• No se han encontrado resultados

Enigmas de un enigma: el símbolo desde distintas miradas

HERMENÉUTICA DE LOS SÍMBOLOS: UNA PARADA NECESARIA EN LA VÍA LARGA DE RICOEUR

3.1. Enigmas de un enigma: el símbolo desde distintas miradas

Los estudios sobre los signos tienen su origen con el origen de la filosofía, con Platón y Aristóteles, pero la semiótica propiamente dicha, como teoría general de los signos, según Nöth, tuvo su inicio con filósofos como John Locke (1632 – 1704) que, en

su Ensayo sobre la Comprensión Humana, de 1690, postuló una doctrina de los signos con el nombre de Semeiotiké.

Según Nöth, el modelo platónico de signo tiene tres componentes: el nombre (onóma, nomos), la noción o idea (eidos, logos, dianoéma) y la cosa (pragma, ousía) a la que el signo se refiere. Esa estructura triádica se va a repetir a lo largo de los estudios del signo, con los estoicos, más recientemente con el pragmatismo de Peirce, en el siglo XIX, y con Jakobson, en el siglo XX.

Los estoicos (263 a. C.) desarrollaron un estudio de las proposiciones y los razonamientos junto con su teoría acerca del criterio de verdad. Este estudio, fundado sobre la noción de «lékton», postula que en toda proposición pueden distinguirse tres aspectos: el «tá semáinonta» (significante) o la palabra; la cosa significada y el «tá semainómena » (el significado). Mientras las palabras y las cosas son materiales el

significado es inmaterial y actúa de enlace entre ellos. Solamente el significado puede ser verdadero o falso.

En el rastro de los estoicos, el filósofo norteamericano Charles Sanders Peirce gesta una teoría de los signos que hoy en día tiene una gran influencia en la semiótica por su triple carácter: de ser una tipología de los signos, de ser una teoría lógica y de echar semillas para una teoría de la cognición, aunque el autor afirme que sus razones no

fueron psicológicas sino puramente lógicas. No resulta fácil interpretar las ideas de PE

desarrollada en múltiples ensayos, hecho que dificulta el acompañamiento del desarrollo, las profundizaciones y la ampliación de su teoría. También no es éste el propósito de este trabajo. Nos limitaremos a la clasificación de los signos que se establece por la relación entre el signo y la cosa significada.

Pero antes es necesario abordar la definición de signo de este autor y aclarar los conceptos utilizados en ella. PE define el signo como «representamen» que se utiliza en lugar de otro objeto para representarlo. Es algo que queda para alguien, para algo, en

algún aspecto o capacidad. Este «algo» que se dirige a «alguien» provoca en este

alguien la creación de un signo o «representamen» equivalente. Este signo creado por la mente del interlocutor o intérprete a partir de otro es lo que el autor nombra «interpretante». Este interpretante será el representamen de otro signo que provocará en otro interlocutor otro interpretante, que podrá ser otro signo y así sucesivamente. El signo se prende también al objeto, no en todos los aspectos, sino en algunos, a través de los cuales se relaciona con el objeto o la idea que representa. «Representamen», «interpretante» y «objeto» constituyen los elementos de cuyas relaciones se crean los signos.

A partir de cada uno de esos componentes, PE establece una clasificación triádica de los signos, constituyendo en total nueve categorías que, en su cruce, permiten una amplia gama de clasificaciones. Sin embargo, nos limitaremos a la clasificación más conocida y aceptada por lingüistas como Roman Jakobson y por la semiótica en general.

A partir de la relación con la cosa, PE clasifica a los signos como «índice», «icono» o «símbolo».

En el índice se establecen relaciones diádicas directas entre el representamen y el objeto. Estas relaciones pueden ser de causalidad, espacialidad y temporalidad. El índice opera, pues, por contigüidad al objeto representado. Según PE, un índice es un signo

que, al principio, pierde el carácter que lo cambia en signo si se remueve su objeto, pero no perdería su carácter de signo si no hubiera el interpretante. El autor da como

ejemplo un hueco hecho por una bala que indica que hubo un disparo con una arma de fuego. Si no hubiera el disparo, no habría hueco, pero si el hueco allí está, es porque hubo un disparo aunque alguien atribuya el hueco a un disparo o no. Son ejemplos de índices las expresiones fisonómicas, las huellas de algún animal que indican su presencia

o su especie.

En el icono, el intérprete establece una relación de cualidad entre el representamen y la cosa. Esta relación puede prenderse a las cualidades simples de la cosa, por ejemplo, un dibujo, representando cualquier animal; puede tener un nivel más abstracto y representar uno de los aspectos de la cosa, por ejemplo, los mapas, los diagramas, los gráficos; puede tener un interpretante totalmente abstracto en el que la semejanza se da en el nivel de conceptos, como en las metáforas. Así, por ejemplo, cuando Deleuze y Guattari dicen: Los conceptos son como olas múltiplas que se yerguen

y bajan, pero el plano de inmanencia es la ola única que los enrolla y desenrolla - la

comparación metafórica «conceptos son como olas» y la metáfora «plano de inmanencia es la ola única que enrolla y desenrolla los conceptos» - remiten al aspecto de la individualidad de cada concepto, como la individualidad de cada ola con relación a las demás; pero la pertenencia a una ola única (el océano) remite a la pertenencia de los conceptos a un plano de inmanencia, a una teoría filosófica. El elemento que permitió las metáforas no es, por supuesto, una semejanza cualitativa de los conceptos y del plano de inmanencia con los movimientos del mar, sino que se trata de algo muy abstracto: la individualidad de los conceptos y su pertenencia a un plano.

Por fin, el símbolo, que opera por pura convención, puesto que no se realiza por semejanza, ni por contigüidad, sino que exige un proceso profundo de abstracción. Para haber símbolo es necesario un interpretante: Un símbolo es un signo que pierde el

carácter que lo convierte en signo si no hay interpretante. Tal es una frase del habla que significa lo que significa solamente en virtud de ser comprendida para tener aquella significación.

Entre los años 1910 y 1922 Ogden y Richards plantean un concepto de símbolo como un triángulo en cuyos ángulos de la base se ubican, a la izquierda, el símbolo, a la derecha, el referente (u objeto) y en el vértice, el pensamiento o referencia. Entre el objeto y la referencia, según los autores, hay una relación causal, o sea, es a partir del objeto que la mente crea el concepto o referencia; entre el símbolo y la referencia hay también una relación causal: el símbolo determina la idea y viceversa; pero entre el símbolo y el objeto la relación es convencional y arbitraria.

convencional del símbolo – el símbolo es una regla que determina su interpretante – el

símbolo es una ley; la necesidad de la presencia del interpretante para que el símbolo

tenga sentido y su carácter relacional – sólo existe el símbolo en esta relación entre «representamen», «interpretante» y «objeto».

El lingüista Roman Jakobson adopta la clasificación peirciana y la complementa con ejemplos de las lenguas naturales. Según este autor, las lenguas son sistemas mixtos de signos. En su gran mayoría, los signos verbales se constituyen de símbolos, es decir, son instituidos por convención, sin semejanza ni proximidad con la realidad que significan. Pero hay, en las lenguas, palabras que son iconos del tipo imagen, como las onomatopeyas; diagramas, como las estructuras sintácticas; o índices, como los pronombres demostrativos (los deícticos en general), las expresiones típicas de cada región, etc.

Un concepto puramente diádico de los signos fue construido en el siglo XVII, con el racionalismo de la gramática de Port-Royal. Sus autores hablan de dos cosas que deben ser consideradas en los signos: La primera: lo que son por su naturaleza, es

decir, en cuanto sonidos y caracteres. La segunda: su significación, esto es, el modo por el cual los hombres se sirven de ellos para expresar sus pensamientos. En la Lógica

de Arnauld y Nicole ese concepto se amplía: El signo comprende dos ideas – una es la

idea de la cosa que representa, y otra, la idea de la cosa representada – y la naturaleza del signo consiste en excitar la segunda por la primera. Aquí se puede establecer una

correlación entre «idea de la cosa que representa» e «idea de la cosa representada» con los conceptos saussurianos de significante y significado respectivamente.

El lingüista FS, como ya se mencionó, tiene una concepción diádica del signo, puesto que no introduce la cosa en el esquema de significante y significado. Ambos aspectos del signo son para él de naturaleza completamente psíquica. La relación entre ellos se caracteriza por el principio de arbitrariedad. El carácter arbitrario lo induce a una concepción de signo vacío, trasparente. El signo sólo cobra sentido dentro del sistema.

Ya el símbolo, es considerado por FS como opaco:

El símbolo tiene por característica no ser nunca completamente arbitrario; él no es vacío, hay un rudimento de ligazón natural entre el significante y el significado. El símbolo de la justicia, la balanza, no podría ser sustituido por no importa que cosa, un coche, por ejemplo.

Vemos así que el concepto de convencional es, también, ambiguo. Muchos autores hacen una confusión entre arbitrario y convencional. Decir, por ejemplo, que las onomatopeyas no son arbitrarias puesto que los sonidos lingüísticos se asemejan a los sonidos reales que representan no quiere decir que ellas no sean convencionales. Cada lengua utiliza representaciones distintas, a saber, sus propios sonidos y sus estructuras específicas para representar los sonidos de la realidad. En otros términos, convencional tiene que ver con reglas, con leyes y no con arbitrariedad.

Hay varias teorías de los signos y distintas tipologías, a partir de perspectivas filosóficas, semióticas y lingüísticas, pero aquí se optó por un recorte de líneas lógico-filosóficas de estructuración triádica y una lingüística, de estructuración diádica. El motivo de este recorte no es «arbitrario». Tiene un estrecho vínculo con el estudio de los símbolos de PR. Este autor comprende los símbolos a partir de una filiación saussuriana de carácter nítidamente semántico-estructural. La contraposición de esos dos conceptos de símbolo como trasparente y como opaco nos ofrece un parámetro por el cual se podrá discutir y comprender la simbólica de PR.