1. Noción y clasificación de los afectos
El estudio de la afectividad parece presentar dificultades insuperables debido a su presunta naturaleza esencialmente subjetiva.
Si la afectividad se entiende como una modificación de la autoconciencia del sujeto, es decir, si un afecto puede ser correctamente entendido sólo como lo que yo siento cuando estoy en determinado estado de ánimo, entonces resulta imposible su análisis objetivo, por las diferencias individuales de corte psicológico, y por las diferencias culturales e históricas de corte sociológico.
A lo ancho de las diversas culturas y a lo largo de la historia occidental, hay una variación en el modo en que los sujetos viven la afectividad. a. Las emociones como eventos mentales
La consideración de la afectividad desde el punto de vista de la conciencia es muy característica del enfoque iniciado por Descartes.
Las pasiones son algo que se siente, y que se siente de un modo infalible, pues no es posible sentir una pasión y equivocarse.
Las pasiones son aquellas percepciones que se refieren solamente al alma, cuyos efectos se sienten en el alma y cuyas causas próximas desconocemos.
Descartes define las pasiones como - las percepciones, o los sentimientos o las emociones del alma, que se refieren a ella, y que son causadas, mantenidas y fortificadas por algún movimiento de los espíritus -.
No podemos definir un sentimiento al margen del objeto, las alteraciones corporales y la conducta, ni reidentificarlo. Las conexiones con el objeto, las alteraciones orgánicas y la conducta, pertenecen a la definición de la emoción.
La conducta es criterio de las emociones.
La emoción se identifica con un evento mental, con un determinado tipo de sensación o sentimiento.
b. Las emociones como valoración de la realidad
En la tradición aristotélica el conocimiento, las creencias o la valoración del mundo tienen un papel central en el concepto de emoción. Las pasiones no sólo modifican nuestros juicios, sino que responden a un modo de juzgar y valorar la realidad.
Para Tomás de Aquino, las emociones son los actos de los apetitos y por tanto residen en las instancias desiderativas más que en las aprehensivas.
Para Aristóteles y Tomás de Aquino, las emociones o las pasiones son la alteración de la subjetividad ante una realidad que se desea.
La afectividad se encuentra en un nivel prerracional y prerreflexivo y determina el modo en que el hombre está instalado en el mundo antes de cualquier creencia o valoración racional en torno a él.
c. Pasiones, sentimientos, motivos y sensaciones
Las sensaciones pueden serlo de objetos externos, o del propio cuerpo, ocupan un lugar intermedio entre las sensaciones externas y los sentimientos.
Los sentimientos no nos informan ni del mundo exterior ni de nuestro cuerpo; ni hay órganos de las emociones, en el sentido de que aunque pueda establecerse una sede orgánica de las emociones no puede decirse que se siente con ese órgano como se dice que se ve con los ojos. Tampoco los sentimientos se dan localizados, aunque algunas de las sensaciones coimplicadas puedan estarlo.
d. La clasificación de los afectos
La clasificación de los afectos más conocida es la de Tomás de Aquino. Está realizada tomando cada una de las dos series de tendencias básicas en relación con sus objetos.
Los criterios son el tiempo y el objeto.
Los afectos que resultan en el primer nivel tendencial del apetito concupiscible son: el amor, como inclinación, aptitud o connaturalidad con el bien, y el odio, en relación con su contrario. Si se tiene en cuenta el tiempo, el afecto respecto del bien futuro es el deseo y respecto del bien presente, el placer o gozo.
Por lo que se refiere al objeto contrario, el afecto respecto del mal futuro es la aversión y respecto del mal presente el dolor o la tristeza.
En el segundo nivel tendencial del apetito irascible, los afectos son, respecto de un bien futuro que se considera alcanzable, la esperanza; y si se valora como inalcanzable, la desesperación. Respecto de un mal futuro que se juzga inevitable, el temor y respecto del evitable, la audacia; si se trata de un mal presente, la ira.
Por ser la afectividad humana un continuo vivencial de una complejidad extraordinaria, ofrece la posibilidad de analizar algunos afectos en sí mismos, según su propia dinámica y en su relación con otros.
Aunque muchos afectos puedan encuadrarse en un lugar de clasificación, no por ello quedan excluidos de otros.
2. El valor cognoscitivo de los afectos
En la medida en que el sentimiento es intencional informa acerca del objeto, testimonia cuál es la valoración de la realidad.
La afectividad aparece como intencional y con mayor valor cognoscitivo que la razón.
El sentimiento es intencional, pues se siente algo.
La valoración de la realidad es el modo en que se es afectado por ella. Determinadas vinculaciones afectivas dan lugar a actividades cognoscitivas del tipo de comprensión instantánea constatativa o anticipativa: presentimiento, corazonada, intuición femenina, etc. y que en terminología filosófica se denomina conocimiento por connaturalidad. 3. La dinámica afectiva en el plano psicológico
Las emociones y los afectos son los actos de las tendencias y la tendencialidad es característica de los seres finitos, que no han alcanzado su plenitud.
La dinámica que media entre la situación fáctica de un ser y su plenitud, en el caso del hombre, suele llamarse proceso de autorrealización, en cuanto supone que todas las propias potencialidades se han cumplido. El amor en tanto que primer principio de actos y afectos, se distingue del deseo.
El deseo está determinado por la carencia porque sólo se puede desear lo que no se posee.
El amor no se extingue al alcanzar lo amado, y no está determinado sólo por la carencia, sino también por la plenitud.
El que ama se inclina a lo amado como a sí mismo, o como lo mejor de sí mismo, como a algo suyo.
El amor tiene que ser positivo y alcanzable porque su no consecución podría dar lugar a la tristeza o a la desesperación.
4. La afectividad como forma de la relación intersubjetiva
El proceso de autorrealización es un proceso intersubjetivo. La propia personalidad y la conciencia del propio yo y la propia individualidad, se establecen sólo en el medio sociocultural.
La constitución de la propia personalidad debe hacerse integrando factores tanto temperamentales como educacionales.
El amor es un sentimiento y una tendencia. A ese sentimiento suele llamarse enamoramiento.
El objeto verdadero del amor no es el amor mismo, sino la otra persona, que es lo que hace posible la propia plenitud.
Como el sentimiento es de plena felicidad ya no se desea nada más, sino sólo permanecer así para siempre.
Se trata de llegar a una unidad en la que la identidad de las dos subjetividades ha de lograrse sin anular las diferencias.
La amistad nace como un fenómeno afectivo espontáneo, fundado en la simpatía, en la semejanza temperamental y afectiva que lleva a una coincidencia de intereses y afanes.
5. La afectividad en la perspectiva ética
Los sentimientos tienen una relevancia ética por cuanto, al ser los índices de una autorrealización efectiva o posible y de sus contrarios, funcionan como motivos de las decisiones voluntarias, del comportamiento moral. En diversos desarrollos de la filosofía moderna y contemporánea los sentimientos pasan a ocupar la posición fundamental en la ética, puesto que funcionan como indicadores de lo bueno y lo malo y como fundamentos de las virtudes, de las normas morales, del juicio práctico y de la acción libre.
Hay una regencia política sobre los afectos por parte de la acción voluntaria.
Para aclarar la cuestión de la moralidad del placer, es preciso advertir que la felicidad y el placer, o mejor los placeres, no se identifican. El placer puede volverse un peligro para la felicidad. Lo que debe ser intentado no es tanto el placer, como la actividad agradable.