CAPÍTULO 2. LAS OMISIONES DEL ENFOQUE DE SERVICIOS
2.2 CRÍTICAS AL ENFOQUE SE DESDE LA EQUIDAD DISTRIBUTIVA:
2.2.4 Equidad intergeneracional
La discusión sobre la equidad intergeneracional esta inexorablemente ligada al tema de la sustentabilidad (Martin et al., 2016), dado que solo sería posible garantizar una distribución intertemporal de los SE si se preserva una oferta futura adecuada, en cantidad y calidad, de ecosistemas y procesos naturales que permita su disfrute por parte de las generaciones futuras. Si se supone una situación catastrófica en la cual la intensidad en la explotación de la base ecosistemica conduce a su agotamiento total, no existiría “naturaleza” ni un flujo de SE para distribuir en el futuro, con lo cual se perdería el sentido de la discusión sobre la equidad entre generaciones. Incluso sin un panorama tan crítico, la decisión sobre qué tanto de la naturaleza conservar para el futuro –es decir que tanto se puede usar en el presente- es un tema propio de la sustentabilidad. En tal sentido, la sustentabilidad es un requisito necesario para que pueda hacerse justicia con las generaciones futuras (Scholsberg, 2007).
Las preocupaciones relacionadas con la sustentabilidad no nacen con el concepto de desarrollo sostenible, pues diferentes teóricos y estudios habían señalado algunos aspectos críticos de la relación entre el desarrollo económico y el ambiente. Entre ellos pueden mencionarse: i) el análisis científico y ético que muestra las implicaciones del modelo de desarrollo capitalista sobre la salud de la población y los impactos ambientales, realizado por Carson (1962); ii) la tesis formulada por Ehrlich (1968), retomando la teoría de Malthus sobre la imposibilidad de sostener un crecimiento poblacional exacerbado con una oferta de recursos naturales limitados; y, iii) los límites del crecimiento económico generados por la imposibilidad de sostener un aumento desmesurado del consumo con la dotación de recursos naturales existente, propuesto por Meadows et al. (1972). Pero el concepto de desarrollo sostenible contiene un elemento diferenciador: haber posicionado a la equidad intergeneracional como elemento central de la sustentabilidad (Pérez et al., 2010), al postular que las generaciones futuras no deben ver comprometidas la
satisfacción de sus necesidades, debido a la forma en que las satisfacen las generaciones presentes; es decir, que las generaciones actuales tienen la responsabilidad de proteger componentes específicos del mundo natural (Norton, 1999). Es relevante que la discusión sobre la equidad intergeneracional haya sido traída al centro del debate a través del concepto de desarrollo sostenible, pues el mismo recibió una aceptación política generalizada (Daly y Cobb, 1997) y conquistó un espacio socio-lingüístico sin precedentes (Boada y Toledo, 2003), convirtiéndolo en un discurso dominante. Sin embargo, esto no ha garantizado una adopción práctica de la equidad intergeneracional como principio moral a nivel global.
Aunque es fácil estar de acuerdo con la idea original del desarrollo sostenible, en cuanto a que la preocupación por las generaciones futuras es justa, otra cosa es definir cómo el concepto puede llevarse a la práctica. En tal sentido, uno de los debates más álgidos es el que confronta a la sustentabilidad débil y la fuerte. La sustentabilidad débil proviene de la idea de que es posible sustituir el capital natural por capital generado por el ser humano –razonamiento propuesto por David Pearce al Banco Mundial (Martínez-Alier y Muradian, 2015)- con lo que la preocupación por la sustentabilidad podría orientarse hacia una transferencia intergeneracional de riqueza más que de recursos naturales (Van Coten y Bulte, 2000). Mientras tanto, la sustentabilidad fuerte propone que el capital natural o las funciones y SE no pueden ser sustituidos por el capital construido por el ser humano, lo que implica priorizar el mantenimiento de la base ecosistemica que soporta el desarrollo socioeconómico (Pérez et al., 2010). Así, la equidad intergeneracional implica una trasferencia de recursos naturales y servicios ecosistemicos hacia las generaciones futuras y no solo de riqueza. Zagonari (2016) sugiere que en el enfoque subyace una visión de la sustentabilidad débil, al considerar que los SE son beneficios. Esto es impreciso, en la medida que esos beneficios incorporan los procesos naturales de base que son insustituibles y como tal, pertecencen a la sustentabilidad fuerte. La sustentabilidad como resultado de la acción de la sociedad sobre el medio natural, se ve seriamente comprometida por la forma en la que mediante el análisis económico convencional –del tipo costo/beneficio- se viabilizan diferentes tipos de proyectos, pues ellos son las intervenciones concretas en el territorio y tienen un impacto definitivo en el uso y la distribución de la base natural y los SE. En particular, uno de los aspectos más debatidos del análisis económico convencional es el uso de las tasas de descuento, por sus consecuencias para la equidad intergeneracional, al discriminar en contra de las generaciones futuras (Padilla, 2002). La razón es que la selección de tasas de descuento positivas tiende a favorecer proyectos en los que los beneficios se suceden en el presente y cuyos costos se reflejan en el futuro (Markandya y Pearce, 1988).
Un ejemplo de ello es la construcción de las plantas de energía nuclear que benefician a los consumidores de energía en el presente (al suplir su demanda para un servicio cuyas fuentes naturales son cada vez más escasas), pero que traslada los enormes costos de manejo de sus residuos (basura nuclear) y los de clausura hacia el futuro (ibid. op. cit). Así las tasas de descuento positivas generan una situación de injusticia con los habitantes del futuro, quienes disfrutan una menor
proporción del flujo de beneficios del proyecto, pero asumen proporcionalmente un mayor costo de desmonte y de remediación de los impactos ambientales del mismo. Para resolver este problema, Fisher y Krutilla (1975) sugirieron aplicar un factor diferencial que se incrementaría cuando los beneficios de un proyecto contribuyeran a la conservación natural y disminuyeran en caso contrario.
Cuando las tasas de descuento son altas, situación que es común en la evaluación de proyectos, se generan implicaciones negativas para las generaciones futuras. Las tasas de descuento altas favorecen la sobreexplotación temprana de los recursos naturales no renovables (Markandya y Pearce, 1988), lo que puede generar impactos críticos en la oferta de SE. Por ejemplo, si una tasa de descuento alta acelera la explotación de petróleo, la quema de los combustibles fósiles puede conducir a la afectación de la capacidad de regulación climática, produciendo el calentamiento global. Las generaciones futuras sufrirían un doble efecto perverso: recibir una menor transferencia del stock de petróleo y de la capacidad de regulación climática (SE).
La tasa de descuento también opera con una lógica que compromete la equidad intergeneracional, pues la valoración de los flujos futuros se fundamenta en las preferencias temporales de los individuos de hoy, como si esos flujos solo les pertenecieran a ellos y como si la sociedad no estuviera compuesta de seres finitos de varias generaciones. En palabras de Padilla (2002: pag 70) “la falta de consideración hacia las generaciones futuras que implica el descuento no tiene como base ningún criterio de equidad, sino más bien es la extensión arbitraria de las preferencias temporales de las generaciones presentes más allá de su existencia”. El supuesto que subyace a la implementación de la técnica del descuento es que los individuos de hoy son los dueños de los recursos naturales, al tener la capacidad de decidir sobre su uso, mientras que las generaciones futuras heredan una cantidad de esos recursos que son el producto residual de las decisiones del presente (ibid. op. cit). Las generaciones futuras no tienen quien las represente ni pueden participar en la toma de decisiones del presente para defender sus intereses, situación que es además imposible de resolver. Solo el altruismo puede conducir a que las generaciones actuales consideren a las futuras en la toma de decisiones.
En este punto, es necesario formular una pregunta más específica: ¿Qué tanto ha incorporado el enfoque de SE aspectos relacionados con la equidad intergeneracional y la sustentabilidad? De acuerdo con Lele (2013), el tema de la sustentabilidad es muy poco discutido dentro del enfoque SE, al punto que en el documento de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (2005), el termino se menciona de paso. Lo que explica esta escasa inclusión de la sustentabilidad, es que en el enfoque se ha dado por sentado que la preocupación actual por los SE, implica una preocupación automática por la sustentabilidad. El razonamiento detrás de este supuesto, es que el flujo de SE depende de mantener una dotación mínima de capital natural y de biodiversidad, por lo que la discusión sobre la conservación de este flujo, se considera equivalente a hablar de sustentabilidad. Otros sostienen
que el concepto de SE ha sido muy útil para reabrir las discusiones sobre el capital natural crítico y la sustentabilidad (Potschin y Young, 2013).
Es cierto, que el enfoque SE ha incorporado conceptos como capital natural crítico, resiliencia, umbrales e incertidumbre, los cuales, al establecer los efectos de la degradación ambiental en el estado, stock y capacidad de respuesta de los ecosistemas, pueden ser relacionados fácilmente con el tema de la sustentabilidad. Quizas el concepto que muestra mas claramente la preocupación por el flujo temporal de SE es el de “valor de seguro” (Armsworth y Roughgarden, 2003), que expresa la necesidad de mantener la resiliencia de los ecosistemas ante los cambios y distrubios que pueden afectar su capacidad de proveer un flujo de SE, sobretodo si se toman decisiones que persigan ganancias a corto plazo sobre la estabilidad ecológica de largo plazo. En general, la literatura sobre SE aun no refleja una preocupación fuerte por el flujo futuro de SE (Guerry et al., 2015), pues solo una pequeña fracción de la vasta producción académica de este campo se dedica al tema (Lele, 2013).
Incluso una preocupación genuina por estimar el flujo futuro de SE, se estrella con dos problemas: a) la gran incertidumbre científica sobre la forma en que se producen los SE (Barnaud y Antona, 2014) y b) la complejidad para establecer la dinámica temporal del flujo de SE (TEEB, 2010). Un elemento adicional es que la relación ser humano-naturaleza cambia de forma rápidamente y experimenta procesos de retroalimentación difíciles de predecir y de entender: el ser humano afecta el clima, las coberturas del suelo, los mares, los ciclos biogeoquimicos fundamentales, etc; los ecosistemas a su vez “responden” causando modificaciones en nuestras formas de vida, salud, economía y sociedad, lo cual genera nuevos cambios en los ecosistemas (Carpenter, 2006). Una forma de tratar de anticiparse a tales cambios y proyectar la trayectoria ambiental y de los SE, es mediante la predicción ecológica49 que intenta comprender las consecuencias futuras de diferentes
enfoques o alternativas para el manejo de los ecosistemas y sus servicios.
Sin embargo, esta ciencia que empezó a emerger hacia el año 2000 (Clark et al., 2001), tiene limitaciones pues sus predicciones son dependientes de impulsores de cambio difíciles de valorar, dada la incertidumbre que surge de la no linealidad y el desconocimiento. Por su parte, mediante la modelación se han intentado caracterizar las funciones y procesos de los ecosistemas y sus respuestas a impulsores de cambio interno y externo (Hauck et al., 2015), aunque los modelos cuantitativos generalmente incluyen un grupo limitado de SE (Carpenter et al., 2006), tal como sucede con el InVEST50 (Tallis et al., 2008). Pero los modelos
generalmente requieren conocimiento experto y demandan información que no
49Clark et al. (2001) definen la predicción ecológica como “el proceso de predecir el estado de los
ecosistemas, servicios ecosistémicos y el capital natural, incluyendo una especificación completa de distintos tipos de incertidumbre y que es dependiente de escenarios explícitos para el clima, los usos del suelo, la población humana, las tecnologías y la actividad económica.
siempre está disponible, especialmente en los países en desarrollo. Aparte de eso, los modelos frecuentemente se desarrollan y simulan las condiciones de ecosistemas del norte, por lo cual pierden su poder explicativo en países con ecosistemas tropicales, justo donde la base natural y la oferta de SE es evidentemente más rica. Por su parte, las primeras valoraciones de servicios consistentes en mostrar una foto estática de los SE en un mundo rápidamente cambiante, empieza a ser mejorada con el uso de escenarios (TEEB, 2010, Capítulo 1). Existen varios ejercicios sobre escenarios, orientados a relacionar las variables que generan alteraciones en los ecosistemas con cambios en los servicios ecosistémicos, como por ejemplo, la provisión futura de SE en paisajes culturales a nivel regional desarrolladapor Plieninger et al. (2013). Una forma particular del uso de escenarios es la Planificación Participativa de Escenarios, la cual empezó a desarrollarse en los años 90 y ha sido utilizada en varios contextos, incluyendo los SE (Oteros-Rozas et al., 2015). Aunque esta forma de formular escenarios parece menos rigurosa que la modelación, tiene varias ventajas: involucrar a los actores interesados en un trabajo colaborativo, la capacidad para analizar claramente los fenómenos de retroalimentación y los potenciales acontecimientos inesperados y facilitar la discusión sobre efectos futuros de los impulsores de cambio en el flujo de servicios a diferentes escalas espaciales, temporales e institucionales (ibid. op. cit). Sinembargo, parece prácticamente imposible establecer certeramente las trayectorias que tomarán los SE, por lo que no es factible asignarle probabilidades a ninguna predicción sobre ellos (Carpenter et al., 2006).
Finalmente, es importante notar que existe una relación entre los trade-offs sobre SE en el presente y el futuro (ibid. op. cit). En la medida en que no se analicen los trade-offs actuales que afectan diversos SE, será prácticamente imposible establecer cuáles de ellos se pueden estar agotando a una tasa que impida dejar un flujo para las generaciones futuras. Pero quizás es más preocupante la tendencia a priorizar los SE de aprovisionamiento, reduciendo la oferta de los SE de regulación y de soporte, pues estos son los que garantizan el flujo futuro de SE. No investigar de forma completa los trade offs actuales se termina configurando como una potencial injusticia con las generaciones futuras.