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Las vías visuales del cerebro

4. ANATOMÍA DE UN HURTO

4.4. Neurociencia de la percepción

4.4.3 Las vías visuales del cerebro

Antes de penetrar en el proceso de flujo de la información visual, desde los receptores sensoriales que acabamos de analizar, hasta las diversas regiones cerebrales en los que se procesa, veamos los personajes de la trama.

En el recorrido que lleva a cabo la información por las vías visuales pueden tipificarse cuatro estructuras básicas, las cuales pueden ser consideradas como puntos de referencia para clarificar dicho trayecto de la información.

En primer término, destacar, como se ha materializado en el anterior punto, la retina, con sus diferentes capas de células (fotorreceptores, bipolares y ganglionares). Ya se ha comentado en anterioridad, que la información debe ser captada por los

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Bruce, V, Green, P.R. Percepción visual. Manual de fisiología psicología y ecología de la visión

(traducción a cargo de J. Bayo Margalef, J.A. Aznar), Barcelona, Paidós, 1994, p. 66.

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Esta consideración se enlaza con la mayor rapidez en la regeneración del pigmento visual de los conos que el de los bastones, estudiado por vez primera en 1961 por Rushton y continuado por Wald en 1968.

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Este fenómeno recibe el nombre de efecto Prukinje. A su vez, también debe destacarse que la interconexión de las neuronas que componen la retina, así como las propiedades de los pigmentos visuales de las mismas, influyen de manera decisiva en la percepción visual, y, por ende, en la adaptación a la oscuridad.

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187 receptores (fotorreceptores). Por ese motivo, la retina constituye el tramo inicial de la información lumínica.

Ulteriormente, debe destacarse el quiasmo óptico, antes visto en Merleau-Ponty, como el lugar en el que se unen el nervio óptico del ojo derecho408, con el del ojo izquierdo y, a su vez, se yergue en la región en que se escinden las fibras de las hemirretinas nasal y temporal de un determinado ojo (ya que, antes de llegar al quiasmo óptico, las fibras marchaban en paralelo)409.

En cuarto lugar, debe destacarse el núcleo geniculado lateral (NGL). Se trata de uno de los numerosos núcleos del tálamo, que se encuentra ubicado en la base del córtex. El tálamo, para el discurso neurocientífico y médico, es considerado de forma análoga a una estación de relevo por el que transcurren todas las vías sensoriales (auditivas, gustativas, táctiles...-a excepción de las gustativas). Pues bien, el NGL, en tanto que núcleo de la estructura talámica, se encargará de distribuir la información de las fibras hacia el córtex correspondiente, en el que la información se representará410.

Finalmente, y en cuarto lugar, entra en escena el córtex cerebral en el que se efectuará la recogida final de la información bioeléctrica. Concretamente, en el caso que nos ocupa, en relación con la visión existen tres áreas cerebrales principales, situadas todas ellas en la región occipital, a saber: en primer término, el área visual primaria (o

córtex estriado), que correspondería al área 17 de Brodman (su lesión, como se

observará más adelante, originará la ceguera cortical); en segundo lugar hallamos dos

áreas visuales secundarias (el área periestriada –o área 18 de Brodman- y el área

paraestriada –o área 19 de Brodman-, cuyas lesiones provocarán las agnosias

visuales); y, finalmente, destacar el área de significación visual (situada en el lóbulo parietal, próxima a las regiones auditivas) y otra relacionada con las funciones de aprendizaje y memoria visual (ubicadas en el lóbulo temporal)411.

Pues bien, una vez presentados todos los personajes de la trama del flujo de la información, se expondrá sucintamente la naturaleza del proceso, desde el punto de vista neurocientífico412. En primer término, el sujeto advierte un determinado estímulo luminoso. Esta señal luminosa tiene la capacidad de penetrar la córnea, el humor acuoso, pupila, cristalino y humor vítreo, para, de esta forma, alcanzar la retina. En

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Carlson, N.R. Fisiología de la conducta, op. cit., p. 186.

409 Ibid, p. 91. 410 Ibid, p. 91. 411 Ibid, p.p. 93-112. 412

Kandel, Eric. R, Schwartz, James. H, Jessell, Thomas. M. Principios de Neurociencia, op. cit., p.p. 496-501.

188 dicha estructura, en primer lugar, se encuentra con las células ganglionares. El problema que se encuentra en este tramo el estímulo físico estriba en que estas células no reaccionan directamente a la información lumínica y, por ese motivo, no son capaces de captarlas. De ahí que, la información pase a las células bipolares, generándose, de nuevo, el mismo problema que con las células ganglionares (las bipolares son células que tampoco son sensibles a la luz). Ahora bien, la cuestión problemática dará fin en el momento en que los fotorreceptores (conos y bastones) entran en escena, puesto que estas células serán sensibles a la señal luminosa, por un lado, y, por el otro, en tanto que tienen la capacidad de recaptarla, también se encargarán de materializar el proceso de

transducción. Consiguientemente, los fotorreceptores se encargarán de materializar la conversión de la energía lumínica (que es de orden físico) en impulsos bioeléctricos.

A continuación, una determinada tasa de estos impulsos será transmitida a las células bipolares y, de éstas, a las células ganglionares, cuyos axones se reunirán para formar el nervio óptico413. A su vez, en el nervio óptico de cada ojo se hallan separadas las fibras correspondientes a las hemirretinas nasal y temporal. De ahí que, cada unos de los dos nervios ópticos, seccionados en dos haces de fibras, alcanzará el quiasmo óptico, donde se escindirán las fibras correspondientes a las hemirretinas nasal (hacia el interior) y temporal (se dirigirá hacia el exterior) de cada retina.

En el quiasmo óptico, asimismo, las fibras temporales no se cruzarán hacia el otro hemisferio cerebral, a diferencia de las fibras nasales, que si que llevarán a cabo este cruce hemisférico. De esta manera, cada hemisferio cerebral recibirá información visual de los dos ojos. Consecuentemente, las fibras de la porción izquierda de las dos retinas (una del ojo izquierdo y otra del derecho) se dirigirán hacia el NGL izquierdo del tálamo, en tanto que las fibras de la parte derecha de las dos retinas van hacia el NGL derecho del tálamo.

No obstante, debe destacarse el hecho que, antes de llegar las fibras a los NGL respectivos, parte de esas fibras se bifurcan para, de esta forma, contactar con otro núcleo del tálamo –los colículos superiores- cuya función es tanto guiar la atención visual como la de dirigir los movimientos oculares.

Si volvemos de nuevo al NGL se observará como allí finalizan los axones de las células ganglionares de la retina (constituye el fin del tracto óptico) y comenzará un segundo grupo de neuronas, que formarán las radiaciones ópticas (o fibras de

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El nervio óptico escapa del globo ocular por el punto ciego, es decir, el lugar en el que al proyectarse un pequeño estímulo no es visible.

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proyección óptica), las cuales conducirán el impulso nervioso hacia el área visual primaria y las áreas visuales secundarias.

Asimismo, debe destacarse que, de las fibras que se han destacado hasta este momento, en el quiasmo, se escindirán algunas de ellas (las fibras colaterales) hacia el

hipotálamo (núcleo cerebral que controla el sistema nervioso vegetativo). Este conjunto de haces son las que permiten explicar las reacciones emocionales, ante determinados patrones estimulares visuales, según la investigación neurocientífica.

4.4.4 Las dos grandes vías neurales: desarrollo de la información en las áreas