3. MERLEAU-PONTY Y LAS INSUFICIENCIAS DEL PENSAMIENTO DE SOBREVUELO
3.4 La intraontología: El Ser bruto y la penetración recíproca
3.4.3 Las esencias operantes
La realidad tiene un estrato de sentido prístino, que únicamente el pensamiento dialéctico es capaz de describir. Ahora bien, este horizonte de sentido se caracteriza por el hecho de que es elusivo. Expresado en otros términos, existe para con la realidad una distancia que jamás se salvará. El horizonte que impregna la totalidad de lo real nunca se convertirá en un determinado conocimiento ya que siempre se escapa de toda posible aprehensión. Si no fuese así,
“lui ôterait la profondeur et la distance qui lui sont essentielles.
L’être effectif, présent, ultime et premier, la chose même, son par
principe saisis par transparence à travers leurs perspectives, ne
s’offrent donc qu’à quelqu’un qui veut, non les avoir, mais les
voir, non les tenir comme entre des pinces, ou les immobiliser
comme sous l’objectif d’une microspoce, mais les laisser être et
assister à leur être continué”241.
(desaparecería la distancia y la profundidad que le son
esenciales. El ser efectivo, presente, último y primero, la cosa misma se traslucen a través de sus perspectivas, sólo se ofrecen, pues, a quien quiere, no tenerlos, sino verlos, no cogerlos como con pinzas o inmovilizarlos como bajo el objetivo de un microscopio, sino dejar que sean y presenciar en su ser continuado).
Por consiguiente, si la filosofía pretende ser un saber radical, deberá tomar como
tema primordial este “horizon inaliénable”242(horizonte inalienable) que constituye la realidad. De ese modo, la filosofía se erigiría en la lectura del sentido de la realidad, en lugar de ser el discurso de una conciencia que lo constituye para, ulteriormente, 240 Ibid, p. 135 (trad.cast., p. 128). 241 Ibid, p. 138 (trad.cast., p. 131). 242 Ibid, p. 144 (trad.cast., p. 137).
127 tipificarlo. A su vez, al ocuparse de esta realidad, se convertirá en la única ciencia exacta ya que no tendrá
“le contact partiel et abstrait de l’expérience et du calcul physiques ou de l’analyse historique, mais le contact total de celui qui, vivant dans le monde et dans l’Être, entend voir
pleinement sa vie (...), et qui, habitant du monde, essaie de se penser dans le monde, de penser le monde en lui-même, de démêler leurs essences brouillées et de former enfin la
signification “Être””243.
(el contacto parcial y abstracto del experimento y el cálculo físicos o del análisis histórico, sino el contacto total de quien, viviendo en el mundo y en el Ser, quiere ver plenamente su vida
(…), y, como habitante del mundo que es, trata de pensarse a sí
mismo en el mundo, aspira a pensar al mundo en sí mismo, en poner en claro sus esencias embrolladas y a formar, por último,
la significación “Ser”).
En este punto de su exposición ontológica, Merleau-Ponty introduce la noción de esencia, lo cual nos conduce a su célebre concepción de las esencias operantes. Estas entidades no son una determinada realidad inteligible que sería captable por los poderes de la inteligencia. No pueden ser traducidas en términos epistemológicos.
En particular, las esencias operantes instauran “una dimensión general de la realidad que se efectúa a través de sus propios ejemplares y, por tanto, simultáneamente a ellos”244. Expresado en otros términos, se trata de esa dimensión invisible de la realidad, constituye el reverso de todas las cosas, que se despliega a sí mismo en el instante en que se encarna en ellas. Por ese motivo, estas entidades no
“preexisten al ámbito sensible en calidad de a priori constituyente, tampoco se siguen de él en tanto que generalización inductiva”245.
Si se realiza un breve recorrido por sus características generales, se apreciará que las esencias operantes, como se apunto en anterioridad, no pueden ser aprehendidas por
243
Ibid, p. 146 (trad.cast., p. 139).
244
Bech, J.M. Merleau-Ponty. Una aproximación a su pensamiento,op. cit., p. 207.
245
128 la inteligencia, se erigen en el polo mudo, silencioso, de la vida sensible –y, por consiguiente, preexisten en nosotros-. Asimismo, son realidades que no pueden tener ningún equivalente intelectual –todo intento de representar conceptualmente estas realidades, acarreará una pérdida ontológica esencial-. Al igual que el horizonte, son elusivas, se distancian de todo sujeto en el momento en que éste intenta aproximarse a ellas.
Una manera diáfana de hacer referencia a las esencias operantes es apelando a una posible comparación que podría establecerse entre estas y la luz. En concreto,
“al igual que sucede con la luz, que a pesar de ser en sí misma invisible accede a la visibilidad cuando ilumina las cosas, las esencias operantes
únicamente alcanzan a manifestarse en aquello mismo que “iluminan”, por lo cual es imposible acceder a ellas directamente”246.
No puede haber una visión directa de estas entidades ya que su constitución básica es la negatividad, el carácter elusivo.
3.4.4 El quiasmo
Así pues, tal y como se ha podido observar, en la realidad existe una distancia que es esencial y que imposibilita todo ideal adecuacionista. Hay toda una serie de
esencias, de horizontes, de invisibilidad, que configura tanto al mundo como al sujeto. Ahora bien, si esta distancia constitutiva rompe con los esquemas de toda posible adecuación con el objeto, ello implica la existencia de una no-coincidencia que configurará todo nuestro comercio con la realidad. Por consiguiente, la no-coincidencia
es constitutivo tanto de nuestra experiencia como de nuestro trato con el mundo.
Asimismo, toda teoría adecuacionista escinde la realidad en dos polos: por un lado afirma la existencia de un sujeto que percibe, y, por el otro, aboga por la presencia de un objeto, que sería aquello que es percibido. Ahora bien, lejos de existir esta dualidad, lo que existe en realidad es un entrelazamiento mutuo, una “insertion
réciproque”247(inserción recíproca).
246
Ibid, p. 210-211.
247
Merleau-Ponty. M. Le visible et l‘ invisible, op. cit., p. 182 (trad. cast.: Lo visible y lo invisible, op. cit., p. 172).
129 Dicho entrelazamiento esencial de la subjetividad con el mundo lo muestra la realidad del cuerpo. Para Merleau-Ponty
“l’épaisseur du corps, loin de rivaliser avec celle du monde, est au contraire le seul moyen que j’ai d’aller au coeur des choses, en me faisant monde et en les faisant chair”248.
(el espesor del cuerpo, lejos de rivalizar con el mundo es, por el contrario, el único medio que tengo para ir hasta el corazón de las cosas, convirtiéndome en mundo y convirtiéndolas a ellas en carne).
El cuerpo tiene una naturaleza bifronte: por un lado, es una cosa entre las cosas, pero, por el otro, es la entidad que las percibe y las toca. De esta manera, el cuerpo goza de dos dimensiones, una de ellas sería el cuerpo como sensible, y la otra constituiría el
cuerpo como sintiente. Aunque entre ambas exista “qu’il y a, plutôt qu’un écart,
l’abîme”249 (más que una distancia, el abismo), sin embargo, nos muestran que tanto
“le corps senti et le corps sentant sont comme l’envers et l’endroit, ou encore, comme deux segments d’un seul parcours
circulaire, qui, par en haut, va de gauche à droite, et, par en bas,
de droite à gauche, mais qui n’est qu’un seul mouvement dans ses
deux phases”250.
(el cuerpo sentido como el cuerpo sintiente son como el reverso o el anverso o como dos segmentos de un mismo recorrido circular que, por arriba, va de izquierda a derecha, y, por debajo, de derecha a izquierda, pero sólo constituye un movimiento único en sus dos fases).
Es decir, lo que existe es una indiferenciación entre sujeto y objeto puesto que en realidad, lo que hay es una imbricación de todo con todo.
248 Ibid, p. 178 (trad.cast., p. 169). 249 Ibid, p. 180 (trad.cast., p. 170). 250 Ibid, p. 182 (trad.cast., p. 172).
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