• No se han encontrado resultados

La Antropología Filosófica y sus materiales.

TEMA 9. LA DIMENSIÓN SOCIOCULTURAL DEL HOMBRE CONCEPCIONES FILOSÓFICAS DEL SER HUMANO.

3. La Antropología Filosófica y sus materiales.

Tanto la somatología como la psicología pueden reinterpretarse como los tipos de contenidos que abarca el material antropológico, según la tradición filosófica que ya hemos señalado: somáticos, propios de la

somatología, y extrasomáticos, de la psicología, interpretados los primeros

como contenidos genéricos (Antropología Biológica) y los segundos como específicos (Antropología Cultural). Sin embargo, son los caracteres

extrasomáticos los que aportan sentido a los somáticos dentro de lo humano.

Un claro ejemplo es el lenguaje humano, que se realiza a escala de millones de personas frente a unos pocos cientos de individuos que usan el lenguaje animal.

Asimismo, ambas realidades de lo humano, la somática y la

extrasomática, necesitan de una Idea filosófica fundamental dentro de la

Antropología Filosófica. La Idea de Persona, propia de la tradición cristiana, cuyo origen “técnico” se encuentra en la máscara que los actores usaban per

Concilios de Nicea y Éfeso a propósito de la naturaleza de las Tres Personas de la Trinidad cristiana, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Curiosamente, la Persona, que caracteriza según el cristianismo a todos los seres humanos, dentro de ese ecumenismo, tiene un origen divino, es decir, dentro del tratado que Bacon denominó como De Numine.

Una vez que a los dos tipos de realidades antropológicas (somáticas y

extrasomáticas) le unimos la distinción entre lo Personal y lo Impersonal,

podemos dibujar la siguiente tabla que ofrecemos a continuación para explicar la formación del espacio antropológico tridimensional:

P (criterio personal) Tabla de construcción del

espacio antropológico

tridimensional Entidades personales Entidades impersonales Entidades

humanas Relaciones circulares Ø H (criterio

humano) Entidades no

humanas Relaciones angulares Relaciones radiales

Desechada la opción de cruce entre lo humano y lo impersonal como contradictoria, las tres restantes caracterizan a las entidades humanas y personales (que denominaremos como relaciones circulares), a las entidades no humanas e impersonales (relaciones radiales), y a las entidades no humanas y personales (relaciones angulares).

Se denominan como relaciones circulares a aquellas que tienen lugar de seres humanos a seres humanos, en situaciones de simetría, transitividad y reflexividad, de igualdad en definitiva Relaciones que desde la perspectiva dualista, aquella que distingue entre el Hombre y la Naturaleza, serán tomadas como relaciones humanas por antonomasia. Desde esta posición, se considerará la explotación de otros hombres como una alienación o pérdida de su condición humana (en el sentido de la alienación de la clase proletaria que describió Marx en El Capital). La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, que considera en su Artículo 1 que todos los Hombres nacen iguales, es un ejemplo de extensión de las relaciones circulares a toda la Humanidad, al menos en su proyecto, aunque en el ejercicio muchos de esos Derechos Humanos choquen con determinadas prácticas culturales que denominaremos "institucionales".

Serán relaciones antropológicas radiales las que tienen lugar entre los hombres y su "mundo entorno". No serán tanto las relaciones del Hombre con la Naturaleza en un sentido sustancialista, sino más bien en función de las necesidades de determinados grupos humanos para su subsistencia. Así, las

gestiones de los recursos agrícolas, de los recursos energéticos o del control de los ecosistemas para evitar la extinción de determinadas especies animales o vegetales, en tanto que sirven para mantener la cadena trófica en la que se encuentra incluido el hombre, son relaciones de tipo radial.

En esta rúbrica incluiremos las posiciones que consideran la relación entre Hombre y Naturaleza como conflictiva, tanto que el planeta Tierra estaría cercano a su agotamiento por la acción del hombre, que habría provocado, entre otros fenómenos, el denominado "cambio climático". Independientemente de la veracidad o falsedad de sus exposiciones, las mismas son un ejemplo de ideología aureolar, en tanto que pide su realización en un futuro no definido, al igual que la Iglesia católica, mediante instituciones tales como el bautismo, la confirmación o el matrimonio encamina a sus creyentes a un objetivo que aún está por venir, el Juicio Final o

Apocalipsis.

Consideraremos asimismo que esta preocupación ecológica está ligada a la progresiva sustitución de las religiones secundarias por una recuperación de las religiones secundarias, los démones y deidades intermedias del helenismo, representadas como avistamientos de presuntas naves extraterrestres y "encuentros en la tercera fase". Asimismo, los modelos de destrucción del planeta en realidad apelan a una suerte de principio cosmológico antrópico (como el enunciado por los cosmólogos John Barrow y Frank Tipler), en el que la Naturaleza en el que la Naturaleza se ve amenazada y se pone en peligro la subsistencia de las generaciones futuras.

Un modelo de catástrofe telúrica metafísico e impersonal, de una Naturaleza sustantivada —inspirado en los modelos del cosmos como algo perfecto propios de la filosofía helénica—, confundido con un modelo antrópico que culpa al hombre del deterioro del planeta. El famoso principio

antrópico de los cosmólogos John Barrow y Frank Tipler ligado a la teoría del

Big Bang (acuñada por el clérigo católico Georges Lemaitre) y el modelo expansivo del Universo. En este caso, un principio antrópico débil, donde el hombre no ocupa el centro necesario del cosmos sino que es una parte más de él. Así, el hombre, de señor y dominador de la Naturaleza, "el punto más elevado de la Creación", pasa a ser para los milenaristas del cambio climático más bien una plaga, un desajuste de la Naturaleza.

No descartamos desde nuestras posiciones la preocupación por el planeta Tierra y su sostenimiento, pero no para sostener una sustancializada Naturaleza, sino en clave de supervivencia de las distintas sociedades políticas por la buena administración de los recursos de su entorno. Sociedades que a su vez se encuentran enfrentadas entre sí, no cabiendo hablar de una supervivencia de la raza humana o de la supervivencia de unas generaciones futuras que ya están llegando de forma constante a este mundo y renovando a la Humanidad actual.

Denominaremos como relaciones angulares a todas aquellas que tienen lugar entre los seres humanos y otros seres no humanos pero que también poseen inteligencia y voluntad. Se trata de aquellos seres que en tanto que se asemejan a nosotros nos enardecen, pero que en lo que se distinguen nos horrorizan, como decía San Agustín en la cita inicial.

Precisamente el fundamento de la Antropología biológica, y más concretamente de la Etología, se encuentra en esas características genéricas existentes entre hombres y animales, tales como la conducta racional que algunos simios superiores muestran, siendo capaces incluso de hablar de seres que la Biología ha demostrado que son como nosotros. Todo ello con independencia de una realidad que estudiaremos más adelante: el hombre, pese a ser en efecto un animal más como ha probado la Biología, ha desbordado su mundo entorno primitivo gracias a la cultura objetiva (extrasomática).

Estas relaciones se refieren principalmente a los animales positivos tal y como hoy los conocemos, pero también a otros seres que, en virtud de las Antropologías Filosóficas dualistas, eran reducidos a la consideración de imágenes del Hombre, proyecciones psicológicas. Nos referimos a los

númenes del tratado De numine de Bacon. Desde el materialismo filosófico

sostenemos que el núcleo de la religión no es la alucinación o la alienación humana, en contra precisamente del humanismo trascendental que caracteriza a una Antropología Filosófica dualista, un humanismo trascendental

predarwinista. Todo lo contrario: el hombre no hizo a sus dioses a su imagen

y semejanza, sino a imagen y semejanza de los animales, cuya inteligencia y voluntad está probada por la Biología y la Etología y constituye el referente principal de los númenes, el núcleo de la religión en forma de la megafauna existente en el período prehistórico del Pleistoceno.

El progresivo desarrollo de la hominización, en tanto que separación efectiva del hombre respecto a los animales (bipedestación, lenguaje doblemente articulado, desbordamiento general de la cultura somática a través de la extrasomática, dominio del entorno gracias a la técnica y posteriormente la tecnología, etc.) provocará el predominio humano y el aumento exponencial de su número (de unos pocos millones de seres humanos en la Prehistoria a cerca de 7.000 millones en la actualidad) y el progresivo confinamiento de esa fauna prehistórica a zoológicos y reservas naturales, llevando en la práctica a la impiedad que suponen posiciones propias del monoteísmo religioso, como el mecanicismo animal (Gómez Pereira, Descartes).

Sin embargo, las relaciones angulares, en tanto que ponen entre paréntesis ese marco extrasomático, o incluso lo consideran pero para distinguirse de otras esferas culturales distintas, afectan también a

determinados hombres que desde un punto de vista emic son considerados como animales. Es el caso de las relaciones entre nazis y judíos durante la II Guerra Mundial, pero sobre todo la situación de aislamiento de las esferas culturales existentes en la época Prehistórica, en la que la inexistencia de relaciones de parentesco entre diversas tribus (y por lo tanto de relaciones circulares de reflexividad), conducen al enfrentamiento entre ellas e incluso al canibalismo de unos hombres sobre otros. Iniciativas como el Proyecto Gran

Simio o la Declaración de los Derechos del Animal, una resurrección de la piedad con los animales en su sentido religioso más positivo, que buscan la

presunta “reconciliación con nuestros hermanos animales”, son las propias de una perspectiva angular que reconoce las similitudes del hombre con los demás animales.

4. El hombre, animal racional "institucional".

El citado espacio antropológico se propone desde el materialismo filosófico como esquema de relaciones antropológicas, en tanto que distintas de las relaciones animales. ¿Qué diferencia existe entre el hombre y el resto de los animales, tanto como para rechazar la reducción de la Antropología Filosófica a una Antropología biológica o Etología? Tradicionalmente se ha defendido la tesis, de carácter predicativo, del hombre como Animal Racional, en la clásica forma de Género y Diferencia específica. Sin embargo, la existencia de racionalidad en los animales, que hoy nadie pone en duda, pone en cuestión esta definición.

Para aclarar esta cuestión, distinguiremos entre lo lisológico y lo

morfológico, entendido lo primero como sentido genérico, y lo segundo como

sentido específico. Así, lo genérico (lisológico) del hombre respecto a los animales será la conducta etológica, y conducta racional, en tanto que está asociada a unos fines concretos, más allá de lo meramente corpóreo, ya sea la bipedestación, el desarrollo cerebral o la liberación de las manos. También los animales son capaces de manipular mediante la musculatura estriada los cuerpos sólidos, e incluso son capaces de conducta lingüística, como prueban el lenguaje de las abejas o incluso el lenguaje de los sordomudos usado con plena consciencia por los simios. Lo específico del hombre es que esa racionalidad se encauza por medios extrasomáticos, lo que denominaremos como instituciones. Las instituciones serían así los cauces a través de los cuales se cumple la definición tradicional del hombre como animal racional. El hombre es racional, y está dotado de una racionalidad característica

11

Entendemos la distinción emic/etic establecida por el lingüista Kenneth Pike no como distinción entre "dentro" y "fuera", sino como distinción entre el punto de vista de los actores de una ceremonia y el punto de vista de un observador de todo el proceso, que comprueba que el sentido de esa ceremonia no se agota en la perspectiva de los propios actores. Así, desde el punto de vista emic Cristóbal Colón no llegó a América sino a Asia, como se concibió desde el proyecto inicial de su viaje; pero un historiador ha de señalar desde el punto de vista etic que, efectivamente, Colón arribó a América aunque él no lo supiese.

respecto a la racionalidad animal, a través de las instituciones.

Así, mientras que los animales hacen referencia a otros animales, los seres humanos refieren su conducta a terceros elementos instituciones objetivas, ya sea la bolsa de valores, una casa, &c, que desbordan la subjetividad animal. Supondremos, en conclusión, que la racionalidad humana aparece a través de la institucionalización de ciertas operaciones zoológicamente racionales, sin olvidar que la institucionalización es un criterio antropológico positivo objetivo y no meramente subjetual, ya sea psicológico, fisiológico o anatómico.

Si tradicionalmente la Etnología definió la cultura humana como “todo complejo”, como si fuera una lista sin unidades definidas (educación, cultura, religión, matrimonio, familia, trabajo, guerra, lenguaje, &c.), nosotros definiremos ese todo complejo en virtud de distintas instituciones como figuras del hacer humano que canalizan la racionalidad humana. Sin perjuicio de considerarlas unidades básicas (al estilo de los memes que señaló Richard Dawkins) existen instituciones elementales integradas en otras (p.e., la institución "jornada laboral" en la institución "empresa").

Las instituciones son heterogéneas y muchas veces incompatibles entre sí. Como la institución matrimonio monogámico, incompatible con el matrimonio poligámico en el Islam. Ejemplo que también prueba que una misma institución no siempre abarca ni formaliza la materia sobre la que se funda en su totalidad, pudiendo variar sus contenidos según el contexto en que se inserte.

En consecuencia, las instituciones coexisten unas con otras, sin perjuicio de que la coexistencia en su conjunto nos aporte una institución global por acumulación. La resultante de un conjunto de instituciones no es necesariamente una institución: una batalla se compone de un número indeterminado de instituciones (trajes, armas, escuadrones, tácticas militares, &c.), pero en tanto que acontecimiento es irrepetible.

Las instituciones pueden clasificarse de muy diversas formas. Tomando como referencia las relaciones antropológicas anteriormente citadas, hablaremos de instituciones circulares (una empresa), instituciones radiales (un astro identificado por un astrónomo), pero también angulares, pese a lo ilusorios que puedan ser sus contenidos para un observador etic (la Virgen María o la Pachamama).