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Espacio y focalización

Presentación del espacio

3) La estructura perspectivista viene determinada textualmente

2.4 Espacio y focalización

En términos generales, es el narrador quien se responsabiliza del discurso para la presentación del espacio, para lo que adopta un punto

de vista60 desde el que comunicar lo que percibe desde la posición en

que se encuentra. Con mayor o menor grado de objetividad, presenta la constitución del espacio eligiendo los atributos que considere necesarios para que el espacio cumpla su función dentro de la historia.

Sin embargo, por diversas razones (narrativas, testimoniales, desconocimiento, suspense) el narrador puede prescindir de su competencia y ceder la palabra a otro personaje que, en este caso, toma la competencia narrativa y ocasionalmente se convierte en narrador. Así pues, el narrador o el personaje a cargo del discurso cumplen la función de control señalada por G. Genette61 (a partir de R.

Barthes y G. Blin) ya que participan en la organización interna del discurso. Para ello, el agente que capta un espacio usa su competencia presentadora desde ángulos y actitudes muy diferentes. Puede expresar sus sentimientos o su disposición hacia el espacio al que accede, así como nombrar un espacio sin más, impidiendo que éste quede calificado:

“… un narrador puede delimitar el espacio de la historia bien en descripción directa, u oblicuamente, en passant, El narrador puede hacer observaciones si cree que la gente o los lugares necesitan ser representados e identificados”62.

El narrador que asume la presentación del espacio adopta una determinada perspectiva desde la que accede al lugar que pretende “mostrar”. Dicha perspectiva la denominamos focalización espacial63 y

se define como el ángulo en el que se sitúa el agente que presenta un

60 Para una revisión exhaustiva sobre el punto de vista o focalización, véase A. Garrido: El texto narrativo,

Madrid, Síntesis, 1993, pp. 121-155

61 G. Genette: Figuras III, Barcelona, Lumen, (1972) 1989, p. 309 62 S. Chatman: Op. cit., p. 111

63 “focalización espacial” para no confundirla con la instancia narrativa de focalización, punto de vista o

espacio para dar cuenta de este último. Dicha competencia puede llevarla a cabo mediante la rememoración o la experiencia directa.

La focalización espacial tiene la posibilidad de adoptar diferentes procedimientos para presentar los espacios. El presentador puede ser más o menos explícito o decidir cierto grado de objetividad; cuando tiene limitaciones se verá obligado a hacer una presentación espacial deficiente, y a veces se vea obligado a hacer varias presentaciones por exigencia del propio discurso narrativo.

Con un narrador omnisciente u omnipresente, la narración tendrá, en todo momento, un observador privilegiado, con una capacidad prácticamente ilimitada para analizar, e incluso valorar, tanto los diferentes espacios como los demás elementos narrativos:

“El narrador tradicional –uso este término a pesar de su radical imprecisión conceptual y temporal- dirige a sus personajes como un creador (…) Tiene conocimiento prácticamente total en el espacio y en el tiempo, y tiene acceso al interior de los personajes, porque son criaturas suyas. Juzga y comenta para el amable o discreto lector, o para alguno de los personajes del texto, las acciones, las conductas y las relaciones de los personajes, y además dispone de un sistema moral que impone a sus personajes y que comparte –y esto le consta- con el lector”64.

En la narrativa actual resulta muy común el narrador en primera persona que, como señala C. Bobes, genera un discurso autobiográfico fictivo. En este tipo de relato, con frecuencia, el narrador no tiene acceso a los lugares en que otros personajes llevan a cabo sus

acciones, por lo que tiene que confiar en la palabra de terceros interlocutores. Puede ocurrir que esos personajes hayan vivido esos espacios y se lo refieran directamente; pero también el narrador puede tener acceso a otros medios indirectos de información, referencias de tercer nivel aportadas por conversaciones ajenas o los medios de comunicación:

“Aun en el caso de que el narrador se identifique con un personaje por medio de los índices personales de primera persona (relato autobiográfico falso), su visión es más amplia que la de ningún personaje, ya que además de vivir la acción (como personaje), puede comentarla al contarla (como narrador)”65.

Así pues, ya sea por estrategia, por necesidad o por desconocimiento, el narrador a veces tiene que ceder la presentación de un espacio a uno o varios personajes. Esto posibilita una variedad de puntos de vista que enriquece el relato a través de la creación de isotopías, necesarias para la ampliación y la progresión significativa de un espacio particular dentro del espacio total, como sistema, de la novela.

En Letra muerta el narrador, lego de una orden religiosa, desconoce el motivo de la rotura del generador que abastece de luz al monasterio, pero tiene que colaborar en su reparación. Como no entiende de generadores, tiene que ceder la palabra a otro personaje, el guardés Seisdedos, que tiene mayor conocimiento y que le

informará no sólo del funcionamiento de la máquina sino del peculiar motivo de la avería, información que servirá posteriormente para el desarrollo de la trama y que en el momento de producirse el espacio pone en relación a la máquina con los personajes y sus intereses:

“-¿Qué pasa con el generador? –pregunté (…)

-Lo de siempre en esta época –dijo-. Como se trata de un río de poco caudal, al construirse el generador el ingeniero mandó hacer un conducto en forma de embudo debajo del agua para dirigir un fuerte chorro a las palas. No pensó, y si lo pensó no lo dijo, que las orillas del río tienen demasiados chopos y álamos que, al soltar la hoja, acaban obstruyendo la tubería esa, o la que sea” (págs. 28-29).

En Cuerpos sucesivos, el narrador omnipresente hace uso de su estatuto para narrar escenas simultáneas (pág. 25) o desarrollar una teoría particular sobre la identificación entre el aroma de una casa y el alma de su habitante (pág. 77). Pero, a pesar de su omnipresencia, en ocasiones, y por diferentes motivos, decide ceder la presentación del espacio a sus personajes. En estos casos, como señala Chatman, “un personaje sólo puede percibir lo que está en el mundo de la historia a través de un predicado narrativo perceptivo”66.

En el ejemplo que sigue a continuación, ese predicado lo constituye el verbo “vio” de la segunda línea. La función de esa delegación es proporcionar al discurso con un mayor rendimiento narrativo; al mismo tiempo que el narrador testimonia su renuncia a la

omnisciencia, con la cesión de la palabra consigue que el receptor conozca directamente del personaje sus pensamientos y sentimientos:

“Mientras Ana preparaba una copa, David hizo la primera exploración de la sala y en seguida vio la foto de gran tamaño que presidía una de las paredes. En ella un joven de espaldas con una gabardina deteriorada caminaba por una avenida desierta. No se le veía siquiera el perfil del rostro (…) Había en ella una energía más allá de la estética. Era la imagen de un ser misterioso que estaba allí para exigir su parte” (págs. 77-78). Evidentemente, como el narrador sabe quién es el personaje de la fotografía, podría haberlo declarado sin más. Sin embargo, necesita mostrar que el personaje, David, siente una atracción suficiente hacia ese motivo como para iniciar una conversación acerca del fotografiado. Dicha conversación constituirá, para David, una especie de presentación formal in absentia con el otro amante de Ana. De ese modo, la fotografía se convierte en detonador para que la actitud de David se oriente hacia la conquista de un espacio, la casa de Ana, que él necesita dominar.