TEMA 4. LA VERDAD Y EL LENGUAJE 1 La verdad como aletheia o presencia de las cosas.
4. La teoría de la verdad y el pragmatismo americano.
Las filosofías antiintelectualistas tienen una concepción pragmática de la verdad. Ortega y Gasset niega que la verdad sea adecuación con las cosas, porque es adecuación del hombre consigo mismo. La verdad consiste en saber a qué atenerse en el naufragio de la vida. El hombre inventa la verdad para vivir, no la descubre. La inventa porque tiene la necesidad de dar sentido a la existencia.
En toda la tradición cristiana aflora la noción de la verdad religiosa, como verdad de salvación “¿De qué me sirve conocer los secretos de la Naturaleza, si pierdo mi alma?” decía Tomás de Kempis.
La noción pragmatista de verdad en sentido estricto se configura, sin embargo, en el mundo contemporáneo al hilo del proceso de secularización de la ética calvinista. A medida que va desapareciendo el objetivo ultramundano de salvación o este se va interiorizando, la verdad pragmática comienza a tomar un
cuerpo más material y mundano. Lo verdadero ahora comienza a ser todo aquello que es eficaz y conduce al éxito en este mundo, al margen del éxito final de la salvación.
William James en “The Meaning of Truth” (1909) pasa por ser el expositor clásico del pragmatismo americano. Para él no existen verdades abstractas y la teoría de la correspondencia no sirve como criterio de verdad. Es cierto que hay cosas verdaderas, pero éstas no son otra cosa que guías prácticas para la acción que se confirman como verdades por sus consecuencias. El papel del conocimiento cuando busca la verdad, no puede entenderse como un reflejo del mundo, sino como una forja o construcción de ideas capaces de satisfacer las necesidades e intereses de los hombres. Pero James da a esta poderosa idea de verdad, que toma de Peirce, un sentido puramente psicológico y espiritualista que cancela todas sus virtualidades epistemológicas.
En efecto, James entiende lo útil para la vida como lo éticamente bueno. La satisfacción de las necesidades toma así un cariz espiritualista y moral, según el cual lo que importa de la verdad es lo que tiene de valor asumido de antemano, y las consecuencias prácticas de que se habla dejan de ser utilitarias para convertirse en consecuencias de índole mental o espiritual. En consecuencia el pragmatismo no se consuma en su dimensión secular. La religión se salva como un valor útil y los pragmatistas no se diferencian de los antipragmatistas.
Un pragmatismo gnoseológicamente consecuente, en cambio, sería aquel que identifica la verdad de una ciencia con sus resultados tecnológicos. Por esta vía avanza la tecnocracia y el american way of life. Lo verdadero es lo que hace dólares o tienes cara de un millón de dólares. Expresiones como éstas son expresiones típicamente pragmatistas.
Pero al hacerse consecuente, el pragmatismo se vuelve más vulnerable. La verdad, aun siendo un valor, no se identifica con el valor de utilidad. Una ciencia puede ser verdadera, aunque sea perfectamente inútil. La matemática griega era inútil. Hoy ya no lo es. Sin embargo era verdadera antes y lo es ahora. 5. Los criterios de verdad.
Estos criterios sirven para reconocer la verdad. Gracias a ellos podemos identificar lo que es verdadero, la verdad.
La evidencia. Proviene del término latino videre, que significa ver, y se refiere a la forma de presentarse de ciertos hechos o proposiciones que consideramos evidentes. Un conocimiento es evidente cuando se presenta de forma inmediata, de manera que nadie duda de su verdad. La evidencia es el criterio de verdad del razonamiento deductivo, aquel que se basa sólo en la lógica del pensamiento y es el criterio que exige a sus postulados el método axiomático, propio de la matemática y de la lógica. Descartes decía que había que buscar las verdades más sencillas y evidentes.
afirmaciones. Este es un criterio subjetivo, pues se manifiesta como un estado mental o sentimiento. La certeza puede presentarse en diversos grados, desde una cierta certeza de que algo puede ser verdad hasta la certeza plena o evidencia. El filósofo empirista D. Hume, afirmó que sólo podemos tener certeza de lo que nos pasa aquí y ahora.
La intersubjetividad. Para que nuestras creencias sean consideradas verdaderas y constituyan parte del conocimiento deben poder ser admitidas por cualquier otra persona o sujeto racional. La verdad requiere el consenso de la comunidad científica. Sin embargo, aunque la verdad exija el consenso, el consenso no es garantía suficiente de la verdad, pues las creencias falsas pero compartidas por el contexto sociocultural también superarán este criterio.
La verificación. El positivismo lógico, tratando de garantizar la verdad de los conocimientos científicos y distinguirlos de las proposiciones metafísicas, que carecen de sentido al no poder ser comprobadas, crea el principio de verificación como criterio de verdad. Este principio afirma que una proposición será verdadera cuando algún hecho de la experiencia la corrobore, es decir, que aquello que no pueda ser demostrado por los hechos será algo sin sentido.
La falsación. Es la respuesta del filósofo de la ciencia K. R. Popper a las limitaciones del principio de verificación. Popper pone de manifiesto que la verificación es inaplicable, ya que ninguna proposición universal puede ser verificada. Una proposición debe ser considerada verosímil que no verdadera hasta que se encuentre algún hecho en la experiencia que la false. Un solo caso en contra falsará la hipótesis. Un millón de verificaciones no conseguirán hacer que la hipótesis sea verdadera.