TEMA 5. El PROBLEMA DE LA REALIDAD IDEALISMO, ESPIRITUALISMO, MATERIALISMO Y ATEÍSMO.
3. El Idealismo moderno La idea como contenido del pensamiento.
René Descartes (1596-1650). Adopta el término “idea” para designar
cualquier contenido mental, subjetivo o del pensamiento. La idea representa algo. En efecto, para Descartes, son “ideas” tanto las sensibles, que provienen del exterior (“adventicias”), como las imaginativas, construidas por nosotros (“facticias” o “ficticias”), así como las independientes de la sensibilidad y de la imaginación (“innatas”), claras y distintas. Descartes considera ideas innatas las verdades matemáticas, las ideas esenciales de la metafísica, como las de yo y Dios y las de la física, desde la noción de extensión hasta los principios generales de la mecánica. Descartes es un idealista subjetivo. Con él comienza el idealismo moderno.
Mediante la duda metódica se alcanza el cogito. La certeza la posee sólo el que piensa en el hecho de que él piensa. Hay una identidad inmediata entre el cogitare y el esse y viceversa.
Además, Descartes afirma que él sólo puede conocer sus ideas, las que están en la mente. No puede conocer nada exterior a su mente. La res extensa no puede ser conocida. Sólo es conocida la noción o idea de res extensa. Para creer que hay una realidad extramental, necesita demostrar la existencia de Dios. Como Dios es bueno, no me puede querer engañar y entonces puedo creer confiadamente que hay realidades extramentales que corresponden a mis ideas. Descartes ha tenido así que apelar al Dios veraz de la Teología natural para fundamentar nuestra creencia en el mundo exterior.
Los racionalistas afirman que hay ideas innatas cuyos contenidos son independientes de la experiencia. Los empiristas sostendrán por el contrario que no hay tales ideas innatas.
Nicolás de Malebranche (1638-1715). Sostiene un idealismo que ve en
Dios la fuente de las verdades, las ideas y las perfecciones eternas de todas las cosas y precisamente de tal modo, que éstas sólo son suyas, y nosotros, por tanto sólo le conocemos en ellas. Además, sólo conocemos las cosas en Dios. Es Dios mismo quien despierta en nosotros la perfección sensible de los objetos
mediante un acto que en sí no tiene nada de sensorialmente perceptible. Dios es la prueba última no sólo de la verdad eterna de la esencia de las cosas, sino también de su existencia. La única razón que yo tengo para creer en la existencia del mundo exterior es que Dios mismo —ahora el Dios de la Teología dogmática, el Dios de la Revelación— me lo ha revelado a través del libro de Moisés, cuando nos dice que en el principio creó Dios el Cielo y la Tierra. Se trata de un espiritualismo absoluto.
Leibniz (1646-1716). Amplía este idealismo con su principio de actividad
de la mónada o sustancia individual espiritual: toda la pluralidad y diversidad es meramente ideal, no real –inmanente a la mónada como percepción interna suya, que, por tanto, siempre está exclusivamente referida a sí misma. La mónada no tiene ventanas. Nada penetra en la mónada. La mónada es una totalidad cerrada que representa al mundo. Además, las mónadas son independientes unas de otras y no pueden interactuar entre sí.
John Locke (1632-1704). Sostiene el idealismo empirista lockeano que si
yo tengo ideas, tales ideas son representaciones de algo exterior a mi conciencia. Sin embargo, como yo sólo conozco mis ideas, no puedo conocer la realidad extramental a la que supuestamente corresponden mis ideas. El conocimiento no puede ir más allá de las ideas que poseemos.
La idea de Substancia es una idea compleja, una X que no corresponde a nada exterior a mi conciencia en cuanto tal. Es una idea confusa. De la substancia sólo tenemos conocimiento a través de ideas simples, prescindiendo de las cuales no nos quedaría nada por conocer.
George Berkeley (1685-1753). El sistema de Berkeley es la primera
exposición explícita del idealismo moderno (denominada por Kant “idealismo material”). Este afirma que no hay ideas abstractas. Todas las ideas de la mente son particulares. Por lo demás, esse est percipi aut percipere. Ser es ser percibido o percibir. Si nos atenemos a la experiencia inmediata nos damos cuenta de que sólo contamos con nuestras percepciones internas y externas. Nunca conocemos objetos; sin embargo, la creencia en un mundo externo que estaría dado en la experiencia es universal. Semejante creencia es absurda y contradictoria: las percepciones están en el sujeto que las percibe. No existe la materia. No hay un mundo exterior más allá de las ideas. Sólo hay espíritus a los que Dios les envía ideas y percepciones. Las ideas proceden de Dios. Este sistema espiritualista absoluto sólo es explicable desde el creacionismo cristiano.
David Hume (1711-1776). Según Hume, hay que distinguir entre
impresiones (pasiones e imágenes inmediatamente presentes en la mente) e ideas, que son copias debilitadas de las impresiones. La diferencia entre impresiones e ideas es exclusivamente en cuanto a fuerza y vivacidad. El origen de las impresiones nos es totalmente desconocido.
La substancia es una entidad ficticia que no es más que un puro nombre con el que se designa un agregado de ideas simples.
La relación de causalidad no es posible derivarla de la experiencia. La relación causal no tiene ni un fundamento lógico ni un fundamento empírico. El fundamento de la relación causal es psicológico únicamente.
La creencia en la existencia de un mundo exterior a nuestra conciencia no tiene ningún fundamento empírico ni lógico.
El Yo tampoco tiene una existencia independiente de las percepciones. Como no es posible tener percepciones de sí independientemente de un contenido mental, la experiencia del yo se reduce al flujo de la propia percepción; o sea, que el yo no es una substancia, sino sólo un haz de impresiones. De lo único que se puede estar seguro es de las impresiones de aquí y ahora.
El idealismo subjetivo de la edad moderna es un idealismo gnoseológico porque consiste, sobre todo, en que reduce el mundo externo a representaciones (ideas). Descartes, Malebranche, Leibniz y Locke mantienen un idealismo subjetivo relativo, porque sólo reducen las cualidades secundarias al sujeto cognoscente, pero manteniendo sin embargo las cualidades primarias (extensión y movimiento) como cualidades objetivas. Berkeley en cambio, defiende un idealismo subjetivo absoluto porque defiende que las cualidades primarias son también subjetivas, de modo que todo el mundo externo se vuelve una pura representación. Como toda la estructura del mundo, del cielo y de la tierra no tiene existencia alguna sin el espíritu, su ser consiste en que sea percibida, o bien conocida, o por mí o por un espíritu eterno.
Kant (1724-1804) se ocupó varias veces en refutar este idealismo
subjetivo material gnoseológico de Berkeley. También se ocupó de refutar el idealismo problemático de Descartes.
En Kant, la palabra “idea” designa los objetos de la razón (Dios, alma, mundo, inmortalidad, libertad).
Por otro lado, Kant hace un uso determinado del término “idealismo”. Kant distingue dos tipos de “idealismo material” (es decir, referido a la materia o contenido del conocimiento): el “idealismo problemático” de Descartes, “que declara indudable (es decir, no problemática) sólo la afirmación empírica: Yo existo”; y el “idealismo dogmático” de Berkeley, quien “declara las cosas en el espacio como meras fantasías”. A ambos Kant contrapone su propio idealismo formal (es decir, referido a la sola forma del conocer), o incluso “trascendental” y “crítico”. Kant afirma la existencia de un mundo exterior independiente del sujeto trascendental. Pero también sostiene que existen unas formas espaciotemporales que son ideales y son formales y a priori. En consecuencia diríamos, estas formas no tienen una existencia autónoma independiente de la subjetividad humana. El elemento realista es la cosa en sí o la aposterioridad de la materia del conocimiento; es la X de Locke. Kant no pretende en modo alguno negar la existencia del noúmeno o cosa en sí, si bien ésta es incognoscible para el hombre. El idealismo trascendental es por tanto
perfectamente compatible con el “realismo empírico”, es decir, con la tesis de la derivación desde el exterior de la materia de la experiencia, a través de las sensaciones. Las impresiones son reales. Lo empírico es real, no ilusorio, no es una apariencia. Es más, sólo existe conocimiento empírico para Kant. Conocimiento es simplemente conocimiento empírico.