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La escala de observación para el diagnóstico de autismo-

2. Cuestionarios y escalas de valoración de síntomas

2.2. Pruebas de observación

2.2.1. La escala de observación para el diagnóstico de autismo-

para el diagnóstico de autismo- general (ADOS-G)

La escala de observación para el diagnóstico de autismo-general (Autism Diagnostic Observa-

tion Schedule Generic, ADOS-G; Lord y cols.,

1999) surge para superar las limitaciones del ADOS (Lord y cols., 1989) y del PL-ADOS (Di- Lavore, Lord y Rutter, 1995), que son los oríge- nes de la prueba. El ADOS-G es un protocolo de observación estandarizado diseñado para evaluar las dificultades sociales y comunicativas características del autismo para un rango de edad y capacidad amplio, desde el segundo año a la vida adulta (Lord y cols., 1999; Lord y cols., 2000).

La herramienta plantea una serie de activi- dades, más o menos estructuradas, que están di- señadas para provocar distintos comportamien- tos sociales, comunicativos y simbólicos, así como también inducir algunas conductas atípi- cas. Las tareas y materiales están elegidos por ser muy atractivos y motivantes para la inmensa ma- yoría de los niños, de tal manera que si al repe- tirlas varias veces no muestran los comporta- mientos generalmente observados en niños con un desarrollo típico, podamos tener una cierta seguridad de que se debe a que presenta alguna dificultad en ese área. Al homogeneizar los con- textos de evaluación (los materiales, la conducta del evaluador, etc...), el ADOS-G minimiza el efecto de estas variables, así como las diferencias individuales de cada niño, posibilitando la com- paración entre diferentes personas (Ozonoff, Good lin-Jones y Solomon, 2006). El evaluador debe ir tomando notas de las conductas obser- vadas a lo largo de la prueba, para, al terminar, codificar los diferentes ítems (entre 28 y 31, se- gún el módulo). Cada comportamiento se evalúa en una escala de severidad que, salvo en algún caso excepcional (i.e., uso de la mirada), tiene 3 o 4 grados. Los diferentes módulos que compo- nen el ADOS-G se organizan en base al nivel de lenguaje expresivo de la persona a evaluar, para, de esa forma, reducir en lo posible el importante efecto de esta competencia en la manifestación de los síntomas (Lord y cols., 2000). El módulo 1 se dirige a personas no verbales o que usan menos de cinco palabras. Existe una versión del

ADOS-Pre lingüístico (PL-ADOS, versión ini- cial del ADOS y que equivale al actual módulo 1 del ADOS-G) que modifica los materiales para que sean más apropiados para evaluar a adultos con importantes limitaciones funcionales (Beru- ment y cols., 2005). El módulo 2 es para personas que usan frases con verbos, pero no de manera fluida (desde 30 meses de lenguaje expresivo en la escala Vineland). El módulo 3 se aplica con niños y adolescentes con un lenguaje fluido y elaborado (desde 48 meses de lenguaje expresivo en la Escala Vineland), así como también el mó- dulo 4, que es recomendado para adolescentes (a partir de 12-16 años) y adultos que pueden no sentirse a gusto jugando con muñecos, recogien- do gran parte de la información a través de una entrevista. Elegir el módulo adecuado para cada persona es importante, puesto que no hacerlo puede afectar a los resultados de la prueba. Si el módulo excede las competencias de la persona, mostrará mayores limitaciones (Klein-Tasman, Risi y Lord, 2007). La duración del ADOS-G es de entre 20 y 45 minutos, según el módulo. El número de actividades cambia en cada uno (en- tre 10 y 15), aunque varias se repiten en varios de ellos. Algunos ítems también se repiten en dis- tintos módulos (aunque los criterios de codifica- ción pueden variar para reflejar los cambios evo- lutivos).

La herramienta evalúa cinco áreas: déficits en interacción social recíproca, dificultades comuni- cativas y de lenguaje, imaginación y creatividad, presencia de conductas e intereses repetitivos y restringidos y otros comportamientos atípicos. La prueba ofrece un algoritmo diagnóstico para las dos primeras áreas (distinto en cada módulo), así como para la suma de ambas, con puntos de cor- te para TEA y para autismo. Para considerar que una persona tiene TEA o autismo debe superar el punto de corte en los algoritmos de los dos dominios. La imaginación y el RRCI no se inclu- yen en el algoritmo, puesto que se entiende que en el breve tiempo que dura la prueba es muy probable que no seamos capaces de observar esas

conductas (Lord y Corsello, 2005). Por tanto, el ADOS-G por sí solo no puede valorar adecuada- mente el conjunto de síntomas que definen los TEA y que son necesarios para realizar un diag- nóstico (Lord y cols., 2000).

Al igual que el ADI-R, la aplicación clínica del ADOS-G no exige un curso de formación (aunque es muy recomendable), pero sí para el uso en la investigación. El ADOS-G es una he- rramienta flexible y compleja, por lo que su ade- cuada aplicación y corrección depende en gran medida de la habilidad del evaluador, ya que exi- ge mucha experiencia en la evaluación de perso- nas con autismo.

Para la estandarización del ADOS-G se eva- luaron a 233 personas, de entre 15 meses a 40 años (la edad mental no verbal media del grupo con TEA que formaba parte del módulo 1 se situó en torno a los 2 años). Los resultados muestran que la prueba tiene una excelente validez y fiabi- lidad (Lord y cols., 2000). En general, la sensibi- lidad del ADOS-G es excelente y la especificidad buena o muy buena (Lord y cols., 2000). Respec- to a la sensibilidad, salvo para diferenciar el au- tismo del resto de TEA (sensibilidad del 80-94 por 100), la sensibilidad demostrada por la prue- ba es excelente en todos los módulos (87-100 por 100). La especificidad también es excelente a la hora de diferenciar autismo o el conjunto de los TEA de otras discapacidades del desarrollo (87- 100 por 100), pero se reducía algo a la hora de diferenciar entre un TEA que no fuera autismo y otros trastornos del desarrollo (88-94 por 100), y considerablemente (especialmente en los módulos 2, 3 y 4) a la hora de distinguir entre el autismo y otros TEA (68-69 por 100). Las mayores limi- taciones de la prueba las observamos a la hora de clasificar correctamente a niños menores de 30 meses o con una capacidad intelectual no verbal inferior a 15-18 meses (Gotham y cols., 2007; Risi y cols., 2006). También se muestra poco sensible en la detección de adolescentes y adultos con TEA con una buena capacidad intelectual (Lord y cols., 2000).