ORIGEN Y LEGITIMIDAD DEL PODER POLÍTICO 1 El poder político.
2. La esencia de lo político.
Decía Aristóteles que el hombre era un zoon politikón, un animal político, que alcanzaba su plenitud en la polis, en el Estado. El hombre es evidentemente un animal social, como lo son también las hormigas y las abejas. Puede haber perfectamente sociedades humanas sin Estado, prepolíticas, naturales. Ocurre sin embargo, que las sociedades humanas importantes, decisivas para entender el concepto del hombre y su historia son las sociedades políticas. El hombre alcanza su plenitud en el Estado, la libertad concreta a decir de Hegel. Lo político pues, sólo se da entre los hombres.
Si tuviéramos que caracterizar la esencia de lo político, diríamos que lo político tiene que ver con el Estado. Según Max Weber el carácter específico del poder político consiste en tener el monopolio legítimo de la violencia física. Según Carl Schmitt la esencia de lo político radica en la distinción entre el amigo/ y el enemigo que realiza el Soberano a la hora de decidir establecer el estado de excepción. Esta enemistad o amistad se entiende que es una amistad o enemistad existencial, no particular, pública. El Soberano es quien decide, quien manda en última instancia en el Estado. En toda constitución, en todo Estado, siempre hay un Soberano que es quien en última instancia tiene
el poder decisor, el poder real. Por lo demás, lo político se caracteriza por constituir un pluriverso de unidades políticas en estado de naturaleza y sin una autoridad política por encima de ellas. Los Estados del mundo político están de alguna manera en guerra entre sí y luchando por la hegemonía. Lo decisivo para formar y pensar el concepto de Estado es su relación de alteridad con otros Estados. Además, en el Estado siempre hay en su seno una diferencia irreductible entre gobernantes y gobernados. Esto se produce en toda sociedad política.
El Estado es un conjunto de instituciones que en un territorio y sobre una población emplean el monopolio de la fuerza física legítima para resolver el conflicto.
Según Julien Freund, la política es la dominación del hombre por el hombre. Los presupuestos de lo político son tres: 1º el mando y la obediencia. 2º lo privado y lo público. 3º el amigo y el enemigo.
a) El mando y la obediencia.
El mando consiste en ordenar, dar órdenes a los individuos. Si bien puede haber mando sin política, no puede haber política sin mando. Formalmente, no hay política sino allí donde hay, por ejemplo, relación de mando y obediencia, o bien allí donde existe un enemigo. Sean cuales fueren las situaciones y circunstancias históricas, siempre que hay política hay la presencia de un enemigo, así como la relación de mando y de obediencia.
Ya Platón fue uno de los primeros filósofos que pensó profundamente sobre la correlación intrínseca entre mando y obediencia y la política, al definir la política como una ciencia directiva o ciencia del mando.
El problema que siempre se ha planteado es el de justificar a la vez la autoridad y la obediencia. El mando siempre está ahí en las constituciones y aparece siempre en las situaciones extraordinarias.
La soberanía es la potencia absoluta y perpetua de una república. La soberanía es un concepto extrajurídico, puramente político, que puede, a lo sumo, tener un significado metajurídico, en el sentido de que cualquier soberanía procura otorgarse una base jurídica con el propósito, muy interesado, de fortalecer su poder.
En el momento en el que surgen las situaciones-límite o de excepción es cuando la cuestión del mando y de la soberanía se plantea con mayor agudeza, hasta el punto de que no es equivocado decir que las crisis propiamente políticas son, ante todo, crisis de mando. La soberanía es inherente al ejercicio del mando político.
Además, el mando político no puede prescindir de la razón de Estado. El mando siempre es individual. Siempre manda uno. Es monocrático esencialmente.
En todos los casos el ejercicio del mando va acompañado por la represión. La política es, inevitablemente, y siempre lo será, una dominación del hombre por el hombre.
El mando tiene como propósito el de mantener la cohesión social, la concordia y la paz en el interior de la sociedad política y proteger a los ciudadanos de cualquier amenaza exterior.
La causa esencial del descrédito de las nociones de obediencia y mando está en la ideología progresista pseudoética de la emancipación antiautoritaria que se basa en la doctrina de la igualdad considerada como fuente de cualquier progreso, mientras que la desigualdad sería el origen y la causa de todo mal.
La obediencia consiste en someterse en interés de una actividad común determinada por la voluntad de otros para ejecutar sus órdenes. Cualquier mando político busca la adhesión popular.
La obediencia no es total servilismo, sino respeto a una disciplina necesaria, sin la cual no existiría la cohesión de la sociedad.
Un mando que chocase contra la hostilidad de la mayor parte de la población no podría sobrevivir mucho tiempo.
La obediencia no exige ninguna ejemplaridad. Obedecer es algo muy simple. Verdaderamente se precisan circunstancias excepcionales para que los hombres se subleven contra el poder establecido.
No existe nunca obediencia total y absoluta. Tampoco existe desobediencia total y absoluta.
En política hay siempre, por una parte, los que mandan, y por otra, los que obedecen, pues de otro modo, la relación de mando y obediencia pierde todo significado.
b) Lo privado y lo público.
Las funciones y los poderes del Estado no pueden ser una propiedad privada.
Sólo hay libertad política en un sistema político que respeta la distinción entre lo público y lo privado. El problema político exige un equilibrio entre las libertades públicas y la racionalización del poder político.
c) La distinción entre amigo y enemigo.
Siempre hay amigos y enemigos (públicos). Si no hay enemigo, la política se desvanece. Esto significa que la violencia y el miedo están en el corazón de la política.
El enemigo no es forzosamente un ser éticamente malo. El enemigo es el “otro”, es el extranjero y basta con que exista y que sea distinto para que la relación con él se intensifique y se llegue al conflicto y a la guerra. La posibilidad de la guerra define a la sociedad política.
se convierte en algo atroz. La cuestión fundamental es si se quiere la paz o se quiere el pacifismo. En el primer caso, la solución es política, y por eso puede sin cesar ser discutida; en el segundo caso, es utópica, es decir, que la paz es reemplazada por una ideología de la paz.
La amistad en política significa la concordia entre los ciudadanos. Así la amistad es el cemento político de la sociedad política. Como concepto político, la paz no designa un estado definitivo de la humanidad, sino que consiste en el intervalo más o menos largo que separa los combates con empleo de medios violentos.
La amistad también significa la alianza. Las relaciones internacionales se basan más en intercambios amistosos o pseudoamistosos que en bases propiamente jurídicas. Además, no existen alianzas perpetuas.
La enemistad es inherente al concepto de lo político, es decir, que no podría haber política sin un enemigo actual o virtual. El tener enemigos o no tenerlos no depende de nosotros mismos. Si alguien nos elige como enemigo, entonces, ya tenemos enemigo.
También los pacifistas encuentran pronto al enemigo en el que no admite su concepto de paz. También el marxismo es pacifista a nivel internacional y preconiza sin embargo la guerra civil de clases a nivel intranacional.
Es imposible eliminar el enemigo de la política. Desde el punto de vista político, el fin de la guerra no es la desaparición colectiva por el exterminio físico del enemigo, sino la ruina de su potencia. Si admitimos al enemigo, entonces queda excluido el exterminio masivo y arbitrario.
3. El Estado.
La palabra “Estado” viene del latín “status”, condición, situación. A partir del siglo XV se empieza a utilizar en italiano la palabra stato, lo stato para designar a las sociedades políticas, a lo que anteriormente se llamaba repúblicas. Maquiavelo habla precisamente de lo Stato-macchina, un aparato impersonal que está situado por encima de la sociedad civil. Con la aparición de la Idea moderna del Estado nace igualmente la palabra que le corresponde. Así lo enseña de una manera evidente la frase con la que Maquiavelo comienza “Il Principe”: “Tutti li stati, tutti e´domini che hanno avuto ed hanno imperio sopra li uomini, sono stati e sono reppubliche o principati”. Puede pues atribuirse con justicia a Maquiavelo el haber introducido en la literatura científica la voz “Estado”.
El Estado según la teoría clásica es un ente constituido por tres factores materiales. Son las condiciones básicas del Estado.
1) El gobierno. Es el conjunto de individuos o instituciones o de órganos que rigen el Estado. El gobierno vincula y dirige coercitivamente las múltiples voluntades sometidas.
2) El pueblo es el conjunto de personas que, en su calidad de miembros del Estado quedan sometidas a la autoridad del gobierno. Los ciudadanos lo son en virtud de normas jurídicas que regulan las diversas modalidades de adquisición y pérdida o recuperación de la “ciudadanía”. La ciudadanía se define por un conjunto de derechos y deberes.
3) El territorio es la tierra firme y las aguas que caen dentro de los límites estatales, así como el espacio aéreo que lo cubre y el subsuelo en los límites que impone su utilización correcta.
Los elementos formales o estructurales del Estado nos definen la realidad estatal política. Estos elementos son el poder político o soberanía o poder soberano y el derecho.
1) El poder político es el principal atributo del Estado. Se llama también soberanía. Es el poder originario que permite someter a las múltiples voluntades sometidas, a los súbditos. Es el poder de mando sobre los hombres. Puede así ejercitar el Estado la violencia y puede exigir la obediencia política hacia la autoridad constituida. Es la potestad soberana ilimitada del Estado.
2) El derecho, el ordenamiento jurídico es un sistema o conjunto de