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El eros como relación intersubjetiva 1 Dinámica del eros El enamoramiento

In document Estatuto ontológico de la afectividad (página 179-181)

Olvidarse de que el hombre tiene cuerpo resulta de tan malas consecuencias como olvidarse de que tiene espíritu.

Ambas cosas ocurren en el amor erótico, y tal vez más frecuentemente la primera, debido a que la conexión entre sexualidad y afectividad no es inmediata.

El modo en que uno se enamora no es ajeno a las tradiciones culturales en las que se ha formado. Es una relación de algo común y conocido por todos en la vida ordinaria.

La experiencia del enamoramiento y del amor heterosexual proporciona el contenido más contundente y rico que tiene la palabra felicidad, y su significado tiene como analogado primero esa experiencia.

La felicidad aparece definida en la historia del pensamiento como el fin del hombre. Así se afirma que son máximamente felices los enamorados. Los enamorados tienen un sentimiento de gratuidad y a la vez un sentimiento de gratitud hacia la persona amada, a todo lo que la rodea, y a Dios creador.

Enamorarse es algo que a uno le pasa, más que algo que uno lleve a cabo o cumpla.

Platón define el enamoramiento como afán de engendrar en la belleza según el cuerpo y según el alma. Lo caracteriza como locura divina, porque sumerge al hombre en un estado de alteración psicofísica que en cierto modo lo enajena y lo hace semejante a los dioses, los inmortales, que son a quienes corresponde verdaderamente la felicidad.

La unión total puede entenderse como deseo de tener a la otra persona para uno mismo, como querer al otro para uno, como afán de posesión, y como deseo de darse uno mismo a la otra persona, como quererse uno para el otro, como afán de donación.

Al enamorarse cada uno percibe la posibilidad de la plena realización de sí mismo en el otro como varón o como mujer, y la plena realización del otro, a través de uno mismo, y la realización de una nueva vida y de un mundo nuevo.

El sentimiento es el de divinización o endiosamiento de felicidad eterna. Todas las cosas y actividades tienen ahora sentido en función de la persona amada.

Si hubiera que dar una respuesta a la pregunta de qué es lo que sienten los seres humanos cuando experimentan el impulso sexual, en general y en términos de enamoramiento en particular, la respuesta sería: poder. El poder es aquello en virtud de lo cual llega a haber cosas reales.

El número de organismos a que podría dar lugar la recombinación mediante la unión sexual de un hombre y una mujer es infinita, y el número de estilos de biografía familiar que puede desplegar una pareja humana es también ilimitado. Eso es el poder, y eso de algún modo puede traslucirse en la conciencia de los enamorados.

2. El amor como sentimiento espontáneo y como reflexión de la voluntad

En la medida en que el enamoramiento significa la felicidad absoluta, no puede no quererse y no puede no elegirse.

Amar absolutamente, en el sentido de comunicación, de posesión y donación absolutas, no lleva consigo elección de ningún tipo. No se selecciona nada, lo que se quiere dar es absolutamente todo.

Si el hombre ama, el hombre se diferencia de sí y se afirma.

El hombre suele diferenciarse de sí mismo al tomar conciencia de sí mismo. Ese tomar conciencia de sí mismo le ocurre en un determinado sentido cuando se enamora.

La experiencia del enamoramiento está descrita como un despertar: como un pasar de la inconsciencia a la conciencia.

El hombre, aunque quiera amar de una vez por todas y entregarlo todo de un solo golpe no alcanza a lograrlo justamente por su estructura temporal. Un sentimiento es algo que no depende de la voluntad, y por lo tanto algo de lo que el propio sujeto no dispone en el futuro.

Que el amor exista siempre, porque es eterno, es una verdad que no anula la de que la vida humana es finita y temporal.

3. Unión y alienación. El riesgo del otro

El encuentro como enamoramiento y la vinculación posterior acontece en términos de relación personal. Las relaciones personales pueden ser, en

tanto que personales, constructivas o destructivas para una de las personas o para ambas.

Lo inhumano de los hombres aparece cuando se desatienden ciertos valores y se omiten o se cometen determinado tipo de acciones que aparecen como contrarias a lo que se considera propio de una persona humana, ser espiritual y libre.

En la afirmación de la propia identidad personal va implicada una referencia al otro sexo, puesto que sin ella la autoafirmación de uno es imposible.

El proyecto y la decisión de la unión y comunicación amorosa pueden quedar cancelados o postergados, de forma que su lugar sea ocupado por la dialéctica del señor y el siervo.

Si la relación entre dos personas es tal que todo el esfuerzo de cada una va dirigido a negar a la otra, entonces se trata de una relación inhumana difícil de soportar.

4. La culminación del eros

No conocemos ninguna existencia humana en la que se dé, propiamente, una culminación del eros que corresponda a lo percibido como posibilidad al alcance de la mano en el enamoramiento.

Como el cuerpo y el sexo es algo de lo que cada uno se ha diferenciado para afirmarlo, y por tanto algo en lo cual cada uno se posee, cuando se entrega el cuerpo y el sexo lo que acontece es una entrega completa de la propia persona.

Cada uno vive en el cuerpo y el alma del otro, si se siente seguro del otro, seguro de sí, y seguro de sí en el otro.

La unión de los amantes, su amor, existe en cada uno de ellos, pero además también puede existir en sí mismo, como amor subsistente del varón y de la mujer.

Capítulo V: La complementariedad de los sexos

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