que está más cerca de la palma. Se enseña el Nueve de Picas.
La mano derecha señala la superior del levanta un poco, con cuidado, entre los dedos, dejando ver el Rey, y se hace un Enfile, cambiando el Nueve de
Nueve de Picas
y instante está aquí el Rey de Diamantes.
Gracias a usted, a su mirada, Reyes de Diamantes por partes.
Pero si DO mira usted hacia nin- guna carta,
no hay Reyes de Diamantes por ninguna parte.
Picas de la mano derecha por carta inferior sobresaliente. La mano derecha se aleja del cuerpo, manteniendo la carta cara abajo, se vuelve la cara de carta hacia adelante [para enseñarla] y luego se deja sobre el montón.
A la dama:
El artista coloca ahora las nueve cartas añadidas sobre la mesa y recibe las cartas que se entregaron a un espectador.
Señalando hacia las nueve cartas añadidas.
Con estas palabras el artista la baraja, contando secre- tamente las nueve cartas de encima y obteniendo una separación bajo ellas con el meñique izquierdo. Se bajan ambas manos e inmediata- mente la mano derecha empalma las nueve cartas de encima y la izquierda coloca la baraja cara arriba la mesa. La mano izquierda coge entonces las nueve cartas añadidas.
La mano derecha se coloca tam- bién sobre la como ayudan- do a cuadrarla, al mismo tiempo depositando las nueve nor- males que estaban empalmadas y el menique izquierdo obtiene una separación bajo esas Ape- nas depositadas las cartas de la
Y de las cartas, tampoco hay aquí Reyes de Diamantes por parte.
en todas y en ninguna.
Y ahora le pido una mirada más hacia esta carta
y se transforma en el Rey de Cora- zones.
Y como pueden sólo uno y en la baraja ninguno.
mano derecha, la mano izquierda empalma el paquete inferior (las nueve cartas añadidas) mediante e]
•giro por recoge la de la mesa, al mismo tiempo depo- sitando sobre la misma cartas empalmadas y la baraja cara arriba en posición de dar. En la mano derecha entonces las nueve cartas normales de la baraja.
La mano derecha extiende sus nueve cartas sobre la
El artista extiende la baraja para sí mismo y obtiene una separación con el meñique izquierdo entre las nueve cartas añadidas y el resto de