«Sería necesario que un rostro respondiera a todos los nombres del mundo.» Paul Eluard
El nombre de una persona, el que atribuimos a un per- sonaje de ficción, tiene su importancia. No es lo mismo llamarse María que Vanessa, Juancho que Roldan, o incluso carecer de nombre, como le ocurre a la protagonista de His- toria de O. Hay nombres irónicos – Justine, de Sade– nom- bres que denotan un origen –Marquesa de Merteuil– nom- bres de guerra –la Pegaso– nombres que señalan un destino –
Culculine o Alexine Mangetout, en Las 11.000 vergas de Apollinaire3 – y nombres, también, que no prometen nada: Sonsoles, José María, Jesús4...
«¿Qué hay en un nombre?», se pregunta Julieta. Un nombre puede ser una frontera, un salvoconducto, un talis-
3Apollinaire, Guillaume, Las 11.000 vergas, Icaria, Barcelona, 1986.
4 Si usted o su amante padecen alguno de estos nombres, les ofrecemos los
siguientes remedios:
I) Un silabeo goloso, donde Sonsoles, sin duda, evoca a una amante pastoril y rellenita, de modo que son-soles pueda ser aplicado, indistintamente: a) a los ojos; b) a las tetas; c) a las nalgas.
II) La abreviatura del nombre en una sílaba, cuidando de pronunciarla ya en tono cariñoso, ya exclamativo. De José María cabe elegir la sílaba «Jo», que puede indicar nuestra admiración hacia ciertos detalles de la anatomía. (Debido a la polisemia de «Jo», conviene afinar mucho en la elección del tono. La síla- ba nunca debe repetirse con énfasis («Jo, Jo»), pues podría resultar contrapro-
ducente).
III) Sublimación de los significados, recurriendo a la cantera de posibilidades que para un nombre como este, Jesús, nos proporcionan las jaculatorias: «Dul-
mán. Quien sabe nuestro nombre ya es dueño de un poder sobre nosotros. Un nombre, uno solo, limpia nuestra culpa: la pasión, pecadora, multiplica los nombres. Así, con el de- leite de un nombre, se abre Lolita,de Nabokov:
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyar- se, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con los pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuan- do firmaba. Pero en mis brazos era siempre Loli ta5.
Dejemos que Humbert Humbert, el personaje narrador de la novela, siga paladeando el nombre de su amante, y volvamos ahora a nuestros ejercicios.
inicias en el deporte de la escritura. A lo largo de las páginas de nuestro libro habrá siempre una sección, ésta, destinada a mantenerte en forma: para llevar a cabo nuestras propuestas necesitas no sólo una mente clara, sino un cuerpo en buen estado; ya lo dijeron los latinos: «Mens sana in corpore sano.»
Tiéndete sobre la cama, o sumerge tu cuerpo en un cá- lido baño de burbujas. Las ropas, si las hubiere, deberán ser holgadas, transparentes, sedosas al tacto. (En caso de poseer una sensibilidad de corte masoquista, se proponen sencillas soluciones domésticas, tales como pellizcarse con una pinza de la ropa distintas partes del cuerpo.)
Abre la ventana, si fuese del año la estación florida, y deja entrar el aire perfumado, el caudal sonoroso de lo verde, o ciérrala en seguida, si araña los cristales la ventisca de enero.
Si la aspereza de los quehaceres te ha distraído de la paz del campo, si trabajas en un ministerio, si no tropieza pura el agua en la cascada, si ningún arroyo rumorea en tu oído, abre el grifo, tira de la cadena, cierra los ojos: imagina.
En fin, relájate. Y si de tus manos el diestro tocamiento interrumpe de pronto un jefe hostil: fantasea, los sueños son libres.
Ya está tu cuerpo dispuesto. Ahora podemos plantearte el ejercicio sobre los nombres:
– Vuelve a leer el texto de Nabokov. Paladea después el nombre de tu amante, sepáralo en sílabas, lima las consonan- tes duras, déjate acariciar por sus sonidos, y escríbele una carta –¿extensa, breve?– donde juegues con la música del nombre, con todas las sugerencias (aromas, recuerdos, obje- tos, texturas, sueños, situaciones...) que esa palabra despierte
Ejercido n.° 2
«Las palabras vuelan –dijo el clásico– y lo escrito per- manece.» Cuando escribimos una carta, algo de nosotros queda atrapado en el papel, y si bien firmaríamos por la noche lo que escribimos esa misma mañana, es frecuente que al releer una carta escrita diez años antes nos preguntemos cómo fuimos capaces de decir semejantes tonterías.
Nuestras palabras se alejan de nosotros; tanto, que a veces parecen dichas por otra persona. ¿Firmaría un viejo escritor sus libros de juventud?, ¿imaginaría un escritor jo- ven los libros de su vejez? Todos somos –como decía Piran- dello– uno, ninguno y cien mil.
Dentro de la tradición literaria –y sobre todo en el gé- nero erótico– es frecuente que un autor no publique sus obras con su propio nombre. Historia de O y Emmanuelle, por citar dos ejemplos célebres, aparecieron bajo seudónimo. Para burlar la censura, por pacatería, o por el regusto de convertirse en otros, los escritores han jugado a menudo con la alteración de sus nombres.
Abundando en esta idea del desdoblamiento, puede plantearse también el escritor unalter ego, que incluya parte de su personalidad y deje fuera todo el resto. Tal es el caso de Juan de Mairena –pensador– respecto de Antonio Macha- do –poeta– o los varios heterónimos en que se desdobla el escritor portugués Fernando Pessoa y que encarnan, cada uno de ellos, un aspecto vivido o fantaseado por él.
Los ejercicios de este capítulo siguen la línea de tales escisiones.
a) Como decíamos antes, la imaginación es libre; el cuestionario que te ofrecemos ahora es una ayuda para la
obstáculos ni reticencias, todas tus expectativas eróticas. ¿Qué edad tiene tualter ego?
¿A qué se dedica? ¿Cómo se llama?
(Elige despacio el nombre de tu personaje. Pruébale más de uno, invéntale el apodo que tenía de niño, un nombre que guarde para la intimidad, y ese nombre persecutorio que la gente le pone al buen tuntún, porque lo lleva escrito en la cara.)
¿De qué sexo le gustaría ser? ¿Cómo es su familia? ¿A qué huele su habitación?
¿Dónde nació? ¿Cómo es su boca? ¿Cual es su primer recuerdo?
¿Qué se pone para dormir? ¿Cuándo se masturbó la primera vez?
¿Cual era su fantasía preferida en el momento de masturbarse?
¿Quién lo/la desvirgo? ¿De qué color tiene los ojos? ¿Qué hace los domingos por la tarde? ¿Qué es lo que le daría más vergüenza?
¿Cómo es su cepillo de dientes? ¿Dormía con alguna mascota?
¿Pertenece a esta época o a otra (incluido el futuro)? ¿Dónde vive? (Imagina el lugar con toda la precisión
que sea posible) ¿Qué sueño le asustaba?
¿Tiene amante ahora? ¿Qué ropa interior usa?
¿Quién fue su primer amor imposible?
¿A qué sexo pertenece?
(Este cuestionario es un ejercicio individual; la segunda propuesta debe ser elaborada por parejas.)
b) Una vez creado elalter ego, con estos datos y todos los que te parezcan oportunos, vamos a sumirlo en una histo- ria (marca con una cruz la que más te guste):
I) De aventuras (en las selvas vírgenes, en un barco pirata, en el transiberiano, en un camping nudista...) II) Policíaca (novela negra, en la Inglaterra del siglo
XIX, en una trama de espionaje...)
III) De ciencia-ficción (tipo La guerra de las galaxias, utopía de un mundo futuro –positiva o negativa–; en el estilo heroico de Conan el Bárbaro...)
IV) De ultratumba (fantasmas, vampiros, muertos vi- vientes, el más allá...)
V) En el mundo de las altas finanzas. VI) Otras.
La historia, que irá tomando cuerpo a lo largo de la co- rrespondencia, debe tener en todos los casos un fuerte com- ponente erótico. Se recomienda, para la buena marcha del ejercicio, llegar a un acuerdo argumental mínimo entre am- bos cómplices.
También puede ser conveniente manejar una cierta do- cumentación (fotos, planos de ciudades, etc.). Corno es ob- vio, la correspondencia puede incluir, eventualmente, a más de dos participantes.