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3.3 ENERGÍA PARA EL DESARROLLO, ENERGÍA PARA RELACIONARSE.

Entendimos conveniente un análisis individual de la cuestión energética ya que, a través de la distinta utilización de este recurso, se puede apreciar cómo se orientaron las capacidades estatales de Brasil y de Venezuela y el diferente funcionamiento de sus proyectos. Veremos que en el caso venezolano, el recurso se emplea como herramienta fundamental de su desarrollo interno y de vinculación internacional, especialmente en el ámbito regional. En tanto que Brasil lo destina a alimentar el desarrollo industrial de su

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productiva.

Según datos del Banco Mundial (WORLD DATABANK , 2010), en 2009 Venezuela poseía en su territorio la 7ª reserva mundial de petróleo, con el 7,37% de las reservas mundiales comprobadas. Sin perjuicio de ello, en 2004 supo ser el 4º productor mundial de crudo y el 6° exportador mundial. Aunque para 2010, ya había relegado algunas posiciones como consecuencia de una merma en la producción diaria de crudo, que descendió a niveles anteriores al 2004: de 3100 barriles diarios a 2400. En dicho año, Venezuela era el 10° productor mundial, con 2.472 barriles diarios, y el 8° exportador de crudo, con 2.182 barriles diarios (WORLD DATABANK, 2010). Más allá de las posiciones y la cantidad nominal, lo que queremos destacar aquí es que prácticamente la totalidad de lo producido era exportado. Vale recordar que esta disponibilidad energética no es una novedad para Venezuela. Por el contrario, históricamente se ha insertado internacionalmente haciendo uso de su carácter de país petrolero y, de hecho, fue miembro fundador de la OPEP. Sin embargo, desde 1999 este recurso comenzó a ser usado de una manera estratégica para el proyecto político bolivariano, como palanca para el desarrollo nacional y como herramienta de proyección regional del propio proyecto.

A través de distintos acuerdos petroleros, algunos canalizados en nuevos organismos petroleros como Petrocaribe, el gobierno de Chávez se ha servido de este recurso como herramienta político-diplomática, más que como mercancía. De ese modo y en función de quién fuera el socio, su comercialización dejó de estar definida por las reglas de la oferta y la demanda y pasó a regirse por consideraciones políticas nutridas de vinculación de cuestiones. Esto le ha reportado a Venezuela una serie de socios preferenciales a quienes vende el petróleo a menor precio y con un financiamiento especial. En la lógica del proyecto, esas vinculaciones trajeron aparejadas la propia impronta alternativa, aún cuando muchos de esos socios no compartieran el pensamiento bolivariano. Lo interesante de la situación es que, por paradójico que resultara, el éxito de esa política llevó a que muchos se asociaran a pesar de encontrarse en las antípodas ideológicas del chavismo, como fue el caso de Oscar Arias en Costa Rica, aliado de las políticas liberales de EE.UU; o el de Manuel Zelaya en Honduras, quien incluso llegó solicitar el ingreso al ALBA -acción revertida luego del golpe en Junio 2009-; o el de algunos estados-islas del Caribe anglófono. A partir de la constitución del ALBA, el uso del petróleo como herramienta de interlocución y su vinculación con otros temas se perfeccionó.

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En el espacio extra-regional, la capacidad petrolera también fue explotada con fines de vinculación internacional pero concentrada en Potencias como Rusia, China e Irán (también con Siria y Bielorrusia). La elección de esos socios no era inocente ya que se trataba de países que respondían a una línea discursiva anti-estadounidense. En ese sentido, el caso más evidente tal vez haya sido la vinculación con Irán. En todos los casos el petróleo, o el fruto financiero de su explotación, fue la moneda de cambio para intentar diversificar los destinos de sus exportaciones de energía o para adquirir tecnología o armamento. A pesar de la importancia de este aspecto en el proyecto político bolivariano para fortalecer el multilateralismo en el orden internacional, sólo nos ocuparemos tangencialmente de este tipo de relaciones extra-regionales en la medida que hagan a la dinámica sudamericana.

Esta política de utilización de la energía de parte de Venezuela, ha sido tanto una fortaleza del proyecto bolivariano, como su propia debilidad. Lo primero por la importancia que tiene el recurso en la sociedad moderna. El mero dato del precio preferencial y su posibilidades de financiamiento fueron un argumento de peso suficiente para estrechar lazos con Chávez, aún cuando ello implicara un esfuerzo por diferenciarse ideológicamente, cuidando de no perder la provisión privilegiada de energía. El cálculo racional de Venezuela era que, más allá de las adhesiones ideológicas materializadas en el ALBA, las nuevas sociedades petroleras le reportarían eventuales apoyos o acompañamientos, pero por sobre todas las cosas, distorsionaban el cálculo de costo-beneficio de los EE.UU. allí donde Venezuela llegaba con sus acuerdos petroleros. De hecho, Venezuela se volvió la principal financiera del Caribe, incluso más que EE.UU., y muy especialmente en lo que hace a cooperación para el desarrollo (Riggirozzi, 2011). Por otra parte, este instrumento también constituyó la debilidad del proyecto por lo limitado y la volatilidad de su precio. Como se comprobó con la “huelga petrolera” de diciembre 2002 a febrero 2003, cualquier eventualidad en el proceso de producción del petróleo deja a Venezuela en una situación complicada por la dependencia que ha generado de ese producto no ya sólo a nivel de sus cuentas nacionales, sino ahora también, a nivel de la supervivencia de su propio proyecto regional. Las oscilación del precio juega un papel similar: una baja del precio puede comprometer los recursos financieros que Venezuela necesita para mantener su condiciones de paymaster y así preservar la iniciativa internacional.

En cambio, Brasil ha explotado sus recursos energéticos volcándolos principalmente a su mercado interno. En efecto en 2009, Brasil ya era el 9° productor mundial de petróleo,

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noviembre de 2007 en el Bloque del Tupi en las costas de San Pablo y al de mayo de 2008 en el Atlántico Sur, de mayor magnitud que el anterior, Brasil podría haber triplicado sus reservas y estaría en condiciones no sólo de autoabastecerse sino de convertirse en un exportador nato. También en referencia a su ubicación mundial, Brasil era para 2009, el 7° consumidor de petróleo más importante del mundo, pero ubicado en el puesto 27° como exportador del oro negro, dedicando menos de un quinto de su producción al mercado externo (WORLD DATABANK, 2010). Ello prueba que la producción de crudo era direccionada a satisfacer la demanda de energía en el mercado interno, principalmente de parte de la industria local. En materia de gas natural las cifras son aún más contundentes: teniendo una producción cercana a la de Bolivia (14.200 millones de m3 y 10.280 millones de m3 respectivamente en 2008 (WORLD DATABANK, 2010), Brasil debe importar 8.440 millones de m3 para satisfacer el mercado interno.

Debido a esta carencia y a su capacidad agrícola, Brasil también decidió explotar otro tipo de energía: la de los biocombustibles, siendo el 4° productor mundial de biodiesel, cuestión que lo ubica como un socio preferencial con Estados Unidos (1° productor mundial). Siempre en función de su demanda interna, un tercio del parque automotor brasileño utiliza este tipo de combustible. Esta cuestión fue particularmente preocupante para Venezuela ya que la propagación de esta fuente de energía, disminuiría su importancia en el mercado energético; más aún teniendo en cuenta su imposibilidad de explotar los biocombustible dado el atraso tecnológico de su sector agrícola.

Es interesante ver, entonces, cómo a pesar de las reconocidas reservas que tienen ambos países, cada uno, coherentemente con sus proyectos políticos, emplea este recurso de una manera diferente. Uno preocupado por su mercado productivo interno, lo que es condición para ser un centro de atracción económico, tanto para vender, como para producir en tierra brasileña. Y el otro, dándole un uso estratégico para su proyecto alternativo, aunque ello acentúe su dependencia externa y su vulnerabilidad ante una eventual oscilación de precios o de producción petrolera. Esto, de alguna manera, adelanta las proyecciones y posibilidades del proyecto político de cada uno.

161 Según estimaciones del 2009, Brasil producía 2.572 barriles diarios de crudo, superando los 2.472 de

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3.4.- LA UBICACIÓN GEOGRÁFICA COMO CAPACIDAD DE PODER Y COMO

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