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Entender la reproducción

In document Michel Apple. Educacion y Poder (página 125-128)

He ido muy lejos para documentar algo de gran importancia en la concep­ ción de las escuelas como lugares de reproducción cultural y económica. Seña­ laré lo que se consigue entrando en los debates sobre el papel social de la es­ cuela y, especialmente, combinando un análisis de las conexiones que pueden tener las escuelas con otros poderosos agentes sociales, en un intento de ir de nuevo hada teorías de correspondencia para extraer las confusas interconexio­ nes entre escuela, economía y cultura. Una cláve aquí es, obviamente, la cultu­ ra. La fuerza de los estudios que he analizado es su posición como etnografías marxistas. E s decir, intentan comprender un lugar concreto y lo hacen situando ese escenario dentro de un gran sistema de fuerzas de clase, ideológicas y ma­ teriales, fuerzas a las que ponen límites, y de hecho ayudan a crear los medios y prácticas que encontramos. Al tiempo que recorren el largo camino hasta proporcionar explicaciones sociales coherentes sobre por qué y cómo se gene­ ran estas condiciones, estos estudios no pierden la riqueza y versatilidad de la experiencia estudiantil de una clase. Ellos están fuertemente comprometidos con la idea de que, en el análisis de la experiencia social vivida a través de estos microcosmos que son las escuelas, el conflicto de clases es esencial para el estudio de la cultura y las instituciones de la organización cultural y econó­ mica, la selección y la transformación. Lo que hace esta labor fundamental para la investigadón. de la enseñanza y la reproducción es que se articula sobre la clase social, no como categoría, abstracta, sino como éxpeneridá viva

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Además, y esto debe tenerse en cuenta, muestran que la cuestión no es sólo interrogarse acerca de la realidad de las escuelas para darse cuenta de dón­ de se relacionan las instituciones, y cómo se constituyen estas series de relacio­ nes, sino también dónde se encuentran los elementos contradictorios y, por último, en qué sentido estos elementos son progresistas y no sólo reproductivos. En resumen, cualquier análisis sobre el papel de la enseñanza en la reproducción

55. Lesley Johnson, The Cultural Critics (Londres, Routledge and Kegan Paul, 1979), pág. 206.

Introducción [ 131 y cualquier valoración de los procesos y las consecuencias de la enseñanza debe tener en cuenta que la reproducción es un trabajo duro y que a veces se en­ frenta con oposición.56 Por lo tanto, el interés por los beneficios económicos de las instituciones, incluso aquellas coíño"lasfescuelas''^con su contribución a la desigualdad y su papel en la reproducción— tiende a eliminar «la realidad de que estas condiciones [para una reproducción “exitosa” ] deben ganarse — o perderse— e n ío s cónftictos 'y'luchas concretas».57

Los estudiantes a los que dirigía la atención contenían todos estos elemen­ tos. Ellos ayudaban a generar los resultados contradictorios e innatos de la institución, pero sólo a través de la lucha. Ellos vivían la clase como una fuerza activa, que es al mismo tiempo limitadora y creativa.

El concepto jle consenso, o de propia creación si se prefiere, es fundamen­ tal effesta explicación. Porquécomo han mostrada W illis/Everhart y McRob- bie, hay~üñ momento de apropiación del trabajo en procesos como éstos. Se puede ver la hegemoñíá idéológica cóii toda su fuerza y sus contradicciones en la m anéraerique los muchachos de la clase obrera del estudio de Willis, cele­ bran casi litéralm^ su futura participación en el trabajó manual “ Sólo si se entiende esto se puede comprender las consecuencias-dé la escuela.

Este punto es fundamental. Podría decir que mi análisis estudia el proceso a través de lo que en último término pierden los estudiantes, ya sean «trastos», chicas o muchachos, el proceso por el que son sutilmente determinados, la for­ ma en que «la economía controla la cultura». Aunque no debemos olvidar la importancia de la naturaleza, tanto de las” determinaciones como de las contra­ dicciones, he pretendido aclararlas, haciendo uso del trabajo de Willis, Ever- hart y McRobbie. Porque la hegemonía ideológica de nuestra sociedad «está en agudo conflicto profunda y esencialmente» en muchos sentidos, que ge­ nerarán conflictos difíciles de resolver dentro de las relaciones y los límites del , poder institucional. Como ha señalado Todd Gitlin, por ejemplo, las formas ■ ideológicas que dominan las economías como la nuestra hacen que las personas i trabajen duro; aunque al mismo tiempo estas formas proponen que la satis- i facción no está en el trabajo, sino en el placer, un terreno «que implica eviden­ temente valores opuestos al trabajo».59 Este conflicto está muy claro en los «trastos» y los chicos, por ejemplo, y es lo que debería llamarse una contra­ dicción generada estructuralmente. Provocará tensiones y conflictos que si se viven en grupos grandes proporcionarán una oportunidad de hacer incursiones en la realidad social, de forma parecida a la «vista» cuando hablábamos de los «trastos» y los chicos. Los conflictos y las contradicciones en el patriarcado, y entre patriarcado y capitalismo pueden llevarnos a situaciones parecidas. Si

56. Richard Johnson, «Histories of Culture/Theories of Ideology», pág. 74. 57. Ibíd., pág. 70.

58. Ibíd., pág. 75.

59. Todd Gitlin, «Prime Time Ideology: The Hegemonic Process in Televisión Enter- tainment», Social Problema XXVI (febrero 1979), págs. 264.

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estas tensiones y conflictos volverán en último término sobre aquellos que las experimentan, ya ligadas totalmente a una economía industrial y en último término beneficiando a quienes controlan el capital cultural y económico, no es, desde luego, una- cuestión interesante dados mis argumentos;

Pero la comprensión de que estas tensiones y conflictos se pueden encontrar en casi todas las instituciones, sobre todo en las escuelas, nos da un acer­ camiento esencial a la realidad con la que nos enfrentamos cada día como edu­ cadores. Ignorarlos o rechazar la complejidad socioeconómica y cultural pre­ cisa para entenderlas, no provocará desgraciadamente su desaparición.

De hecho no podríamos ignorarlas aunque quisiéramos, porque estas con­ tradicciones económicas y culturales están provocando una importante recon­ sideración de la estructura y el control de la educación. De hecho, hay un grupo de educadores y políticos que proponen formas de «resolución» de estos conflictos y tensiones en la actualidad. Y es la existencia de unas cuantas pro­ puestas para la reforma de las disposiciones institucionales de la escuela lo que ellos piensan que provoca las que veremos después. ¿Cómo se entienden estas reformas? ¿Serán eficaces para ayudar a los «trastos», a los muchachos y a las chicas?

2. Reproducción y reforma

La cuestión de dónde situarse es importante desde el momento en que se están proponiendo reformas educativas que, se dice, podrían eliminar algunas condiciones económicas y culturales que hemos comprobado que se «reprodu­ cían» en lá vida cotidiana de los estudiantes del nivel superior que he estudia­ do. Y una persona debe darse cuenta de estas reformas si quiere apoyarlas o rechazarlas.

No hace falta participar en el análisis del papel de la escuela en la repro­ ducción económica y cultural de las estructuras de clase, raza y sexo con las que los «trastos», las chicas y los muchachos se encuentran, para darse cuenta dé que hay un conflicto fuerte entre otros grupos con respecto a la escuela. Los industriales y los burócratas del Estado desean la eficacia de la escuela, hacerla capaz de^dár íespuesta a las exigencias ideológicas y «la fuerza dé trabajo» de la economía. Los problemas fiscales generados por la crisis económica contri­ buyen en gran medida a los intentos de las mismas personas de hacer que la educación sea más eficaz

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Al mismo tiempo, debido a una crisis de legitimidad,

) hay presiones desde «más abajo», de muchos padres y madres de estudiantes

¡ de grupos raciales, sexuales, de clase y de interés para hacer a las escuelas res­ ponsables de las necesidades competitivas que cada grupo ha detectado.

Se podría seguir así indefinidamente, enumerando las reivindicaciones so- 60. James O ’Connor, The Fiscal Crisis of the State (Nueva York, St Martin’s Press, 1973).

Reproducción y reforma | 133 bre el curso escolar, políticas y recursos. Y una cantidad similar de papel podría utilizarse para enumerar las propuestas de cambio del modo en que actúa hoy día la escuela para ponerlas más directamente en correspondencia con estas reivindicaciones conflictivas. Entre las propuestas más importantes, desde luego, que generan una gran parte de la discusión a nivel gubernamental están, por ejemplo, programas para justificar planes y créditos fiscales

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Si las escuelas realizan estas funciones sociales, personas como Althusser, Bowles y Gintis, Apple, McRobbie, Willis, Everhart y otros dicen lo que hacen, y si no muestran interés por nuestra economía competitiva e intereses ideológicos, se i argumenta que el mercado podría abrirse. Si las escuelas actúan como lugares - de producción y reproducción de la cultura y la economía, entonces dan con­ trol, por ejemplo, a los padres. Reducen el control del Estado dando a los padres ayudas para que puedan pagar el tiempo de educación que quieran para sus hijos. De este modo, quizá podamos reducir el tamaño y la naturaleza burocrática de la institución y hacerla más aplicable a grupos más grandes de niños y padres. Estos podrían así verse libres de elegir entre casi cualquier sistema educativo y escolar (con alguna limitación, desde luego), pagando una escuela pública o privada directamente. El sistema educativo se convertiría en un mercado, regulado por el Estado pero abierto a cuantos lleguen. Esto eli­ minaría muchos de los problemas sobre los que me centré en los apartados anteriores de este capítulo. ¿O no?

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