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5.1.3 La oportunidad de mostrar las bondades de cada proyecto: la relación con Bolivia.

Las relaciones entre Venezuela y Bolivia ganaron un nuevo dinamismo con la asunción de Evo Morales en enero 2006. Evo ganó las elecciones de diciembre de 2005, luego de dos dimisiones presidenciales por imposibilidad de satisfacer las crecientes demandas de la sociedad boliviana, cuya pobreza llegó al 64% de la población. Con un discurso que llamaba a adoptar una política alternativa al neoliberalismo, con énfasis en lo social, en el nacionalismo y en el distanciamiento de EE.UU (Christensen, 2006:7), Morales se presentaba como un aliado natural para Chávez y su revolución bolivariana189. De esa forma, Venezuela ganaba el primer adepto sudamericano a su liderazgo ideológico que, hasta el momento, sólo contaba con la adhesión de Cuba, Nicaragua y Honduras. Tal adhesión ratificaba la nueva proyección hacia el Sur de Venezuela y le daba sustento a sus pretensiones de tener una política latinoamericana y no sólo caribeña. Por otra parte, con esta alianza, Venezuela lograba posicionarse en el corazón de América del Sur y en una zona que, por su inestabilidad, era propensa a “ser destinataria” de la incidencia del competidor regional (Brasil) y del hegemón190.

Por tales motivos Venezuela ejerció su función de liderazgo con especial celo en mostrarse como promotor del desarrollo y garante de un nuevo orden internacional. En el primer sentido destacamos, entre otras experiencias, el caso de Petroandina, una empresa binacional creada por YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia), con 60% del capital accionario, y PDVSA (Petróleos de Venezuela SA), con el 40% del capital. La empresa se constituyó en Bolivia para realizar 4 proyectos principales: la instalación de plantas petroquímicas, la instalación de plantas de separación de líquidos del gas, la creación de un ente con capacidad de certificación de reservas de gas y petróleo y la creación de 35

189 En ese sentido vale destacar que los primeros movimientos de Evo Morales como presidente en política

exterior fue establecer contacto con Hugo Chávez y Fidel Castro (La Nación, 3.01.2006). Días después de aquellas gestiones, Morales viajó a China para encontrarse con Hu Jintao frente a quien calificó a Pekín como

“aliado político, ideológico y programático del pueblo boliviano” (La Nación, 9.01.2006). Sólo luego de esas giras visitó Brasil.

190 Como prueba de esa inestabilidad cabe mencionar que antes de las elecciones de 2005 en las que se impusiera

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estaciones de servicio en Bolivia para distribución de sus productos. De esa forma se reprodujo en suelo boliviano la práctica venezolana de poner al Estado al servicio de la explotación energética, un sector que también estratégico para Bolivia, como vía eficaz de explotar los recursos del país en beneficio del desarrollo de su propio pueblo.

En esa misma línea de acción de promoción del desarrollo de Bolivia se puede mencionar la firma del TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos) en abril de 2006. Según los términos de ese acuerdo, era posible pagar la importación de productos elaborados por un miembro del ALBA con productos y/o servicios bolivianos. Este acuerdo, más allá de su naturaleza de trueque, buscaba dar a Bolivia una alternativa a la ATPDEA (Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga), un instrumento utilizado por EE.UU. para garantizar los derechos de los inversores extranjeros, a cambio de un tratamiento arancelario preferencial en la importación de ciertos productos bolivianos. La vigencia original del acuerdo se extendía hasta diciembre de 2006, pero desde la asunción de Evo Morales EE.UU. amenazó con la no renovación del mismo si no se continuaban con las políticas amigables para el mercado. Finalmente, en Diciembre 2008 EE.UU. decidió suspender las preferencias de Bolivia con el argumento de que el país no había cooperado en la lucha contra el narcotráfico191.

En lo que hace al orden regional, Venezuela encontró en la relación preferencial con Bolivia una oportunidad para promover un orden regional funcional a su liderazgo en América del Sur, y especialmente en la zona andina donde el descontento social podía ser canalizado hacia el bolivarianismo. Por eso, presentada la ocasión, Venezuela se posicionó al frente de las tensiones que pudieran alentar cambios en esa dirección. Eso fue lo que ocurrió ante la expulsión del embajador de EE.UU en Bolivia: el presidente Morales entendió que el embajador Golberg había alentado a la oposición que pretendía la escisión territorial de la media luna y decidió expulsarlo (El País, 13.08.2008). En respaldo de Bolivia, Chávez también procedió a expulsar al embajador de EE.UU en Venezuela, poniéndose al frente de un conflicto que no lo tenía como protagonista, sin ahorrar calificativos para con EE.UU.192 y amenazando con suspender el suministro de petróleo a ese país si Venezuela o Bolivia sufrían una agresión (El Mundo, 12.09.2008).

191 En esa misma oportunidad el Congreso de EE.UU decidió mantener las preferencias de Colombia y Perú, sin

condición alguna, y someter a revisión las de Ecuador.

192 Al momento de expulsar al embajador Patrick Dubby, Chávez llegó a decir: “¡Váyanse al carajo, yanquis de

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Vemos entonces que Bolivia era para Venezuela la oportunidad de expandir su proyecto y liderazgo en América del Sur. Y que, en función de esa posibilidad procuró ejercer un rol de líder promotor la estabilidad económica, con la iniciativa de Petroandina y la firma del TCP, y de la estabilidad política, a través del establecimiento de nuevas reglas de comportamiento que incluían el apoyo ante eventuales confrontaciones con EE.UU. Debemos destacar que Venezuela llevó a cabo todas estas acciones en un espacio extraño para la tradición de la política exterior venezolana, habituada a operar en el Caribe y en América Central. Ahora bien, esas nuevas reglas de comportamiento regional que Venezuela intentó aplicar al caso boliviano, no encontraron actores que las adoptaran como normas de cumplimiento y sólo lograron su ejercicio por el propio promotor de las mismas, Venezuela.

Por el lado de Brasil, la relación con Bolivia es una muestra de cómo tuvo que luchar contra la distancia geográfica y la distancia histórico-cultural para generar acercamientos y, a partir del año 2000, llevar adelante su proyecto regional. El primer acercamiento fue luego de la Guerra del Chaco (1928-1938), entre Bolivia y Paraguay, para impedir que otra potencia regional (la Argentina) pudiera ejercer una influencia decisiva sobre el destino de las materias primas y de la energía bolivianos. En esa oportunidad se acordó la construcción de un ferrocarril entre Corumbá y Santa Cruz y el aprovechamiento del petróleo en oriente boliviano –que finalmente se abandonó por anti-económico-, ambas iniciativas financiadas por Brasil. Desde los 1985, con la elección de Victor Estenssoro en Bolivia, se inicio una etapa de intensificación de las relaciones comerciales con Brasil y se comenzó a considerar al gas boliviano como un recurso de suma importancia para Brasil. Así fue como en 1988 el presidente Sarney firmó un acuerdo para el suministro de una cantidad mínimo de metros3 en los próximos 25 años. Sin embargo, no fue hasta 1993 que hubo un acuerdo de suministro concreto y luego de que Petrobras -que hasta entonces sólo se dedicaba a la explotación petrolera- asumiera el proyecto de exploración, explotación y construcción de un gasoducto193. A pesar de todo ello, las exportaciones de gas recién comenzaron el 1 de Julio

193 El gasoducto entre Bolivia y Brasil tiene una importancia capital para Brasil: con una capacidad de hasta 30

millones de m3/diarios, y con 2593 km (de sus 3150 km) en territorio brasilero, abastece las industrias y centrales

térmicas de los estados federales de Mato Grosso do Sul, Sao Pablo, Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul, donde se produce el 75% del PBI de Brasil, donde vive el 85% de su población y se consume el 71% de la energía del país (Hofmeister, 2003:41). Gracias a esa decisión del gobierno brasilero Petrobras es la empresa con mayor participación en la explotación del gas en Bolivia; de allí también las implicancias por la nacionalización del recurso.

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del 2000, constituyéndose en el tema central de las relaciones bilaterales (Hofmeister, 2003:39)194.

En efecto, para Brasil, la relación con Bolivia era estratégica en dos sentidos: el primero era justamente su condición de proveedor de energía –y receptor de las inversiones de Petrobras y de productos manufacturados-; el segundo era su condición de país institucionalmente convulsionado y ubicado en una región inestable. Por ello, no es de extrañar que Brasil también pretendiera ejercer su influencia (asumiendo la función de garante de la estabilidad) para que Bolivia se mantuviera dentro de ciertos parámetros de orden vigente. Así ocurrió en 2003 cuando negoció (junto con Argentina) la salida del entonces presidente Sánchez de Lozada como parte de la solución política a la crisis denominada “Guerra del Gas”195. Otro tanto debió hacer con su sucesor, Carlos Mesa, vicepresidente de

Sánchez de Lozada. Los fracasos en apaciguar los ánimos de los distintos movimientos sociales protagonistas de la “Guerra del Gas” y el creciente reclamo autonomista del Departamento de Santa Cruz, la región más rica económicamente, llevaron a que Mesa también dimitiera en 2005196. En esta oportunidad, la preocupación de Brasil fue pacificar Bolivia: lograr que el gobierno y la oposición alcanzaran una situación de convivencia posible. No es un dato menor que Brasil canalizara tales acciones en la novel Comunidad Sudamericana de Naciones (El Espectador, 8.03.2005). Como dijimos oportunamente, el objetivo de Brasil era mantener el orden y la estabilidad regional pero sin recurrir a la fuerza y, sobre todo, sin asumir costos directos, y en ese sentido es claro cuál debía ser la función de la nueva instancia regional desde la perspectiva brasileña. Más aún, cuando se insistió en que fuera la CSN y no la OEA el ámbito de resolución. Este antecedente es aún más significativo si tomamos en cuenta que Brasil siguió ese mismo proceder en Septiembre 2008 con el intento de separación de las provincias de la “media luna”, aunque en esa oportunidad la CSN ya había pasado a ser la Unasur.

194 Ello así, incluso luego del descubrimiento de los grandes yacimientos de natural en la bahía de Santos que

ubicaron a Brasil como poseedor de la cuarte reserva más grande de gas natural en América del Sur, luego de Venezuela, Bolivia y Argentina.

195 A mediados de septiembre de 2003, se iniciaron bloqueos campesinos en protesta contra el proyecto de

exportación de gas a los Estados Unidos y México a través de los puertos chilenos, también contra las negociaciones del ALCA y por las condiciones sociales de Bolivia. Este conflicto fue extendiéndose gradualmente hasta convertirse en una huelga general que la revisión de las políticas del gobierno del presidente Sánchez de Lozada y en última instancia, su dimisión (Díaz Cassou, 2004).

196 Mesa formaba parte de la coalición que llevó al poder a Sánchez de Lozada por lo que se preocupó porque su

gestión se diferenciara de la de su antecesor. De allí, la convocatoria a su referendum para dirimir el asunto del gas. Más allá de sus intenciones, su interinato fue interpretado como una continuidad y pronto las tensiones por y la conflictividad social lo forzaron a dimitir.

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Sin perjuicio de esas situaciones conflictivas resueltas desde lo colectivo, corresponde también analizar la respuesta de Brasil ante la nacionalización de los hidrocarburos el 1° de Mayo de 2006 por Evo Morales. La medida era una de las promesas de campaña y su cumplimiento hacía a la propia legitimación de Evo. Sin embargo, afectaba directamente las inversiones de Petrobras -principal empresa petrolera en Bolivia- y el costo del suministro de gas a Brasil. En este caso, Brasil no pudo derivar la respuesta en lo colectivo y se puso a prueba su “liderazgo benigno”. Por eso, resulta particularmente interesante la actitud conciliadora de Brasil que posibilitó que la cooperación prevaleciera a la fuerza (el ejército boliviano tenía orden de tomar posesión de las instalaciones de las petroleras) y que se llegara a un entendimiento. Más allá del costo político interno de aceptar las condiciones impuestas por Evo, Lula logró mostrarse comprensivo de las necesidades bolivianas y consolidar la imagen de Brasil como un líder no hegemónico sino solidario con sus vecinos (Christensen, 2006:10).

Además de la lectura de tales sucesos en clave de consolidación del liderazgo de Brasil, también se puede hacer una interpretación a la luz de la necesidad de Brasil de mostrarse como promotor del desarrollo y garante de la reducción de las asimetrías en la región. Aunque se comprometieran intereses de Petrobras y que las elites brasileñas exigieran un tratamiento comercial del tema, Brasil atendió rápidamente el reclamo boliviano y se formó una mesa de negociación para alcanzar un precio más justo para Bolivia, alegando que la nación brasilera era comprensiva de la necesidad de Bolivia de desarrollarse (De la Fontaine, 2009:10). Más allá de la resistencia y la crítica interna en Brasil, deben considerarse dos cuestiones. La primera es la dependencia de Brasil respecto del gas boliviano para satisfacer la demanda interna y la segunda es que una escalada del conflicto hubiese empujado a Bolivia a estrechar aún más sus lazos con Venezuela y su proyecto alternativo, en lugar de atraerla hacia el Mercosur, hacia Brasil, como de hecho sucedió cuando Bolivia, meses después del conflicto, en enero de 2007, solicitó el ingreso como miembro pleno al Mercosur, con el aval expreso de Itamaraty.

Bolivia constituía hasta 2006 una preocupación para Brasil en cuanto a la necesidad de contener su inestabilidad institucional y evitar que ello sirviera de excusa para que otras potencias se decidieran a intervenir. Sin embargo, desde la asunción de Morales Bolivia se convirtió en un desafío por su afinidad ideológica con Venezuela y el reconocimiento del liderazgo bolivariano. Es así como Brasil debió asumir costos directos de liderazgo, como en

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el caso de la nacionalización de los hidrocarburos, y reforzar el sistema de respuesta colectiva, como sucedió en Septiembre 2008 a través de la Unasur.

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