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CAPÍTULO 2. LAS OMISIONES DEL ENFOQUE DE SERVICIOS

2.2 CRÍTICAS AL ENFOQUE SE DESDE LA EQUIDAD DISTRIBUTIVA:

2.2.3 Escasa incorporación de los des-servicios en el enfoque SE

La idea relacionada con que los impactos ambientales solo son fruto de la intervención humana en los ecosistemas, parece reforzar el convencimiento de que la naturaleza solo nos brinda cosas positivas. Desde el campo de la biología de la conservación, la preservación de lugares y especies salvajes parece no tener discusión y estar atada al afecto que algunos biólogos profesan por la naturaleza, olvidándose que algunas veces ella nos mata (Dunn, 2010). En la literatura sobre los SE, las definiciones y en especial el término “servicios” tiene una connotación positiva que implica que el ser humano solo recibe beneficios de los procesos naturales (Flint et al., 2013; Lele, 2013). Las tipológiás de los SE que se utilizan en las investigaciones pueden haber reforzado esta visión optimista, dado que los distintos SE de provisión, regulación y culturales, han sido descritos como “bienes” que en el caso de las ciudades, proporcionan las áreas verdes y azules urbanas (Lyytimäki et al., 2008). En la práctica sinembargo, los grupos sociales que interactúan a nivel local con los ecosistemas, usualmente reconocen y deben lidiar con los efectos positivos y negativos que la naturaleza puede generar. Por ejemplo, los agricultores de pequeña escala en las regiones tropicales derivan importantes recursos de los parches de bosques y arboles, tales como suelo fértil, alimentos, fibra y forraje, pero también son concientes que esos ecosistemas pueden ser el hábitat y alimentar distintas pestes (Ango et al., 2014).

Existen diversos ejemplos de procesos naturales que generan una contribución negativa al bienestar humano, tales como los patógenos, las pestes, las especies

salvajes que causan muertes, los organismos alergénicos, las inundaciones y las tormentas (von Döhren y Haase, 2015). Estos procesos son los que algunos autores denominan como des-servicios (Gómez-Baggethun y Barton, 2013), definidos por Lyytimäki y Sipilä (2009: pag 311) como las “funciones de los ecosistemas que son percibidas como negativas para el bienestar humano”. Otra definición reciente propuesta por Shackleton et al (2016: pag 590) indica que los des-servicios son “las funciones, procesos y atributos generados por los ecosistemas que resultan en impactos negativos actuales o percibidos sobre el bienestar humano”. Aunque sin utilizar el término des-servicios, es necesario reconocer que diversas disciplinas científicas han investigado de forma extensa los riesgos naturales y los impactos negativos de diferentes tipos de contaminación sobre la salud humana y el bienestar (von Döhren y Haase, 2015).

Un estado del arte reciente sobre los des-servicios mostró que estos han recibido una atención muy escasa en la investigación sobre SE (ibid. Op. Cit.). Entre 1993 y 2013, von Döhren y Haase (2015) encontraron 166 artículos que trataban con los des-servicios lo que parece ser una cantidad muy pequeña cuando se compara con la prolífica cantidad de papers sobre los SE (mas de 4.000). Los estudios sobre los des-servicios se han enfocado principalmente en la agricultura y las zonas urbanas (Lyytimäki et al., 2008; Ango et al., 2014). Se debe reconocer que la investigación sobre los des-servicios viene creciendo en los últimos cinco años, ampliando su aplicación a distintas áreas temáticas tales como el aumento de los costos ecológicos generados por la actividad animal (Kronenberg, 2014; Whelan et al., 2015), el incremento de los costos de producción asociados con el control de plagas (Schäckermann et al., 2015), la presencia de animales salvajes en los patios de las casas (Lyytimäki, 2014) y el impacto en la pesca y los bosques (Shackleton et al, 2016). Un área donde se percibe un aumento importante de la producción académica es en las tipologías sobre los des-servicios, pues se han propuesto varias formas de clasificación incluyendo los desarrollos de Escobedo et al. (2011), Ma et al. (2014), von Döhren and Haase (2015), Shackleton et al. (2016) y Vaz et al. (2017).

Existen dos aspectos conceptuales que generan debate respecto de la incorporación de la categoría de los des-servicios como parte del campo de los SE. Uno de ellos, es que existe una gran ambiguiedad en la distinción entre lo que es la disminución en un SE y lo que son procesos naturales percibidos como negativos, que serían los verdaderos des-servicios (Vaz et al., 2017). Por ejemplo, la pérdida de un hábitat es en muchos casos visto como el decrecimiento en un SE y en otros como un des-servicio. El otro punto radica en que si la identificación de los des- servicios es el resultado de la percepción negativa sobre un SE, la participación de distintos grupos sociales que podrían valorar si la contribución de esos servicios es positiva o negativa para su bienestar, sería suficiente y haría inútil una identificación independiente de los des-servicios. Existen ejemplos que hacen este último punto debatible, pues des-servicios como los incendios forestales no parecen provenir de una percepción negativa sobre un SE. Vaz et al (2017) han propuesto que se requiere integrar en una misma tipología a los SE y des-servicios, de modo que se resuelvan los dos problemas antes anotados. Tal integración tendría las siguientes

características: i) los perjuicios generados por los procesos naturales sobre el bienestar humano se podrían incorporar como disminución de un SE o como genuinos des-servicios; ii) los beneficios y perjuicios deberían tomar en cuenta la actividad humana pues ella incide en el aumento o disminución de los SE o des- servicios; y, iii) facilitaría la deliberación sobre los efectos positivos y negativos de los procesos ecosistémicos, entendiendo que su gestión debe tomar en cuenta la necesidad de mantener diversos estados de la naturaleza (ibid. Op. Cit).

Es normal que la investigación relacionada con los des-servicios y la justicia ambiental sea escasa, tomando en cuenta que es aún incipiente para la relación entre JA y los SE, cuando estos se empezaron a desarrollar hace casi 40 años. Por ejemplo, von Döhren y Haase (2015) encontraron que hasta ahora la investigación no parece estar preocupada por el tema de la equidad y los des-servicios, dado que gran parte de los articulos revisados ni identifican a los grupos afectados por ellos ni sus impactos negativos sobre la salud y el bienestar.

El análisis de los des-servicios o su omisión tiene consecuencias para la justicia ambiental. Una de esas consecuencias es generar un impacto potencial negativo sobre la equidad intrageneracional. La equidad implica una distribución justa de los beneficios o SE, pero también de los perjuicios ambientales o des-servicios. Tal como lo sugiere Lele (2013: pag 130) “mucha literatura sobre los SE se enfoca en los trópicos, en áreas ricas en biodiversidad, áreas donde los des-servicios, tales como patógenos y especies salvajes, inducen grandes daños tanto a escala global como local, las comunidades que enfrentan estos deservicios están entre las mas marginadas de la sociedad: tribus que dependen del bosque, agricultores pobres que no tienen la capacidad para instalar cercos electrícos, etc”. Esto quiere decir, que la materialización de los des-servicios tiene un efecto directo negativo sobre el bienestar de grupos poblacionales que se situan en áreas rurales de alta calidad ambiental pero también de enorme fragilidad; y donde están mas expuestos a los eventos catastróficos, dado que no cuentan con los recursos para asumir gastos defensivos y de protección que ayuden a mitigar los impactos de los deservicios. La proximidad a las zonas catastróficas, la escasa capacidad técnica para hacerle frente a los procesos naturales perjudiciales, la poca efectividad de las estructuras institucionales y los conflictos por ubicarse en las mejores tierras, son cuatro factores que pueden determinar un mayor acceso a los des-servicios por parte de poblaciones que viven en condiciones más vulnerables.

La otra consecuencia se relaciona con las dimensiones de la participación y el reconocimiento. La marginación de ciertos grupos sociales de los procesos de valoración de los SE implica la imposibilidad practica de establecer los des- servicios, pues estos surgen de las percepciones negativas sobre procesos naturales que afectan el bienestar humano. Aunque existen procesos genuinamente participativos de valoración de los SE (ver por ejemplo Pereira et al., 2005; Berbes- Blazques, 2012; Malinga et al., 2013), en muchos se desatienden las voces de quienes perciben que serán afectados por los des-servicios, dado que se ve a estos grupos sociales como un freno al desarrollo. En otros casos, un alto porcentaje de los asesores comprometidos con esas valoraciones, están distantes –en países

desarrollados- de los ecosistemas que deben valorar (localizados en los países en desarrollo), ignorando por lo tanto cuales des-servicios existen (Dunn, 2010). Realizar la gestión de los ecosistemas sin tomar en cuenta los des-servicios es equivalente a desarollar la evaluación económica de un proyecto considerando únicamente los beneficios pero ignorando sus costos. Por ejemplo, la encuesta global forestal demostró que en la valoración de esos ecosistemas generalmente se incluye un numero ilimitado de SE (productos forestales y no forestales, conservación del agua y el suelo, captura de carbono y la recreación), pero fallan en incorporar los des-servicios, haciendo imposible la estimación de la contribución económica real (valor económico neto) de conservar o usar esos ecosistemas (Ninan y Kontoleon, 2016). Por lo menos, la identificación y cuantificación de los des-servicios permitiría una estimación más completa y confiable del valor económico total aportado por distintas alternativas de gestión de los ecosistemas.